El desarrollo
de la democracia (II)
José López
ucr 2 de Noviembre de
2008
Mientras que en la primera parte dábamos una
panorámica general de en qué debe consistir el desarrollo de la
democracia, en esta segunda parte analizamos cómo puede mejorarse la
democracia representativa (el modelo de democracia usado en
la inmensa mayoría de los países llamados democráticos).
En este tipo de democracia las
personas que conforman el grupo eligen cada cierto tiempo a sus
representantes y éstos son los encargados de ejecutar
cierta política (de llevar a la práctica ciertas decisiones en
nombre del grupo). La política a ejecutar es la que previamente han
explicado a sus electores y por la que se han comprometido en caso
de ser elegidos. Este modelo es aplicado en grandes grupos de
personas, es decir en el ámbito de la política de un país, una
región o una ciudad. A día de hoy para grupos humanos de cierta
envergadura es el único modelo que se ha podido llevar a la
práctica. Tiene la ventaja de facilitar la gobernabilidad
pero el grave inconveniente de reducir a la mínima expresión la
participación del conjunto de la población del grupo. Además los
pilares teóricos sobre los que se sustenta este modelo no se cumplen
o se cumplen insuficientemente en muchos casos, convirtiendo de
hecho a estas "democracias" en puramente simbólicas y vacías de
contenido. Es por tanto necesario desarrollar esta técnica
democrática por doble motivo: porque es el modelo usado en la
actualidad y por ahora el único posible en grandes grupos humanos y
porque la mayor parte de sus defectos viene del hecho de la no
aplicación de sus principios teóricos (mayoritariamente
perfectamente desarrollados y conocidos). En este caso se trata
sobre todo de un desarrollo práctico más que teórico, por lo que su
viabilidad es, en principio (y al margen de voluntades políticas),
más a corto plazo.
Los pilares teóricos de la democracia representativa son la
elección mediante sufragio universal de todos los cargos públicos,
la separación e independencia de todos los poderes y el control
público de todos ellos.
El desarrollo de la democracia representativa en el ámbito de un
país (democracia política) debe incluir, entre otros, los
siguientes aspectos:
1. La forma de
Estado más democrática debe ser indudablemente una república
donde TODOS los ciudadanos sean iguales ante la ley. Es preferible
una república semipresidencialista para evitar concentrar
demasiado poder en una sola persona, en la que el jefe de Estado
tiene algunos poderes ejecutivos (política exterior) y nombra (y
cesa) al primer ministro o jefe de gobierno. Éste está sometido al
control parlamentario y puede ser cesado mediante moción de
censura (sin necesidad de presentar un nuevo candidato a primer
ministro). Así se evita que el poder ejecutivo domine al
legislativo. El presidente de la república podrá disolver las
cámaras parlamentarias previa consulta con el primer ministro y
con los presidentes de dichas cámaras (siempre que la moción de
censura haya prosperado).
2. Una Constitución que garantice los pilares de la
democracia (separación de poderes, elección de los cargos
públicos, etc.) y sobre todo que garantice los derechos humanos,
estableciendo límites a los mismos para poder compatibilizarlos,
haciendo especial hincapié en dar prioridad a los derechos más
básicos. Si es evidente que hay necesidades humanas más básicas
que otras y es evidente que los derechos humanos tratan de
garantizar la satisfacción de dichas necesidades, entonces es
evidente que hay derechos más básicos (más importantes) que otros.
Muchas democracias actuales dan una preponderancia exagerada a
ciertos derechos (a los que normalmente sólo puede acceder una
minoría privilegiada) en detrimento de otros derechos más básicos
de la mayoría de la población. Debe llegarse a un "equilibrio"
para garantizar un mínimo cumplimiento de todos los derechos pero
a su vez para dar prioridad a ciertos derechos fundamentales sobre
otros más "secundarios". Los derechos básicos relacionados con la
subsistencia o las libertades fundamentales deberían estar siempre
garantizados (derecho a la alimentación, a la vestimenta, a la
vivienda, al trabajo, a la educación, a la sanidad, a la justicia,
a la seguridad, a la libertad de expresión, a la libertad de
pensamiento, a la libertad de reunión, a la información, etc.) y
tener la máxima prioridad. Por ejemplo, el derecho a la
propiedad privada (aun siendo reconocido) no debe eliminar o
limitar excesivamente otros derechos más fundamentales, el Estado
debe establecer una "jerarquía" de derechos para garantizar sobre
todo (aunque no sólo) los más importantes. Un derecho es más
importante cuando tiene que ver con la satisfacción de las
necesidades (físicas o psicológicas) más básicas y cuando afecta a
muchas personas. No es posible que los derechos "secundarios"
de unos pocos se impongan sobre los derechos básicos de la
mayoría. No es justo ni lógico. Contradice uno de los principios
básicos de la democracia como es la preponderancia (no confundir
con la falta de respeto) de la mayoría sobre las minorías. Por
ejemplo, la libertad empresarial de unos pocos no debe contradecir
los derechos laborales de la mayoría. Como dijo Benjamín Constant,
El objetivo es la seguridad en el goce privado, la libertad es
la garantía dada por las instituciones para ese goce.
La libertad de uno acaba dónde empieza la de otro. Este principio
sólo puede llevarse a la práctica mediante la igualdad de
oportunidades. Si no PUEDO elegir, si no tengo OPCIÓN,
entonces realmente no ELIJO (aunque quiera) y por tanto no soy
libre (o soy mucho menos libre que otro que sí tiene más opciones,
su libertad no acaba donde empieza la mía porque la mía
simplemente no empieza, su libertad traspasa el límite de la mía).
Igualdad y libertad son dos caras indisociables de los derechos
del hombre. La libertad debe estar "equitativamente
distribuida" entre los individuos de una sociedad. Como dijo Noam
Chomsky, Una libertad sin opciones es un regalo del diablo.
