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Tras la experiencia del día 6 en Madrid se hace
necesario abrir un período de reflexión y autocrítica del movimiento
republicano. No vale decir que este año teníamos los elementos en contra:
crisis, que impide el desplazamiento a la capital del reino, puente, ni más ni
menos que como todos los años, lluvia, hay unos adminículos llamados paraguas
que van muy bien para ello. En que valoramos
la República,
no merece un día de nuestro tiempo libre (del que lo tuviera), no merece
mojarnos un poco, una cantidad de dinero asumible si está bien organizado.
Madrid estaba desierto por la mañana debían estar todos en sus casas viendo por
televisión programas alusivos a los fastos conmemorativos del 30 aniversario de
la Constitución
de 1978. Porque a las cinco de la tarde era imposible dar un paso por el centro,
era una marea humana de tal calibre que te empujaba hacia tiendas de todo tipo
llenas de alegres consumidores aborígenes y foráneos, que se empeñaban en
hacerse fotos a diestro y siniestro. Quizá el año que viene se tendrá que
anunciar el evento en los tour operadores extranjeros bajo el lema: “Vive una
experiencia de otro tiempo: manifestación contra
la Constitución,
recorrido antimonárquico y republicano”, cervezas gratis tras los parlamentos
finales. Seguro que igual entonces llegábamos a los cinco mil, que los
optimistas dijeron que éramos ese día. Desde la autocomplacencia no iremos muy
lejos, desde el análisis crítico seguramente sí.
Ahora ya estamos en otra fase, pasó lo de salir
un día con la bandera como un acto de protesta o de recuerdo, lo que tenemos por
delante es un trabajo serio de conquista de
la Tercera República.
La monarquía no se caerá, tiene unos buenos cimientos franquistas y unas buenas
vigas proporcionadas por la pseudodemocracia, sobre todo, por parte de la
supuesta izquierda, defensora a ultranza del régimen real. Ya ha dicho Zapatero
que
la Constitución
no se toca, o sea, que nace, no crece y no muere, y tampoco sigue el criterio de
la materia, por lo que la transformación no va a ser necesaria teniendo en
cuenta que Letizia no hace más que parir hembras.
La piedra angular del problema del movimiento
republicano es que no llegamos a la sociedad. Y uno se pregunta como es posible
si tenemos un caldo de cultivo perfecto, una dosis de crisis a lo 29, una
desfachatez hiriente de una Casa Real que se hace subir el sueldo mientras
muchos ya no pueden pagar sus hipotecas, esas cosas primarias que todo el mundo
puede observar y que convierte a los vividores reales en seres no tan simpáticos
y campechanos. Y a todo esto la población más concienciada va siendo testigo de
decisiones del poder judicial que poco tienen que ver con un Estado de Derecho,
de recortes democráticos, de decretos reales que vienen a poner losas sobre la
recuperación de la memoria de los luchadores antifranquistas y de las víctimas
de la dictadura militar, de ataques feroces de
la Iglesia desde sus púlpitos y sus
ondas a la laicidad, ya les parece excesivo nuestro triste estado aconfesional y
pisotean con soberbia al que no participa de su integrismo, actuando como cuarto
poder.
Y tras el cuarto viene el quinto: los medios de
comunicación de masas al servicio del sistema y de sí mismos, que obran en
nuestra contra. Primero por la celeridad con que caducan las noticias. Pasamos a
tal velocidad de un tema a otro que ninguno acaba por hacer mella en la
población, ni tan siquiera los millones de parados que tenemos y los que
vendrán, mientras en las calles protestamos cuatro gatos alumbrados por las
luces navideñas acompañados del hit parade, consume ahora paga luego. Nadie se
acuerda ya de Garzón, de las declaraciones de la reina, de las víctimas de
conflictos en los que algo tenemos que ver… Segundo, el boicot de estos mismos
medios a ciertos temas, no sólo por omisión sino por acción. La protesta
estudiantil queda reducida a cuatro antisistema con rastas y piercings, que no
saben ni lo que quieren, ni lo que dicen. Vamos, que unos universitarios que no
se han movido durante demasiados años deciden encerrarse porque se aburren en
casa de sus padres, ya que no pueden acceder a la suya propia, y no porque el
proceso de privatización de la enseñanza superior, que ya se está produciendo,
amenaza con convertirla en un centro experimental para las empresas, que pondrán
su dinero para obtener aquellos productos que sean rentables en el mercado,
llevándose por delante el concepto de cultura y varios títulos, que por falta de
rentabilidad mercantil pasaran a la historia. O que cuando hay manifestaciones
sólo saquen las piedras y las vallas y no pregunten al trabajador que siente
ante la posible pérdida de su puesto de trabajo. Ya somos un territorio de
servicios, pero si sólo nos quedamos en eso, cuando dejemos de ser un destino
apreciado por nuestros visitantes, nos quedaremos en una situación insostenible
con unas ciudades convertidas en decorados donde el turista era el amo y el que
pagaba impuestos un figurante.
