La
monarquía cuestionada *
Jaume
d'Urgell
UCR
17 de Octubre de
2007
|
Conferencia
pronunciada por Jaume d'Urgell
en el acto público organizado por Izquierda
Republicana
de Málaga
/ Andalucía
el pasado 13 de Octubre,
con la intervención de Isabelo Herreros
y el propio Jaume d'Urgell |
No es casualidad que el
tema de esta charla-debate tenga por nombre, precisamente «La monarquía
cuestionada», cuestionada, no solo por el hecho de que su legitimidad esté
en público y manifiesto entredicho, sino porque además, de un tiempo a esta
parte, por fortuna, tras muchas décadas de silencio intencionado, la cuestión
de la monarquía se encuentra en el primer plano de la actualidad informativa.
Ante eso, lo primero que me gustaría hacer, es un llamamiento
a la responsabilidad. Pocas veces como ahora, nosotros, los
republicanos –los ciudadanos conscientes de nuestra ciudadanía– nos hemos
encontrado tan en el centro de la atención mediática. Es bueno, lo sabemos,
es bueno porque, puesto que hablamos de una institución por completo
indefendible, el mero hecho de pensar sobre ella, amenaza la falsa estabilidad
de sus cimientos.
Responsabilidad –decía–, ¿responsabilidad, por qué? Responsabilidad
ante el efecto de quienes tratarán por todos los medios de sembrar división,
confusión, distracción, embuste, personificación y –en general–, todo
tipo de manipulaciones informativas tendientes a que todo siga igual.
Responsabilidad, para comprender que no estamos ante una moda. El
republicanismo no es una moda, no puede serlo y no debemos permitir que esta
idea se instale en la opinión. En primer lugar, por una razón muy simple:
las modas pasan de moda; y lo que es más: la idea de «la moda» es un
concepto estético, que
aplicado al conjunto de valores éticos
al que llamamos «republicanismo», convertiría algo muy serio en una
frivolidad, que sin duda sería aprovechada por la reacción, para conducir el
debate público desde la calle hasta los platós, de las cafeterías a las
redacciones de las revistas de la llamada «prensa rosa», y de ahí, a la
nada. En nuestra mano está conducir la cuestión desde, hacia y hasta el
lugar que le corresponde: desde la calle, hacia las asambleas vecinales, hasta
las agrupaciones de los partidos políticos; desde la cantina, hacia los
ateneos, hasta el mundo universitario; desde la fábrica, hacia los comités,
hasta el movimiento sindical; de la mesa al libro; del escritorio al blog; del
portapapeles al foro; de la palabra, a la Ley.
Me gustaría hacer un llamamiento a la responsabilidad, para que juntos
comprendamos, que lo que no se comunica, jamás ha existido. Comprendamos, que
la presente situación de duda generalizada es un hecho insólito,
posiblemente calculado por otros, pero que ofrece excelentes posibilidades
para el triunfo de la razón crítica.
Esto no es un culebrón de verano, no estamos ante el fulgor puntual de una
noticia que desaparecerá en cuestión de semanas o meses, bajo el pulso de
una incesante actualidad informativa.
CONSEJO DE DEFENSA
El pasado miércoles, un tal Juan Carlos Borbón, de profesión militar (por
lo que jamás ha concurrido a un proceso electoral), presidió una reunión
del Consejo de Defensa, encuentro al que asistieron el primer ministro
Zapatero, la vicepresidenta Fernández de la Vega, el vicepresidente Solbes y
los ministros Alonso, Moratinos y Rubalcaba.
La situación resulta cuando menos extraña, por cuanto nos retrotrae a un
pasado de infausto recuerdo e inolvidable memoria:
¿Qué hace un militar no-electo, vitalicio y hereditario, ocupando una posición
superior a la de nuestros máximos representantes electos? ¿Por qué un
gabinete de ministros socialista consiente en dejarse fotografiar rodeado de
militares y sometido a una figura feudal / medieval? ¿Qué significa que el
tipo que preside dicha reunión haya invitado a su hijo a una reunión de
trabajo? ¿Es esto serio? ¿Qué pensaríamos si el ministro de Defensa
hubiera invitado a su esposa, el de Exteriores a sus hijos o el de Interior a
un primo de Albacete?