Por tanto, además de compatibilizar unos derechos humanos
con otros, hay que "democratizarlos" para que TODOS los ciudadanos
tengan las mismas oportunidades reales de tener acceso a ellos
(los derechos humanos son universales y se reconocen por igual
para todos). Se trata de cumplir en la práctica los principios de
la declaración de los derechos del hombre. Se trata por tanto de
dar la importancia adecuada a cada derecho humano (respecto
del resto de derechos) y de garantizar las mismas oportunidades
de acceso a cada derecho. Este doble desafío es ahora mismo
totalmente utópico, pero la utopía es necesaria. No debemos
consentir que se nos venda la idea de que libertad implica
inevitablemente desigualdad porque es justo lo contrario. No puede
existir libertad (en la vida en sociedad) sin igualdad de
oportunidades. Las grandes desigualdades sociales son realmente
consecuencia del libertinaje (de la desigualdad de oportunidades,
de la preponderancia de unas libertades "secundarias" de una
minoría sobre las libertades "básicas" de la mayoría, del
"acaparamiento desigual" de las libertades). Admitiendo que la
igualdad absoluta es imposible (y también injusta), es
antinatural, la desigualdad excesiva tampoco es lógica ni justa ni
natural. No todos tenemos las mismas capacidades, no todos debemos
ganar igual, pero nadie puede trabajar cientos (ni siquiera
decenas) de veces lo que otros y por tanto tampoco debería ganar
cientos (ni decenas) de veces lo que otros (no digamos ya el caso
de unos pocos que se enriquecen con el trabajo ajeno). Es lógico
que haya ciertas desigualdades (debido a nuestra desigualdad
"natural") pero no es lógico que sean excesivas (debido a las
desigualdades "antinaturales"). Los seres humanos somos distintos
pero tampoco demasiado distintos. Es necesario que la sociedad
vuelva a ser "natural". Si no, la sociedad está condenada, tarde o
pronto, a su extinción, no se puede ir contra-natura.
Una Constitución no debe imponer soluciones concretas (y
susceptibles de discrepancia) a los problemas de una sociedad.
Por ejemplo, no debe imponer la unidad nacional de un país (en
democracia la soberanía popular supera la soberanía nacional, el
concepto de pueblo está por encima del concepto de nación, la
nación debe someterse al pueblo y no al revés, la Constitución
puede establecer una estructura territorial determinada, pero ésta
siempre debe estar abierta y susceptible de ser cambiada
democráticamente), no debe imponer un modelo económico concreto
(la economía de libre mercado o la economía estatalizada), etc. De
lo que se trata es de articular la democracia, de establecer el
marco político adecuado para poder resolver los problemas de forma
democrática (independientemente de la solución final adoptada para
los mismos por el conjunto de la sociedad). La democracia fija la
METODOLOGÍA para convivir y resolver los problemas, para decidir
las soluciones a los problemas, no debe fijar nunca las propias
soluciones, no debe fijar nunca los fines (los únicos fines
fijados deben ser los derechos humanos).
Por otro lado, para evitar el estancamiento y posibilitar el
avance (necesario siempre en toda sociedad) es imprescindible
relajar las condiciones para permitir reformas de la Carta Magna,
por ejemplo debería ser suficiente con ser aprobada la reforma por
la mayoría absoluta de los parlamentos y siempre que dicha
propuesta de reforma haya sido presentada por 3 grupos
parlamentarios como mínimo (sin olvidar la aprobación definitiva
por parte del pueblo mediante referéndum).
En suma, el Estado debe velar por el cumplimiento de los
derechos humanos para TODOS los ciudadanos, debe llevarlos a
la práctica (en este sentido se ha propuesto la creación de una
renta básica universal como forma de garantizar la libertad
individual, idea aparentemente utópica pero que cada vez gana más
adeptos y no dista mucho de ciertas ayudas existentes en el Estado
de Bienestar, pero dicha renta básica universal no debe ser
impuesta constitucionalmente porque es una solución concreta, como
hemos dicho, la Constitución debe garantizar la satisfacción de
los derechos humanos pero no debe imponer la forma de hacerlo), el
Estado debe ser el "regulador" de la sociedad. El
"desmantelamiento sesgado" del Estado (en realidad su "secuestro"
por parte de la minoría dominante) sólo puede producir la
"degeneración" de la sociedad, sólo puede conducir al desastre, al
caos, a la "ley de la jungla". Otra cosa muy distinta sería tender
progresivamente a una sociedad sin Estado (si es que eso es
posible) si la mayoría de la sociedad lo decidiera libremente así,
como resultado de una evolución natural de la sociedad, como
resultado de una emancipación total del conjunto de la sociedad.
El Estado nunca debe convertirse en el instrumento de una minoría
(ya sea económica o política) para someter a la mayoría (va contra
el principio básico de supervivencia de toda sociedad, el
bienestar de la mayoría), y por ahora, no es posible la sociedad
sin el Estado. Por tanto, una sociedad más democrática necesita
reforzar el papel del Estado (pero garantizando su servicio al
conjunto de la sociedad y evitando que sea justo al revés),
necesita desarrollar el Estado de Bienestar (no el Estado
policial o represor).
3. Una cámara de diputados (no territorial) y una
cámara de senadores (territorial) claramente diferenciadas
y con competencias complementarias. El Congreso debe
representar a los ciudadanos y el Senado a los territorios. De
todas formas, habría que replantearse si realmente es necesario
el Senado, pero lo que está claro es que, si existe, debe
tener funciones distintas y complementarias al Congreso,
relacionadas con su razón de ser: la relación de los distintos
territorios entre sí y con el Estado central.
4. La elección de cualquier cargo público (de cualquier
representante de un grupo humano) debe ser siempre libre, directa
y secreta (tanto en el caso de un representante del pueblo
elegido por sufragio universal como en el caso de un representante
interno de un organismo determinado, como un parlamento, un comité
de empresa, etc.). El que sea la votación secreta garantiza la
libertad de voto (evita por ejemplo la disciplina de voto impuesta
por los partidos políticos en los parlamentos, el mandato
imperativo debe ser para con la ciudadanía y no para con los
partidos). El anonimato es casi siempre el mejor salvoconducto de
la libertad.
