Entrevista a Julio
Anguita:"El 23-F el rey estaba en la pomada"
Esther Esteban
El Mundo 30
de Agosto de 2008
Se hizo con la Alcaldía de Córdoba en 1979, siendo la
primera capital de provincia gobernada por el PCE desde la
II República. El 'califa rojo' saltó desde allí a la
política nacional al frente de Izquierda Unida. Bajo su
liderazgo, entre 1989 y 2000, la coalición obtuvo sus
mejores resultados. Famoso por "la pinza" contra el PSOE y
por su 'programa, programa, programa', pide ahora una
refundación de IU para sacarla de la crisis.
Pregunta.- La Constitución
española cumple 30 años y tal vez tengamos que preguntarnos
en qué hemos acertado y cuáles han sido los errores...
Respuesta.- Se está recogiendo el fruto de un apaño entre
las cúpulas partidarias y los restos del franquismo que
querían pasar el Jordán manteniendo sus privilegios
económicos y políticos para la nueva situación. Aquella
Transición fue exaltada como modélica, porque se había
vuelto al sistema democrático sin traumas y sin sangre. Pero
al paso de 30 años se ha visto que aquello no fue así. Se
les perdonó todo, volvió la dinastía borbónica que había
sido echada de España en el 31, y se instauró un sistema
llamado democrático en el que hemos visto que no existe la
independencia de los tres poderes. Este país ha continuado
siendo el reino de la corrupción, del robo, del latrocinio y
de la especulación, del favoritismo y de la impunidad para
los grandes. Todo aquel montaje -que nació con unas Cortes
Constituyentes y con una Constitución contradictoria: por
una parte, los españoles son iguales ante la ley, pero la
Familia Real no lo es- está pasando factura.
P.- ¿El Partido Comunista se
equivocó aceptando la Monarquía?
R.- La inmensa equivocación está ahí, pero no de la manera
que se piensa. El partido entonces transformó algo que tenía
que haber sido táctico en una estrategia. Se aceptó la
Monarquía, la bandera y las reglas del juego. Y el error
estuvo en que podíamos haber dicho que lo aceptábamos ante
la presión, pero inmediatamente teníamos que habernos
posicionado en contra de la Monarquía. El PCE apostó
consecuentemente, y es más, la mañana del 24 de febrero
todos nos posicionamos bajo las alas de la gallina clueca
del Rey. Allí triunfó el golpe. Aquella mañana deberíamos de
haber empezado a hacer las cosas de otra manera, y haber
convertido España en republicana.
P.- Admita al menos que el 23-F el Rey fue el gran garante
de la democracia...
R.- Pienso que el Rey sabía lo que se estaba cociendo. No me
creo que la Junta de Defensa Nacional y el Cesid no
informaran al Rey de lo que se estaba preparando. Lo que
pasa es que aquí había varios conjurados sobre un silencio y
un equívoco en el que estaba mucha gente. ¿Por qué llama
Milans del Bosch y pregunta por Armada y le dicen que ni
está ni se le espera? Porque saben perfectamente a lo que
juegan. Aquí había un acuerdo para que Armada o el elefante
blanco convencieran a los portavoces para que en vez de
votar a Leopoldo le votaran a él. Era un golpe de guante
blanco, incruento, pero al día siguiente reconsideran todos
sus actitudes y se muestran solícitos ante el mando de su
Majestad, cual gallina clueca. Naturalmente, el Rey borboneó,
intentó pastorear, y cortó cuando tenía que cortar. Se puso
el traje de capitán general y salió revestido de demócrata,
pero estaba en la pomada y aceptó un golpe de timón más bien
parecido a la dictablanda de Primo de Rivera que a lo que
pretendía Tejero, que era disparatado.
P.- Esta ha sido la primera Constitución aprobada por todos
los partidos. ¿La forma en que se desarrolló el Título VIII,
sobre la organización territorial, fue la correcta?
R.- El problema de la Constitución fue que se intentó hacer
a base de remiendos y de peticiones. De una parte lo que
reclamaba la oposición, como el tema de las nacionalidades,
que se aceptó sin calibrar sus competencias, y de otra, las
apetencias partidistas de cada uno. El PCE acepta la
Monarquía, la bandera, y una ley que era clarísimamente
injusta contra nosotros, la Ley electoral. Hay un momento en
que nos creemos que de esa Constitución realmente se puede
sacar fruto, pero no ha sido así. Ha pasado el tiempo y
ahora se ha demostrado las carencias que tiene.
P.- ¿Y hacia dónde hay que cambiarla?