Si estamos en democracia ¿por qué ceder la presidencia de la máxima entidad
militar del Estado a un individuo que además de ser ajeno a las urnas, nos
conecta con un inocultable pasado de colaboracionismo dictatorial?
¿Y el resto de militares que aparecen en la fotografía? ¿Quiénes son y dónde
estaban en 1975? ¿Por qué no hay ninguno de la UMD? ¿Se trata de una imagen
involuntaria? ¿Acaso nadie reparó en la simbología que subyace detrás del
hecho de contemplar al monarca ejerciendo su presidencia por encima de los
miembros del gobierno?
Cada vez somos más los que nos sentimos avergonzados al contemplar estas imágenes.
Cada vez es más insultante escuchar la vieja cantinela de que: «tenemos
democracia gracias al rey». Cada día que pasa somos más los que creemos que
no es justo que el sucesor de Franco se embolse al menos 8 millones de euros
al año, mientras buena parte de la población se enfrenta a la amenaza de una
ejecución hipotecaria, y eso, quienes tengan «la suerte» de tener la vida
hipotecada, porque muchos, ni eso.
Cada día es más ofensivo observar cómo la policía cumple órdenes de
pegarnos, cuando no nos queda más remedio que protestar ante los despidos,
deslocalizaciones, flexibilizaciones, regularizaciones y reformas…
protestar, porque no podemos tener casa, porque votar es como limpiarse el
culo, porque se nos miente, porque se nos silencia, porque se nos oculta el
valor real de indicadores económicos como el incremento del coste de la vida,
porque se especula con nuestro futuro, se trafica con nuestro entorno, se
bromea con lo que somos, se nos niega la palabra…
Y aquí no pasa nada, la fiesta debe continuar. Dicen ustedes que «los
republicanos son grupúsculos minoritarios de radicales separatistas y
antisistema», cuando lo único que pretendemos es que todos los cargos públicos
sean electos; que exista una mayor separación de poderes y que el Estado sea
verdaderamente aconfesional. Nosotros, el Pueblo, exigimos ser dueños de
nuestros destinos. No somos súbditos,
exigimos ser ciudadanos.
Los republicanos solo pedimos democracia. Democracia de verdad. Estamos en
2007: el Estado no debe aceptar por más
tiempo el sometimiento a la tutela del heredero de un dictador . ¿Acaso
no lo ven? No resulta serio, ni lógico, ni legítimo, ni ajustado a Derecho.
SOPORTAMOS UN GRAVE DÉFICIT DEMORÁTICO
No hay democracia, porque el gobierno designa a los fiscales a su antojo y
conveniencia. No hay democracia, porque cada cuatro años elegimos únicamente
al Legislativo, siendo éste quien nombra al Ejecutivo de entre sus propios
miembros, para renovar juntos al Judicial, por tercios, cada seis años. No
hay democracia, porque el Tribunal de Cuentas apenas tiene capacidad de
maniobra. No hay democracia porque la fiscalía anticorrupción está
presupuestariamente asfixiada y adolece de un grave déficit competencial. No
hay democracia porque mantenemos tribunales de excepción. No hay democracia
porque casi todos los medios de comunicación se encuentran en poder de diez
personas. No hay democracia, porque no hay garantías judiciales frente a los
abusos de poder, malos tratos, instrucción de procesos en base a pruebas
ficticias. No hay democracia, porque se está destruyendo la enseñanza pública
y laica en beneficio de la privada y esotérica. No hay democracia porque se
secuestran publicaciones, se clausuran periódicos, se encarcela a
periodistas, se procesa penalmente a manifestantes acusándoles de haber
quemado una hoja de papel.
«GRACIAS AL REY TENEMOS DEMORACIA»
Afirmar que gracias a la monarquía tenemos democracia, constituye un grave
insulto a la razón, un atentado a la verdad y un acto de fanatismo teocrático.
Analicemos, por favor: el gobierno de todos, no puede proceder del gobierno de
uno. Es una contradicción manifiesta. Resulta insostenible.
No es cierto que tengamos democracia gracias al rey, y no es cierto, para
empezar, porque la jefatura del Estado no es un cargo público, sino que forma
parte del patrimonio particular de una sola familia, cuyos intereses
prevalecen por encima de los intereses de 12,5 millones de familias.