5. Una ley electoral que permita que el voto de
todos los ciudadanos valga igual y que busque un equilibrio
entre gobernabilidad y representatividad (intentando
dar prioridad a ésta última). Para mejorar dicho equilibrio,
deberían crearse nuevos métodos (o mejorarse los existentes) para
repartir los escaños a partir de los votos emitidos. Hasta que no
se encuentre un método más eficiente, el sistema D´Hondt podría
ser sustituido por el método Sainte-Laguë, que no favorece
tanto a los partidos mayoritarios y por tanto mejora la
representatividad. Por otro lado, debería haber circunscripción
electoral única en todo el Estado para la elección de
diputados y circunscripciones territoriales para la
elección de senadores (junto con mecanismos que garanticen la
representatividad de todos los territorios) con sistema de
elección mayoritario plurinominal (donde el elector elige varios
candidatos a senador para su circunscripción). El Congreso debe
ser una cámara de representación de los ciudadanos
(independientemente de su situación geográfica) y el Senado debe
ser una cámara de representación de los territorios (teniendo en
cuenta por supuesto el "peso" de cada uno de ellos y procurando
una mínima representación de todos los territorios por ejemplo
mediante elección de ciertos senadores por los parlamentos
regionales). En estos tiempos donde los medios de comunicación
acercan a las personas, la proximidad física de los candidatos a
los electores es irrelevante (sobre todo para la elección de
representantes en organismos estatales, otra cosa son los
organismos locales como los ayuntamientos), lo importante es que
los candidatos (y sobre todo sus programas) sean conocidos por los
electores. Además debe permitirse que cualquier persona pueda
presentarse como candidato a cualquier cargo público,
independientemente de si pertenece a un partido político o no
(cumpliendo los mismos requisitos que los partidos en cuanto a la
defensa de ideas que no atenten contra los derechos humanos). En
caso de que se presente a través de un partido político, las
listas deben ser abiertas para aumentar el margen de elección
del electorado (el elector elige no sólo su partido, sino también
su candidato favorito dentro de ese partido, es decir el orden de
importancia de los candidatos de un partido lo determina el
electorado en vez del propio partido). Cada sistema tiene sus
ventajas y sus inconvenientes, las listas abiertas aumentan el
margen de elección de los electores pero pueden provocar tensiones
dentro de los partidos, además existen diferentes sistemas de
listas abiertas. A este respecto, se deberían desarrollar en el
futuro métodos que vayan aumentando el margen de elección de los
electores y eviten los inconvenientes detectados.
6. La financiación de los partidos políticos debe
ser totalmente transparente y controlada por el
Estado. Los partidos deben autofinanciarse a través de sus
militantes exclusivamente mediante un sistema de cuotas cuya
cuantía debe estar claramente limitada por ley. Nunca debe
permitirse la financiación por personas jurídicas, siempre deben
ser personas físicas. No debe haber financiación externa de ningún
tipo (ni pública ni privada).
La ayuda del Estado debe ser secundaria y en materia fiscal
o para paliar gastos electorales o facilitar el acceso a los
medios de comunicación, y debe "premiar" a los partidos más
austeros y "castigar" el despilfarro. Dicha ayuda puede ser
proporcional a los resultados electorales anteriores pero, siendo
secundaria, no debe ser excesivamente importante (ni excesivamente
proporcional a dichos resultados) y debe permitir a otras fuerzas
minoritarias darse a conocer (aquí puede introducirse otro factor
que determine la proporción de las ayudas estatales a nuevas
fuerzas políticas: el número de afiliados de un partido), debe
intentar tender a que las distintas fuerzas políticas puedan
"competir" en igualdad de condiciones por acceder a las
instituciones (o por lo menos con una desigualdad "razonable",
no excesiva, tampoco es posible que TODAS las fuerzas políticas
puedan presentarse en sociedad de la misma manera, no habría ni
recursos ni tiempo para ello). Si no es así se tiende
inevitablemente a un bipartidismo excesivamente "estático" y a una
democracia excesivamente "estancada". Así como el Estado debe
"redistribuir riqueza" mediante impuestos progresivos para, al
menos en teoría, tender hacia una igualdad social, debe hacer lo
propio con las ayudas a los partidos políticos para tender hacia
una "igualdad democrática" razonable. Tampoco se puede pretender
que todas las ideas se reflejen en las instituciones, sería
imposible y provocaría ingobernabilidad. Siempre la democracia
representativa se basa en la "agregación" de ideas. Se trata de
llegar a un "equilibrio" para por un lado conseguir gobernabilidad
("agrupando ideas") y por otro conseguir representatividad (no
"agrupando" demasiado las ideas, evitando que en dicha agregación
excesiva se pierda pluralidad). Una idea no es más válida (ni más
certera) porque sea más mayoritaria (además si es mayoritaria y
"juega con ventaja" lo será cada vez más) y por tanto no debe ser
"privilegiada" en exceso. Todas las ideas (siempre que sean
respetuosas con la democracia, es decir con los derechos humanos)
deben ser respetadas, pero también deben tener las mismas
oportunidades (deben poder defenderse en igualdad de condiciones).
Siempre la igualdad (de oportunidades) debe estar presente en la
filosofía democrática. Ante unas elecciones, el pueblo tiene
derecho a conocer las propuestas de todos los principales
partidos, es decir de aquellos que ya existen en las
instituciones, pero también de aquellos que no existen aún en
ellas pero tienen un número de militantes que rebase cierto umbral
(esto fomentaría la "circulación" de partidos en la sociedad y la
participación política de los ciudadanos).
