En busca de la Tercera República
José López
Ucr
16 de Septiembre de 2008
Los retos del movimiento republicano para que la Tercera República
española deje de ser una utopía y se convierta algún día en una
realidad.
Teniendo clara la NECESIDAD de la República en nuestro país, como
mejor garantía del imprescindible proceso de "regeneración
democrática", lo siguiente que se nos plantea es cómo conseguir
traer la República teniendo en cuenta la realidad actual de
nuestra sociedad y las
experiencias del pasado.
Está claro que el movimiento
republicano está en auge en España. Cada vez se ven más
banderas tricolores en la calle, proliferan las plataformas
ciudadanas por la Tercera República (Club Republicano por la
Tercera República, Ciudadanos por la República, Foro de
Republicanos de Izquierdas, Unidad Cívica por la República,
Movimiento por la Tercera República, Foro por la Tercera
República, etc.), proliferan actos simbólicos contra la monarquía
actual, algunos medios de la prensa "oficial" empiezan a atreverse
tímidamente a denunciar las "carencias" de la Casa Real (la prensa
libre hace tiempo que lo lleva haciendo, prensa alternativa en
claro auge), dentro de la propia clase política dominante (por
ahora sólo Izquierda Unida) la causa republicana ha entrado en
agenda (Red de Municipios por la Tercera República), proliferan
las denuncias públicas contra el actual Rey (el alcalde de Puerto
Real José Antonio Barroso se ha atrevido a denunciar públicamente
la naturaleza corrupta de la institución monárquica, el coronel
Amadeo Martínez Inglés ha denunciado públicamente al Rey y ha
pedido una comisión parlamentaria para investigarlo, etc.),
incluso en las bases del PSOE (y a pesar de sus dirigentes) la
causa republicana parece estar empezando a "despegar" tímidamente,
proliferan actos de memoria histórica de la Segunda República,
proliferan los actos en los focos de debate social de base como
los ateneos, etc.
Sin embargo, la censura Real que aplican los medios de
comunicación de masas más conocidos impide que este auge sea
percibido por la mayor parte de la población, que sigue
considerando (aparentemente) este tema como algo secundario y del
pasado. Por tanto, cabe preguntarse si en las condiciones actuales
(en las que los medios obvian sistemáticamente el movimiento por
la Tercera, en la que los principales partidos están dominados por
dirigentes que impiden cualquier debate o planteamiento de esta
cuestión, en la que el pueblo permanece aparentemente "adormecido"
en una especie de "amnesia semiconsciente") tiene realmente futuro
este movimiento o sólo representa una "lucha idealista" perdida de
antemano. Cabe preguntarse cómo hacer más efectiva esta lucha,
cómo evitar todos los obstáculos que intentan obviarla.
Toda lucha social que pretenda ser exitosa y transformadora
debe siempre marcarse un objetivo claro a alcanzar que podrá ser
más o menos utópico, más o menos ambicioso (debe ser más o
menos idealista), debe tener en cuenta la situación inicial de
la que se parte (debe ser más o menos realista), y debe
marcarse un camino o estrategia para alcanzarlo (debe ser más o
menos pragmática). Si no se cumplen estos tres requisitos es
muy poco probable que dicha lucha pueda tener algún día el éxito
buscado. Toda lucha más o menos utópica implica siempre
realizar un camino más o menos largo, más o menos difícil. Si
se es poco idealista (poco ambicioso) entonces el camino es más
corto pero el destino alcanzado está tan cerca del origen del
camino, que a lo mejor no merecía la pena iniciarlo. Si se es
demasiado idealista entonces el camino es demasiado largo y
difícil con lo que es muy poco probable alcanzar el destino. Si no
se es nada idealista o no se tiene claro el objetivo, el camino no
tiene destino o éste es confuso y cambiante y por tanto por mucho
que se ande, no se avanza, simplemente se da vueltas sin rumbo o
bien se llega a una estación intermedia muy alejada del destino
final. Si se es poco realista se avanzará muy poco en el camino e
incluso quizás ni se iniciará la marcha por mucho esfuerzo que se
haga. Si se es demasiado realista entonces cunde el desánimo y no
se inicia la marcha. Si se es poco pragmático (si no se hacen
pequeñas paradas, si no se cogen ciertos atajos, si no se tiene en
cuenta el terreno) el camino puede ser tan largo y dificultoso que
tarde o pronto se deje de recorrer. Si se es demasiado pragmático
(si se hacen demasiadas paradas, si se cogen demasiados atajos, si
se tiene demasiado en cuenta el terreno) entonces el camino es
menos dificultoso pero se alarga tanto en el tiempo que incluso se
llega a olvidar cual era el destino. Los tres requisitos son todos
igual de fundamentales para alcanzar el destino y todos requieren
un cierto "equilibrio" para no afectarse mutuamente, para
conseguir recorrer el camino en un tiempo prudencial, con un
esfuerzo asumible y con una probabilidad razonable de alcanzar el
destino.
