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Jaume
d'Urgell 29 de
Enero de 2007
Ponencia de Jaume d'Urgell pronunciada el 26 de enero de 2006, en la Casa de Cultura del Ayuntamiento de Móstoles, en el marco del acto titulado "Memoria Histórica", organizado por la sección local de la Plataforma Ciudadana por la Tercera República.
El
diccionario de la Academia nos dice que "transición" es la acción y
el efecto de pasar de un modo de ser o estar a otro distinto. Comparte la misma
raíz latina de la palabra "transitar". En otras palabras, se trataría
de 'cambiar'. Algún
cambio hubo, eso sí, se pasó de un tirano armado –es decir, un terrorista-,
como el militar traidor Francisco Franco, a otro régimen distinto, cuya
característica más evidente es la existencia de una jefatura de Estado
medieval, arbitraria, despótica, vitalicia, hereditaria y no-electa –sin ánimo
de injuriar, a modo de mera descripción conceptual–. Ocurre,
que en esta época a los que algunos han dado en llamar la 'Edad de la Mentira',
el mejor aliado para quienes somos víctimas potenciales del neolenguaje,
es un simple diccionario. Sucede, que Papá Estado y Mamá Capital podrán
mentirnos, pero ya somos mayorcitos para saber que los reyes magos no existen.
Así, eché mano del librito de la Academia, y di con la palabra
"Restauración", cuyo significado literal no es otro que el de
"reponer en el trono a un rey destronado, o al representante de una dinastía
derrocada". Pretender
presentar como una "transición democrática" lo que en realidad no es
sino un caso claro de "restauración monárquica", supone una operación
de embuste masivo, un insulto a la inteligencia colectiva, y un atentado a la
Historia… otro más. Intentemos
despersonalizar la cuestión: olvidémonos del genocida del Ferrol y del parásito
de Roma. Olvidémosles, porque quienes crean que el Sistema se basa en una sola
persona, habrán caído víctimas del aparato de propaganda de los que acaparan
la propiedad sobre los medios de producción. La
mera existencia de un rey no define al Estado, lo
que conocemos como el Sistema es la estructura Un
Sistema no puede reducirse a un único individuo. Paquito el Asesino podía
ser un trepa psicópata, pero su poder efectivo se reducía al potencial militar
de una sola persona. Es un hecho: el patas-cortas, al igual que sus
colegas italiano y alemán, era como la bandera o el escudo: un símbolo, el
rostro de una compleja maquinaria de opresión, diseñada a conciencia, para
beneficio de los de siempre: cuatro usureros, algunos miles de brujos y tres
bandas de terroristas: la de tierra, la de mar y la del aire. Juan
Carlos es también un símbolo, un símbolo caro y potencialmente peligroso,
pero nada más que eso. Simboliza lo antidemocrático. El rey es el emblema de
lo desigua; una patada a los Derechos Humanos; la guinda de la desigualdad. Y
sin embargo, funciona… se mantiene. Se mantiene porque a alguien le interesa,
no podemos ignorar esta circunstancia. Existen numerosos intereses a los que les
conviene que nada cambie, porque a la vista de lo bien que les va, lo que
piensan es que "mejor bueno conocido, que cualquier otra cosa". Son
esas mismas personas cuya principal preocupación es cómo va a ser su nuevo
yate, mejorar su revés, veranear en la casita junto a un campo de 18 hoyos y
olvidarse de todo lo demás. Mientras
tanto, así nos luce el pelo: nadie ofrece hoy ni los salarios, ni la
estabilidad laboral que haría falta para tener una cierta garantía de que el
banco no terminará por desahuciarnos de nuestra propia casa. Una única casa
por la que pagaremos el precio de lo que realmente cuesta construir dos o tres,
al menos. Así nos luce el pelo: con una delegada del gobierno que dispone de
las fuerzas de orden público de un modo similar al que lo hicieran los señores
feudales en la Edad Media. El
Estado reconoce como igual a
lo que no es más que una secta La
Iglesia Católica, esa organización cuyo catálogo de discriminaciones se
