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No consiento que se hable mal de Franco en mi

 presencia. Juan  Carlos «El Rey»   

 

 


 
LA REPÚBLICA NECESARIA

 

Víctor Manuel Casco Ruiz

Ponencia presentada en las VII Jornadas Republicanas. Sevilla 21 y 22 de Noviembre de 2008

 

De dónde venimos: los valores predominantes y su génesis

 

Cada individuo, ocupado de sus negocios, de sus empresas, de los placeres que obtiene o espera

obtener, no quiere ser distraído de todo esto más que momentáneamente y lo menos posible

                                                                  Benjamin Constant, en 1819 en el Ateneo de París

 

Han pasado 187 años, pero hoy podemos decir que el texto programático del liberalismo del siglo XIX, las consideraciones sobre la democracia representativa de Benjamin Constant, está plenamente vigente. Vivimos y participamos en una sociedad que se rige por los principios enunciados por Constant: la participación política se limita a una minoría, mientras que para el resto de la humanidad se intenta presentar como algo engorroso y sin interés. Para los ciudadanos existe el ocio, los placeres y el trabajo. El objetivo de la política se reduce a un medio para proteger la vida privada (Kymlicka y Norman) y los políticos, "elegidos cada cuatro, cinco o seis años en el único momento participativo de la ciudadanía, tienen como único cometido resolver los problemas y hacer más fácil la vida de los ciudadanos para que se ocupen de sus negocios.

 

Benjamin Constant defendía una democracia representativa sin virtudes cívicas frente a la república de la virtud y la democracia directa y deliberativa propuesta entre 1792 y 1794. Constant realiza todo un ejercicio teórico para desterrar toda referencia a la Democracia Jacobina de la Revolución Francesa que quiso levantar una sociedad sobre los valores de la libertad, la igualdad y la fraternidad, una república francesa donde el ejecutivo estaba sometido al legislativo y donde las leyes eran obra del pueblo. La ciudadanía participaba a través de los clubs revolucionarios, tomaba las riendas de las decisiones, cambiaba gobiernos y los sans-coulottes exigían el reparto de la riqueza. La ética era laica y el ejercicio del poder, colectivo. La República Jacobina es aborrecida por el liberal Constant que plantea que la libertad al modo de los antiguos (los griegos) es un error y que las bases deben ponerse en una sociedad que delegue su soberanía en unos pocos cuyo único cometido sea asegurar que los negocios privados de los hombres se desarrollen sin injerencias. La esfera privada es sagrada, por encima de la esfera pública. Los ciudadanos no quieren preocupaciones pues

 

En la clase de libertad que nos corresponde a nosotros, ésta nos resultará más preciosa cuanto más tiempo libre para los asuntos privados nos deje el ejercicio de nuestros derechos políticos

 

Estamos ante una sociedad del dinero y el comercio, censitaria y que, como dice Fernando Quesada, encubre la inmensa violencia ejercida sobre los individuos: durante los primeros decenios del siglo XIX nacen las grandes masas de parados, miles de personas desplazadas y excluidas, indigentes, al tiempo que se desarticula todo tejido social. La sociedad liberal que defiende Constant, la democracia sin valores cívicos, esconde una sociedad "que no es suficientemente rica en medio del exceso de riqueza" de unos pocos (Hegel, Filosofia del Derecho).

Las opiniones de Constant no son gratuitas. Hay que desterrar de la memoria colectiva la experiencia revolucionaria francesa. La nueva sociedad liberal de. mercaderes e industriales reorganiza sus instituciones y sus principios. En modo alguno la democracia radical y deliberativa puede ser compatible con una economía de mercado que excluía al 80% de la humanidad de sus beneficios y acrecentaba los barrios proletarios miserables, donde los hombres y mujeres no tienen más valor que como mercancía.

 

El auge del movimiento obrero arrancará concesiones al capitalismo del siglo XX, especialmente tras la II Guerra Mundial, pero en todo caso la democracia siempre se ha pretendido vacía de contenidos, estimada como una concesión necesaria para el desarrollo de la economía de mercado.