Por otro lado, es obvio, que toda lucha que pretenda cambiar la
sociedad debe aspirar a ser mayoritaria, debe aspirar a contar
con la mayor parte de la población posible. No se puede cambiar la
sociedad sin contar con la mayoría de ésta. Todo movimiento de
transformación social debe ir "reclutando" a las masas para tener
cierta posibilidad de éxito. Pero una vez más se requiere un
"equilibrio" para que las masas no acaben ahogando a la minoría
vanguardista promotora del cambio. Es decir, hay que ir
CONVENCIENDO, CAMBIANDO a las masas para que el movimiento crezca
y no al revés. No hay que caer en el error de ser mayoritario para
dejar de ser transformador. Hay que buscar mayorías pero sin
renunciar a los objetivos de la lucha. Hay que procurar que las
masas se apunten al camino a recorrer y para ello hay que ir dónde
están para TRAERLAS a nuestro lado, no hay que quedarse donde
están para olvidar el camino. Por tanto, si una minoría con
iniciativa pretende cambiar a la mayoría, lo primero que debe
hacer es unirse para iniciar el camino juntos, para ir reclutando
a las masas a medida que lo vaya recorriendo. Si iniciamos el
camino de forma desunida, yendo cada uno hacia un destino distinto
(aunque sean parecidos) o yendo hacia el mismo destino pero por
caminos distintos, entonces será muy difícil convencer a las masas
para que se unan a nuestra marcha. Sin embargo, si nos ponemos
de acuerdo en qué destino común es razonable para todos los que
iniciamos la marcha y para los que se unirán a ella en el futuro
(es decir razonable para la mayoría de la sociedad) entonces es
muy posible que la marcha sea cada vez más concurrida y por tanto
aumenten sus posibilidades de éxito.
Por otro lado, tan importante como fijar el destino del camino
a recorrer, es determinar la causa por la cual hay que iniciar la
marcha. Mientras que el movimiento republicano no dé razones
objetivas, claras y convincentes de los motivos por los que se
hace necesaria la marcha, entonces difícilmente las masas se
unirán a ella. Lo primero de todo es concienciar masivamente
sobre la NECESIDAD de avanzar en democracia y sobre la
conveniencia de que esto se haga mediante el establecimiento de
una República. El movimiento republicano debe hacer un
esfuerzo por concienciar a la población en general sobre los
defectos de nuestra "democracia" actual (ver mi anterior artículo
Los defectos de nuestra "democracia") y sobre la NECESIDAD
de la República (ver mi anterior artículo La necesaria
república) para corregir dichos defectos. La República
puede ser el "catalizador" de la "regeneración democrática" de
nuestro país. La gente debe ver la República como la mejor
manera de avanzar en democracia. Debe asociar República a más
democracia.
1) Seamos razonablemente idealistas
Evidentemente la primera condición indispensable para iniciar el
camino es tener claro el destino del mismo. Si dentro del
movimiento republicano no nos ponemos de acuerdo en cuál es el
objetivo entonces difícilmente podremos llegar a él. Esto implica
necesariamente un debate interno (pero abierto a la
sociedad) del movimiento republicano para fijar el mínimo común
asumible por todas las corrientes del mismo, para fijar el
objetivo común básico. Debemos aclararnos sobre qué modelo de
República queremos para nuestro país. Es lógico (y bueno) que haya
diferencias en los tipos de república defendidos por las distintas
plataformas (república popular, federal, constitucional, etc.),
pero si no llegamos a un acuerdo de mínimos sobre lo que debe ser
la Tercera República entonces probablemente no habrá nada que
hacer. Debemos priorizar lo que nos une sobre lo que nos separa.