asemeja tanto al que en su día utilizara el partido nacional socialista alemán,
sigue obteniendo provecho de su tradicional alianza con el lado más sórdido de
la milicia y el Capital, tras su confusa identificación con el régimen que
asesinó la democracia, hoy en día, concluida la Transición, sigue lucrándose
a costa del erario público. No hay dinero para investigación médica, no hay
dinero para mejorar la calidad de la enseñanza o sanidad públicas, pero sí lo
hay para que ningún cardenal, obispo, sacerdote, ni monje deba preocuparse por
su sueldo… sin tener una actividad laboral definida. Lejos de observar los
principios de un gobierno laico, el único que verdaderamente puede respetar la
libertad de credo, al no imponer ni discriminar ninguno, España sigue hoy
destinando increíbles sumas de dinero para atender las necesidades de una
organización antidemocrática y de dudosa legalidad, que se basa en la
explotación de la incultura,especialmente por medio de su característica
ingerencia en el mundo educativo. Y todo eso, por no entrar en consideraciones
sobre el evidente riesgo que subyace en el hecho de mantener tan estrecha cercanía
entre un conjunto tan grande de personas que dicen practicar la abstinencia
sexual y el alumnado. La
ausencia de separación de poderes es
la señal básica de toda dictadura Dejando
a un lado la falta de laicidad que define la acción de los gobiernos
resultantes de la Transición, está la cuestión no menos grave de la completa
falta de separación de poderes, que debería servir como elemento natural de
regulación y autocontrol. España
es hoy uno de los pocos países del mundo donde el ejecutivo está compuesto íntegramente
por personas que pertenecen a las cámaras legislativas. Es el legislativo quien
elige de entre sus miembros al primer ministro, y éste a su gabinete, también
entre las cámaras. No hay elección separada entre el Ejecutivo y el
Legislativo, ergo nadie rinde cuentas ante nadie. Las
comisiones de control parlamentario son en realidad reuniones de zorras, que
equiparan el honor del Templo del Pueblo al de cualquier burdel de carretera. Ya
no porque nada inesperado pueda ocurrir, nada que cause el más mínimo
sobresalto o desasosiego entre los miembros del gobierno, no solo por eso… lo
grave es que ya ni siquiera se guardan las formas. Está bien a la vista:
convirtieron una investigación de terrorismo en un circo de variedades,
llegando a arrancar las lágrimas de la señora Pilar Manjón, y de todas las
personas de buena voluntad. Bipartidismo
y corrupción, dos
caras de la misma moneda No
hay separación de poderes, y lo que es más grave: esto se ve empeorado por una
situación de bipartidismo fáctico, entre dos fuerzas que carecen por completo
de democracia interna, amparados por un conjunto de trampas como la de aplicar
54 circunscripciones electorales para elegir a un gobierno que se supone igual
para todos; trampas, como la de mantener un sistema de reparto de escaños que
funciona a base de la Ley D'Hont; trampas como los senadores por designación
autonómica; o la existencia de una tabla maestra de materias sobre las que hay
tácito acuerdo de no intervenir. Habiendo correo electrónico y ordenadores en
Génova y Ferraz, el Parlamento sobra. Se podría reconvertir en un plató de
Aquí hay tomate, Gente, o Salsa Rosa; o directamente en un cuartel o quizá en
una Iglesia dedicada a San Francisco, San Adolfo y San Benito. Nuestro
sistema judicial es el
paradigma de la injusticia Pero
si no existe separación entre legislativo y ejecutivo, menos aún la hay en el
judicial, del que ni siquiera los periódicos ocultan hechos tan infinitamente
vergonzosos, como el que se sepa la adscripción y simpatías políticas de
todos y cada uno de los miembros de su Consejo Superior, amén de la composición
de los magistrados y jefes de sala del Tribunal Supremo, y de la práctica
totalidad de los Tribunales Superiores de cada comunidad autónoma. Es más, el
asunto no solo alcanza a las Audiencias Provinciales, sino que con frecuencia la