Los gastos electorales de un partido deben ser financiados
únicamente mediante sus activos, no pudiendo nunca acceder
a créditos de ningún tipo. De esta manera se evita la
dependencia del poder político respecto del poder económico. Los
partidos políticos no necesitan realizar tantos gastos, debe haber
una reducción drástica de los gastos en las campañas
electorales. En éstas los partidos políticos deben explicar
sus programas electorales y para ello el Estado debe poner
gratuitamente a disposición de los mismos todo tipo de medios de
comunicación y además esto debe hacerse no sólo durante las
campañas sino que durante toda la legislatura (por supuesto de
manera menos intensa) para incrementar la información y la cultura
democrática del pueblo.
7. Los partidos políticos deben funcionar obligatoriamente de
forma estrictamente democrática (a todos los niveles) y
perfectamente estipulada por ley. En particular, debe obligarse a
la realización de elecciones primarias para que los
militantes de los partidos sean los que elijan a sus candidatos.
Una organización que defienda ideas antidemocráticas (es decir que
atenten contra los derechos humanos) o bien que defienda sus ideas
(sean cuales sean éstas) de forma antidemocrática (es decir
irrespetuosa o violenta) nunca puede obtener el status de partido
político. En democracia no se pueden consentir partidos
políticos antidemocráticos aunque sí organizaciones
antidemocráticas (que defiendan cualesquiera ideas pacíficamente o
bien cuyo funcionamiento interno no sea democrático) a las que
pueda pertenecer o no libremente cualquier ciudadano, pero en este
caso el Estado tiene la obligación de advertir a la ciudadanía del
incumplimiento de los derechos humanos, así como la obligación de
impedir que dichas organizaciones puedan llegar a eliminar la
propia democracia si acceden al poder. Los únicos limites de la
democracia son los derechos humanos, son los principios básicos
democráticos. Si admitimos que los derechos humanos son
irrenunciables, entonces la democracia (cuyo objetivo fundamental
es su cumplimiento) también es irrenunciable y debe protegerse. No
se puede eliminar la democracia, ni siquiera democráticamente.
Esto no significa que la forma de implementarla sea única e
intocable (lo que debe ser intocable es su filosofía, sus
principios elementales).
8. El poder ejecutivo (presidente de la república) y el
poder legislativo (diputados y senadores) deben ser elegidos
directamente por el pueblo mediante elecciones separadas
(presidenciales y legislativas). De esta forma el poder
ejecutivo es independiente del poder legislativo y ambos dependen
directamente del pueblo. El presidente de la república debe ser
elegido mediante sufragio universal directo por mayoría absoluta
(en primera vuelta o en segunda entre los dos candidatos más
votados en la primera). En el caso de elecciones presidenciales
debe haber una circunscripción electoral única en todo el Estado.
9. El poder judicial no debe ser designado por el poder
político. Para ello podría plantearse, como mínimo, que sus
órganos directivos sean elegidos democráticamente por el propio
poder judicial. Pero Francisco Badarán plantea además que el
poder judicial debe tener un órgano colegiado de carácter estatal
constituido por personas electas directamente por el pueblo
(personas que pueden ser cualesquiera ciudadanos no pertenecientes
a ningún partido político) y un órgano de juristas asociado
(elegido democráticamente por el pueblo o por los jueces) para
asesorar al órgano popular anterior (dado el carácter
eminentemente técnico del poder judicial). Es especialmente
importante que las personas elegidas en dichos órganos no
pertenezcan a ningún partido político (el derecho de asociación se
limita mediante un régimen de incompatibilidades para garantizar
la separación de poderes). Es decir, se deben implantar unas
elecciones judiciales separadas de las elecciones
presidenciales y legislativas. Además, el poder judicial debe
tener autonomía financiera respecto del poder político. De
esta manera el poder judicial es independiente del resto de
poderes y es controlado directamente por el pueblo. En el caso de
España los miembros del Tribunal Constitucional serían elegidos
entre ciudadanos independientes (nunca de un partido político) por
el pueblo, los miembros del Consejo General del Poder Judicial
serían elegidos entre candidatos juristas (nunca militante de un
partido político) por el pueblo o por los jueces y el fiscal
general del Estado (nunca militante de un partido político, una
vez más) podría ser elegido por el Consejo General del Poder
Judicial. Por otro lado, dado que el derecho a la justicia es
un derecho básico, no está de más plantear su socialización
como forma de garantizar dicho derecho a todos los ciudadanos por
igual (desde luego como mínimo debería eliminarse el concepto
de fianza que hace que los que tengan dinero sean tratados de
forma distinta a los que no lo tienen). Francisco Badarán propone
a este respecto una "Seguridad Social Jurídica" y además
plantea universalizar el principio de la unidad jurisdiccional,
eliminando sin excepciones la jurisdicción militar.
10. No deben existir tribunales de excepción permanentes
(sólo tendrían sentido dichos tribunales en situaciones
excepcionales transitorias como las guerras). En el caso de España
debería eliminarse la Audiencia Nacional. En democracia todos los
ciudadanos deben ser iguales ante la ley y cualquier idea debe ser
respetada siempre que esté acorde con los derechos humanos y se
defienda respetuosa y pacíficamente. Toda idea que cumpla los
requisitos anteriores (aunque defienda un cambio de régimen
político o un cambio en la estructura territorial del país) tiene
derecho a ser expuesta y discutida públicamente por lo que no debe
ser reprimida ni criminalizada. Además deben establecerse medidas
preventivas para evitar los abusos policiales y medidas
correctoras contundentes que los castiguen ejemplarmente. El
Estado debe garantizar el Estado de Derecho así como la seguridad
de todos los ciudadanos (como el resto de derechos humanos,
especialmente los básicos).
11. El poder sindical no debe ser subvencionado por el poder
político. Como en el caso de los partidos políticos, los
sindicatos pueden recibir ayudas fiscales, ayudas para las
elecciones sindicales, etc. Y deben autofinanciarse de
forma similar a los partidos políticos por sus afiliados y nunca
por personas físicas o jurídicas externas. Lo mismo puede decirse
respecto de su funcionamiento interno que debe ser
estrictamente democrático. De esta forma el poder sindical es
independiente del poder político y del poder económico.
12. Es imprescindible evitar (o por lo menos minimizar) la
dependencia del poder de la prensa respecto del poder económico.