 

Tras el paréntesis de la sociedad del Estado del Bienestar, un paréntesis reducido al espacio norteamericano y europeo en todo caso, el neo liberalismo mira de nuevo al siglo XIX e impone criterios mercantiles, lenguaje publicitario y marketing a unas elecciones de los representantes concebidas como puntual expresión de la soberanía del pueblo y no como un momento clave en la vida democrática de un pueblo. Dicho de otra forma: la democracia representativa sin valores propios y la preeminencia de la esfera privada que defendiera Benjamin Constant es una plena realidad en nuestro mundo.

 

En nuestro caso, añadimos además un problema: la experiencia modernizadora de la II República, que pretendía hacer laica la virtud, que planteaba virtudes terrenas, por emplear una expresión de Ortega y Gasset, fue truncada dramáticamente por un golpe de estado fascista que impuso 40 años de dictadura y nacionalcatolismo. Aquí no hay más moral que la de la Iglesia, no hay una moral ciudadana, una ética civil, unos valores laicos, una política demediada y banal.

 

El triunfo de una Transición "modélica" donde no hay espacio para la República de los antiguos:

 

La transición de la dictadura a una democracia representativa y la inclusión de ésta dentro del marco europeo en plena conformación se hizo sin un proceso previo de ruptura con los valores previos y bajo los efectos traumáticos de 40 años no sólo de férrea dictadura, sino de represIón masiva de todo aquel que no comulgase con la misma. Los primeros años fueron intensos en la elaboración de una ideología de la transición que aún hoy está presentes en el imaginario popular:

 

1. Reconciliación nacional de los dos bandos sobre la premisa de condenar al olvido a las víctimas del franquismo. El pacto de silencio se impuso no por coacción, sino voluntariamente por parte de todos los actores que intervinieron en la Transición.

 

2. Concepción de la Guerra Civil como un "desastre nacional" donde todos fuimos víctimas, el primer paso para evitar exigir responsabilidades a quienes en su momento se levantaron contra un régimen político legal y democrático.

 

3. La monarquía española se presenta como artífice del tránsito pacífico a la democracia representativa y se presenta ante la ciudadanía como una institución que garantiza los derechos y deberes de los españoles. Las hagiografias sobre el papel central del Rey se acrecientan especialmente tras el intento golpista de Tejero sobre la base de una prensa que tiene prohibido ''juzgar'' o "cuestionar" a la familia real.

 

4. La nueva democracia representativa deviene con el transcurso de los años en un régimen donde la participación ciudadana no es especialmente importante (no hablamos tanto de acudir a unas urnas como formar parte de organizaciones sociales, vecinales, de iniciativas populares...). De hecho, en esos años se desmantelan prácticamente todas las formas organizativas que habían ido creciendo

bajo el franquismo para hacer frente a éste y que se diluyen en los partidos políticos. Movimientos como el rechazo a la entrada de España en la OTAN o el reciente movimiento antiglobalización ponen de manifiesto la debilidad de una sociedad absentista de los asuntos públicos.

 

El triunfo del neoliberalismo ha acrecentado este proceso de disolución de la democracia en un régimen representativo para una sociedad escasamente articulada. La construcción de la Unión Europea es un buen ejemplo de lo que se nos presenta:

 

Preeminencia del mercado, de la economía. La Unión Europea es en primer lugar la construcción de un mercado y de una moneda única y el campo de desregulación laboral y privatización de servIcIOS.

 

Las instituciones políticas europeas toman un papel secundario, de hecho, ni siquiera responden a un sistema representativo pues quienes toman las decisiones son órganos donde la voluntad popular no participa y, si lo hace, de manera indirecta y secundaria. El Parlamento Europeo, único órgano elegido no por los. gobiernos sino por los votantes, tiene una influencia limitada y parcial en los procesos económicos y políticos.