Si estamos todos de acuerdo en que lo verdaderamente importante
es la República, es la democracia, entonces debemos aparcar
(temporalmente) nuestras diferencias para iniciar el camino hacia
un destino común (sin renunciar a nuestros respectivos ideales o
destinos diferenciados una vez alcanzado el destino principal).
Lleguemos primero a la "estación intercambiadora principal" para
luego ir hacia nuestros respectivos destinos. Todos los destinos
"secundarios" son legítimos mientras se defiendan de forma
democrática. Y en todo caso, una vez alcanzada dicha "estación
intercambiadora principal", si no nos ponemos de acuerdo sobre
cuál debe ser la siguiente estación, siempre podemos recurrir al
debate público y a la democracia para que sea la ciudadanía la que
decida (como por otro lado es lo recomendable). Si estamos de
acuerdo en que el objetivo fundamental es la democracia, entonces
deberemos usar ésta escrupulosamente para alcanzarla y
desarrollarla. El camino hacia la Tercera República debe
hacerse con métodos estrictamente democráticos. En los medios
está el fin. Como dijo Gandhi, El fin está contenido en los
medios como el árbol en su semilla; de un medio injusto no puede
resultar un fin justo. No podemos ni debemos alcanzar la
democracia (la República es la forma que debe tomar ésta) de forma
antidemocrática.
Por tanto el camino se puede dividir en dos etapas cuyos
hitos serían:
1. Referéndum para que el pueblo elija entre República y
Monarquía
2. Referéndum para que el pueblo elija el tipo de república que
desea (en caso de que en el anterior referéndum haya sido aprobado
el cambio de régimen), si las discrepancias son insalvables.
Por supuesto ambos referendos deben estar precedidos por un
amplio debate público y deben realizarse en condiciones
democráticas mínimas que permitan que dicho debate sea libre y
plural (donde todas las opciones puedan ser defendidas
públicamente en igualdad de condiciones). Evidentemente, el
resultado final deberá ser la redacción de una nueva
Constitución de la nueva República, que deberá ser
ratificada en un nuevo referéndum. Es preferible consultar
demasiado al pueblo que quedarse corto, no se puede construir una
democracia sin que el pueblo intervenga (y cuanto más intervenga
mejor), peor es el coste de no hacerlo que los costes económicos
de hacerlo (costes que se pueden racionalizar si se evitan
despilfarros innecesarios). En todo caso, en el segundo referéndum
para elegir el tipo de república, en el fondo se podría elegir
simultáneamente la Constitución correspondiente y podría ahorrarse
el último referéndum de ratificación constitucional (siempre que
se apruebe por mayoría absoluta). Se trata de encontrar alguna
fórmula para que el proceso sea lo más democrático posible y a la
vez lo más operativo posible. No es posible escudarse en razones
"técnicas", en cuestiones "legalistas", en argumentos
"económicos", para evitar la idea principal y prioritaria: dar al
pueblo el máximo protagonismo posible en el proceso
democratizador.
2) Seamos razonablemente realistas
Para iniciar el camino, es imprescindible, una vez hayamos fijado
un destino inicial común, que las distintas plataformas
republicanas se unifiquen en una plataforma única general por la
Tercera República. Esto no significa, ni mucho menos, la
disolución de las plataformas actuales, simplemente significa su
alianza estratégica para la consecución de un objetivo común e
irrenunciable. La unión hace la fuerza. Pero la verdadera unión
consiste en dar prioridad a los objetivos comunes, no en la
renuncia de las legítimas diferencias, ni en la imposición de unas
sobre otras. El matiz es muy importante. De esta crucial e
inicial etapa de "negociación" depende el éxito de todo el proceso.