R.- A mí esta Constitución me da igual. Es más, yo me he
comprometido en un manifiesto republicano a que si vuelvo a
ser concejal, diputado o cualquier cargo público prometería
la Constitución con la fórmula de por imperativo legal,
porque me siento totalmente desvinculado de ella. En estos
momentos hay que ponerse con paciencia a iniciar un proceso
constituyente que conduzca a la Tercera República española.
Estoy convencido de que España mañana será republicana. Y en
absoluto considero la Tercera República heredera de la
Segunda, sino otra de nuevo cuño que debe tener una visión
federal del Estado, porque lo de hoy es un gazpacho
indecente donde las reformas de los estatutos se han hecho
como apaños para apoyar a los sucesivos presidentes del
Gobierno.
P.- Vamos, que el Estatuto catalán es una chapuza...
R.- ¡Una gran chapuza! El error ha sido modificar estatutos
sin modificar la Constitución, con lo cual hemos llegado a
una especie de monstruo de Frankenstein hecho a pedazos. Yo
planteo una Constitución federal que para mí es un estado
unitario, porque en la medida en que se acepta el Estado
federal los distintos estados o comunidades son parte del
Estado español. La Generalitat de Cataluña es Estado
español, les guste o no. Y la Lehendakaritza es Estado
español, les guste o no, porque el Estado español tiene tres
administraciones: la local, la autonómica y la nacional. Por
eso, cuando hablamos de la negociación del Estado con las
autonomías se comete un error. Será la negociación entre la
Administración central y la autonómica.
P.- Pues IU del País Vasco ha sucumbido en la trampa del
nacionalismo, ¿no?
R.- Soy partidario del derecho de autodeterminación, y nunca
me ha dado miedo nadie que se confiese nacionalista o
independentista, y menos que decidan los ciudadanos. Yo
siempre le he imputado al Gobierno central la falta de valor
para asumir esto. Mi idea es un Estado unitario, donde la
caja única y las decisiones de política económica son de la
federalidad del Estado, que tiene que garantizar igual
servicio para todos los ciudadanos del país, hablen la
lengua que hablen. Y en esas condiciones, ¿nos interesa
unirnos? Que hable el pueblo. Lo absurdo es tener a un
referéndum un miedo pavoroso, cuando la autodeterminación no
es a la defensiva, sino a la ofensiva.
P.- Y llegados a ese punto, ¿la soberanía dónde reside?
R.- En el pueblo. La soberanía reside, si llegamos a un
acuerdo sobre el estado federal, en el conjunto de la
población de España. Para que el pueblo vasco se pueda
autodeterminar, el pueblo español, con la Constitución en la
mano, tiene que dar esa capacidad, y lo sigo manteniendo.
¡Estoy harto de este sempiterno juego! Por una parte
utilizan la presión nacionalista para tener unas ventajas, y
por otra usan la presión de la España unida para tener otras
distintas. Ha llegado el momento de ver qué ocurre, y dar un
paso claro para que España no se siga desangrando.
P.- Le preguntaba si ha sido un error letal para IU
alimentar las tesis de Ibarretxe y gobernar con él.
R.- Se pacta con quien se tenga que pactar. No considero que
IU lleve en su esencia un impedimento o una rémora hacia la
integración en un gobierno de otro color. Todo depende de lo
que pactes y el programa que pactes. ¿Que IU ha sido
perjudicada? Evidentemente, por no haberse explicado, por no
haber tenido la valentía de plantear las cosas ante los
medios de comunicación.
P.- ¿En qué sentido?
R.- Cuando firmamos el Pacto de Lizarra y los medios de
comunicación empezaron a criticarnos, propuse hacer una
campaña donde los 274 dirigentes explicaran el tema en toda
España. Fuimos dos. Yo me he partido la cara por los
acuerdos de Lizarra, aunque tenía mis dudas, pero lo había
aprobado la dirección y yo peleaba por eso. ¿Qué nos venció?
El miedo interno, el miedo escénico. Aquello nos perjudicó.
Después, cuando se ha formado gobierno con el PNV, Madrazo
ha sido mucho más criticado que el PSE, que también pactó
con ellos. Aznar fue presidente del brazo de Pujol y de
Arzalluz y no se rasgaron las vestiduras. Todo depende de lo
que se pacte. Yo sé que ahora mismo la política de vivienda
que se hace en Euskadi está puesta como ejemplo, y ésa es de
IU.
P.- De entrada, el artículo 155 de la Constitución es una
salvaguarda del Estado para que las comunidades autónomas no
se pasen, ¿no?