ciudadanía llega a conocer si el titular de su juzgado de primera instancia e
instrucción es de derechas o muy de derechas. Y no solo la judicatura, da la
impresión de que el Fiscal General del Estado podría ser un hermano siamés
del primer ministro. Y digo primer ministro, para dejar bien claro que desde
hace siete décadas el cargo de Presidente lo usurpa un militar. Además,
por si todo esto fuera poco, cosas del azar, el Defensor del Pueblo es un
ultraconservador neo-liberal, católico y tradicionalista de las JONS, que tanto
agrada al partido de Sagasta que al de Cánovas,por lo que rezad para que no os
haga falta. Con
un sistema así, no es de extrañar que el PSOE hay pasado de puntitas sobre el
asunto de la Memoria Histórica, cuya inclusión en el programa electoral se debía
única y exclusivamente a que estaba seguro de que no le tocaría gobernar. No
es de extrañar que se haya desaprovechado la oportunidad histórica que supuso
el 75.º aniversario de la proclamación de la Segunda República; y no es de
extrañar que Manuel Cháves, presidente federal del PSOE, y presidente de la
comunidad autónoma de Andalucía concediera la distinción de Hija Predilecta
de Andalucía a la Duquesa de Alba, no es de extrañar, como tampoco es de extrañar
que ese mismo día, desde la delegación de gobierno en Sevilla se impartieran
instrucciones a las unidades de intervención policial para moler a palos a los
camaradas del SOC. No lo es… porque no ha habido ninguna transición. La
ciudadanía ha dejado de sentirse
representada Nadie
espera hoy nada de los partidos políticos. La cosa pública apesta. La gente se
mete en los sindicatos, en busca de cierta seguridad para si mismo, nada más. Y
si acaso hay algún militante o sindicalista honrado, que los hay, la mayoría
termina por arrojar la toalla ante este océano de aguas negras que lo domina
todo, y los demás persisten… obligados a una sinceridad incompleta,
resignados a ser los críticos crónicos, alejados de la capacidad real para
influir en la sociedad. No
es cierto que la Transición fuera incompleta, o que estemos permanentemente a
la espera de una Segunda Transición. La Transición fue un disfraz… palabras
bonitas para ocultar que el becario de Franco le sucedió felizmente. Palabras
para difuminar las hipotecas a cincuenta años, las palizas a manifestantes y la
instrumentalización partidista en clave electoral del sufrimiento provocado por
el no reconocimiento del derecho a la autodeterminación. La
historia nos verá como el pueblo que
creyó que un rey les haría libres Algunas
cosas cambiaron, naturalmente, Juan Carlos conocía bien que a su suegro le
derrocaron y destronaron precisamente por hacer lo mismo que él: por andar
flirteando con asesinos de uniforme. Sí, ese tío deportado a Londres cuyo
palacete costeamos todos con cargo a la partida de lo que cuesta podar los setos
de La Zarzuela, ese delincuente contra el Pueblo que no pudo volver a poner los
pies en Grecia, fue expulsado por unirse a los militares para cometer actos
contrarios al interés general. Y claro: ¡Patada! Ya
en España, ante el temor insuperable a ser también pateado, Juan Carlos optó
por la vía de auspiciar un proceso supuestamente democratizador, obligándonos
a votar sin alternativa, el texto de una Carta Otorgada –que no Constitución–,
y así tratar de seguir flotando a cuerpo de rey… literalmente. Pero
claro, los tics fascistas de cuatro décadas no se curan en cinco minutos, de ahí
que siguiera reservándose la jefatura suprema de los ejércitos –ahí es
nada–, y un bonito puesto vitalicio que le permita crecer y multipicarse,
confundir el patrimonio nacional con el personal, diversificar su cartera de
inversión, matar osos y hacer regatas. Pero
insisto: olvidémosle. Es muy importante saber que el rey no es el Sistema. El
monarca representa un sistema neo-dictatorial, sí, pero representarlo no
significa que él sea todo el mal que aqueja al inexistente Estado de Derecho.