 

y por mirar a Marx, hemos vuelto a la escisión entre el ciudadano y el hombre egoísta que debe competir en la selva laboral. La Sociedad Civil disuelta en individuos independientes y limitados así mismos. Las libertades son cercas que aislan a unos de otros. La segunda escisión es evidente: la Política se escinde de la realidad y para ello se requiere buenos actores, la política se concibe como ciencia reservada a unos pocos.

 

¿Es posible el discurso republicano en la actualidad?

 

Aunque los discursos republicanos (el plural es intencionado) actuales pretenden o aspiran a diseñar un nuevo modelo de sociedad, otro marco de relaciones humanas, económicas y sociales y defienden un ideario adaptado al siglo XXI, es inevitable hacer una breve mirada a la que fue la última experiencia republicana en nuestro país.

 

Es necesario, en primer lugar, porque durante demasiado tiempo se ha desvirtuado, tergiversado y mentido sobre nuestro pasado: la República fue el receptáculo' de todos los males, imagen que aún sigue estando presente en el imaginario colectivo.

 

Conviene pues - y ese es y debe ser uno de los objetivos de los republicanos actuales - realizar una historia de la 11 República bajo los parámetros enunciados por Cornelio Tácito, bona fides, sine ira et studio: una historia desde la buena fe interpretativa, sin ira y desde el estudio. La razón y la investigación histórica se imponen contra la persistencia de los mitos y las "ideologizaciones" sobre los hechos históricos. 

He aquí una breve - por necesaria - síntesis: 

Se ha calificado a la República Española como la primera Democracia 1 en importancia de la Historia de España. La labor institucional de la misma está ahí, desde la Constitución Republicana de 1931 hasta los decretos y leyes desarrollados con posterioridad en las Cortes Españolas. La II República quiso sustituir el régimen de la alternancia cano vista y el caciquismo y clientelismo de la Restauración por un nuevo régimen avanzado en materia democrática, emulador, dicho sea de paso, de la República Francesa, la cual se constituyó desde el principio en una referencia para los. republicanos españoles.

Pero si lo de "primera Democracia" se considera excesivo para algunos, lo que nadie puede poner en duda es la calificación, al decir de Josep Fontana, de la II República como "República de los Maestros2" .
 

 

Las primeras declaraciones de los republicanos, una vez que acceden al poder, aclaraban la dimensión que en sus políticas iba a tener la instrucción y la cultura. Bartolomé Cossío consideraba que la República tenía como fin:

 

Despertar el afán de leer en los que no lo sienten, pues sólo cuando todo español no sólo sepa leer ­que no es bastante -, sino que tenga ansías de leer, de gozar y divertirse, sí, divertirse leyendo, habrá una nueva España.

 

Y hay que apuntar que la República nacía para resolver las tres revoluciones fallidas en España al decir de los propios políticos republicanos:

 

La Ilustración. El liberalismo y la I República  

Esto es: situar al país en la modernidad. Modernidad y modernización: modernización tecnológica, industrial, económica y modernidad política, es decir, laicidad, racionalidad y centralidad del ser humano. 

Es por ello que los republicanos orientaron toda su actividad legislativa y social a formular programas para resolver cuatro grandes problemas acumulados desde el siglo XIX:

 

1. El problema religioso

 

2. El problema militar

3. El problema agrario4. El problema educativo y cultural  

    

 

Y qué hacemos ahora en el Presente: ¿qué República es necesaria?

 

Empecemos por abordar un primer debate: ¿necesitamos una nueva República?  

Es innegable que ha calado un discurso en el cual se disfraza con los valores republicanos la monarquía actual

 

Estamos ante un rey republicano o de una república coronada.
 

Ahora bien: la monarquía de Juan Carlos I, y todas las monarquías, aborrece de ideales republicanos y solidarios. De hecho, la actual Monarquía Parlamentaria no entronca con la República Española, como se pretende decir, obviando los 40 años de franquismo. La Monarquía actual es heredera de Franco y frente a lo que significó la II República en 1931, esa sustenta un régimen lampedusiano, donde pocas cosas cambian para que todo siga igual. Recuérdese lo dicho al principio.