R.- Mecanismos de salvaguarda hay uno, que se copia
literalmente del artículo 39 de las Leyes Orgánicas de
Franco, que encomienda al Ejército esa función. Cuando
aborda el problema del separatismo, la Constitución
republicana le daba al presidente de la República la toma de
las iniciativas pertinentes e inmediatas dando después
cuenta a las Cortes. Yo estoy de acuerdo con esto. Si hay
una Constitución, lo normal es que se cumpla. Lo que pasa es
que los que tienen que velar por el cumplimiento de la misma
no tienen fuerza moral, porque están atados por pactos y más
pactos. Ese es el problema. El famoso consenso ha sido el
cementillo que ha ido aguantando este edificio, hasta que
llega un momento en que los padres de la patria se
encuentran otra vez ante el problema. No es que se rompa
España, lo que realmente se está destrozando es la
Constitución, que está rota por un consenso mal entendido.
P.- Hablando de pactos. Usted rompió muchos tabúes al hacer
la famosa pinza con el PP. ¿Acertó o no?
R.- La llamada pinza se produce con el PSOE como
representante del crimen de Estado, del robo de fondos
reservados, de la corrupción, con ministros encarcelados...
¿O es que ya nadie se acuerda? En ese instante, ¿cuál es la
coincidencia con el PP? Pues simplemente reclamar
democratización, limpieza, investigación y lo que cualquier
partido democrático y decente hubiera hecho. Coincidíamos en
pedir la dimisión de Felipe González. Pero hay dos cosas que
nos diferencian: Aznar le pide a Felipe que dimita y
convoque elecciones, y yo pensaba que Felipe tenía que
dimitir, pero sin elecciones, que gobernara otro líder de su
partido. ¿Por qué se dice que nosotros fuimos los
responsables de que Aznar ganara?
P.- Tal vez lo llamativo fue que la izquierda comunista y la
derecha se entendieran, algo inédito.
R.- Jamás me he arrepentido de la famosa pinza. No podíamos
ser cómplices del robo, de las torturas, de la cal viva,
porque fuera un partido de izquierdas quien lo hacía. No
podíamos ser cómplices con nuestro silencio, aunque luego se
haya engañado a los ciudadanos diciendo que Anguita fue el
responsable de que el PSOE perdiera. No es cierto, el PSOE
perdió porque era lo contrario a la honestidad, la honradez
y a lo que debe ser un partido de izquierdas. El que comete
un crimen es un criminal, y nosotros no podíamos mirar hacia
otro lado.
P.- De aquella pinza donde IU estaba en plena forma a ser
casi extraparlamentarios hay un abismo. ¿Qué ha pasado para
esta decadencia?
R.- El Partido Comunista ha sido siempre grande en las
condiciones de la excepcionalidad, en la Guerra Civil, en la
Dictadura luchando contra Franco, y al crearse la situación
de la Transición hubo una cierta normalización, y tragamos
muchas cosas. Nos normalizamos, pero a la baja. En todos
estos años, el PSOE ha pretendido que seamos la segunda
marca, para utilizarnos. Y nosotros hemos caído en la
trampa.
P.- En resumen, que el PSOE se ha llevado la parte del
león...
R.- Hay que reconocer que esta estrategia les ha salido muy
bien. El PSOE ha conseguido que a su izquierda quede un
inmenso campo, y sin jornaleros que lo trabajen, porque a su
derecha le ha invadido el terreno ideológico el PP, cuyas
políticas fiscal y económica son calcadas. Rajoy se ha dado
cuenta de que eso del viaje al centro no es, ni más ni
menos, que coger el sitio del que se ha apoderado el PSOE,
que es de centro, pero no de izquierdas.
P.- Pero le preguntaba por IU. ¿Qué parte de culpa tuvieron
algunos de los suyos, que parecían infiltrados del PSOE,
para debilitar a IU?
R.- A IU le ha pasado de todo en este tiempo. Y dentro hemos
tenido muchos traidores. Hubo un tiempo en que, de los ocho
que mandaban en el secretariado, cinco querían traicionar
nuestro proyecto. Nuestro mal obedece a que la gente del PCE
y de IU tenemos dignidad, seguimos creyendo eso de la
derecha contra la izquierda, como una lucha ética de
proyectos, de regates, de posiciones, y al final nos
situamos equivocadamente al lado del PSOE por una cuestión
de dignidad mal entendida.
P.- Por último, ¿ETA ha sido el gran cáncer de la
democracia?
R.- Probablemente. Después de tantos intentos en estos años,
hay que concluir que lo de acabar con ETA es una cuestión de
policías y jueces. Dialogar con ellos no sirve de nada. Esta
gente no entiende lo que puede significar la lucha política,
y además ya han hecho de la violencia un modus vivendi.