Sabina, aún busca escribir la canción más
hermosa del mundo
Álvaro
Ramírez Velasco
E- Consulta
11 de
Noviembre de 2009
Presenta el
17 de noviembre su nueva producción Vinagre y Rosas
Con 50 y
diez años en los huesos, dueño aún de una "mala salud de hierro",
José Ramón Martínez Sabina ha decidido romper un
silencio de cuatro años, para presentar un nuevo disco de estudio.
El 17 de
noviembre, sale a la luz Vinagre y Rosas, una
producción con la que Joaquín Sabina –como es mejor
conocido- vuelve momentáneamente al sonido casi ochentero que hizo de su
memorable Mentiras Piadosas, uno de los discos más
venerados por sus seguidores.
El español,
que según sus propias palabras ya sólo utiliza la nariz para respirar,
muestra así que no solamente ha sobrevivido al riesgo latente de la
cirrosis y la sobredosis, sino que es capaz de reinventarse en lo
profesional, o al menos regresar con decoro a las raíces que le ha
sembrado en la mente y el corazón su descarada admiración por
Bob Dylan.
Con esta
edición supera -al menos así se antoja en el sencillo Tiramisú
De Limón- la rima fácil y la escasa imaginación musical que
evidenció en su anterior entrega, Alivio de Luto, y que sembró el temor
en sus fans de que había perdido el toque mágico y maravilloso, que lo
ha convertido en el mejor letrista español de todos los tiempos.
Con su ya
clásico bombín y sin maquillaje en la voz, Sabina
retoma también las giras, que comenzarán, casi en paralelo a la
aparición del disco, el próximo 20 de noviembre en Salamanca, España,
para recorrer luego buena parte del Estado Español con el cabo de 2009.
Luego, el flaco de Úbeda comenzará el año con presentaciones en
Argentina y, de ahí, llegará a México.
Sabina,
quien ya tiene 60 años a cuestas, representa la vanguardia de una
generación de artistas españoles que, más allá de los rostros perfectos
y los cuerpos esculturales, venden arte, sólo eso, arte, y hacen de ese
país la envidia de muchos otros, como México, en donde abundan los
cantantes y actores de plástico, sin talento, ni inteligencia.
Muchos de
aquellos artistas españoles de la llamada Generación de la
Movida, sufrieron los coletazos del régimen del generalísimo
fascista Francisco Franco (Ferrol, La Coruña, 4 de
diciembre de 1892 – Madrid, 20 de noviembre de 1975), como es el caso de
Sabina quien estuvo exiliado 7 años en Londres. Ellos,
y de ellos principalmente Sabina, fueron los fundares de una nueva
moral, sensibilidad, ideología y actitud en España.
De hecho,
mucho del amor de Sabina por México, más allá de ser la tierra de su
venerado José Alfredo Jiménez, de los mariachis y del
tequila, viene por el cobijo que nuestra nación le dio a los
republicanos españoles que se exiliaron, para salvar la vida de las
armas del fascismo. "Es un placer cantar en este Zócalo, al lado del
Palacio (Nacional), desde donde Lázaro Cárdenas dijo
traigan los barcos cargados de republicanos españoles", recordó Joaquín
Sabina en su presentación en el Zócalo de la ciudad de México, en el año
2000.
Congruencia
política
Joaquín
además ha sido capaz de mantener una posición política, con la que se
puede estar o no de acuerdo, pero que destaca por su congruencia
y valor. Lo mismo les ha llamado "hijos de puta" a Bush
y a Tony Blair; ha marchado en España en contra de las
invasiones a Medio Oriente; en México, en su momento, se manifestó a
favor de López Obrador, cuando la época del desafuero
y, ha sido un enamorado del movimiento del Ejército Zapatista de
Liberación Nacional (EZLN), con cuyo líder, el subcomandante
Marcos, mantuvo por un tiempo un intercambio epistolar que los llevó a
escribir a cuatro manos la letra de la canción Como un dolor de muelas,
contenido en su disco Dímelo en la calle (2002).
Y a pesar
de ser un "rojo de mierda", como lo descalifican los derechistas
españoles, ha sido capaz, con la mayor de las gracias y tolerancia, de
sentarse a la mesa con el habitante de Los Pinos, Felipe
Calderón Hinojosa, quien paradójicamente es uno de sus mayores
fans, junto con el ahora presidente del PAN, César Nava Vázquez.
Y es que
resulta paradójico que el hijo de un cristero y un panista de cepa, con
formación moralina y catolicismo trasnochado, veneren a un hombre de
izquierda que, desde hace años, ha declarado que lo suyo, lo suyo, es el
"whisky sin soda, el sexo sin boda" y que
"sopló la raya del amanecer" por tantos años. Paradójico, pues.
Sobre el
nuevo disco de Sabina, Vinagre y Rosas, escribió recientemente el poeta
Luis García Montero:
"Han pasado
31 años, ha publicado 18 discos de los que ha vendido más de nueve
millones de ejemplares y en eso sigue Joaquín Sabina, cuidando y
puliendo las palabras. Tiene el gen, y las 14 canciones Vinagre y rosas
lo confirman por decimonovena vez…
"Hoy, con
60 años a cuestas (Viudita de Clicquot, una de las canciones deVinagre y
rosas, da fe de ello), Joaquín Sabina sigue
desnudándose en sus canciones escéptico y utópico, real y fantástico,
nunca complaciente. Como siempre, mete el dedo en la llaga y jamás sale
seco. Las canciones de Joaquín son vida y tienen el callo que da la
nostalgia, la decepción y la ilusión, mezcladas en proporciones
diferentes en las canciones de un álbum inspirado, emocionante y
despojado. En Vinagre y Rosas, el pan sigue siendo pan
y el vino, vino".
Pero bien,
las cosas no son eternas y Sabina, con 60 años, está llegando
inexorablemente al final de su vida. ¿Cuánto más vivirá un hombre que se
ha dado tantas licencias hedonistas? No lo sé. Diez años, quince más.
¿Cuánto más podrá saltar en los escenarios? Imposible saberlo.
La buena
noticia es que el maestro Sabina ha recuperado el toque
y, aun con ese aroma y hasta look bobdyliano, es bueno verlo de nuevo,
con la pluma lacerante de oro, que teje palabras, pensamientos y sueños;
que dice las cosas como son, sin eufemismo, pero siempre envueltas en la
brillantez. Aquella pluma y guitarra que siguen buscando escribir la
canción más hermosa del mundo.
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