Por supuesto, como en todo proceso transformador, aparecerán
organizaciones supuestamente republicanas, que practicando la
vieja táctica del "entrismo", del "divide y vencerás", procurarán
sembrar la desunión y la confusión dentro del movimiento
republicano. Sin embargo, en cuanto se fijen dichos objetivos
comunes irrenunciables, en cuanto se hagan las cosas de forma
escrupulosamente democrática y sin miedo al uso de la razón,
dichos "entrismos" serán desenmascarados. Aquellas organizaciones
que no se unan al carro común de la República y la democracia
(siempre que dicho carro común esté tan bien construido que sea
imposible no apuntarse a él si se tiene buenas intenciones) se
delatarán por sí mismas o bien tendrán tarde o pronto que
apuntarse a él para que no se pongan ellas mismas en evidencia.
Una vez conseguida la unión de todas las plataformas y
organizaciones republicanas (o al menos de la mayor parte),
incluidos aquellos partidos políticos que así lo deseen, sobre el
objetivo común de la República, de la democracia, lo siguiente es
plantear una estrategia realista de concienciación masiva sobre
la NECESIDAD del cambio de régimen en nuestro país (por lo
menos sobre la necesidad del debate público acerca del modelo de
Estado, debate que hasta ahora no se ha producido). Es importante
crear las condiciones mínimas de democracia para la celebración
del primer referéndum que permita elegir entre República y
Monarquía (para llegar a la primera etapa del camino). Ahora mismo
no se cumplen esas condiciones. Tenemos "la pescadilla que se
muerde la cola": no habrá democracia hasta que haya República y no
habrá República hasta que haya democracia. Hay que romper este
círculo vicioso. Para ello la plataforma unificada republicana
tiene que plantear una estrategia ACTIVA y UNIFICADA de
concienciación en TODOS los frentes: en la calle, en Internet
(participando en todos los foros posibles, tanto en los "amigos"
como en los "hostiles"), en las instituciones (denunciando los
defectos y contradicciones de nuestra "democracia"), en los medios
de comunicación (tanto "oficiales" como "libres"), en los ateneos,
etc. Hay que acudir donde está la gente, sin esperar a que
venga a donde estamos nosotros, para convencerla de que se apunte
a nuestra marcha. Hay que evitar los obstáculos que impone el
sistema monárquico, hay que evitar la censura, hay que usar la
originalidad y la imaginación para llamar la atención del pueblo y
de los medios sobre la cuestión republicana, hay que realizar
actos simbólicos que despierten simpatía (pero a la vez que no
resten seriedad ni credibilidad), hay que realizar las
movilizaciones simultáneamente en el mayor número posible de
lugares (por ejemplo las manifestaciones del 6 de diciembre y
de abril deberían realizarse en muchas ciudades y pueblos a la
vez, junto con eventos culturales). Frente a las dificultades de
hacerse oír hay que crecerse, hay que SIMULTANEAR muchos actos,
hay que promocionarlos los días anteriores y hablar de ellos en
los días posteriores (aprovechando para denunciar las censuras
informativas que se hayan producido). Pero también es necesaria
una actitud activa INDIVIDUAL y PERSONAL de todos los republicanos
(tanto de los que forman parte de las plataformas como de los
simples ciudadanos concienciados con el tema) para ir convenciendo
poco a poco a sus vecinos, a sus parientes, a sus amigos, a sus
compañeros de trabajo, etc. Hay que recurrir tanto a los medios
tradicionales de activismo (como el boca a boca) como a los
nuevos medios que nos brinda la tecnología de comunicación (el
boca a boca "digital"). Como dijo Julio Anguita, en lo que
empieza a convertirse en uno de los grandes lemas de esta larga
marcha, la República hay que traerla, no vendrá sola.
Pero además, el discurso republicano debe ser realista,
concreto y efectivo para llegar a ser convincente. No es
suficiente con agitar las banderas tricolores, no es suficiente
recurrir a actos simbólicos que a veces pueden parecer "fuera de
lugar" y que muchas veces son utilizados por el "enemigo" para
desprestigiar la causa, no es suficiente con hacer "tertulias de
café acomodadas" entre personas que pensamos casi igual (y al
mismo tiempo no acudir a debatir al "frente", donde no hay tantos
correligionarios), no es suficiente con hacer merecidos actos de
homenaje y recuerdo a los republicanos víctimas de la guerra civil
y del franquismo, no es suficiente con hacer manifestaciones
periódicas convertidas casi en "rutina semi-lúdica". Todo esto es
necesario (más o menos necesario) pero no es suficiente. Hay que
usar una estrategia más cercana al pueblo y más convincente. Sin
renunciar a la historia (y recuperándola cuando sea necesario
desmontar argumentos antirrepublicanos basados en la distorsión
interesada de lo que ocurrió durante la Segunda República), hay
que presentar a la Tercera República como opción de futuro, como
verdadera alternativa al régimen actual, como más democracia.
