P.H.R - Madrid
Publico
25 de Octubre de 2009
|
"Hay muchos
poetas en Alberti", dice Pere Gimferrer,
que se recupera en casa de su susto en el
último Premio Planeta. Fue su amigo, tuvo
una estrecha relación con el poeta de Puerto
de Santa María y trabaja desde hace años en
recuperar su memoria poética, un tesoro que
todavía no ha dado todos los frutos que
podría parecer ofrecer la intensa producción
del autor de Sobre los ángeles (1929).
Pere Gimferrer explica la laboriosa y lenta
entrega a la que se ha sometido para rematar
la primera edición crítica de las memorias
del poeta de la calle. "Será la
primera y única edición crítica que se
conoce de
La arboleda perdida, con capítulos no
incluidos nunca antes, otros inéditos y
borradores desconocidos", más de 1.000
páginas publicadas por Seix Barral en las
próximas semanas. |

Cuando se cumplen diez años de la
muerte del poeta de la calle y su herencia
se mantiene vigente entre los jóvenes
autores, que reconocen sentirse más próximos
a su obra surrealista. |
Estas
memorias aclararán tanto partes de su labor poética
como de su vida. Será la edición que los poetas
jóvenes no conocían.
Ellos saben lo que todos, las mil caras de Alberti:
el más experimental, con
Sobre los ángeles,
Yo era un tonto y
lo que he visto me ha hecho dos tontos o
Cal y canto
(ambos de 1929). "Yo soy muy fan de Alberti
escribiendo sobre Buster Keaton -cuenta el poeta
Alberto Santamaría (Torrelavega, 1976)- por su unión
con el cine, porque usaba al actor en su propio
beneficio del poema, porque empieza a usar la
imaginería surrealista y la fuerza de las imágenes y
las metáforas es mucho más potente".
Irónico, social y emocionante
Si hay una
cara duradera de
Alberti frente a otras esa es precisamente
la surrealista,
la que reconoce como propia Alberto Santamaría y
Elena Medel (Córdoba, 1985): "La parte más popular
no me gusta nada. Es el tono surrealista el que
muestra la libertad con la que estaba actuando
Alberti. Son libros en los que hace realmente lo que
le da la gana. Sobre los ángeles es un libro muy
libre". Pero ese tesoro intacto de Alberti no
termina de asombrar a los más jóvenes, porque, como
explica Medel, "todavía está muy cerca". De hecho,
el próximo miércoles se cumplen diez años de su
fallecimiento, y la poeta cordobesa cree que le
falta tiempo y distancia para que los más jóvenes
quieran rescatarle como sea.
El Alberti popular
también gusta. Autoras como María Eloy-García
(Málaga, 1972) se sienten conmovidas por su poesía
social. De hecho, es heredera evidente de
Coplas de Juan
Panadero (1949) o de
El poeta en la
calle (1966), como ella misma se atreve a
avanzar. "En este país le han hecho más caso los
cantautores que los propios poetas. A mí me gustaría
escribir un poema social tan redondo como los suyos.
Es emocionante lo que dice, cómo lo dice, cuándo lo
dice... y como tiene ese tono irónico y social han
preferido olvidarse de él. Es lo mismo de siempre:
la parte más experimental es más reconocida porque
se trata de poesía y hay que quedarse con lo más
alto y lo más lírico", aclara para reconocer que si
se lleva algo de su poesía es el tono llano y
sencillo.
Ese
Alberti vestido de cotidiano y popular es por lo que
empieza a recordarle Benjamín Prado (Madrid, 1961).
La poesía urgente, la poesía para el pueblo, la que
escribía para todos los lectores. "En mi opinión es
uno de los grandes poetas de la historia de la
literatura. Es posible que los más jóvenes vean en
el Alberti surrealista al ejemplo vigente", dice.
"Definitivamente, sí", tajante Luis Muñoz (Granada,
1966), poeta y secretario de Alberti. "Es un poeta
que no pierde el frescor, es un clásico. Yo creo que
hay dos lecciones en la poesía de Alberti que muy
bien pueden servirnos hoy: la pasión y la curiosidad
sin límites por el tiempo que le tocó vivir, que es
decir mucho en un siglo tan tremendo como el XX, que
él vivió casi entero, y la idea de la poesía como un
género abierto, repleto de posibilidades, sin
miserias dogmáticas. La variedad de su poesía es un
manifiesto", y aclara que fue un gran poeta de la
forma.
Cuestión de estética
La forma
sobre la estética. La poesía por encima de la
política. "Los que reivindican a Alberti no lo leen,
tan sólo es para ellos el camarada Alberti", explica
molesto José Daniel García (Córdoba, 1979), para
quien su parte experimental es la única parte de la
obra del poeta en la que no sacrifica la estética
del poema en beneficio del discurso.
"Para mí está a la altura de
Poeta en Nueva York
de Lorca. Por ejemplo, Sobre los ángeles
profundiza en la musicalidad de los sonidos, pero
con imágenes profundamente experimentales.
Revitaliza la vanguardia desde la tradición".
Quizá por
ese mismo motivo a Sofía Rhei (Madrid, 1978) le
interesa tanto A la
pintura, Poema del color y la línea (1968). A
la poeta no le cuesta reconocer la principal valía
de Alberti en "la capacidad de convocar imágenes
complejas. Esa trabajada e inspirada cualidad
pictórica, más que fotográfica. En ese libro se
muestra como un artista potencial, suspendido entre
el deslumbramiento y el deseo".
Para Pablo
García Casado (Córdoba, 1972) es
Alberti un poeta que
se ha leído bien, que no está ni denostado, ni
rescatado por los jóvenes, "pero sí
respetado". A él también le interesa menos el
Alberti de Marinero
en tierra (1925). Justo lo que pensaba Pere
Gimferrer (Barcelona, 1945), que a pesar de la
poética de cada cual, los más jóvenes siguen
acercándose al poeta gaditano a partir de la
experimental. "Sí, es su poesía más duradera. No
puede envejecer porque no es un surrealista de
escuela y estricto manual", apunta.