Hay que decirlo más: no tenemos democracia gracias al rey. La dictadura se
vio obligada a relajar sus formas ante los intereses comerciales y la presión
política procedentes del exterior; ante el profundo malestar popular y la
creciente inestabilidad política, incrementada por la crisis económica y
energética de mediados de los 70; ante la desmedida ambición entreguista de
quienes detentaban las siglas de los principales partidos políticos en los años
que rodearon la muerte del genocida del Ferrol.
Si gozamos de una relativa mejora formal de la dictadura, es gracias al
esfuerzo y el sufrimiento de miles de trabajadores que presionaron para
defender la libertad. Únicamente tenemos aquello que juntos hemos conseguido
arrancar, nada más. Nada nos fue regalado. En política no hay regalos, si
algo tienes, te lo has ganado; y si no vigilas, te lo volverán a quitar.
CONTINUIDAD INSTITUCIONAL FASCISTA
La continuidad dictatorial es incuestionable: somos el único país de Europa
con un jefe de Estado militar; el escudo del régimen franquista fue oficial
hasta bien entrados los 80; el nombre de Franco continúa hoy en el
frontispicio del cuartel general del Ejército del Aire; Franco designó al
individuo que 32 años después de sucederle todavía hoy, se atreve a
presidir un Consejo de Defensa, ocupando la posición preeminente, por encima
de José Luis Rodríguez Zapatero.
«GRACIAS AL REY HEMOS TENIDO 30 AÑOS DE PAZ»
Hablar de los 30 años de paz y prosperidad que hemos tenido gracias al rey,
es otro insulto a la razón: celebrar eso, nos obliga a recordar los fastos en
honor de los 25 años de paz que no hace tanto, se adjudicaban a «la divina
intervención del caudillo». ¿De qué paz hablan? ¡Ahí fuera hay un país
de países! ¡Salgan a comprobarlo! ¡Desciendan del yate! ¡Salgan del coto!
¡Dejen de esquiar! ¡Comprueben como se malvive con un mísero e inestable
sueldo de 850 euros, un alquiler imposible y obligaciones familiares! ¿30 años
de paz? Pregúntenselo a un iraquí, o a un libanés, o a un afgano, o a un
congoleño, o a un eritreo, o a un ex yugoslavo, o a un kosovar, un bosnio, países
todos ellos, donde nuestros soldados llevan a cabo misiones humanitarias, con
fusiles humanitarios, tanques humanitarios y cazabombarderos humanitarios.
«GRACIAS AL REY, ESPAÑA ES UNA»
Decir que el rey mantiene unido al país, es falso. No hay mayor causa de unión,
que el convencimiento de formar parte de un todo. Seamos sinceros: ese «todo»
podría ser la concordia entre las distintas culturas e identidades políticas
que históricamente han formado la península ibérica… pero la concordia no
se impone, eso lo sabe cualquiera. Imponer la concordia es tanto como forzar a
alguien a ser tu amigo… y si me apuran: a punta de pistola. ¡No! La
fraternidad es un concepto genuinamente republicano. Si se persigue conseguir
una unión justa y estable de España, ésta deberá civilizarse, en sentido
etimológico, es decir, desmilitarizarse. La existencia de España no puede
fundamentarse en una permanente amenaza militar, personificada por el jefe de
las fuerzas armadas, designado por Franco, no-electo, vitalicio y hereditario.
España no puede ser una ficción impuesta a punta de pistola en la sien de
todos y cada uno de sus ciudadanos… o quizá sí, pero entonces no lo llamen
democracia. Si de verdad quieren saber qué es España, atrévanse a
preguntarlo en una papeleta electoral.
DOCE DE OCTUBRE
Ayer fue 12 de octubre, día de la Fiesta Nacional, que no se refiere a los
toros, sino a un enorme desfile de soldados que se realiza todos los años en
el centro de Madrid. Por incomprensible que parezca, los asistentes, responden
con aplausos a la vista del tamaño y el ruido que emiten los instrumentos de
asesinar que se les van mostrando.
Viendo al pueblo de Madrid, aplaudiendo maravillado bajo el estruendo de una
escuadra de cazabombarderos en formación, se da cuenta uno de cuan necesario
resulta recuperar la Memoria Histórica.
Por no hablar de los asistentes a tan psicópata espectáculo: cada vez menos
numerosos, pero más convencidos… qué decir de un país que celebra su
fiesta nacional con una convención para ultra derechistas, fanáticos
religiosos y exaltados radiofónicos.