La gente común tiene que ver la República no tanto como la
reivindicación de un pasado más o menos "glorioso" sino como una
reivindicación de un futuro NECESARIO de mayor democracia. Hay que
evitar que la gente vea la República como fuente de inestabilidad,
como la repetición de situaciones que ocurrieron hace ya muchos
años. Hay que hacer comprender a la gente lo que realmente ocurrió
en la Segunda República en su justa medida (sin negar los errores
que indudablemente se cometieron pero dejando muy claro que, a
diferencia de la dictadura franquista, el régimen republicano era
la legalidad democrática y nunca fomentó la violencia ni la
represión sistemática, en todo caso no pudo o no supo evitar la
violencia social que se produjo debido a una situación muy
inestable de bipolarización radical de la política española en
esos tiempos). Hay que evitar que la gente vea al movimiento
republicano como el revanchismo de la España "perdedora" (esto no
impide reivindicar la historia o la memora histórica cuando sea
preciso). Tenemos que conseguir que la gente sea consciente de
la importancia de la democracia (en sus vidas cotidianas) y que
asocie República a más democracia. Esta es la clave. Que la
gente perciba que esto no es una lucha "nostálgica" sino una lucha
concreta y realista por conseguir mejores condiciones de vida en
el presente y en el futuro. Esto no significa olvidar el pasado
(sería un gran error porque sino, como se suele decir, estamos
condenados a repetir los errores cometidos) sino que significa
centrarse sobre todo en el presente y en el futuro. Por otro
lado, tampoco hay que caer en el error de "vender la moto". La
República tampoco nos resolvería inmediatamente nuestros problemas
cotidianos, pero sentaría las BASES para que eso fuera mucho más
posible. Si el discurso del movimiento republicano suena
demasiado idealista, demasiado utópico, demasiado "bonito",
entonces a la gente le suena más a "cantos celestiales". Hay que
"vender la idea" de que la República supondría un impulso
importante hacia mayores cotas de democracia y sobre todo que
representaría un "desbloqueo" de una situación totalmente
estancada como la actual para permitir un avance CONTINUO de
nuestra sociedad, no sólo PUNTUAL. Hay que "vender la idea" de
que la República es NECESARIA, no es sólo que sea más
"bonita", no es sólo que sea más conveniente, no es sólo que sea
más lógica, no es sólo que en vez de un rey tendríamos un
presidente de República elegido por el pueblo. Sólo cuando la
ciudadanía se conciencie sobre dicha necesidad, es cuando
realmente la República tendrá posibilidades de pasar de la utopía
a la realidad. Por tanto hay que centrarse en esta idea de
necesidad y para ello hay que denunciar claramente y
concretamente los defectos de nuestra "democracia", hay que
denunciar las graves deficiencias democráticas del sistema
monárquico actual (Constitución que pone al jefe de Estado por
encima de la ley, falta de separación e independencia de poderes,
falta de libertad de expresión, existencia de tortura y malos
tratos policiales, jefe de Estado sin ningún control, corrupción
generalizada por falta de control y transparencia de los cargos
públicos, justicia que protege a los poderosos y se ceba con los
débiles, incumplimiento de los derechos sociales reconocidos por
la Constitución, etc.), hay que hacer ver a la gente las causas
por las que las cosas no funcionan. Hay que hacerle ver que "las
ramas del árbol están podridas PORQUE el propio tronco lo está".
Hay que hacerle ver que no puede esperarse justicia de un sistema
cuya ley de leyes es profundamente injusta porque atenta contra el
principio básico de igualdad ante la ley de TODOS los ciudadanos.
