En defensa de la República Española
Jaume d'Urgell
UCR
24 de
Diciembre de 2007
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Discurso el pronunciado en la Facultad de Ciencias Políticas y
Sociología de la
Universidad Complutense de Madrid, el pasado día 19 de diciembre de
2007.
La organización del evento corrió a cargo de la Asociación Cultural
Republicana
de Estudiantes (ACRES).
Documento disponible
en vídeo:
http://uk.youtube.com/watch?v=rDv8JpAjeFM
Campus de Somosaguas (Madrid) 19 de
diciembre de 2007. |
Desde hace algo más de siete décadas, nuestro país
de países se ve abocado a convivir con los efectos de una terrible
realidad: ni lo legítimo es legal, ni lo legal es legítimo. Todavía es
una incorrección política afirmar este sencillo razonamiento, pero,
tened la seguridad de que si una masa crítica de los súbditos, despierta
a través de la razón, y toma consciencia de su ciudadanía; cuando se
restablezca la normalidad democrática; dad por hecho que saldrán por
doquier los intelectuales de a ocho –los "republicanos de toda la vida"
–, prestos a trocar su discurso para adaptarlo a las ideas de moda. Lo
mismo que pasó cuando en los 80, todos los que querían chupar del nuevo
bote decían ser antifranquistas de toda la vida y haber corrido ante los
grises. Tened por seguro que cuando llegue la República, veremos a EL
PAÍS escribir sobre la recuperación de la razón crítica; y escucharemos
a los representantes de la intelectualidad oficial, glosar acerca del
carácter arbitrario del entramado seudo-legal de la monarquía. Los
mismos que hoy mienten con su silencio cómplice.
ILEGITIMIDAD DE ORIGEN:
CONSENSO A PUNTA DE PISTOLA
Cualquier proceso constituyente debe iniciarse con un referéndum que
ofrezca al Pueblo la posibilidad reoptar por la forma de gobierno que
prefiera: "¿Desea usted que su país se organice en una monarquía o
mediante una República democrática?" Como todo el mundo sabe, a finales
de los 70, el ruido de sables no solo logró impedir que esta consulta se
llevara a cabo, sino que además, condicionó el día a día de un proceso
constituyente viciado de origen, puesto que la participación ciudadana
se había acotado de antemano, para limitar el alcance de los daños sobre
la estabilidad de los poderes fácticos.
Todo esto, unido a la acuciante presión de la comunidad internacional,
llevó a los dictadores Franco y Borbón a trazar un plan para lavar la
cara al Régimen y adoptar una serie de medidas que permitieran ofrecer
la ilusión de vivir en democracia, y eso, pese a que todavía hoy, la
verdad incuestionable es que desde el golpe de Estado de 1936, los
españoles no hemos vuelto a poder elegir a nuestro máximo representante,
figura pública que todavía usurpa un militar.
Así, se unieron interés y oportunismo, como cuando se juntan el hambre y
las ganas de comer, y entre todos, concibieron lo que más tarde se
conocería como el "Espíritu de la Transición", un pacto logrado a punta
de pistola: un monólogo dirigido desde los golpistas dictatoriales hacia
los dueños de las siglas de algunos partidos políticos (que no todos,
puesto que algunos –como Izquierda Republicana, que en el momento de
producirse el golpe de Estado se encontraba en el ejercicio de la
responsabilidad democrática de presidir el país– no conseguirían su
legalización hasta bien entrados los 80). Este monólogo
ejército-partidos –o pacto vertical–, básicamente lo podemos resumir en
dos renglones de texto:
Yo soy legal, pero no
legítimo y tú, justo, lo contrario.
Hagamos un pacto: yo
te legalizo y tú me legitimas.
La respuesta de todos los partidos fue un entusiasta "De acuerdo",
sabedores de que vendían los derechos políticos de todos los españoles a
cambio de asumir el continuismo de un régimen que garantizaba la
impunidad en la corrupción y hasta el crimen de Estado.
