Antonio Durán
Nueva Tribuna 20 de
Mayo de 2009
Cuando
todo apuntaba al pase televisivo, se ha
estrenado en España el último documental
de Michael Moore. Este retraso ha
ocasionado dos cosas: por un lado que la
película haya perdido gran parte de su
vigencia. Y por otro, debido al apogeo
del pirateo en internet, la mayor parte
del público potencial al que va
destinada la cinta seguramente la ha
visto ya...
Dicho esto, Michael Moore es uno de esos
cineastas capaces de lo mejor y de lo
peor. Lo mejor, cuando se pone tras la
cámara y lo peor cuando se pone delante
de ella. Si se limita a contar los
hechos con ironía, crudeza, pasando del
humor a la tragedia, todo marcha. Pero
si le ven aparecer en la pantalla como
martillo del capital, mejor salir
corriendo.
“Sicko” denuncia lo indefendible del
sistema sanitario estadounidense, donde
la gente se muere por no poder pagar la
factura del hospital. Durante la primera
parte muestra como se fundó este
sistema, quien está interesado en que se
mantenga y sobre todo, el cruel e
inhumano trato a los pacientes. Si el
espectador abandona la sala en este
momento, estará seguro que ha visto una
buena película. Pero si aguanta y llega
a ver cuando Michael Moore entra en
escena, la película le parecerá un
verdadero delirio.
La visita a Londres y París hace que los
espectadores europeos se lleven las
manos a la cabeza literalmente (es lo
que la gente hace en el cine cuando
llega este momento) y la visita a Cuba y
Guantánamo hace frotarse las manos a
todos los detractores del cineasta.
El final, con Michael Moore donando
dinero a uno de sus enemigos de manera
altruista, hace pensar que,
desgraciadamente, el realizador ha
perdido el norte por completo. Una
verdadera lástima.
Aún así, por la primera hora de metraje
y lo necesario de denunciar este tema,
merece la pena acercarse a verla.