Hay que hacerle ver que no podemos aspirar a tener trabajo o
vivienda dignos si la estructura BÁSICA del Estado en que vivimos
lo impide, si tenemos una Constitución que da prioridad exagerada
a los derechos "secundarios" de unos pocos (como el derecho a la
propiedad privada o a la libertad empresarial) frente a los
derechos básicos de la mayoría (como la vivienda o el trabajo).
Hay que hacer ver a la gente la relación entre las causas y sus
efectos, a no perder de vista que las cosas ocurren por
ciertas causas que pueden identificarse y por tanto corregirse
(siempre que haya voluntad política para ello). Hay que hacerle
ver que los grandes problemas no se resuelven, que son
"crónicos", porque no tenemos suficiente democracia, porque
el pueblo no tiene realmente el poder. Hay que hacerle ver que
con más democracia aumentan las posibilidades de solucionar dichos
problemas, aumentan las posibilidades de mayor bienestar para la
mayoría del pueblo. Hay que hacer ver a la gente que el
sistema lo hacemos entre todos y entre todos podemos y debemos
mejorarlo (sin esperar PASIVAMENTE a que los causantes de sus
deficiencias sean los que lo hagan). Por tanto, sin renunciar a
lemas un tanto "inofensivos" como "No hay dos sin tres, República
otra vez" o "A la tercera va la vencida" o "España mañana será
republicana", es necesario usar lemas más contundentes,
concretos y serios como "República es democracia" o "No a la
monarquía antidemocrática" o "No a la monarquía franquista" o
"Monarquía y democracia son incompatibles" o "No a la impunidad
Real" o "Por la igualdad ante la ley: No a la monarquía" o "Por la
libertad de expresión: No a la Monarquía" o "Lo llaman democracia
y no lo es" o "Más democracia es mejor vida" o "No a la censura
Real" o "Por la democracia, República" o "Por el derecho a elegir
régimen" o "Por un referéndum para elegir entre República y
Monarquía" o "Que el pueblo elija" o "La opción republicana es más
legítima" o "Por la recuperación democrática: República", etc.
Finalmente, si queremos convencer a las masas de la causa
republicana, hay que huir de discursos sectarios e
"ideológicos", hay que centrarse en conceptos "objetivos" que
la mayoría de la población asume fácilmente (democracia, libertad,
justicia, igualdad, bienestar social, etc.) y como consecuencia de
la unidad de acción republicana hay que evitar en los lemas y en
los discursos el uso de palabras que tengan que ver con las
distintas corrientes o visiones o modelos de lo que debería ser la
Tercera República (una vez pasada la primera etapa, entonces ya
tendrá más sentido reivindicar los distintos tipos de república:
popular, federal, constitucional, etc.). En una primera etapa, en
la etapa inicial de conseguir la República, hay que evitar poner
apellidos a ésta. Hay que reivindicar la República sin más.
Hay que evitar los sectarismos y las divisiones que sólo pueden
dar excusas al "enemigo" para "desprestigiar" la causa, para meter
el miedo a la sociedad en el sentido de que a la monarquía actual
sólo puede sucederle el "caos". La República no puede dar imagen
de caos (esto no significa que deba ser un orden rígido, por otra
parte muy peligroso).
En definitiva, la República debe ser vista por el pueblo como
una NECESIDAD de avanzar en democracia (de desbloquear su
desarrollo) y por tanto de mejorar sus condiciones de vida, como
la sustituta de un régimen monárquico impuesto por una dictadura y
con graves deficiencias democráticas. El movimiento
republicano debe ser percibido como un movimiento democrático,
popular, pacífico, tranquilo, realista, centrado en el presente y
en el futuro (pero enraizado en el pasado), unido (pero diverso).
3) Seamos razonablemente pragmáticos
En el caso de que en el primer referéndum el pueblo elija la
República como sustitución de la monarquía actual, es
inevitable que se produzca un periodo transitorio de un régimen a
otro. Este periodo es muy peligroso porque puede ser
aprovechado por los enemigos de la República para conspirar contra
ella, para evitar su proclamación (a la historia podemos
remitirnos), para crear el caos, o bien puede ser aprovechado para
que los partidos y poderes del antiguo régimen tomen posiciones
para sobrevivir en el nuevo que se avecina (no sería raro que
todos se declararan más republicanos que nadie), asumiendo un
protagonismo que no les corresponde y que puede desvirtuar la
causa (que puede interferir en el resto del camino a recorrer).