DÉFICIT DEMOCRÁTICO
Pero volvamos al presente: nos encontramos en 2007 y casi todo está por
hacer: se prohíben partidos políticos; se cierran medios de
comunicación; se constriñe la libertad de expresión; se interpreta el
Derecho Penal con carácter secreto, retroactivo y preventivo; se legisla
a golpe de actualidad; se embrutece la razón, pagando a catequistas con
cargo al Erario Público; se mantiene una insultante asimetría en la
cuestión de nuestra Memoria Histórica; pervive un sistema electoral que
supone una situación de fraude continuo, puesto que además de no ser
proporcional, establece diferencias inexplicables entre circunscripción
y ámbito jurisdiccional; se abusa sistemáticamente de la prisión
preventiva; se toleran préstamos al 30% de tasa de usura; se encarcela
por razones de conciencia u opinión; se permite que sea el Ejecutivo
quien nombre a la Fiscalía; se abusa de la capacidad para la emisión de
Decretos Leyes; se han infiltrado, pervertido, verticalizado y
amarilleado las llamadas centrales sindicales; se han creado
dependencias ignominiosas entre el Estado y las organizaciones no
gubernamentales; se consiente el terrorismo cotidiano que supone la
falta de inversión en seguridad e higiene en el trabajo; se ha permitido
un proceso de concentración mediática que supone una gravísima amenaza
para la libertad de prensa –pilar fundamental de la democracia–; se está
privatizando la mayor parte de los servicios e infraestructuras
públicas, con grave menoscabo de los intereses de la comunidad; se
margina la educación pública frente al auge de la privada y esotérica;
se está privatizando la sanidad pública; se ha convertido el derecho a
la vivienda en un tipo de producto financiero; se permite la existencia
de amplias sub-clases obreras; se consiente un nivel de impunidad
jurídico-policial que causa sonrojo en instancias internacionales, donde
se nos agrupa con Turquía y Arabia Saudí; se cede el territorio nacional
para facilitar las guerras de invasión de la potencia imperial
norteamericana; se mantuvo largamente el extrañamiento institucional de
los más valerosos miembros de las fuerzas armadas: los militantes de la
UMD, cuya reparación –todavía insuficiente– debería convertirse en un
ejemplo de honestidad y coherencia cívica; se tardó más de siete años en
rechazar el escudo de la ignominia franquista, prueba palpable de la
continuidad golpista; se sigue manteniendo el estatus de familia
especial para la prole del militar que ostenta la jefatura del Estado
sin haber concurrido a elecciones.
INSTRUMENTALIZACIÓN MEDIEVAL DE LA
"JUSTICIA"
Sin ir más lejos, no hace tanto que en la Audiencia Nacional (que es
como ahora se hace llamar el Tribunal de Orden Público), se celebró una
vista oral contra dos dibujantes del rotativo vasco "DEIA", acusados de
injurias al cómplice y sucesor de Franco, imputándoseles el terrible
crimen de haber dibujado una viñeta satírica. Escasos días después, ocho
personas afrontaron idénticos cargos ante el mismo tribunal especial, en
pleno 2007, por el mero hecho de haber quemado una hoja de papel
Estamos en 2007, la inteligencia murió hace siete décadas y cada día que
pasa, la antes temida ruptura democrática, se hace más ineludible. Mirar
hacia otro lado, no cambiará la realidad. La situación descrita
anteriormente se puede resumir como de total ausencia de democracia.
MANIPULACIÓN INFORMATIVA PARA NEGAR
LO EVIDENTE:
EL REINO DE ESPAÑA NO ES UNA DEMOCRACIA
Ausencia de democracia, con el agravante –repecto a la primera etapa del
franquismo–, de que Franco no trató de parecer una cosa distinta de lo
que era: un perfecto hijo de puta; un genocida, traidor, fascista y
tirano. El franquismo se mostraba tal como era, todo lo más, un burdo
intento de hacerse pasar por una "democracia orgánica". El neofranquismo,
en cambio, consciente de que nos encontramos en la Edad de la Mentira,
hace uso de todos los medios puestos a su alcance –que son todos–, para
intentar parecer lo que no es: una democracia, un Estado constitucional
y de derecho. Decir hoy que el Reino de España es un país libre, es
tanto como afirmar que fuimos los rojos quienes quemamos Gernika; o que
el PSOE y ETA tuvieron algo que ver en la terrible respuesta a la
política de agresión impulsada por Bush, Blair y Aznar.