 

Resuelto este primer interrogante, enunciemos las características que tendría que tener un discurso republicano en el siglo XXI:

 

Nuestra apuesta republicana no es cualquier república.

 

 

Se fundamente en un principio vital: "construir". La República necesaria quiere construir, llamar a los ciudadanos y ciudadanas a los Estados Generales. Y ello porque construir una República es el máximo ejercicio de participación democrática de un pueblo. Se trata de llamar a los hombres y mujeres a deliberar sobre el modelo de estado, la práctica política, los derechos y deberes, las políticas económicas y la reorganización territorial que queremos y cuya decisión nos compete a todos, no sólo a una minoría constituida en régimen parlamentario.

 

Y desde ese punto de vista se articulan el nuevo discurso republicano estos ejes fundamentales:


 

 

1. Una nueva concepción de la política: democracia de la multitud.

2. Derechos y deberes ciudadanos: la virtud pública.

3. Apuesta consecuente por el Federalismo, como discurso y como modelo territorial.

4. ¿Estado aconfesional o laicidad?

 

Vayamos por parte:

 

 

Democracia de la multitud

 

La Democracia o la República (palabras sinónimas) debe ser, ante todo, un régimen de participación colectiva y diaria de los hombres y mujeres, es una forma de vida.  

La República de la multitud, en palabras de Paolo Vimo, es la reunión de los ciudadanos que quieren asumir su propio protagonismo, y no la reunión de un pueblo para delegar sus asuntos en el soberano (las Cortes).  

La Democracia entendida como régimen de ciudadanos libres tiene sus propios valores: en la Revolución Francesa los ideales de Libertad, Fraternidad e Igualdad, ahora añadimos los valores de lo público y los colectivo, la laicidad. 

Y una República de ciudadanos y ciudadanas no puede erigirse sobre los pilares de la desigualdad económica En palabras de Maximilian Robespierre: 

¡Que importa que la Ley rinda un homenaje hipócrita a la igualdad de derechos si la más imperiosa de todas las leyes, la necesidad, fuerza a la parte más sana y numerosa del pueblo a renunciar a ella


Derechos y Deberes. Valores y Virtudes.

Deliberación. Todo es objeto de debate y el ciudadano debe participar y deliberar sOOre :Xcs los asuntos que le atañen.

 

Libertad. No como concesión, sino como conquista. La libertad está presente en todo. ~o se TICS puede presentar objetos que están por encima de la voluntad popular: la monarquía, en primer lugar, pero las propias leyes que se nos presentan (la Constitución en este caso) como normas eternas).

 

Igualdad. Igualdad en la ley e igualdad económica.

 

Fraternidad o Solidaridad. Lo más opuesto al individualismo. Hay una idea colectiva de pertenencia, hay una fraternidad entre ciudadanos y entre pueblos. La Fraternidad hoy debe impulsarse sobre la base del rechazo a toda forma de imperialismo.

 

Público. No sólo la apuesta por la gestión pública, sino por la existencia de espacios públicos de participación ciudadana y por una economía gestionada públicamente en beneficio de la mayoría, no una economía que rinde homenaje al beneficio por encima de los hombres y mujeres. La economía debe estar al servicio de los ciudadanos y no al revés.

 

Laicidad. La religión pertenece al espacio privado. Nuestra sociedad es laica, no anticlerical, pero sí laica.

 

Racionalidad y Austeridad. Frente a la sociedad del consumo se propugna una sociedad consciente de los límites que impone la naturaleza y de la necesidad de actuar y vivir con austeridad y de gestión racional de los recursos.

