El
proceso iniciado en algunos Ayuntamientos andaluces a
favor de la restauración de la República gana adeptos
si bien no será una tarea fácil, toda vez que existe
una España oficial y mediática que intentará solapar,
sino apagar este movimiento que hasta ahora está
circulando de una forma lenta pero ajustado a la
Constitución. De hecho, ya son numerosos los cargos públicos
locales –básicamente de Izquierda Unida y algunos del
PSOE- que se han sumado a la plataforma republicana. Por
tanto habría que preguntarse si tiene sentido esta
iniciativa y la respuesta no puede ser otra que
afirmativa ya que está alejada de todo conato de
frivolidad o resentimiento alguno. Con esta iniciativa
los republicanos intentan reconducir el debate hacía
donde debería de haberse situado en el inicio del
proceso constituyente que trajo a nuestras vidas la
Constitución de 1978. Y esto es así porque desde
entonces ya han ocurrido suficientes cosas en la vida pública
española como para que sea preciso reformular el texto
constitucional y, consiguientemente, la forma política
del Estado.
Metodológicamente
hablando hay una cuestión clave: contamos con un Jefe
de Estado que fue designado por un dictador, algo que no
casa lo suficiente con una verdadera democracia; además,
el discurso de que era preciso conciliar a una España aún
con las heridas muy abiertas ya no tiene sentido
sostenerlo, si es que alguna lo tuvo porque la realidad
que se impuso fue la más alta institución del Estado
impulsada por Franco; de otro lado, nos encontramos ya
en España un sensible número de españoles que nada
pudimos decir ni a favor ni en contra de aquella
Constitución, que además llevaba implícita la forma
política del Estado, cuando en puridad lo correcto
hubiera sido haber decidido antes de votar la Constitución
de 1978, a través de referéndum, qué forma política
de Estado deseaba el español del año 78. En tercer
lugar, España sigue siendo un país claramente
desvertebrado, con la presencia de varias nacionalidades
históricas que reclaman lo que entienden que es su
esencia, y en absoluto la monarquía está contribuyendo
a que esas reivindicaciones se salden, de hecho sería
mucho más fácil vertebrar el Estado español si
existiera una patria de hombres iguales, dentro de las
distintas sensibilidades históricas, y eso lo puede
garantizar solamente una república democrática, que
además podría tener vocación de federalista.
Por
otra parte, existe el siempre inquietante papel de las
monarquías, particularmente, en las sociedades
actuales, las cuales tienden a una forma política cada
vez más pragmática e igualitaria. De hecho, la Unión
Europea – con todas las críticas que habría que
hacerle – no es más que la suma de naciones libres,
unidas voluntariamente en pos de unas circunstancias
comunes y, sinceramente, poca cabida tienen ahí las
monarquías, sobre todo si consideramos que tarde o
temprano se contará con una constitución única que
debe versar principalmente sobre principios mínimos e
igualitarios.
Otras
razones, que para muchos pueden ser secundarias, pero
que tienen una importancia mayúscula, podrían
argumentarse en la vergonzosa exhibición de estos señores
y señoras de la realeza española, toda esa ostentación,
esos privilegios confesados e inconfesables, esas
presuntas turbias influencias desconocidas, esos
presuntos negocios escondidos que se han advertido, esas
cacerías, en fin, toda esa presencia alimentada en los
medios de comunicación oficiales, y para colmo, todas
esas sonrojantes actuaciones de la fiscalía para
perseguir el delito, primero acusando a los autores de
la portada de la revista satírica “El Jueves” y últimamente
acusando a los antimonárquicos catalanes que muestran
su oposición a la monarquía de la única forma que se
les permite (porque lo consecuente es oponerse a través
de unos hipotéticos medios de comunicación libres y
respetuosos con cualquier opinión), y que seguramente
se extenderá a otras zonas del Estado, hasta el punto
que de seguir en esa línea la fiscalía necesitará un
fiscal especial para asuntos monárquicos, como ya lo
hay para asuntos relacionados con la corrupción, pero
que perfectamente podría ser el mismo, más que nada
para que no proliferen más cargos públicos.
Sinceramente,
desde la praxis política y desde la lógica jurídica
es necesario seguir profundizando en ese proceso
constituyente recién iniciado.