Es vital no otorgar excesiva importancia al ciudadano Borbón, precisamente,
para prevenir el efecto de confusión que supondría el que la dirección del PPÓE
decidiera quitárselo de encima, y presentarnos el producto resultante como si
se tratara de una República. Diga
lo que diga el primer ministro Zapatero, este país no es una Monarquía
Republicana. La arquitectura de los poderes del Estado en la actualidad, nos
dicen que el Reino de España es en realidad un Estado neo-dictatorial. Estos
muros pintados de democracia reposan sobre una estructura dictatorial, y eso se
nota a diario. Despedir
al funcionario rey no equivaldría a republicanizar el Estado, ni mucho menos.
Para ello deberíamos emprender cambios profundos, empezando por recuperar
nuestra Memoria Histórica –algo que más allá del honor y las palabras vacías,
es indisociable de la Justicia–. Y habrá de hacer algún tipo de pedagogía
de la República –porque no es posible desear lo que no se conoce–. Deberá
revisarse el Sistema desde sus cimientos, y consultar a todos sobre qué piensan
hacer con él. Deberemos invalidar lo que no tiene validez y reconocer la
dignidad de los héroes. No podemos seguir igualando a víctimas y asesinos como
ignominiosamente hizo el ex ministro Bono, complemento pesoístico del
cardenal Cañizares. Los
cimientos de la Corona En
su momento la monarquía tuvo como valedores el odio del ejército, el miedo del
Capital y la codicia de los políticos. Tres patas, tres apoyos: Ejército,
Capital y Partidos. Las
Fuerzas Armadas El
ciudadano Borbón ya no puede contar con el Ejército. Cada día que pasa el ejército
se parece menos a esa masa embrutecida de integristas y asesinos que fue durante
la etapa franquista. Los ejércitos italiano y alemán ya no son los de 1940, y
el español tampoco lo es, ha evolucionado, hoy en día la gente lee, piensa un
poco más, tiene criterio propio. Por ello, me atrevo a decir que hoy por hoy,
si el generalato y el almirantazgo tuvieran que tomar parte, se alinearían
junto al Pueblo. El
Capital El
Capital ha superado su miedo. Sabe que seguirá robando aquí y allí, con mayor
o menor suerte, en la aldea global, mande quien mande, seguirán comprándonos
lana y vendiéndonos jerseys, o al menos lo intentarán. Afirmo que hoy el
Capital tampoco sería leal al sucesor de Franco, lo más posible es que le de
la espalda y apueste por otras formas de conseguir la tan ansiada estabilidad
política. El Capital intervendrá para abogar por una modelo presidencialista,
más parecida al sistema estadounidense que al francés, si le es posible, pero
no se opondrá al empuje de un pueblo unido que reclame República. Los
partidos Y
la tercera pata de la estabilidad de la corona son los partidos políticos, que
en 1978 encarnaban los sentimientos de la anhelada libertad, y disponían de
amplia credibilidad popular. Una credibilidad que treinta años de sistemática
corrupción, envidias, trepas y neoliberalismo se han encargado de dinamitar.La
opinión de los partidos hay que estudiarla caso por caso. La derecha es el
brazo político del Capital, y hará lo que a éste convenga, monarquía cuando
se tercie; y los partidos que nominalmente dicen ser de izquierdas, son
republicanos por naturaleza, aunque en 1978 estuvieran dispuestos a cualquier
cosa con tal de acceder a gozar como han gozado de esta larga fiesta pagada por
todos. En
España, a la corona le quedan diez
o quince años escasos A
la monarquía le quedan diez o quince años escasos. Y si la situación de
precariedad entre la clase trabajadora se vuelve mucho más insoportable,
incluso menos. Por ello, debemos estar atentos a la proclamación de la Tercera
República. Atentos, para estar seguros de que, en la Era de la Mentira, no nos
mientan otra vez. Están
muy acostumbrados a mentir en las palabras e incluso en el propio nombre: así,
la dirección del PP no es popular, la dirección del PSOE no es socialista, y
nadie está más desunido ni es menos de izquierdas que la dirección de IU.
