Las encuestas señalan que en
apenas 5 años ha aumentado un 8% el número de ciudadanos y ciudadanas de
nuestro país que se declaran republicanos. En la provincia de Málaga
incluso aseguran que el número de republicanos supera al de monárquicos,
un 40% frente al 32%.
La implosión antimonárquica junto
a la explosión republicana han puesto en entredicho el cariz democrático
de determinadas instituciones y ha cuestionado determinadas leyes y
mecanismos represivos del Estado en cuanto a lo que la libertad de
expresión se refiere. No obstante, el año negro de los Borbones finalizó
con el cierre de filas de los medios, instituciones y políticos del
régimen entorno a una familia que cada año recibe de nuestros impuestos
hasta 25 millones de euros (calculen la fortuna acumulada en tres
décadas).
El próximo 9 de marzo se celebran
elecciones generales y los republicanos tienen una nueva cita para
hacerse notar. En esta ocasión se dan las circunstancias para que estén
presentes en la campaña de una manera visible, y postulándose como una
propuesta política nueva, sólida y valiente. Es cierto que hasta el
momento sólo IU - aparte de otras pequeñas organizaciones políticas - se
ha declarado republicana, y dentro de ésta, sólo algunas federaciones
como Andalucía y el País Valencià lo han hecho de manera más explicita y
valiente; unos incluyendo en su programa electoral la exigencia de un
Proceso Constituyente y su apoyo a la Red de Municipios y Cargos
Públicos por la Tercera República, y los otros concurriendo a la cita
electoral junto a IR y como "Esquerra Unida i Republicana". Todo apunta
a que la reconstrucción política de la izquierda entorno a una propuesta
republicana partirá inicialmente de estas dos plazas: Valencia y
Andalucía.
Pues bien,
¿por qué no llenar los mítines y actos electorales de banderas
republicanas? Cientos de personas ondeando banderas tricolor
tendrían, desde luego, un impacto mediático importante y podría
contagiarse a otras federaciones y organizaciones republicanas
destinadas a entenderse si se quiere hacer realidad lo que cada vez es
menos una utopía.
Y es que tras las elecciones,
llegará un nuevo 14 de abril. En las últimas marchas republicanas
decenas miles de personas han desfilado por las calles de muchas
ciudades españolas. Marchas que en más de una ocasión han terminado
siendo una competición de banderas de las distintas organizaciones
políticas que las secundaban y de gritos que en muchas ocasiones
"asustan" a potenciales asistentes, que aún no han encontrado su sitio
entre tanta bandera distinta.
¡No nos mires, únete!, gritan
jovenes y viejos a muchos transeuntes que miran curiosos la marcha.
Pocos se unen. Es normal. Casi ningún republicano - pongamos por ejemplo
simpatizante del PSOE - se uniría a una marcha donde no identifica a los
suyos.
¿Por qué no
inundar las calles de banderas republicanas? Sólo republicanas.
Hagamos la prueba, al fin y al cabo ya hay otras mil razones para sacar
cada día la bandera de nuestra organización. Una calle repleta de
banderas republicanas daría una imagen de unidad incuestionable y el
número de manifestantes crecería seguro. Vendrían, al calor de la
tricolor, aquellos que no encontraron su sitio otras veces.