 

Y Educación republicana: la enseñanza actual no forma ciudadanos. Pretende formar trabajadores, de guante blanco o de mono, pero trabajadores que salga al mercado. Se fomenta la competitividad, se quiere aislar a los alumnos en grupos y se intenta rebajar la participación democrática en la toma de decisiones. Las ''virtudes'' se reservan a las clases de religión, siendo muy celosa la Iglesia de sus prerrogativas y mirando con desconfianza a una alternativa que enseñe valores ciudadanos laicos.

 

Federalismo

 

Siendo objeto de debate en otra mesa, solo anuncio lo que los distintos movimientos republicanos defienden en común:

 

Se viene apostando por una República Federal (hay matices) como forma de organización, de abajo a arriba, del Estado y los territorios. Se habla de discurso y de práctica: discurso federal que habla de la pluralidad de los pueblos como una ventaja y característica positiva de nuestra sociedad y de la descentralización real como un mecanismo democrático para lograr que las administraciones se acerquen cada vez más a los ciudadanos y ciudadanas. Y se habla fmalmente de República Federal Solidaria, cuyo objetivo sea el bienestar del conjunto de hombres y mujeres y de ejercicio completo de todos los derechos reconocidos por la Declaración Universal de DDHH de la ONU, entre ellos, el libre derecho a la autodeterminación. Sin el reconocimiento previo de éste, no hay república federal posible.

 

Y Laicidad


 

Citando a Wittgenstein, algunos conceptos deberían estar tan claros como el sonido de una bofetada. Y uno de esos conceptos claros, diáfanos, es la apuesta por la laicidad, esto es:

 

a. Que defiende la neutralidad del Estado ante las confesiones religiosas. b. Que dicha neutralidad permitirá la mejor convivencia entre las personas. c. Y que por lo tanto es un principio democrático incuestionable.

 

Hoy se pretende una tutela del Estado por parte de la Iglesia acudiendo al manido tema de la mayoría católica de este país, reclamando leyes "inspiradas" en el credo cristiano para dicha mayoría.

 

Uno, que ha estudiado las muchas barbaridades que se han hecho en nombre de Dios, se siente cercano al Maestro Eckhart cuando decía "ruego a Dios que me libre de Dios".

 

En todo caso la religión es un derecho, teneda o rechazada, por supuesto, pero el problema es que Dios se confunda con la cultura, con el estado, con la sociedad entera.

 

Religión procede de "religio", seriedad, término muy utilizado por Marco Tulio Cicerón, pero hoyes evidente que las religiones están en las antípodas de su definición.

 

Veamos un ejemplo concreto de laicidad necesaria:

 

¿Puede el Estado establecer los valores y las éticas que todo ciudadano a los que todo ciudadano debe aspirar o asumimos los "buenos" valores que nacen de la religión cristiana, por ser esa la mayoritaria? Este es el debate de trasfondo, apenas formulado en voz alta, en tomo a Educación para la Ciudadanía.

 

Pero con ser algunos de los valores o éticas religiosas buenos, sin embargo no pueden ser asumidos como parte del Estado. Y ello porque "Dios" se convierte en una hipótesis innecesaria y gratuita para una parte de la sociedad que no está dispuesta a admitir que una moral derivada de esa creencia - buena o mala - sea estatal.

 

La laicidad apuesta porque la sociedad civil consensúe sus propios valores en diálogo y armonía para lo cual necesitamos seres humanos dignos, no embrutecidos, educados, esto es, formados.

 

y así todas las religiones son ilusiones humanas para la supervivencia para quien habla. Y de acuerdo, dejemos a cada uno su ilusión (eso es el laicismo) pero que el Estado no engorde ninguna de esas ilusiones.

 

En resumen final:

 

El republicanismo apuesta por ciudadanos identificados con leyes que son obra suya y propugna una nueva sociedad asentada en los siguientes pilares:

 

Deliberación. Libertad. Igualdad. Solidaridad Laicidad

 

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1) José Luís de la Grarija, Especial "75 años de la II República", Diario El Mundo, Viernes, 14 de abril de 2006

2) Josep Fontana, articulo en Revista Clío, "En defensa de la República", páginas 16-17, abril de 2006

 

 

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