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En el 30 aniversario de la Transición-Transacción
Pedro López Arriba
La
Dictadura de Franco terminó con la muerte del dictador, en 1975. Desde
entonces, nuestro país ha deambulado por una inacabable “transición” a la
democracia que no ha terminado de llegar a ninguna parte. La monarquía se
restauró en virtud del mandato del dictador, en el mismo 1975, y fue ratificada
en el referéndum constitucional de 1978. Un referéndum convocado para aprobar
una presunta Constitución, elaborada sin proceso constituyente, y en el que la
monarquía se introdujo de rondón en la pregunta genérica sometida a consulta
de los ciudadanos sobre el apoyo al cambio de régimen que se ofrecía. La
Constitución se pretendió democrática, pero no ha conseguido serlo. Hoy, casi
30 años después, y sin haber alcanzado la democracia prometida, no ha cesado aún
la transición.
Es precisamente ahora, en 2007, cuando asistimos al desvanecimiento de las
falsas promesas de democracia que hizo la monarquía restaurada. Pero no se
desvanecen solas y amenazan desvanecer también las bases mismas de la ciudadanía.
En esta Monarquía de dictadura de las oligarquías partitocráticas, que no es
una democracia, España ha empezado a dejar de ser, incluso, comunidad política.
Peor aún, la misma idea nacional se combate desde numerosas instituciones del
estado, como si España y el Franquismo fuesen una y la misma cosa. La
contradicción entre el ser y el querer de los españoles que deambulamos por
esa transición sin fin, está terminando por crear un conflicto irreconciliable
entre el hecho de ser España un todo y la voluntad política de tratarla
exclusivamente como agregado de unas partes separables e independizables. Y, a
todo esto, a la libertad política y a la democracia, ni se las ve ni se las
espera.
“Si la nación fuera un Proyecto, como creyeron Ortega y José Antonio, y hoy
creen todos los partidos, España dejaría de ser pronto una realidad política”,
ha dicho Antonio García Trevijano. Pero la nación es un dato objetivo pese al
empeño de los partidos e instituciones de esta monarquía partitocrática en
avanzar por el camino de su desintegración.
No sorprende que la Monarquía conspire, como siempre, contra la realidad
nacional de España. Así lo ha venido haciendo desde los tiempos de Fernando
VII, intentando que prevalezcan los derechos de la corona sobre los de la nación
y los del rey sobre los del pueblo. Lo novedoso es que hoy se camufle la negación
de la libertad y la afirmación del privilegio apelando a las “izquierdas”.
Quizá invocar a las izquierdas puede parecer más respetable que las
tradicionales invocaciones al trono, al altar y a la nobleza de antaño, pero el
resultado es el mismo. Si en este solapado período constituyente, el poder monárquico
de constituir no brota de la nación entera, sino de las partes que pueden
convertirse de regiones en Estados, la defensa de la sociedad española, de su
libertad y de la democracia quedará en las manos del republicanismo, por
abandono de los demás. Pero el republicanismo sólo podrá hacerlo a condición
de que sepa configurar una propuesta de liberación para los ciudadanos, de
reconstitución de la nación y de constitución del Estado. ¿Pero cómo podrá
abordar esa tarea con garantías de éxito el republicanismo?, ¿cómo podrá
superar este reto sin recaer en los errores del pasado?
Esta es la tarea que el Club Republicano Tres se propone realizar: definir el
modo en que pueda abordar la sustitución de la monarquía partitocrática,
eludiendo los errores y fracasos del pasado.
Salud y República Constitucional
Pedro López Arriba