“De la Utopía a la Realidad: Socialismo en Venezuela”
Prólogo de José Luis
Pitarch al Libro de
Gonzalo Sánchez
UCR
23 de Mayo de 2009
I
El colosal experimento
político de Chávez y la mayoría del pueblo venezolano, su atrevido
caminar revolucionario sorteando conspiraciones de los poderes “de
siempre”, golpes de estado, emboscadas exteriores e internas, es, a la
vez que una ingente realización política, un ejemplar proyecto y
acontecimiento moral, ético, humano.
Conocemos varias
definiciones de “política”, a menudo poco o nada inocentes. Ya Niccolò
Machiavelli (nuestro “Maquiavelo”) explicaba que lo político y lo moral
constituían mundos distintos. Pero su gran inteligencia, frescura
intelectual y cinismo quizá no previeron, hace medio milenio, hitos como
la II República española o la V venezolana, verdaderas conjugaciones de
la moral y la política, paradigmas históricos del empeño de redención de
un pueblo expoliado por sus clases dirigentes (la República española de
1.931, truncada por el fascismo mussolini-hitleriano; y, lo que es peor,
por la renuencia de las democracias occidentales a apoyar a una nación
hambrienta de justicia, instrucción, dignidad; temo que esta segunda
parte se repite con la República Bolivariana de Venezuela).
Todo lo cual no
significa que aquel gran intento español de hace tres cuartos de siglo o
el actual venezolano no cometan errores. Quien no yerra no se enseña,
cuenta el refrán. Pero la esencia más genuina de la Quinta República, de
Zulia a Delta Amacuro y Guayana, del Distrito Federal a Bolívar y
Amazonas, es, como señala Gonzalo Sánchez desde el primer párrafo de
este libro, garantizar las libertades y garantías democráticas que
permitan al pueblo participar “directamente en los asuntos públicos”.
Llevando a cabo todos los esfuerzos para acabar con el hambre, el
analfabetismo, la falta de atención sanitaria, que han retenido a la
gran mayoría, por siglos y siglos, en la condición de sub-ciudadanos.
Mientras una infame oligarquía, heredera del colonialismo hispano, se
repartía el fruto del sudor de un pueblo que reventaba de miseria y
desesperanza.
Gonzalo Sánchez es un
joven investigador que ha estudiado Derecho y Ciencias Políticas, en
Madrid y en Salamanca. Casado con Ana Graciela, venezolana, ha podido
comprobar, no sólo por sus estudios y lecturas, la parcialidad anti-revolución
bolivariana de muchos medios de comunicación, lo que le ha llevado a
escribir artículos y ahora el presente libro, como una necesidad
personal, política, de conciencia. Con él pretende, según me escribe,
“hacer pensar a quien lo lea”, y “no que se crean a pies juntillas lo
que yo digo”, sino que traten de comprobarlo, frente “al dogmatismo que
promueven los grandes medios capitalistas para mantener intactos los
privilegios de los dueños de esos medios, que no son otros que los que
forman la injusta oligarquía mundial”.
Tomando prestada una
expresión a Santiago Alba, Gonzalo Sánchez tiene algo que decir, y tiene
los recursos mentales para decirlo. Para mostrar cómo los venezolanos
han dejado de ser silenciados, ascendiendo a protagonistas de su propia
historia, reclamando su honra personal y colectiva casi eternamente
pisoteada. He aquí el camino de la revolución en su mejor sentido, de
avanzar hacia ese horizonte que llamamos utopía. Horizonte de justicia y
plenitud de derechos humanos para todas las mujeres y hombres, no para
unos sí y otros no, que es la infame discriminación en que se asientan
el llamado “orden mundial” y la autodenominada “comunidad
internacional”, logotipo tan usado por quienes no dudan en excluir del
presente y el futuro a la mitad de la humanidad.
Resumiendo en pocas
palabras, Venezuela, con decisión y conciencia de lo que hace, a veces a
tientas, descubriendo, inventando caminos --“se retrocede con seguridad
pero se avanza a tientas”, dice Benedetti-- abre senderos, exporta
futuro y dignidad a los países de su área latinoamericana, y a los de
todas las latitudes del planeta. A tientas a veces, con errores a veces,
sí, y es lícito hacer crítica de ellos. Mas crítica como análisis,
discusión, razonamiento. No las críticas con condena decidida antes de
empezar el análisis, como en esos juicios falseados donde la sentencia
se encuentra escrita previamente a comenzar el mismo.