Debe haber leyes que impulsen la libertad de expresión
para que ésta exista de verdad (debería estar prohibido por ley la
censura de todo tipo, debería estar prohibido el reservarse el
derecho de publicación de una opinión, por lo menos en las
versiones electrónicas de los diarios, debería protegerse al
periodista para que pueda ejercer su trabajo con la máxima
libertad posible, etc) y debe haber organismos que vigilen
escrupulosamente su cumplimiento. Deben delimitarse claramente
los límites de la libertad de expresión, debe delimitarse
claramente dónde acaba la crítica y dónde empieza el insulto, debe
establecerse claramente cuándo se atenta contra la dignidad o la
intimidad de las personas, pero también debe evitarse que bajo la
excusa de la "injuria" o de una intimidad "exagerada" se camufle
el intento de evitar la crítica (que siempre es legítima en
democracia, ya sea verídica o no, mientras se haga desde el
respeto y las buenas formas). Obviamente en democracia nadie
(que ejerza alguna responsabilidad pública) debe estar libre de
crítica, en democracia nunca debe existir ningún tema tabú
(se debe poder hablar de todo, la única condición es que se haga
respetuosamente). Deben establecerse mecanismos que velen por
la veracidad y pluralidad de las informaciones publicadas y por la
publicación de noticias o eventos que la ciudadanía tiene derecho
a conocer. Por ejemplo, el ciudadano tiene derecho a conocer
la actividad diaria de su ayuntamiento, de su parlamento regional,
de su parlamento nacional. La prensa debería hacer un seguimiento
diario (no sólo una vez al año en el debate del estado de la
nación) de las actividades de los representantes de los ciudadanos
en las distintas instituciones, informando sobre qué se habla, qué
se propone, qué se aprueba, qué se rechaza, etc. Los medios
deberían publicar diariamente una "agenda política"
informando sobre todo ello. Por ejemplo, el ciudadano tiene
derecho a conocer todos los eventos o manifestaciones públicas que
se han producido o que van a producirse en su ciudad. No hay
ninguna excusa por "causas técnicas" que justifique en estos
tiempos (con tantos medios tecnológicos) que no se pueda incluir
en todos los diarios una relación de las manifestaciones/eventos
(una especie de "agenda social") que se han producido el
día anterior y de las manifestaciones/eventos que están convocados
para el día siguiente en cada ciudad, ni que justifique que no se
pueda publicar en las versiones de Internet (por lo menos) de
todos los diarios todas las opiniones enviadas por los ciudadanos
que así lo deseen. Para evitar tener una democracia "estancada"
debe haber leyes que obliguen a los medios de comunicación (en
especial a la televisión pública) permitir el acceso a
partidos/organizaciones de todo tipo (no sólo a las mayoritarias)
para exponer sus ideas (hay que romper el actual "monopolio" de
ideas que impide que haya "circulación y renovación" de ideas y de
partidos). Tenemos un sistema donde no hay un "mercado libre de
ideas" y eso produce estancamiento. Dicho en términos mercantiles
hay que "liberalizar el mercado de ideas" obligando a los
medios de comunicación a ejercer de "distribuidores" de ideas.
Es necesario canalizar la participación ciudadana en los medios.
Los medios de comunicación, aun siendo en muchos casos privados,
proporcionan un servicio público con una enorme responsabilidad y
por tanto es imprescindible que la sociedad exija un servicio de
calidad y sobre todo mínimamente fiable, objetivo y digno. El
derecho a la información (plural y veraz) es un derecho
inalienable de todo ciudadano y deben establecerse mecanismos que
lo garanticen. El derecho que tiene todo ciudadano o grupo de
ciudadanos a poseer un medio de comunicación con cierta línea
editorial ideológica no debe anular o limitar seriamente el
derecho de la ciudadanía en general a la información y a la
libertad de expresión (hay que democratizar ésta para que no sea
un privilegio de unos pocos). Es imprescindible regular
perfectamente la prensa para que el ciudadano pueda distinguir
claramente entre la opinión y la información. Deben
establecerse mecanismos de control internos y externos de los
medios (especialmente de la televisión). El Estado debe fomentar
debates serios y verdaderamente plurales (especialmente en la
televisión), debe evitar cualquier discriminación y debe
proporcionar ayudas de tipo fiscal a los medios de comunicación
con pocos recursos. Asimismo se debe impedir la peligrosa
concentración de muchos medios de comunicación en pocas manos
(que afecta directamente a la pluralidad), es decir, se deben
evitar los monopolios (u oligopolios) tanto en los medios de
"distribución final" de noticias (los medios de comunicación, a
los que acceden los ciudadanos) como en los medios "proveedores"
de noticias (las agencias de noticias a las que acuden los medios
de comunicación). Se debe imponer máxima transparencia a
todos los niveles: financiación, relación entre medios, fuentes de
todas las noticias (sin atentar contra el secreto profesional de
la fuente original en caso de necesidad pero por lo menos
indicando la agencia de noticias, a este respecto es necesario
regular con sumo cuidado el secreto profesional periodístico para
por un lado respetar el anonimato de la fuente original en caso de
necesidad y por otro lado evitar el uso de una sola agencia de
noticias por la mayoría de medios), etc. Se debe establecer un
régimen de incompatibilidades que garantice la independencia de la
prensa (prohibiendo relaciones directas o indirectas con el
poder político, con empresas de sectores relacionados con él, con
el poder económico, es decir con la gran banca, con las empresas
industriales, etc.). Se debe regular perfectamente la
publicidad para que ésta no influya en los contenidos de los
medios, etc, etc. En definitiva, se trata de poner un poco de
orden en el caos en el que está sumida la prensa, se trata de
recuperar el código deontológico del periodismo, se trata de
evitar la degeneración de la prensa y por tanto de la democracia.
Es indudable que dicha degeneración es también consecuencia de la
precarización del empleo en el sector, de la obsesión por el
beneficio sobre cualquier otro criterio (aspectos que afectan en
general a toda la población), pero quizás debería protegerse un
poco más a los profesionales del cuarto poder (que en
realidad es el primero), así como también se protege a los
"profesionales" del poder político. Contrasta enormemente la
sobreprotección de los políticos (de los cargos del poder
ejecutivo, legislativo o judicial) y la precariedad de los
periodistas. Hay que equiparar el cuarto poder con los
tres poderes tradicionales (reduciendo la excesiva
"protección" de estos tres y aumentándola en el cuarto), hay
que "reequilibrar" todos los poderes además de separarlos.
Si con las medidas indicadas hasta ahora no es suficiente, no
debería descartarse una posible socialización de la prensa
(potenciando un sector público fuerte de la prensa y permitiendo
un pequeño sector privado pero con las limitaciones expuestas, en
particular evitando grandes concentraciones empresariales). No es
tan descabellado pensar que si los tres poderes tradicionales son
públicos (el Estado tiene su "monopolio") lo sea también el
llamado cuarto poder. No es tan descabellado pensar que si
se tiene un sector de salud público para garantizar el derecho a
la salud de todos los ciudadanos, se tenga una prensa pública para
garantizar el derecho a la información (y por tanto a la libertad
de pensamiento, el pensamiento es "modelado" por la información
que recibe nuestro cerebro) y sobre todo a la libertad de
expresión de todos los ciudadanos. Así como no se debe jugar con
la salud de las personas, tampoco se debe hacer con la "salud
mental" de la sociedad (que es lo que hace la prensa), con la
"salud democrática". En cualquier caso, es muy importante que
el sector público de la prensa sea independiente del poder
político garantizando su autonomía respecto del gobierno de
turno. Dicha prensa pública (que debería estar presente en
todos los medios: televisión y radio, como hasta ahora, pero
también en prensa escrita y electrónica) debe fomentar el
periodismo de calidad, la pluralidad y la participación activa de
toda la ciudadanía (de todos los estratos e ideologías), en
definitiva debe fomentar la democracia activa y real. Por
otro lado, frente al argumento de que con la socialización de la
prensa se restringe el derecho de un ciudadano a crear un medio
para difundir sus ideas (aun así podría llegarse a un "equilibrio"
para permitir también cierta prensa privada limitada), se puede
argumentar que si nadie tiene la propiedad de ningún medio de
comunicación, y simultáneamente, se garantiza por ley el separar
claramente la información de la opinión, la libertad de expresión
mediante la obligación de publicar todas las opiniones (por lo
menos en los medios electrónicos) y la independencia de la prensa,
nadie tiene más oportunidad de expresar sus opiniones que los
demás, se democratiza la libertad de expresión, todos los
ciudadanos pueden difundir sus ideas en IGUALDAD DE CONDICIONES.
Esto sería la auténtica "semilla" de la verdadera democracia.
Puede sonar muy utópico ahora mismo, pero quién sabe "la utopía de
hoy puede ser la realidad de mañana" (en el pasado volar no
parecía utópico, parecía imposible). Si no hay ideas nunca habrá
posibilidad de llevarlas a cabo. Es la PRIMERA condición necesaria
para llevarlas a la práctica (luego hace falta voluntad, medios,
etc.). No debemos renunciar a la utopía, si ya en la teoría
renunciamos a lo que nos dicta la razón o el sentido común, a lo
que es lógico y necesario para que las cosas mejoren o funcionen,
entonces es imposible que se puedan llevar a la práctica, es
imposible cambiar las cosas. Si ni siquiera podemos saber cómo
PODRÍAN hacerse las cosas entonces nunca PODRÁN hacerse. "Del
dicho al hecho hay un trecho, pero si ni siquiera hay dicho
entonces nunca habrá hecho, será imposible, no utópico". Como dijo
Noam Chomsky, Si supones que no existe esperanza, entonces
garantizas que no habrá esperanza. Si supones que existe un
instinto hacia la libertad, entonces existen oportunidades de
cambiar las cosas.
En resumen, se trata de conseguir acercarnos lo más posible al
ideal de unos medios de comunicación libres, imparciales y
abiertos a la participación de toda la ciudadanía.
En la actualidad ya existen iniciativas internacionales para
intentar recuperar el periodismo de calidad. El organismo Media
Watch Global (Observatorio Internacional de Medios) cuestiona
y reprende a los medios basándose en la ética, denuncia las faltas
de honestidad mediática a través de informes, investigaciones y
estudios que elabora periódicamente y distribuye. No sanciona,
pero sus informes crean dudas sobre la credibilidad de un
determinado medio y le ofrecen la oportunidad de corregirse. Este
organismo pretende crear lo que se ha denominado un quinto
poder como contraposición al cuarto poder tradicional,
como forma de recuperar un espacio de lo público en el periodismo.
Sin embargo, queda por ver si con este tipo de medidas "morales"
se consiguen evitar los numerosos y graves problemas de la prensa,
aunque es un intento muy interesante, puede resultar insuficiente,
el tiempo lo dirá.
13. Debe haber leyes que impongan máxima transparencia y
responsabilidad a los cargos electos de cualquier institución
pública acerca de sus actividades, de su patrimonio, etc. El
pueblo tiene derecho a saber con exactitud a qué se compromete un
candidato a un cargo público antes de votarlo, a qué se dedica una
vez que ha sido elegido y a pedir responsabilidades políticas
(además de jurídicas) por sus actos. Deben establecerse mecanismos
(por ejemplo referéndum revocatorio) para dar al pueblo la
posibilidad de revocar el mandato de cualquier cargo electo
en caso de incumplimiento de programa o de decisiones tomadas en
contra de la opinión pública general (mandato imperativo).
Esto es un reto muy importante para la mayor parte de las
"democracias" actuales para avanzar hacia mayores grados de
participación ciudadana. Mientras los cargos electos no respondan
de sus actos ante el pueblo que los eligió, las democracias
estarán prácticamente vacías de contenido porque el voto
representa simplemente un "cheque en blanco" carente de
significado, porque va contra el principio básico de soberanía
popular. En una democracia, el voto (libre) debe ser la MÁXIMA
(que no única) expresión de la soberanía popular y ello implica la
OBLIGACIÓN por parte de los cargos electos a someterse a la misma.