Y aquí llegamos al quid de la cuestión: no
solo se trata de derrocar monarquía, sino de acabar de una vez por todas con
el fascismo .
Recordemos el reclamo publicitario con el que Bill Clinton alcanzó la
presidencia de los Estado Unidos tras el mandato de George Bush padre: el lema
elegido fue: «Es la economía, estúpido». Un buen lema, para un sistema
neoliberal, un lema que para nuestra conveniencia cabría adaptar como: «Es
la democracia, estúpido».
Nos encontramos en 2007 y cada día que pasa se hace más difícil seguir
ocultando lo que por otra parte es ya un secreto a voces: el engaño masivo de
finales de los 70 toca a su fin. Monarquía y
democracia son irreconciliables a la luz de la razón crítica.
Nos hemos puesto a pensar sin pedirle permiso a nadie, y como resultado, hemos
llegado a la conclusión de que ya no somos niños: hemos alcanzado la madurez
política, no necesitamos permanecer por más tiempo sometidos bajo la
amenazante tutela de un militar no-electo, vitalicio y hereditario, designado
a dedo por uno de los más execrables genocidas del S. XX. Admitir
la figura del vigilante, nos restaría una libertad que nos es irrenunciable,
por nosotros y para los que vendrán detrás .
A quienes dicen que no sabemos en qué año vivimos, recordarles que basta
asomarse a la Constitución vigente, para comprobar que en su articulado llega
a aparecer el nombre propio de un individuo particular; que la
jefatura del Estado todavía no es un cargo público; que en este país
los jueces siguen emitiendo sus resoluciones en nombre del becario de Franco;
que el ciudadano Juan Carlos Borbón conserva mando efectivo —literalmente
"supremo"— sobre las Fuerzas Armadas, en lo que constituye un
claro conflicto con la autoridad de nuestros representantes electos. En
nuestro país, en la actualidad, este año como en los anteriores, al
cooperador necesario de Franco, le pagaremos un sueldo de más de diez
millones de euros, a cambio de asistir a fiestas, esquiar, navegar, atentar
contra especies protegidas, abusar de su posición privilegiada, crecer y
multiplicarse.
Una constitución así no es una verdadera
Constitución, sino una nota de rescate , que recoge las condiciones y
exigencias de un Ejército traidor, que todavía en 1975 mantenía secuestrada
a su propia población civil, cautiva y desarmada.
Entonces, ¿quién es el anacrónico?
¿Los ciudadanos que aspiramos a conseguir una sociedad avanzada, seria,
justa, ecuánime, pacífica, laica, plural y de Derecho? ¿O los súbditos que
sienten la necesidad de someterse al dictado de una sola persona, que disponga
de la facultad para sancionar y moderar incluso por encima de la autoridad de
los representantes electos en las urnas?
¿Quién es el antidemócrata? ¿Los
que defendemos la intervención del pueblo en los asuntos de la Cosa Pública
a través de elecciones libres, periódicas, secretas y universales? ¿O
quienes afirman que la voluntad mayoritaria de 12 millones de familias debe
estar sometida al antojo de solo una?
¿Quién es el violento? ¿Los que
perseguimos la paz a través de la palabra y las urnas? ¿O los herederos de
quienes tras perder unas elecciones, optaron por destruir el Estado democrático,
constitucional y de Derecho, mediante un golpe de Estado, seguido de un
atentado terrorista masivo, llamado "Guerra Civil"? ¿Quién
es el violento? ¿Un ciudadano que restituye la bandera del pueblo, en
sustitución de un emblema impuesto por las armas y heredado mediante el miedo
y el engaño? ¿O un militar autócrata que año tras año, celebra el día
nacional presenciando un desfile de personas armadas, como si todavía viviera
su mentor ideológico?
La institución de la monarquía es un timo insostenible, un insulto a la
inteligencia colectiva. El rey es el símbolo
de la desigualdad ; el triunfo de lo arbitrario, un parásito a costa
de una clase trabajadora, en cuyo seno, cada día somos más los que duras
penas conseguimos lo imprescindible para existir con dignidad.