A Chávez y su
refundación democrática del Estado los han condenado por anticipado
todos los sucesores de los antiguos traficantes de esclavos, los capaces
de tirar bombas atómicas sobre población civil, o quienes ejercen el
terrorismo de Estado en Irak y Palestina, así los ex presidentes Bush y
Aznar, grandes compinches de ese gran traidor a su propio pueblo,
el ignominioso Pedro Carmona. A todos los citados les gustaba más
un sujeto como Carlos Andrés Pérez. Con él hacían mejores “negocios”.
¿Pero y el pueblo? El pueblo, decía Louis Blanc, despertó asustado con
el ruido de pasiones que no eran las suyas.
No importa a los
citados que don Hugo gane democráticamente una y otra y otra elección y
referéndum durante más de una década. No aceptan que democráticamente
transforme la inane realidad anterior venezolana y redima a las masas
populares, no les interesa que luche contra el latifundio depredador,
que traiga sanidad, escolarización y comedores gratuitos, acceso de los
humildes a la Universidad y a la vivienda, atención a los
discapacitados, reconocimiento y ayuda a los pueblos indígenas,
emancipación de la mujer oprimida por el patriarcado, cumplimiento del
Protocolo de Kioto sobre medio ambiente.
Les enferma, en
cambio, su liderazgo carismático incontestable, el cual no hay que
enjuiciar o calificar desde unos esquemas europeo-occidentales sino con
perspectiva de la América entre el Río Bravo mexicano y la Tierra del
Fuego. El “Aló Presidente”, en sus coordenadas, no sería tan
diferente de nuestro celtíbero “Tengo una pregunta para usted”,
recoge el autor de este libro. Y Chávez es un hombre de origen popular
que conecta chipén con la mayoría de sus compatriotas, con sus
necesidades y sus ilusiones. Desde dicha perspectiva, pues, Chávez es un
nuevo “libertador”, y su mayoría o legitimidad de gobernante dimana
sobre todo de los sectores populares, a los que transfiere inmensos
recursos económicos que antes sólo engrosaban los bolsillos y cuentas en
paraísos fiscales de unos pocos. ¿Cómo le van a perdonar?
Por lo demás, son
legión las verdades a medias o falsedades vertidas contra el Gobierno de
Venezuela. Lean, verbigracia, entre las tergiversaciones que narra
Gonzalo Sánchez, la “información” en mass media de que Hugo
Chávez había eliminado de la programación televisiva la serie de “los
Simpson” emitida por una cadena privada. “Yendo a la página web de
la cadena, observamos cómo Los Simpson se emitía a las siete de
la tarde de los lunes en la semana de comienzo de abril de 2.009”. En
cuanto a la RCTV, no es cierto que “fuese cerrada”: “se le retiró la
concesión para emitir por cobertura pública, debido a que apoyó el golpe
de Estado de abril de 2.002, pidiendo el asesinato del Presidente de la
República. Y sigue emitiendo por cobertura privada”.
II
Ya debiéramos ir
terminando esta introducción, andamos por más de mil palabras, y no es
uno el autor sino modesto telonero. Me limitaré a algún tema imposible
de obviar, y que el lector, si quiere, discurra. Servidor aspira a lo
mismo que Gonzalo Sánchez: a que el lector --es decir, el pueblo
supuestamente soberano-- “piense”, deduzca, entienda. Y, en tal
propósito, uno confiesa su adicción a la mayéutica, voz derivada del
griego “maia”, partera; la cual no pare, no da a luz, sólo ayuda
a quien pare, que es la protagonista, la heroína del trance. Aquí el
actor, el parturiento, es la lectora o lector de este libro, quien de
las uvas de los datos y hechos que éste expone podrá sacar el vino de
moralejas y aprehensiones. Este mayéutico prologuista sólo aspira a
meter en calor al lector, a tentarle a que analice y descubra por sí.
El leyente, confiamos,
se dará cuenta de que la operación política del chavismo-bolivarismo
es de muy alto voltaje. Se trata nada menos que de la dualidad o
dialéctica, y del tanto por ciento de compatibilidad, entre la
democracia representativa y la democracia participativa. En España nos
sentimos “oficialmente” muy ufanos de aquélla, pero la realidad o
práctica nos muestra un grave deslizamiento hacia la partitocracia,
con una ley electoral poco democrática, las famosas listas cerradas y
bloqueadas, la “lealtad” u obediencia del político, el representante de
los ciudadanos, el cargo público, a la cúpula del partido antes que al
pueblo, antes que a sus propios electores, especialmente en cualquier
momento crítico. En suma, el “partito” como norte, por encima del
“demos”. (Ahora mismo tenemos en Valencia, donde escribo, el
esperpéntico y falaz apoyo, prietas las filas, recias, marciales, de los
políticos del PP al imputado y sospechoso presidente Camps, cuando todos
ellos saben lo que saben, o lo deducen mediante simple silogismo. E ídem
de ídem respecto al jefe provincial de tal partido en Castellón, el
conocidísimo Fabra de las cien cuentas bancarias secretas, entre otras
lindezas sub judice).
