La realidad en la novela
Ramón Pedregal Casanova.
UCR
8 de Agosto de 2009
Un motín de presos en la cárcel de Quatre Camins abre la
novela “El año que tampoco hicimos la Revolución”.
El final del libro lo escriben los datos del 2001 del
Ministerio de Hacienda: “Un 0,16 de los contribuyentes españoles, 53.000
personas, sumaban depósitos declarados a Hacienda por valor de 111.600 millones
de euros hace dos años y medio”.
Entre ese principio de rebeldía de los más desposeídos, y
ese final, la intriga revuelve al lector de una manera o con un mecanismo
literario poco trabajado en la novela contemporánea, el realismo contante y
sonante, nada convencional.
El libro ordena la historia de modo que el lector medio
pueda componer ante sus ojos, de extremo a extremo, lo que sería el mapa
completo de la situación económica y social entre los años 2003 y 2004 en
España.
La voz narrativa no hace un ejercicio personal sino una
apuesta por la claridad, y vierte datos, operaciones empresariales, acuerdos y
desacuerdos, arreglos y escamoteos, envidos judiciales, expresiones abruptas y
expresiones lastimeras, declaraciones que manifiestan obsesión, persecución
ansiosa de objetivos, … Por medio, saltando de fecha en fecha, hace aparición
una denominada familia real, podía ser perfectamente ficticia, que inmortaliza
el extremismo capitalista contra los más desfavorecidos, que bajo presión los
sitúan en la alienación; también el lector alcanza un cierto grado de
enajenación. Es el estilo; en estas páginas de la violación del obrero salta la
borboniconería haciendo esquí, pases de modelos, bautizos, bodas y comuniones,
carreras de veleros, yates, palacio en Mallorca, ágape papal, … el estado de
felicidad hueca; y la lucha de clases sigue endureciéndose, la guerra a las
fuerzas del trabajo se recrudece.
¿Falta de calidad humana? ¿Perversión manifiesta en la
Familia? Llenan las páginas quienes levantan una muralla para protegerla. Los
tratantes de dinero, los delincuentes del tocomocho financiero recubren de
secretismo todo lo que respecta al grupo. Está a resguardo de la Ley, la Ley no
la contempla. Son un Estado colonialista dentro de una cáscara democrática.
Embarcados en las páginas leemos como el huracán
capitalista arrasa al proletariado en tanto en cuanto puede sacarle beneficio,
por eso lo sacrifica y va en busca de otro proletariado; toda su riqueza se la
debe al sometimiento de los trabajadores. Triunfante, el capitalista borra la
tradición obrera y sus principios; la patronal arrea como a presos a los
vencidos: disminuyen los salarios, aumentan los despidos, reducen derechos,
planifican pagar menos a la seguridad social, siempre, siempre, siempre en lucha
contra los trabajadores, que faltos de operatividad y en buena parte dirigidos
por gentes ajenas a sus intereses de clase se deshacen en dispersión social, y
así individualizan el problema.
Considerando los datos que aporta el mismo sistema
informativo del capitalismo a lo largo del libro, se comprueba de manera
fehaciente, que el orden social establecido es peligroso para los trabajadores,
que el poder en las manos de esa clase es un arma que dispara y produce bajas en
las filas obreras todos los días, las desangra, las diezma y siembra el miedo
permanentemente entre ellas. El sistema de batalla que desarrollan los poderosos
en la novela manifiesta una abrumadora complicidad entre el aparato del Estado,
los bancos, las multinacionales y los gobiernos extranjeros, y su quehacer
evidencia el principal objetivo: sacar las riquezas de aquí, y trasladarse a
otros lugares en los que volver a hacer lo mismo. Parecen una pandemia.
Uno lee y puede pensar que el honor de esas gentes del
dinero no sería el que es sin tanta complicidad solapada.
Esta novela no es un examen de conciencia individualista y
hacia dentro, existencial, como acostumbra la novela burguesa, de nuestro
tiempo, por el contrario es una mirada de frente a la realidad y con ella una
disposición de las partes de forma que atañe a la conciencia.
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Título:
El año que tampoco hicimos la Revolución.
Autor:
Colectivo Todoazen.
Editorial:
Caballo de Troya.