Libros: La
reforma militar de Azaña, de Michael Alpert
2 de Diciembre de 2009
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La reforma militar de Azaña,
cuya segunda edición ha editado Comares
dentro de su colección 'Comares /
Historia'. Sobre esta obra, cuya primera
edición, lanzada por Siglo XXI, data de
1982, el historiador dice en la
introducción: "La obra militar de Azaña
ha sido tratada con hostilidad por los
historiadores, y aun los resúmenes más
someros de la historia contemporánea de
España rara vez omiten decir de Azaña
que trituró al Ejército, añadiendo a
veces opiniones tópicas sobre sus
motivos. Este trabajo, no obstante, no
se ofrece como una defensa polémica de
Azaña. Sólo busca definir la naturaleza
del pensamiento militar de Azaña, y
comentar su aplicación, sobre el fondo
de las exigencias bélicas de España y el
de las limitaciones impuestas por el
nivel social, político y económico del
país en aquella época. |
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Valentin Gómez "El Campesino" y el
General Miaja |
Michael Alpert es el autor del libro
Además, ningún estudio sobre las
reformas militares de Azaña puede evitar
el examen a fondo de las críticas
expertas contemporáneas. Sólo así puede
entenderse lo que Azaña se proponía
realizar. La reforma de Azaña dejó honda
huella en la mente de la oficialidad
española. Para algunos, que aceptan
todavía la versión heredada, Azaña sigue
siendo el monstruo, sospechoso de
invertido, que trituró al Ejército por
razones puramente sectarias, dejando a
España indefensa, a fin de prepararla
para su entrega a la masonería y el
bolchevismo". |
El autor dice también: "En los
primeros treinta años del siglo XX, en España,
raras veces ocupó un ministro la cartera de
Guerra más de unos meses. Manuel Azaña, por el
contrario, permaneció en el Palacio de
Buenavista, sede del Ministerio, durante dos
años y cinco meses, siendo también presidente
del Consejo de Ministros la mayor parte de este
tiempo.
Entre el 14 de abril de 1931 y el 12 de
septiembre de 1933, fecha de su dimisión, Azaña
decretó, y las Cortes Constituyentes de la
Segunda República Española aprobaron, lo que fue
la mayor y más profundamente meditada reforma de
la época. Cuando el 18 de julio de 1936 se
produjo la sublevación militar que sumió a
España en una guerra civil, poco quedaba de los
otros caballos de batalla progresistas: la
tenencia de la tierra y la separación de la
Iglesia del Estado. La Reforma Agraria había
sido desbordada por la apremiante sed de tierra
de un campesinado propicio a la acción
revolucionaria. Las órdenes religiosas seguían
enseñando a pesar de la Ley de Confesiones y
Congregaciones Religiosas, abandonada por los
gobiernos radical-cedistas de 1934 y 1935. Pero
la reforma militar de Azaña seguía en pie, con
muy ligeros retoques añadidos por los ministros
Diego Hidalgo y José María Gil-Robles. El 18 de
julio de 1936, por lo menos en aquellas
guarniciones donde triunfó la sublevación, era
evidente que el Ejército constituía una fuerza
coherente y bien o al menos decentemente
pertrechada. Si el relativo buen estado del
Ejército se debía a las mejoras recientes
efectuadas por Gil-Robles en 1935, creemos poder
demostrar, no obstante, que la obra del jefe de
la CEDA sólo pudo realizarse gracias a la labor
de Manuel Azaña y no a pesar de ella. Pero otros
reconocen que las tres tareas fundamentales
acometidas por Azaña reducir el exceso de
oficiales, adecuar el Ejército a las necesidades
y posibilidades de España y despolitizarlo
siguen teniendo actualidad. Hoy día es notable
el renacimiento del interés por lo que hizo
Azaña en 1931-1933. En parte para contribuir a
satisfacer este interés, se ha efectuado esta
investigación.