Cuidado, por tanto, no vaya a ser que nos traigan una República que pese a
utilizar tal nombre, verdaderamente sea otra cosa, más de lo mismo, como esto
que ahora tenemos. Y
tú, sucesor de Franco, si es cierto que tanto amas a España, aprovecha uno los
discursos políticos que sueles pronunciar pese a tu condición de militar, y
abdica en favor del Pueblo. ¿Qué
buscan los republicanos? Defender
la República significa: defender la democracia plena y los Derechos Humanos,
una legislación electoral proporcional, el sufragio universal, la separación
de poderes, el laicismo, el multipartidismo, la socialización de la banca, la
enseñanza pública gratuita, libre, laica y de calidad, la penalización de la
usura, la defensa de la sanidad pública gratuita, universal y de calidad,
respetar el principio la austeridad en el gasto público, la protección de los
humildes, la libertad sexual plena –incluyendo cualquier identidad y orientación–,
la libertad de opinión, la protección del arte, la ciencia y la cultura, la
supresión de tribunales políticos y/o de excepción, la libertad de cátedra y
enseñanza, la desmilitarización de la política nacional y exterior, la
condonación de la deuda externa, la supresión de la corona, la libertad de
expresión, la libertad de culto, la transparencia en la gestión de la
administración pública, la igualdad ante la ley, el acceso a una vivienda
digna a un precio razonable, la autodeterminación de los pueblos, la
desamortización de los bienes de la Iglesia, el respeto a la mujer, el derecho
de reunión, la tutela judicial efectiva, la libertad de prensa, la libertad de
circulación, la integración de personas migrantes, la abolición de la
precariedad laboral, la prostitución y cualquier forma de esclavitud, la
libertad sindical, el habeas corpus, la protección del medio natural y la
recuperación de la memoria histórica, incluyendo la rehabilitación de quienes
entregaron su vida en defensa del Estado de Derecho. Los
ocho puntos Todo
eso se resume en ocho puntos muy sencillos, meditados y unitarios, aprobados por
la Coordinadora Estatal de Asociaciones Republicanas. Estos
puntos son: Primero: recuperación democrática; segundo: restablecimiento de la
soberanía popular; tercero: derecho de autodeterminación de los pueblos;
cuarto: independencia nacional; quinto: derogación de la Constitución
de 1978; sexto: recuperación de la memoria histórica; séptimo: defensa de la
República; octavo: no a la Constitución Europea. Conclusión ¡Váyase
señor Borbón! Váyase, y permítanos abrir un proceso constituyente que
restablezca la dignidad de los trabajadores de toda clase. Y que deje de decir
que lleva a España en el corazón, porque España es solo una palabra, una
demarcación administrativa artificial, conseguida por la fuerza de las armas,
siempre contra el Pueblo. Y
que nadie nos llame "antisistema" a modo de insulto, antisistema son
aquellos que pervierten las palabras y el Derecho, en beneficio propio, contra
el interés de la mayor parte de la ciudadanía. No se trata de ir contra el
sistema, muy al contrario, se trata de mejorarlo. Porque otro mundo es posible. El
Sistema político actual está pensado para beneficiar a quienes disfrutan de
privilegios arbitrarios, a costa de quienes siempre pensaremos que la tierra no
es de nadie y que sus frutos son de todos. ¡Salud
y República! Jaume
d'Urgell ---------------- La
conferencia está disponible en video en: http://video.google.es/videoplay?docid=-5082661611868056780&hl=es
Una
de las definiciones más sinceras de lo que fue y para lo que se diseñó la
"Transición Española" nos la dejó el cortesano Torcuato Fernández
Miranda, al escribir aquello de que "la Transición se trata de ir de la
ley a la ley a través de la ley". A tenor de semejante afirmación, no es
de extrañar que a los súbditos de a pie nos asalten ciertas dudas de fe…
dudas acerca del verdadero significado de la Ley y su encaje filosófico en
valores como la Justicia, el Bien Común, o la legitimidad.