Militante comunista, abocado al
exilio parisiense durante la
dictadura brasileña, amigo de
Fidel Castro y defensor del
presidente Lula, Hugo Chávez y
Evo Morales, como arquitecto
Óscar Ribeiro de Almeida
Niemeyer Soares (Río de Janeiro,
15 de diciembre de 1907) siempre
se ha caracterizado por ser un
innovador en las formas
arquitectónicas, con una
obsesión por dotar de curvas al
cemento armado, característica
que lo convirtió en uno de los
precursores de la arquitectura
moderna. «Cuando me encomiendan
un edificio público, intento
hacerlo bonito, diferente, que
genere sorpresa. Porque sé que
los más pobres no van a
disfrutar nada, pero ellos
pueden detenerse para verlo y
tener un momento de placer, de
sorpresa. Es esa la forma en que
la arquitectura puede ser útil»,
explica el propio arquitecto en
«Óscar Niemeyer: la vida es un
soplo», un documental de 90
minutos lanzado hace dos años y
que resume su vida y su obra.
En el mismo documental, Niemeyer
admite que las curvas de sus
edificios tuvieron como
inspiración las montañas de Río
de Janeiro y las formas del
cuerpo de la mujer, que no sólo
lo hicieron rebelarse contra los
ángulos rectos sino también
desear una vida longeva. Su amor
por las mujeres lo llevó a
casarse en noviembre de 2006, a
los 98 años, convaleciente de
una cirugía y a escondidas de su
familia, con Vera Lucia Cabreira,
40 años menor y quien fue su
secretaria durante décadas. El
arquitecto se había casado por
primera vez a los 21 años con
Annita Baldo, con la que tuvo
una hija, Ana María, y con la
que vivió 76 años hasta su
muerte, en 2004.
Fue con la mujer como
inspiración que este alumno de
Le Corbusier se convirtió en uno
de los arquitectos más
prolíficos y conocidos del
mundo, con obras en los cinco
continentes y con una ciudad
como galería viva para su arte:
Brasilia, declarada Patrimonio
de la Humanidad por la Unesco.
La capital brasileña, inaugurada
en la década de 1960 en medio de
la nada y bajo los planos de su
amigo Lucio Costa, alberga
varias de las principales obras
de este genio brasileño: el
Palacio de Planalto, el
Congreso, la sede del Supremo
Tribunal Federal, la Catedral,
el Museo Nacional y el Panteón,
entre otros.
En lo político, Niemeyer se ha
caracterizado por ser un
ferviente comunista, razón por
la cual tuvo que exiliarse en
París durante la dictadura
brasileña (1964-1985). En 1966
diseñó sin cobrar nada la sede
del Partido Comunista Francés,
en París, y también tienen su
huella un centro cultural para
Le Havre, las oficinas de la
editorial Mondadori en Milán y,
en Argel, el zoológico, la
Universidad de Constantino y la
Oficina de Asuntos Exteriores.
Entre las últimas obras que
salieron de la plancha de este
igualmente ateo convicto figura
el Centro Cultural Internacional
Óscar Niemeyer, que será
inaugurado en mayo del año
próximo en la ciudad asturiana
de Avilés y con la que el
brasileño agradeció el Premio
Príncipe de Asturias que recibió
en 1989.
En su estudio trabaja por estos
días en el diseño de una torre
de 60 metros para la ciudad de
Niteroi y de la sede de la
biblioteca Árabe-Sudamericana,
en Argel, trabajos que tuvo que
interrumpir durante por las
cirugías a las que se sometió en
setiembre y octubre de este año.
Entre los numerosos premios que
ha recibido destacan el Lenin de
la Paz (1963), el Pritzker
-considerado el Nobel de
arquitectura- (1988), el
Príncipe de Asturias (1989) el
León de Oro de la Bienal de
Venecia (1996) y el Unesco de la
Cultura.