Nos proponemos examinar en detalle las
principales líneas de la reforma: el retiro
voluntario de oficiales y suboficiales, la
reforma orgánica del Ejército, la reforma del
reclutamiento de la oficialidad, la creación del
Arma de Aviación, el establecimiento del Cuerpo
de Suboficiales y la separación del Ejército de
esferas de la vida que en opinión de Azaña
deberían de ser puramente civiles. Enfocamos la
cuestión desde varios aspectos:
a) La reforma de Azaña se llevó a cabo
dentro de un marco europeo de pensamiento
militar, de modelos de organización y de opinión
sobre la relación entre la sociedad y sus
fuerzas militares. A una consideración de las
reformas de Azaña debe proceder, por
consiguiente, un estudio de las cuestiones
militares de la época, incluyendo un breve
examen de cómo se reflejaban en los principales
ejércitos europeos y cómo se veían desde España.
b) Azaña no era ajeno a tales cuestiones
militares. Al contrario, había examinado a fondo
la cuestión militar como resultado de su
estancia en Francia y sus visitas a los frentes
durante la primera guerra mundial. Si los
móviles que le impulsaron a reformar el Ejército
eran «correctos» (palabra que tiene su carga de
subjetivismo si se aplica a la política y al
trabajo del historiador cuando considera esta
política) es otra cuestión. Pero no puede
decirse que Azaña y sus colaboradores
emprendiesen la tarea sin estar preparados para
ella. Un estudio de la reforma de Azaña debe
considerar esta preparación en algún detalle.
c) Hacía más de cuarenta años que los
ministros de la Restauración, comenzando por el
general Cassola y pasando por López Domínguez,
Luque, Marina, De la Cierva, Alcalá-Zamora y
Primo de Rivera, se esforzaban por reformar las
más obvias deficiencias del Ejército español.
Azaña debe ser considerado como un hito en el
camino. A continuación, Gil-Robles efectuó
ciertos cambios. Después de la guerra de
1936-1939, los ministros de Franco se
enfrentaron con los mismos problemas,
modificados, naturalmente, por las
circunstancias del momento. De ahí que se
imponga un estudio de las reformas del Ejército
español en la coyuntura de 1931.
Sobre la reforma Azaña hay abundantes
fuentes, aunque no todas las que el estudioso
desearía. De Azaña hemos empleado, tomados de
las Obras completas?1, Los estudios de política
militar francesa, varios artículos periodísticos
y conferencias sobre Francia y España,
especialmente Memorial de guerra y La Dictadura
en España. Los Diarios íntimos y los
Cuadernillos de apuntes ofrecen entresijos muy
interesantes. Para las Memorias políticas,
fuente integrante y aleccionadora, pero
decepcionante por sus omisiones y por haber sido
escrita aparentemente con vistas a su
publicación, hemos empleado la edición de la
Editorial Alfrodisio Aguado?2, por ir las
Memorias intercaladas con los Discursos. Las
referencias a las Memorias, sin embargo, se
citan según sus fechas.
Los Discursos ofrecen el pensamiento de
Azaña refinado y puesto a punto con fines
oratóricos. Es cómodo estudiarlos en una edición
de las Obras, pero nos ha parecido más apropiado
leerlos también en su contexto, es decir, en el
Diario de Sesiones de las Cortes Constituyentes.
Sin embargo, Azaña apenas tomó parte en los
pocos debates que hubo sobre la cuestión militar
en las Cortes Constituyentes, en las cuales
participaron principalmente militares como el
general Fanjul, y Tomás Peire, con escasa
asistencia de los diputados. Es notable, además,
que cuando Azaña hablaba en las Cortes sobre el
Ejército no se le interrumpía, honor raramente
concedido en aquella legislatura. Por esta razón
nunca se vio obligado a contestar exabrupto. Los
Consejos de Ministros también aprobaron los
decretos de reforma militar sin discusión 3. En
consecuencia, las discusiones políticas no dan
idea de lucha ni forcejeo, donde hubiera podido
verse a un Azaña luchando e improvisando en el
calor del momento.