Es muy importante que dicha transición sea lo más breve posible y
que se haga con las mínimas condiciones de seguridad. Para ello es
imprescindible que todo esté preparado y planificado con
suficiente antelación. Y por tanto es muy aconsejable que el
inevitable debate sobre qué tipo de república implantar esté ya
"maduro" cuando se produzca públicamente. Esto significa que
aunque las distintas plataformas unificadas usen un discurso
"oficial" único para alcanzar la primera etapa, paralelamente debe
producirse un debate en el seno de dicho movimiento sobre el
modelo de la Tercera República, por lo menos para aclarar y
afianzar posiciones. Debate "interno", que debe servir para
preparar el terreno para el debate público que se produciría en el
periodo de transición entre las dos etapas de nuestro camino,
previo al segundo referéndum, pero sin interferir en la lucha por
alcanzar la primera etapa de nuestra marcha. Por otro lado, en el
periodo de transición hacia la nueva República, hay que evitar los
errores del pasado, hay que evitar lo que ocurrió en la
"transición" de la dictadura a la monarquía. Hay que conseguir que
esta vez la transición no se haga a espaldas del pueblo, no se
haga sin el protagonismo (entre otros) de las plataformas
populares republicanas, no se haga traicionando los ideales
iniciales. Dicha transición no tiene que volver a ser una
"transacción" de intereses, debe ser más bien una negociación,
aunque sobre todo debe ser un debate público para que sea el
pueblo quien decida esta vez. Hay que conseguir que la
democracia sea la metodología usada en TODAS las etapas del camino
hacia la Tercera. Hay que conseguir que se redacte una
Constitución de acuerdo con los principios republicanos, con
el objetivo fundamental de aumentar el grado de democracia de
nuestro país y sobre todo con la posibilidad abierta de
mejorarla continuamente en el futuro. De esta manera cualquier
"error" o inevitable "cesión" que se haya producido no tiene por
que ser "eterna". La Constitución de la nueva República debe
estar redactada lo mejor posible pero también debe ser abierta, no
debe convertirse ella misma en un obstáculo para un posterior y
continuo desarrollo democrático. Esto significa que
inevitablemente cada plataforma republicana deberá ceder en mayor
o menor medida en más o menos aspectos, en aras de conseguir en el
menor tiempo posible el funcionamiento de la nueva República, por
su propia seguridad. Además tampoco debe pretenderse resolver
todos los problemas a la vez. No puede caerse en el error o la
impaciencia de querer matar muchos pájaros de un solo tiro (no
vaya a ser que nos salga el tiro por la culata). Los habrá que
querrán resolver también la cuestión de los nacionalismos (para lo
cual propondrán una República Federal), los habrá que querrán
"imponer" la revolución por ley (para lo cual propondrán la
República Popular), los habrá que querrán resolver de paso el
problema de la unidad nacional (para lo cual propondrán la
República Constitucional), los habrá que querrán seguir igual solo
que bajo el disfraz de una República reducida a la mínima
expresión (vete a saber lo que propondrán, pero seguro que
intentarán que la nueva Constitución se parezca demasiado a la
actual), etc. Todas estas visiones de lo que debe ser la República
española son igual de legítimas o por lo menos todas deben ser
respetadas por igual, todas deberán tener las mismas oportunidades
de darse a conocer públicamente, pero inevitablemente no podrán
hacerse todas a la vez, y en todo caso deberá ser el pueblo el que
tenga la última palabra. Lo importante es implantar una República
que siente las BASES para que todos estos problemas se puedan
resolver en su momento, para que la democracia sea la que permita
resolverlos. Esto no significa renunciar a los objetivos comunes
más prioritarios (ni significa renunciar a los no comunes de por
vida), la unidad del movimiento republicano no sólo es necesaria
para llegar a la primera etapa de nuestro camino, sino que es
también necesaria para la puesta en marcha de la nueva República,
para la forma en que deben hacerse las cosas hasta la etapa final
(independientemente de cual sea ésta). La unidad debe ser en
cuanto a cuál debe ser la etapa inicial a alcanzar y en cuanto a
la METODOLOGÍA a usar en TODO el camino. Dicha metodología
debe ser inexcusablemente la democracia y el debate público.
