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Viejos
republicanos, nuevos monárquicos
Mikel Casado *
Deía
27 de Noviembre de 2007
En el número 33 del
nuevo rotativo Público, el pasado 28 de octubre, apareció una
entrevista exclusiva con Alfonso Guerra, presidente de la Comisión
Constitucional del Congreso. Al entrevistador parece resultarle
sorprendente que el viejo republicano estuviera presente en la
recepción en el Palacio Real del 12 de octubre y desea saber si ello
significa un apoyo a la Monarquía en estos tiempos difíciles para la
Corona española.
Creo esencial analizar la contestación del señor Guerra pues muestra
claramente cuál puede ser la deriva hacia posiciones más acomodaticias de
aquéllos que en la pugna por el poder, olvidan los principios una vez
alcanzado el objetivo. Veamos sus argumentos y busquemos si existe algún
resquicio para la crítica, aunque sólo sea desde el punto de vista
pedagógico.
El señor Guerra dice que intelectualmente, "los mecanismos de
representación de los estados parecen más lúcidos y claros por elección
que por herencia". "Por tanto -continúa- mejor república que monarquía".
Aquí creo conveniente desvelar la floja convicción intelectual, de alguien
que se dice republicano, que se manifiesta en la palabras "parecen más
lúcidos y claros". La cuestión no es de opinión, de apariencia, sino de
fundamentos lógicos, de legitimidad. Digo "fundamentos lógicos" y
"legitimidad" porque los principios que hoy en día fundamentan, por lo
menos teóricamente, la democracia, son los de la forma de elección del
gobierno.
Que yo sepa (por ignorancia no conozco otro caso), el filósofo Locke, en
el Essay concerning the true original, extent and end of civil
government decía con rotundidad que Adán no tenía, ni por derecho
paternal ni por donación directa de Dios, ninguna autoridad sobre sus
hijos ni dominio sobre el mundo. Que si lo tuvo -seguía diciendo-, sus
herederos no lo tuvieron. Que si lo tuvieron, no existe ley natural alguna
ni divina que determine quién tiene derecho a la sucesión y además, aunque
lo hubiera habido no hay quien sepa cuál es la línea sucesoria de Adán.
Por tanto -continuaba diciendo Locke- hay que buscar otra forma de
legitimar el poder político y de darse leyes, a saber, la democracia por
elección.
Entonces, si se ha aceptado que la legitimidad del gobierno de hoy en día
viene dada por la forma democrática en que se elige al gobernador, a
saber, por elección de todos los ciudadanos, por definición, que no porque
parezca más lúcido o más claro, la monarquía no es legítima. Y creo que
hay que añadir, ni se puede legitimar. Pues incluso aunque repentinamente
la totalidad de los ciudadanos de un estado sintieran o creyeran desear, e
incluso votar, por que les gobierne un rey más o menos democrático o
antidemocrático, bueno o malo, simpático o antipático, alto o bajo, guapo
o feo, listo o estúpido, mujeriego o no, tal gobierno no sería legítimo
pues ni siquiera la unanimidad podría hipotecar la forma de gobierno y
sucesión de las siguientes generaciones. Ello sería como someter a
votación un sistema dictatorial vitalicio.
Además, "monarquía sometida a elección democrática" es una contradicción
en términos. Un rey, si quiere gobernar, puede presentarse a elecciones de
la república como candidato a presidente con mandato expirable, con fecha
de caducidad, como cualquier otro ciudadano, no como rey.
Es conveniente tener en cuenta estas condiciones a priori pues, siguiendo
con la entrevista del señor Guerra, parece que él pone condiciones a
posteriori, es decir, hay que esperar a ver si el rey se gana la
legitimidad. Pues sigue diciendo el señor Guerra que en realidad, el PSOE,
en su origen, no era republicano sino accidentalista. Dependía de la
actitud del rey ante situaciones críticas, como por ejemplo, la de un
golpe de estado. Dice que Alfonso XIII se deslegitimó por apoyar el golpe
de Primo de Rivera, es decir, por actuar en contra de la democracia y
libertad. Sin embargo -dice- éste no es el caso con Juan Carlos. De modo
que según Guerra se debe esperar a ver si el monarca de turno merece
serlo. ¿Y si sale malo?
Además, da por sentado el señor Guerra que la actitud de este monarca fue
contraria al intento de golpe del 23F. No todos piensan así. Pero creo que
esto no es lo importante, no es cuestión de que la monarquía sea -como
dice Guerra- un accidente siempre y cuando, a posteriori, se respete la
democracia y libertad. El caso es que no importa lo virtuoso o querido que
sea un monarca, no importa cuán democrático sea. Su gobierno -como se ha
argumentado más arriba- no lo legitima ni Dios. Pues virtuosos y
virtuosas, queridos y queridas hay muchos en todos los países y no por
ello tienen derecho a tener un puesto en el trono como jefes de estado por
herencia. Ni aunque no recibieran ni un céntimo del pueblo.
Por ello parece racional pensar que el señor Guerra es, por acomodo o por
cambio ideológico, más que republicano, monárquico o cuando menos,
juancarlista. Y si acude a las recepciones del Rey, cortesano. Quizá fue
siempre y sigue siendo, un accidentalista, que viene a ser lo mismo, como
muchos otros pseudorepublicanos. Su pensamiento parece ser el siguiente:
Bueno, aunque ilegítimamente nos impusieron un rey, por temor a la posible
reacción violenta del antiguo régimen, no queramos removerlo, asumámoslo
pues, además, parece haber resultado simpático y prodemocrático, que la
verdad no descubra la mentira de la pseudotransición. Sin embargo,
independientemente de la aquiescencia de los accidentalistas e incluso del
pueblo con la monarquía, debemos no olvidar que desde el punto de vista
estrictamente democrático, la monarquía se sitúa fuera del mundo, los
sentimientos a favor y las simpatías, por ser subjetivos, no la pueden
legitimar.
* Es licenciado en Filosofía
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