Examinar la reforma militar de Azaña
requiere investigar las manifestaciones de
hostilidad hacia ella. Por tanto, hemos
considerado un muestrario de la prensa, en
especial de la prensa militar de la época,
además de obras que examinan y atacan la
reforma, tales como las del general Mola 4 y de
los jefes y oficiales Cebreiros 5, Pérez Salas 6
y Antonio Cordón 7. También es importante
consultar lo que otros ministros de la Guerra
han escrito de sus períodos de responsabilidad,
como Niceto Alcalá-Zamora?8, Juan de la Cierva
9, Diego Hidalgo 10 y José María Gil-Robles 11.
El decir que Azaña hace talo cual cosa sólo es
útil en el contexto del hecho y en el de la
paralela actuación de otro ministro en semejante
situación. Y en el de cómo efectuaría Franco las
necesarias reformas en los años cincuenta y
sesenta.
En la historiografía española tropezamos
frecuentemente con la ausencia de memorias o
diarios o documentación asequible. Ninguno de
los componentes del Ministerio de la Guerra en
los tiempos de Azaña ha dejado memorias: ni el
subsecretario Ruiz-Fornells, ni el jefe del
Gabinete Militar, Hernández Saravia?11a, ni el
jefe del Estado Mayor, Goded.
La documentación del Ministerio de la Guerra de
1931-1933 no está en ninguno de los archivos
oficiales, ni en el Ministerio de Defensa
Nacional, ni en el Archivo Histórico Militar de
Segovia, donde lógica y nos parece que
reglamentariamente debería encontrarse. Es
posible, por las costumbres de trabajo de Azaña,
según puede colegirse de las Memorias, y por el
cambio completo operado en el funcionariado del
Ministerio al llegar él, que nunca existiesen
documentos tales como órdenes del día, actas de
reuniones de comisiones y juntas, memorandos de
opiniones y borradores de decretos y órdenes
circulares comentados por personas cuyas
opiniones se solicitaran. Puede ser que,
efectivamente, lo único que exista se encuentre
en los expedientes personales de los jefes y
oficiales del Ejército. Si existiese más
material, sólo podemos suponer que desapareció
en el caos del Ministerio en 1936 y en los
trastornos de las mudanzas a Valencia y a
Barcelona durante la guerra civil. La
documentación quizá acabó como combustible de
las hogueras de papeles oficiales antes de que
el gobierno emprendiese el viaje a Francia.
A falta de esta documentación, hemos estudiado
día tras día el Diario Oficial del Ministerio de
la Guerra, que, aunque no da el calor y la
inmediación que hubiéramos esperado encontrar en
los documentos, nos ofrece, en cambio, un océano
de detalles necesarios para reconstruir, en la
medida de nuestras posibilidades, lo que
aconteció. Por otra parte, al ir los textos de
los decretos en el Diario Oficial, este órgano
técnico se constituyó en el vehículo para la
presentación al Ejército del pensamiento
azañista. El Diario Oficial del Ministerio de la
Guerra?12 y los Anuarios Militares de España,
que contienen un pozo inagotable de datos sobre
el Ejército, son instrumentos indispensables de
trabajo.
Queremos expresar nuestro reconocimiento a la
Polytechnic of Central London, hoy Universidad
de Westminster, por la concesión de una
excedencia para preparar parte de este trabajo;
a la British Academy, por una generosa ayuda que
financió un viaje a Madrid para recoger datos; a
los señores generales directores de la Escuela
de Estado Mayor y del Servicio Histórico Militar
en Madrid y al personal de este último; al
lamentado profesor Tuñón de Lara, quien nos
animó a emprender este trabajo, y a aquellas
personas, militares y civiles, que amablemente
nos comunicaron sus consejos y opiniones. La
responsabilidad por lo que se dice en este libro
es, por supuesto, enteramente nuestra".