Tenemos que luchar contra muchos elementos, los
partidos políticos pro-monárquicos de izquierda y derecha, los republicanos de
la derecha reaccionaria que son bastantes, los que tendrían que defender la
república y no lo hacen, los que renunciaron a ella y ahora la retoman como
muleta política en un período de convalecencia agónico. Contra los sindicatos
mayoritarios, barreras de contención de las reivindicaciones de los
trabajadores, cuya fuerza ya no es la que era, actuando como buenos perros
servidores de la patronal y del gobierno. Contra una población atontada por años
de consumismo en un mundo de supuesta bonanza económica, espejismo propiciado
por los bajos tipos de interés, que les hizo creer a todos que pertenecían a la
clase media sin haberlo sido nunca.
El sistema no puede convertir esta coyuntura,
en principio favorable a la causa republicana, en un período de depresión
ciudadana donde el que lo está perdiendo todo se de al antidepresivo que marque
la farmacéutica de turno, que no deja de ampliar beneficios a costa de nuestra
desgracia. Un ejército de invisibles dopados que no opongan resistencia. Tenemos
que conseguir que este período sea de enfado, de reivindicación, de pataleo, de
denuncia, de lucha ordenada y organizada hacia un fin concreto, un período de
revuelta para no perder lo que nos queda de este invento socialdemócrata del
estado del bienestar, que todo el mundo aprecia. Porque el dinero de nuestros
impuestos va a salvar a las entidades bancarias, que embargan los pisos de los
parados y que cierran las líneas de crédito a las empresas que tienen
posibilidades de seguir a flote llevándolas a la bajada de persiana.
Y aquí viene la autocrítica, cómo es que no
llega el mensaje republicano de progreso, plural, unitario y laico a la
sociedad, pues porque en realidad ese mensaje no existe, no lo hemos creado
todavía.
La población no nos puede ver como un fenómeno
sectario, ligado a opciones políticas muy concretas que se manifiestan con un
lenguaje que la mayoría de la gente no reconoce porque no es lo que oyen en los
programas de televisión o de radio. La gente que lee la prensa del minuto en
trenes, metros y autobuses, por desgracia no leen a Marx, lo del muro les suena
a Pink Floyd, los más jóvenes no conocen ni las películas de espías sobre la
guerra fría, 1917 no es nada para ellos y tampoco 1931, no conocen la historia,
ni las consignas de las luchas obreras de los 70, no quieren ser llamados
obreros, ni aspiran a la igualdad entre seres humanos sino a comprarse un buen
coche o a que su hijo salga en la tele, y aunque parezca que llevo esto al
extremo, esta es la descripción de una parte muy amplia de la sociedad. Tenemos
por delante una labor pedagógica que va a tener que comenzar con lecciones muy
simples: tú vives mal, el rey vive muy bien a tu costa, echemos al rey, tú puede
que no vivas mejor, pero te librarás de un parásito.
No podemos hacer esto solos, son muchos los
enemigos, pero más las víctimas del neoliberalismo, del capitalismo salvaje, de
la ley del beneficio. No lo hará una parte de la izquierda que se empeña en
poner calificativos a una república, que si queremos verla algún día tendrá que
dejar ciertos aspectos para más adelante. La primera premisa es hablar de que
república es sinónimo de democracia plena, en un estado en que la
monarquía vino impuesta por un dictador, que dinamitó la legalidad vigente en el
año 36. Este proyecto pro-república tiene que tener sus puertas abiertas a
todos, tiene que ser un Frente, porque sino no se hará realidad nunca.
No hablemos de república burguesa aunque en ese
proyecto vaya a estar la pequeña y mediana burguesía progresista, que es
necesaria; no desdeñemos a los que ejercen las llamadas profesiones liberales y
que se sitúan en el marco de la izquierda; no hablemos de anarquismo con
desprecio, porque como antimonárquicos también tienen su sitio; no hablemos de
independentistas con miedo, porque son buenos compañeros de viaje con todo el
derecho a ver cumplidas sus aspiraciones; no desdeñemos a la intelectualidad o
al mundo de las artes, porque aunque sean malos tiempos para la lírica, serán
estupendos voceros de la causa; abramos nuestro discurso a la población
emigrante, hagámosle saber que nosotros defenderemos su opción a expresarse en
las urnas; abramos las puertas a pacifistas porque la nuestra será una república
de la no intervención y de la paz; dejemos pasar a los ecologistas porque
nuestra república será sostenible y velará por sus ciudadanos protegiéndolos de
la amenaza de las actuales centrales nucleares obsoletas; y podríamos seguir con
muchos otros colectivos como el de defensa del mundo animal. Todos los que crean
en un proyecto democrático de avances y conquistas sociales y laborales, de
libertad y derecho a decidir, laico, de una profunda ética política, serán
hombros imprescindibles para este proyecto, que no se puede posponer más.
Trabajemos por la unidad, por la pluralidad y
hagámoslo poniendo muy pocos puntos sobre la mesa, los de consenso, para poder
avanzar todos juntos. Que
la Tricolor
esté allí donde haya una causa justa que defender, que la gente la reconozca
como una bandera solidaria y activa, el cambio necesario de verdad, no la que se
ondea el 14 de abril celebrando efemérides que a algunos les suena en su
desmemoria a la prehistoria, la república es hoy y es mañana.
Dejemos que
la República se acerque a todos.
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