Adicionalmente, e independientemente de lo anterior, es necesario
limitar por ley la duración máxima de los mandatos de todos
los cargos públicos electos (es decir, de todos los cargos
públicos de máxima responsabilidad, recordemos que éstos deben ser
siempre elegidos democráticamente). Por ejemplo, parece razonable
que cualquier candidato a cualquier cargo público no pueda
presentarse más de dos veces a las elecciones correspondientes, es
decir que cualquier cargo público no pueda estar en el puesto más
de dos mandatos (salvo quizás casos excepcionales como alcaldes de
localidades con muy pocos habitantes). Por otro lado, deben
establecerse mecanismos que impongan la incompatibilidad entre
cargos públicos y cargos en la empresa privada (no sólo
durante el mandato ejercido en el poder político sino que también
por lo menos en los años inmediatamente posteriores) para evitar
el clientelismo, para evitar el uso de cargos públicos con fines
de lucro personal, para evitar la subordinación del poder político
al poder económico. No se trata tanto de prohibir la vuelta al
sector privado de antiguos cargos públicos (aunque no debería
descartarse esta medida más "contundente" en caso necesario), sino
que se trata más bien de limitarla (evitando el acceso a ciertos
cargos de responsabilidad en la empresa privada relacionados con
el trabajo desempeñado en el poder político, fomentando la
incorporación a la administración pública en vez de a la empresa
privada, etc.).
14. El Estado debe ser laico y separado de todas las iglesias.
No debe financiar a ninguna iglesia ni directa ni indirectamente.
Esto implica, entre otras cosas, una enseñanza oficial pública
gratuita y laica y una necesaria "convalidación" de toda enseñanza
privada (religiosa o no).
15. Deben desarrollarse mecanismos que aumenten la
participación directa del pueblo en cuestiones fundamentales
promoviendo el uso del referéndum (que por supuesto debe
ser vinculante, debe OBLIGAR siempre al poder político a
ejecutar la decisión adoptada por el pueblo). Deben establecerse
mecanismos que estipulen claramente cuándo es OBLIGATORIO convocar
un referéndum (por ejemplo cuando se trate de decisiones
relacionadas con leyes y derechos básicos) y qué requisitos
técnicos se necesita para que mediante iniciativa popular
el poder político esté OBLIGADO a convocar un referéndum (en
particular el número de firmas necesario debería ir
disminuyendo a medida que las posibilidades técnicas permitan
agilizar y abaratar los referendos). Asimismo deben
estipularse qué mayorías se necesitan para conseguir
aprobar los asuntos consultados (cuanto más básicos sean éstos,
más amplias deberían ser dichas mayorías). Debe promocionarse el
uso de la iniciativa legislativa popular intentando
garantizar que ésta no se quede en papel mojado, intentando evitar
que se convierta en un simple trámite que luego es rechazado por
el parlamento de turno, ampliando las materias sobre las que se
puede tratar, dando más poder de seguimiento a la misma por parte
de sus promotores e incluso dando a éstos la posibilidad de
defenderla directamente en el propio parlamento. Se trata de
encontrar fórmulas eficaces para que poco a poco la ciudadanía
pueda ir participando directamente en la labor del legislativo
(no sólo en la elaboración de la agenda de asuntos a tratar sino
que también en la búsqueda de soluciones a los mismos).
16. Deben desarrollarse los mecanismos necesarios para que
los problemas nacionalistas puedan resolverse de manera pacífica,
justa y eficaz. Y para ello es imprescindible reconocer el
derecho de autodeterminación de todos los pueblos (el de todas
las personas hoy por hoy resulta mucho más utópico), haya o no
haya razones históricas o culturales o de cualquier otra índole
(no se puede obligar a una comunidad de personas a permanecer
unida a otra comunidad en contra de su voluntad, no es ético ni
lógico). Como dijo Anthony Carty, catedrático de derecho público
en la Universidad de Aberdeen, el derecho de autodeterminación
es un derecho humano, es un derecho de participación política
fundamental que tienen los individuos, en tanto que miembros de
una comunidad, para que puedan ejercer el resto de derechos que
les corresponden. Sin el derecho de formar una nación, también se
resiente el resto de derechos individuales. En este sentido un
Estado Federal puede ser la mejor manera de articular un
país con fuertes contrastes culturales o nacionales que permita
por un lado la libre elección de sus Estados miembros de
permanecer unidos o no y por otro lado una unión basada en una
distribución equitativa de las competencias entre los Estados que
deseen permanecer unidos. En todo caso, debe ser siempre el
pueblo el que decida sobre la estructura territorial de su Estado.
En el caso de los separatismos sólo tiene sentido que se
pronuncien los habitantes de la región secesionista (derecho de
autodeterminación), pero siempre garantizando que se haga de forma
plenamente democrática (donde todas las opciones, tanto la
separatista como la unionista, puedan darse a conocer públicamente
en igualdad de condiciones) y dando opción de pronunciarse también
a los habitantes de dicha región que, por razones políticas, hayan
tenido que abandonarla en el pasado (siempre que se demuestre que
lo hicieron por causas políticas, por la existencia de acoso o
persecución o discriminaciones de raíz política, cultural,
lingüística, etc.).
17. Aun siendo el presidente de la república el jefe
supremo de las Fuerzas Armadas, cualquier actividad relacionada
con un conflicto armado deberá ser aprobada por el parlamento
(con una mayoría muy amplia). Además debería tenderse
progresivamente a que sea el propio pueblo el que decida
directamente sobre la declaración o no de una guerra (así
probablemente la guerra pasaría a la historia).
18. Es necesario potenciar la figura de un defensor del
pueblo al que pueda acudir cualquier ciudadano. Y para ello es
necesario dotarle de las competencias y de los recursos adecuados
para que su cargo no sea simbólico y debe ser elegido
directamente por el pueblo mediante sufragio universal.