No hay democracia, y no es un hecho casual, es consecuencia de la
continuidad institucional ininterrumpida de la situación creada tras el
éxito militar del macro-atentado terrorista cometido en 1936 por el
Capital y sus brujos, contra la ciudadanía.
A quienes nos acusen de odiar España, cabe decirles que un país no es
una palabra, un país no son dos colores –ni siquiera tres–, un país no
es una estructura de poder, ni un equilibrio de intereses inconfesables.
El alma de un país está en su ciudadanía, para conocer la dignidad de un
país hay que saber cual es el nivel de vida del más humilde de sus
ciudadanos. Tened por seguro que España no es el escudo de una familia
en lo alto del Palacio Nacional.
¿Queréis saber lo que es una injuria a España? Injurioso es que el Jefe
de Estado decida cambiar de yate, mientras mi madre debe esperar durante
cuatro meses para acceder a una cita con un especialista en oncología.
Cuatro meses. No lo llamen demagogia, llámenlo metástasis de Franco.
EL VALOR DE LOS SÍMBOLOS
El país no es un trapo, cierto, pero una bandera es más que eso: una
bandera es un símbolo. Una combinación de colores representa un
significado concreto. Y a distintas combinaciones, distintos
significados. Por eso, decir que todas las banderas son una mierda, es
tanto como decir que ninguna palabra importa. Digo eso, para señalar que
al menos desde 1820, en estas tierras se ha venido asociando el uso del
color morado, a la representación de la Libertad, el pensamiento
ilustrado y el carácter diferencial de la realidad castellana;
sobretodo, por oposición a los colores rojo y gualda, símbolos de la
imposición forzosa, la tiranía militar y la ausencia de democracia.
BASTA DE CONMEMORACIONES, PASEMOS A
LA ACCIÓN:
DESDE LA NO-VIOLENCIA, HA LLEGADO EL MOMENTO DE
CAMBIAR DE BASE, PARA DAR TODO EL PODER AL PUEBLO
Ante la actual situación de franquismo sin Franco, bien podría decirse,
desde el punto de vista de la legalidad republicana, que la guerra no ha
terminado, la guerra no habrá terminado mientras quede un solo ciudadano
consciente de serlo. Concluyó la etapa bélica, es cierto, Franco y los
suyos fueron más eficaces en el arte de la muerte; pero el adiós a las
armas no supone una renuncia a la razón: es hora de la batalla de las
ideas, de las palabras y los votos.
LAICISMO: CUESTIÓN DE DERECHOS,
CUESTIÓN DE PRINCIPIOS
En Estado moderno, civilizado, democrático, constitucional y de derecho,
no puede estar sometido ni conservar vínculos irracionales con ningún
credo. El laicismo es nuestra garantía de seriedad y un aval contra el
imperio de lo arbitrario. Digo esto, esta vez, para traer a colación
aquello de que "el rey ostenta la corona por designio divino". De ser
cierto, viviríamos en una teocracia, como Irán, Arabia Saudí, Israel o
Estados Unidos. Digo esto, para realizar la siguiente afirmación: la
monarquía es un credo, y el Estado debe ser laico, entre otras cosas,
para preservar los derechos de aquellos que como yo, nos declaramos
ateos, es decir, fieles al Método Científico.
CONVIRTÁMONOS EN PROTAGONISTAS DE
NUESTRO FUTURO
Por esta y otras mil razones, por todo lo que somos, por la
imposibilidad de permanecer indiferentes ante semejante nivel de
injusticia, en defensa de todos, pero especialmente de quienes sufren
cualquier forma de opresión… aquí y ahora, enarbolar una bandera
tricolor republicana es sinónimo de afirmar: henos aquí, somos El Pueblo
y estamos resueltos a gestionar nuestros asuntos, para trabajar por
nuestras soluciones y convertirnos en protagonistas activos de nuestro
propio futuro, de nuevo, y para siempre.
¡Viva la República!