Todavía en 2007, tenemos leyes medievales que sancionan el menoscabo del
prestigio de la corona; leyes que mediante una severa disuasión penal, tratan
de imponer el respeto a una determinada visión del país… pero el respeto
impuesto mediante amenazas no es respeto, ni prestigio, sino simplemente
miedo, o si lo preferís: terror.
Con todo, el rey es lo de menos; como el escudo o la bandera, que no son causa
sino efecto… ni un país es solo un trapo, ni el Estado una sola persona. El
funcionario jefe de Estado es solo la guinda del pastel… Los que saben de
esto, pretenden convertir su símbolo en un señuelo… en otro instrumento
para la distracción. Pretenden agitar al rey
ante nuestras narices para que no prestemos atención a lo que realmente
importa:
Importa la total ausencia de separación de
poderes: cada cuatro años nos presentan unas listas cerradas con la
idea de ofrecernos la vana ilusión de elegir entre los preelegidos, que optan
a la composición de un Legislativo, que luego nombra al Ejecutivo de entre
sus propio seno, y así, entre ambos, renuevan por tercios al Judicial;
importa el hecho de que la Fiscalía se haya
convertido en un instrumento partidista del Gobierno, nombrada por éste
al mes de tomar posesión; importa el peligroso proceso
de concentración mediática, destinado a desactivar la función social
de los medios de comunicación; importan la impunidad
y connivencia de una parte de la judicatura y la clase política,
frente a los abusos cotidianos de los agentes de la represión oficial: el
ejemplo más cercano lo tenemos en las manifestaciones par reivindicar el
derecho a una vivienda digna y luchar contra la precariedad laboral: ¿Quién
a lo largo de todo este año y medio, ha demostrado reiteradamente ejercer la
fuerza bruta contra los miles de ciudadanos que nos hemos limitado a denunciar
desequilibrios sociales en actitud cívica y no-violenta?
No se trata de hacer cambios superficiales en la Constitución, como por
ejemplo abolir la Ley Sálica, que dice que una mujer no puede reinar,
teniendo un hermano varón: no se puede esconder el avance de los tiempos: hacer
que la injusticia sea paritaria no hará que deje de ser injusta.
Están preocupados. Este mismo lunes, el rey movió ficha, buscando un enroque
que no conseguirá, puesto que después de 32 años de movimientos erróneos,
la situación no le es favorable, no ya a él, sino que apenas queda margen de
maniobra para salvar la "institución" que representa: su
propia familia. Los fiscales se afanan en diagonal, mientras los
antidisturbios avanzan como torres en mitad de un tablero que sabemos que nos
pertenece, por la sencilla razón de que
nosotros —los peones—, somos más .
El engaño es cada vez más insostenible. La mafia que acapara los poderes públicos
sabe bien que para atajar el clima de inestabilidad política, ha llegado el
momento de ceder margen a la presión social, que clama por reducir el
vergonzoso déficit democrático que venimos arrastrando. Y, lamentablemente
para quienes anteponen el aspecto estético a los principios éticos, eso
significa que se van a quedar sin ceremonia de coronación.
La cuestión ya no es si ocurrirá, ni siquiera cuándo ocurrirá… lo
crucial es mantenernos atentos a cómo será la República, para que no se
desvirtúe el anhelo de la ciudadanía: en nuestra mano está que su
advenimiento no se limite a una mera cuestión cosmética: debemos exigir todo
el poder para el Pueblo.
Estos días estamos viendo como se acentúa la represión jurídico-policial
por delitos de opinión: cuestionar el sistema está prohibido… un síntoma
de lo endeble de su posición. Ante eso, hoy más que nunca, nuestras señas
de identidad deben ser: la constancia, el valor, la cultura, la coherencia, la
horizontalidad, el asamblearismo, la diversidad, la predisposición a sumar,
la unidad de acción y la renuncia al
odio y la violencia.
¡Salud y República!
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*Puedes
ver la Intervención de Isabelo
Herreros en video: COMPLETA;
PARTE
UNO, PARTE
DOS y PARTE
TRES. Así como
la intervención
de Jaume d'Urgell
en video: COMPLETA;
PARTE
UNO, PARTE
DOS y PARTE
TRES .
Se adjuntan fotografías, disponibles también
en la Red: PRIMERA,
SEGUNDA,
TERCERA
y CUARTA.
Muchísimas gracias a Inma
Pérez, Salvador Crossa, Paco
Vega y demás militantes republicanos de Málaga.