Evidentemente se deben
establecer mecanismos que garanticen la aplicación de la ley. Es
importante que las leyes estén bien hechas, pero también lo es que
se lleven a la práctica, para lo cual debe haber una vigilancia
escrupulosa de su cumplimiento.
A medida que la sociedad tiene mejores medios técnicos (que agilizan
y abaratan los procesos electorales) y a medida que se racionalizan
los costes electorales evitando despilfarros innecesarios, se
hace cada vez más viable la posibilidad de realizar más consultas
directas al pueblo (elecciones presidenciales, legislativas,
judiciales, regionales, municipales, referendos, etc.), lo cual
permite mayor separación de poderes y mayor participación de la
ciudadanía.
Indudablemente, algunas de las medidas mencionadas son más
viables que otras (aunque ninguna es imposible de llevar a
cabo). Tampoco se trata de acometer todas las medidas
simultáneamente, se puede seguir un proceso progresivo para ir
implantando poco a poco las mismas. Lo más importante es
desbloquear el "estancamiento" actual e iniciar un camino de
reformas continuo.
Los costes adicionales para el Estado que suponen algunas de estas
medidas (más procesos electorales, posible socialización de la
Justicia, etc.) pueden ser compensados con una mayor racionalización
de otros gastos (a través de una mejor gestión "impuesta" por un
mayor control y por una mayor transparencia), con una lucha eficaz y
determinante del fraude fiscal (centrándose en las grandes fortunas,
en las profesiones liberales, en definitiva en aquellos sectores de
la economía donde todo el mundo sabe que hay grandes cantidades de
dinero negro, etc.), con un ahorro de costes evitando duplicidades
de competencias (por ejemplo entre Congreso y Senado, entre los
distintos cuerpos de seguridad del Estado, entre las distintas
administraciones estatales, regionales y locales, etc.). Muchas
veces el problema de los recursos financieros del Estado tiene que
ver más con su gestión y distribución que con la necesidad de mayor
recaudación. Aun así, siempre queda la posibilidad de aumentar los
impuestos a las clases privilegiadas (es decir a aquellas personas a
las que les sobra más dinero).
Es especialmente importante desarrollar la separación del poder
de la prensa respecto del poder político y sobre todo del poder
económico. Este es uno de los grandes retos de las democracias
representativas (la progresiva dependencia del poder de la prensa
respecto del resto de poderes es una de las principales causas de la
degeneración democrática). En este caso la teoría no está
suficientemente elaborada (no hay que olvidar que dicha teoría se
desarrolló fundamentalmente alrededor de la Revolución francesa, y
en esa época la prensa no estaba tan desarrollada como en la
actualidad). Evidentemente las teorías deben evolucionar para
corregir los errores detectados en su aplicación pero también para
adaptarse a las nuevas circunstancias puesto que la sociedad cambia
continuamente. TODOS los poderes deben ser independientes e
igualmente "poderosos" y robustos para que sea efectivo su mutuo
control. Todos los poderes deben controlar al resto de poderes y
deben a su vez ser controlados por el resto de poderes. Un poder
debilitado (aunque incluso sea independiente) no puede controlar a
los otros, no digamos ya si no es independiente. La prensa está
ahora mismo completamente subordinada al resto de poderes (y lo
preocupante es que cada vez más) y sus profesionales están en una
situación de precariedad que contrasta enormemente con la
sobreprotección de los profesionales de los otros poderes
(inmunidad, inviolabilidad, etc.). Es necesario, por un lado
disminuir la excesiva "protección" de los componentes del poder
político (aun admitiendo que sea necesaria cierta "protección",
habría aun así que reconsiderar dicha necesidad, no se pueden
justificar en una democracia ciertos privilegios exagerados) y por
otro lado mejorar la "protección" de los profesionales de la
prensa (proporcionándoles por lo menos cierta seguridad laboral
y desde luego garantías de que puedan ejercer su trabajo con total
libertad, hay que recuperar la libertad de expresión de los
periodistas como base de la libertad de prensa). Todos los
profesionales de todos los poderes (ejecutivo, legislativo,
judicial, prensa) deben tener un NIVEL de "protección" similar (esto
no significa que tengan el mismo TIPO de "protección", por ejemplo,
en el caso de un periodista probablemente no tiene sentido la
inmunidad) que les garantice realizar su trabajo en mínimas
condiciones de independencia y efectividad. La prensa, como el
resto de poderes, debe ser independiente pero también debe ser
controlada (que no sometida), en este caso por el poder
político, mediante una legislación (y un control escrupuloso de su
aplicación) que garantice los derechos de los ciudadanos de acceso a
información plural y veraz así como de participación activa,
llevando a la práctica la libertad de expresión de TODOS los
ciudadanos. Del logro de este importantísimo reto depende la "salud"
de cualquier democracia.
Como se ve, lejos de haber llegado a un punto de perfección, la
democracia representativa tiene aún mucho margen para ser mejorada,
y dado que es un modelo que ya está implantado y funcionando (más o
menos, bien o mal), es técnicamente más factible mejorarlo a corto
plazo que aplicar y probar nuevos modelos de democracia (que siempre
necesitarán más tiempo para desarrollar sus teorías e ir poniéndolas
en práctica). Esto no significa que haya que renunciar a evolucionar
el modelo de democracia representativa hacia modelos más avanzados.
El desarrollo de la democracia representativa implica sobre todo
la puesta en práctica de sus postulados teóricos conocidos y
"tradicionales", pero también la búsqueda de soluciones teóricas que
la mejoren (en particular la adaptación de sus postulados
"tradicionales" a los tiempos actuales, como la separación efectiva
de todos los poderes, en especial del cuarto poder, y la
mejora del equilibrio representatividad-gobernabilidad para sin
impedir la segunda mejorar la primera).
El desarrollo de la democracia
representativa debe implicar siempre dar prioridad a la mejora
continua de la representatividad.
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