En Venezuela, hay
mucha más cuota de democracia participativa, lean el libro. Y hay un
rescate enorme de la soberanía nacional, sin bases militares extranjeras
por ejemplo, conque tentémonos las ropas antes de sentirnos demasiado
superiores. Por no hablar del enorme poder y beligerancia política, acá,
de la Iglesia. Y no digamos de la banca. Como describe Adela Cortina, en
nuestro soberbio sistema no ha funcionado el marco institucional
encargado de controlar las tropelías financieras, los banqueros han
arriesgado hasta el desiderátum el dinero ajeno, convencidos de que a
ellos les sacarán las castañas del fuego, y pagarán los más débiles,
unos que se quedaron sin trabajo, otros que no pueden pagar la hipoteca
de su casa, los de más allá que han tenido que cerrar su pequeña
empresa. Déjenme añadir que la actual singladura de Venezuela echa
importante cuarto a espadas sobre esenciales dimensiones de un sistema
mundial necesitado de mucha más justicia y solidaridad.
No ignoro que las
comparaciones son odiosas, y que Venezuela no es el paraíso. Pero muchas
de sus extraordinarias “Misiones” (véanlo en este libro), de sus
televisiones y radios comunitarias, sus cooperativas, sus consejos
comunales, recuerdan aquellas dignísimas “Misiones pedagógicas” de la II
República Española, recuerdan a “La Barraca” y el proyecto
de educación, cultura y arte para el pueblo de aquel noble régimen
aplastado por el fascismo. Que, al igual que la República Bolivariana,
vino a proclamar, frente a la ignorancia y el atraso, la cultura y la
toma de conciencia. Mas ¡qué arduo enfrentarse a la gran bestia de la
Inercia, la Injusticia y el Silencio, de las estructuras de poder de
siempre!
España, permítanme
manifestar por si genero equívocos, es el país en que uno desea vivir,
el mío (dicho respetando a quienes no se sientan españoles, mientras no
tiren de pistola y bomba, y conociendo que tanto el Artículo 1º de la
Carta de Naciones Unidas como el Art. 1º del Pacto Internacional de
Derechos Civiles y Políticos prescriben el derecho a “la libre
determinación de los pueblos”; dicho creyendo que el futuro español es
la República Federal). Mas no alardeemos inmoderadamente de ser parte de
la “Europa avanzada”, no critiquemos con virulencia las imperfecciones
de la V República de Venezuela cuando aquí (por no hablar de los grandes
financieros manguis de USA) aún nos bañamos en mares, más que
lagunas, de corrupción, heredada (¡ah la Inercia!) de tantas dictaduras
y dictablandas. ¿Y nos atrevemos a exigir pureza infinita e inmediata en
Venezuela, que está saliendo de una noche mucho más negra?
Mañana mismo, declara
como imputado el Presidente de la Generalitat Valenciana, por presunta
corrupción. Y el juez tiene también bajo el ojo a una decena de
“Consellers” (ministros del Gobierno autonómico) y a otros altos
cargos, por los contratos con la corrupta Orange Market
realizados en probable fraude de ley, troceándolos (“al menudeo”) para
burlar la fiscalización previa, la publicidad, la libre concurrencia, y
por ende a la Sindicatura de Cuentas y a las Cortes Valencianas, como
señala el competente periodista F. Arabí. Contratos por mil y más
millones de las antiguas pesetas, adjudicados a dedo a la franquicia
valenciana del conocido Sr. Correa de la trama o caso Gürtel (lo de “los
trajes” es el chocolate del loro). Sin entrar a hablar de la corrupción
urbanística en las costas mediterráneas y otras, denunciada incluso por
el Parlamento Europeo.
No es mi mayor deseo
hacer comparaciones, reitero, sólo señalar los escándalos farisaicos
respecto a Venezuela (¡cuán poco denuncian, los mismos fariseos, las
enormes corrupciones e impunidades de su vecina Colombia!). Por ejemplo,
censurar que Chávez lleve once años sobre la tarima, y olvidar a la vez
que Felipe González estuvo catorce, y aspiraba a más. Y Juan Carlos
lleva treinta y cuatro, y pretende que su hijo le suceda. Dobles varas
de medir, doble moral, doble conciencia. Babosadas, chochadas, dirían
quizá en El Salvador o Nicaragua.
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José Luis Pitarch es Profesor
de Derecho Constitucional y Vicepresidente de Unidad Cívica por la
República