Por tanto, el camino para ir de la primera etapa al destino final
debe estar claro desde el principio de la marcha. De esta manera,
cuando llegue el momento, nada será producto de la improvisación y
por tanto del desorden ni del caos. Por esto hay que ser también
razonablemente pragmáticos, tenemos que conocer el terreno para
evitar sus obstáculos, para evitar que todo el esfuerzo haya sido
inútil, y para ello debemos proveernos de los mapas necesarios
para que no nos pillen desprevenidos dichas dificultades. En este
aspecto sería muy útil que a lo largo del camino, desde el
principio, en el debate "interno" del movimiento republicano, se
llegue a un acuerdo sobre una redacción mínima consensuada de
la nueva Constitución, identificando claramente los aspectos de
coincidencia básica (que deberán ser irrenunciables y
defendidos conjuntamente por las distintas plataformas
republicanas en el periodo de transición) y los aspectos de
discrepancia que deberán ser debatidos públicamente para que el
pueblo sea el que decida. Básicamente se trata de tener todo
lo más preparado posible para que el periodo transitorio sea lo
más corto, tranquilo y seguro posible. Hay que evitar la
improvisación, no seamos nosotros mismos los peores enemigos de la
implantación de la Tercera República. Si tenemos las ideas claras,
si estamos unidos en lo esencial, si lo tenemos todo preparado y
planificado y si tenemos claro que ante las discrepancias tiene
que ser el pueblo el que decida democráticamente, entonces tenemos
muchas posibilidades de que si llega el momento, la República
pueda instaurarse con ciertas garantías de supervivencia.
Conclusión
El camino hacia la Tercera República será largo y difícil. Es
imprescindible que a esta marcha se vaya uniendo progresivamente
la mayoría de la población. Para ello es necesaria la unidad de
acción republicana, sobre la base de que la República debe
suponer más democracia y sobre la base de que el camino a
recorrer debe hacerse usando la propia democracia como
herramienta fundamental. Si el camino lo iniciamos para tener
democracia, debemos ser coherentes y ejemplares exigiendo que el
destino se alcance democráticamente. Para iniciar el camino y para
convencer a las masas es imprescindible dar a éstas razones
convincentes, objetivas y concretas. Es necesario concienciar
masivamente al pueblo sobre la NECESIDAD de avanzar en democracia,
sobre la NECESIDAD de hacerlo mediante la instauración de una
República. Ésta puede suponer un avance importante, pero no
tanto por la magnitud del paso dado (que también) sino sobre todo
por el hecho de dejar de estar parado, por el hecho de iniciar un
camino continuo hacia la democracia plena, por el hecho de
desbloquear el desarrollo democrático actualmente "estancado". El
verdadero avance es empezar a avanzar, es dar un PRIMER paso para
posteriormente seguir andando. Para ello es imprescindible que el
movimiento republicano sea idealista (pero no en exceso),
realista, pragmático, responsable, coherente, inteligente, claro,
contundente, imaginativo, activo, serio (pero a la vez alegre, por
qué no), respetuoso (las formas deben ser "exquisitas"),
insistente, esforzado, unido (a la vez que diverso) y sobre todo
ejemplarmente democrático. Hay que evitar los errores del pasado y
para ello es crucial tener toda la "hoja de ruta" preparada
hasta el más mínimo detalle posible, previendo los posibles
obstáculos (aún así serán inevitables las dificultades imprevistas
pero hay que preparar hasta el máximo previsible las contingencias
del camino) de la larga marcha hacia la Tercera República, hacia
la verdadera democracia.
Ante las enormes dificultades que seguro tendremos, deberemos usar
nuestras firmes convicciones y nuestra inquebrantable
determinación como "combustible" para que la marcha no se detenga
y deberemos usar nuestra inteligencia y astucia como "volante"
para sortear los obstáculos que surjan. Como dijo Einstein, Hay
una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la
energía atómica: la voluntad.
¡¡Todos juntos y unidos a por la Tercera!! ¡¡Hagamos de la utopía
una realidad!!