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ÍNDICE:
PRÓLOGO
Justificación y método
Fuentes
PREFACIO A LA SEGUNDA EDICIÓN
PRIMERA PARTE
EL CONTEXTO
1. La política militar europea, 1870-1914
2. Fuentes y desarrollo del pensamiento militar
de Azaña, 1903-1924
I. ACLARACIÓN DE LEYENDAS
II. EN ESPAÑA Y EN PARÍS
III. 1914-1918
IV. LOS ESTUDIOS DE POLÍTICA MILITAR FRANCESA
V. OPINIONES DE AZAÑA SOBRE EL EJÉRCITO ESPAÑOL
3. La política militar europea en los años
veinte vista desde España
I. FRANCIA
II. ALEMANIA
III. LA PERSPECTIVA DESDE ESPAÑA
4. Las reformas en el Ejército español
I. EL SIGLO XIX. MOVILIDAD Y CATEGORÍA SOCIALES:
EL EXCESO DE OFICIALES
II. LAS REFORMAS MILITARES DE LA RESTAURACIÓN
III. LAS JUNTAS DE DEFENSA Y LA LEY DE BASES DE
1918
IV. LA DICTADURA DE PRIMO DE RIVERA
SEGUNDA PARTE
LAS REFORMAS DE AZAÑA
5. La llegada de Azaña
I. EL EJÉRCITO DE 1931
II. LLEGADA AL PODER Y PRIMERAS MEDIDAS
III. LA PROMESA DE FIDELIDAD A LA REPÚBLICA
IV. CAMBIOS DE MANDOS
6 El decreto «de retiros»
I. EL DECRETO
II. COMENTARIO
III. MODIFICACIONES EN EL DECRETO
IV. RESULTADO DEL DECRETO
V. MOTIVOS DE LOS RETIRADOS Y CAMBIOS
ESTRUCTURALES RESULTANTES
VI. CRÍTICA DEL DECRETO DE RETIROS
VII. ALTERNATIVAS
7. Azaña y los militares: destinos, ceses y
ascensos
I. DESTINOS
II. RETIROS DE GENERALES
III. ASCENSOS
IV. LOS ASCENSOS POR ELECCIÓN
V. LOS ASCENSOS POR MÉRITOS EN CAMPAÑA
VI. RESULTADO DE LA REVISIÓN DE LOS ASCENSOS POR
MÉRITOS EN CAMPAÑA
VII. LA LEY DE RECLUTAMIENTO Y ASCENSOS
VIII. GUERRA CIVIL Y DESPUÉS
8. La democratización del Ejército
I. LOS SUBOFICIALES Y LA ESCALA DE RESERVA
II. LA DEMOCRATIZACIÓN DE LA OFICIALIDAD
III. LOS CAMBIOS DE DIEGO HIDALGO Y DE GIL
ROBLES
IV. LA GUERRA Y DESPUÉS
V. LA ENSEÑANZA MILITAR Y EL CIERRE DE LA
ACADEMIA GENERAL
VI. LA CRÍTICA DE LA DEMOCRATIZACIÓN
VII. EL PAPEL DEL GABINETE MILITAR: LOS DESTINOS
9. La separación del Ejército de la vida civil
I. LA DEROGACIÓN DE LA LEY DE JURISDICCIONES
II. REFORMA DE LA JURISDICCIÓN MILITAR
III. SUPRESIÓN DEL CARGO DE CAPITÁN GENERAL
IV. DISCIPLINA INTERIOR: EL CASO MANGADA
V. LA «TRITURACIÓN» DEL EJÉRCITO
10. Reorganización y modernización
I. LA REORGANIZACIÓN
II. MARRUECOS
III. LA MODERNIZACIÓN: LOS PRESUPUESTOS Y LOS
GASTOS EN MATERIAL DE GUERRA
IV. EL CONSORCIO DE INDUSTRIAS MILITARES
V. AVIACIÓN
CONCLUSIÓN
FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA.