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Hacia la Tercera República
Francisco Frutos Gras
Hoy, 14 de abril, evocamos con sentida emoción la proclamación de la II República, de aquella "República democrática de trabajadores de toda clase que se organiza en régimen de Libertad y de Justicia". Hace 76 años la clase obrera, los sectores populares y las clases medias, las gentes de la cultura, de la ciencia y de la universidad, los partidos políticos de centro e izquierda instauraron de manera pacífica la democracia en España, después de la indiscutible victoria de las candidaturas de la conjunción republicano-socialista en las elecciones municipales celebradas el 12 de abril. Nacía así, en aquella hermosa primavera de 1931, la que Manuel Tuñón de Lara denominó "la República de las ilusiones".
En estos días miles de ciudadanos estamos participando en la infinidad de actos
políticos, culturales y sociales que rinden homenaje a los republicanos y en
las manifestaciones que afirman nuestro compromiso político con la III República.
Porque nuestra memoria está llena de sentimientos de afecto y reconocimiento
hacia quienes trabajaron por edificar la primera sociedad democrática de
nuestra historia (después de la efímera I República de 1873), hacia quienes
defendieron los valores del progreso, la libertad, la justicia social y la
cultura entre 1936 y 1939 y hacia quienes lo sacrificaron todo para lograr la
recuperación de las libertades durante cuatro décadas de terror y opresión.
Reivindicamos las gigantescas transformaciones que promovieron los gobiernos de
la República entre 1931 y 1934 y desde la primavera de 1936: la reforma
agraria, la legislación laboral en favor de los trabajadores, la democratización
del ejército, la construcción de un Estado laico, la aprobación de tres
estatutos de autonomía, la apertura de miles de escuelas y el acceso masivo del
pueblo a la cultura, la línea política frentepopulista que unió al pueblo
contra el fascismo y le dio la victoria en las elecciones generales del 16 de
febrero de 1936.
Sin embargo, la mejor razón para traer a nuestra memoria los días de abril de
1931 es la reafirmación de nuestros valores republicanos, la expresión de la
convicción de que la construcción de la democracia en España sólo culminará
cuando de manera democrática alcancemos una República federal, laica y
solidaria. Los militantes del Partido Comunista de España estamos convencidos
de que esta forma de Estado es la mejor garantía para la defensa de los
derechos y las libertades democráticas, el instrumento imprescindible para
garantizar el autogobierno de los diversos pueblos que integran el Estado y un
medio para superar los límites que la economía capitalista impone al
desarrollo efectivo de unos derechos sociales maltratados por las políticas
neoliberales y en franca regresión.
Por ello, es legítimo y necesario instalar ya en el debate político, para
rescatarlo de la podredumbre actual, la propuesta de la alternativa republicana.
Coincidimos con Julio Anguita cuando subraya que la Constitución de la III República
Española debiera asentarse sobre siete pilares primordiales. En primer lugar,
tendrá que vertebrarse a partir del reconocimiento de las tres generaciones de
derechos humanos (políticos, sociales y medioambientales), de este modo
avanzaremos hacia una sociedad de pleno empleo, con reducción de la jornada
laboral y reparto del tiempo de trabajo, con desarrollo sostenible, con protección
social plena y fiscalidad progresiva.
En segundo lugar, planteamos, en el marco del Estado Republicano, la democracia
radical y participativa, se trata de llevar la democracia a ámbitos hoy
vedados, como la economía o la cultura, así como profundizar la democracia política.
En tercer lugar, queremos rescatar el inmenso valor histórico, ético y político
del artículo sexto de la Constitución de 1931 para defender una política de
paz: "España renuncia a la guerra como instrumento de política
nacional". La propuesta republicana se une así al profundo clamor que se
despertó en todos los rincones del planeta en 2003 contra la agresión bélica
al pueblo iraquí, que ya ha costado más de 600.000 personas muertas y ha
destruido aquel país. Hoy este posicionamiento implica denunciar, una vez más,
la pertenencia de España a la OTAN o los acuerdos bilaterales con Estados
Unidos para la utilización "conjunta" de las bases militares en
nuestro territorio, así como plantear la existencia de una fuerza militar
reducida con capacidad de maniobra y de intervención rápida preparada para
acciones de carácter sólo defensivo, para participar en misiones de
interposición, o en el caso de catástrofes naturales o humanas.
En cuarto lugar, apostamos por un Estado inspirado en los valores del humanismo
laico, que se asienta en el principio de la libertad absoluta de conciencia. Hay
que derogar el inadmisible Concordato suscrito con el Vaticano hace tres décadas
y liberar a la escuela pública del adoctrinamiento de la religión católica.
En quinto lugar, está el valor de la austeridad, entendido como la racionalidad
y la sintonía entre las necesidades sociales y las aportaciones presupuestarias
y de infraestructuras necesarias, y no precisamente como lo conciben las políticas
neoliberales, que santifican el "déficit cero" y contribuyen a la
liquidación de los derechos sociales conquistados después de dos siglos de
lucha del movimiento obrero.
En sexto lugar, a coyuntura política cotidiana prueba una y otra vez la
necesidad de construir un Estado federal republicano que culmine la España de
las autonomías. Vivimos tiempos y procesos políticos en los que la emotividad
interesada y la manipulación son obstáculos para una búsqueda racional y
equilibrada del acuerdo necesario. Desde las posiciones que mitifican la
Historia y sacralizan el nombre de España, hasta la invertebración de las políticas
de campanario y aldeanas que recrean, mitifican y sacralizan identidades, en
este asunto, hemos vivido y vivimos de las consignas, lugares comunes y tópicos.
La construcción del acuerdo debe partir de un conjunto de premisas
fundamentales y aplicables a todas y cada una de las federaciones, naciones,
nacionalidades y regiones. En primer lugar, los territorios que acuerden
federarse para construir el nuevo Estado aceptarán como patrimonio común los
siete ejes que desarrollan la propuesta republicana. El desarrollo legislativo
corresponderá a las Cortes Generales de la República y el desarrollo ejecutivo
al Gobierno Federal. En segundo lugar, el Estado tendrá tres administraciones:
la General, la de cada federación y la municipal, mientras que desaparecerían
las provincias para avanzar hacia la comarcalización de cada federación. En
tercer lugar, en la atribución y ejecución de las competencias se tendrá
siempre en consideración el principio de subsidiariedad.
En séptimo lugar, pretendemos construir la Tercera República Española en el
marco de una Europa federal a partir del impulso de un auténtico proceso
constituyente europeo.
Obviamente, la República no vendrá sola, sino que tendremos que
"traerla". Desde el PCE abogamos por lo que denominamos un Periodo
Constituyente, caracterizado por la plena participación ciudadana y que
culminaría con la proclamación de la III República. No pretendemos organizar
esta exposición en torno a una quimera, al contrario, el proceso constituyente
será un periodo de reflexión, concienciación, participación y creación, por
tanto debemos continuar organizando debates, jornadas, exposiciones,
publicaciones, fiestas populares para defender el proyecto republicano. Y sobre
todo los comunistas y los compañeros y compañeras de las otras tradiciones de
la izquierda revolucionaria tenemos que ser capaces de propagar una idea que
debe ser asumida y proyectada con toda la fuerza posible: la III República es
para el siglo XXI; hablamos de creación, de convocatoria para construir una
verdadera sociedad democrática, planteamos un proyecto con emocionantes vínculos
con el pasado, pero pensado y lleno de futuro.
Desde mediados del siglo XIX el ideal republicano ha sido compañero inseparable
del ideal democrático, los valores de la República fueron y son los valores de
la democracia. Desde hace ya varios años la bandera tricolor está presente en
las movilizaciones de los trabajadores, de los estudiantes, de los jóvenes por
una vivienda digna, en las manifestaciones por la paz y contra la barbarie del
imperialismo, en cualquier expresión pública de exigencia de más democracia y
más justicia social. Es la expresión de que las ideas republicanas cobran cada
vez más fuerza entre amplios sectores ciudadanos.
Hoy, 14 de abril, el Partido Comunista de España hace un llamamiento al
conjunto de los hombres y mujeres de izquierdas, republicanos, socialistas,
comunistas, libertarios, feministas, alternativos, ecologistas y de manera
especial a Izquierda Unida, como nuestro proyecto estratégico, a defender la
memoria y los valores de la Segunda República de los trabajadores y
trabajadoras, de la paz, a denunciar y combatir con fuerza las diversas acciones
que pretenden denigrar la realidad de lo que fue la II República Española.
Pero no se puede rendir mejor homenaje a todos aquellos que lucharon por la
defensa de la II República que trabajar por la construcción de la Tercera. Por
ello, propiciamos una estrategia unitaria y llamamos a la constitución del
Movimiento por la Tercera República Española.
* Francisco Frutos Gras es Secretario General del PCE