Argenpress cultural 24 de Junio de 2009
El astronómico monto que el Real Madrid ha pagado para obtener los
servicios de Cristiano Ronaldo representa la muerte del fútbol. O,
por lo menos, un asesinato silencioso al espíritu deportivo que
anima la voluntad de los aficionados.
El fútbol, como tantas otras inquietudes humanas que nacieron con el
ánimo de compartir, lleva tiempo padeciendo el cáncer de la
inversión desaforada. Sin embargo, nadie podría discutir que
Cristiano Ronaldo tiene el nivel de los grandes futbolistas; lo que
sí se puede debatir es que, con su actitud represente un aporte
humanístico al deporte. ¿Que el fútbol no es humanismo sino negocio?
Pues, por ese camino la raza humana será la chatarra de un tiempo
futuro.
La negociación que se ha cerrado por los favores del astro portugués
traerá consecuencias abismales para el fútbol. No creo exagerar al
pensar que el grosero contrato provocará decepción en el público y
en los futbolistas que sienten necesidad (existencial) de practicar
el deporte. ¿O acaso la ingenua pasión del ciudadano trabajador no
tiene límites? ¿Cuánto vale la lealtad de un atleta? ¿94 millones de
euros? Quizá, algún día, el contrato de Cristiano Ronaldo sea
recordado como el causante de la muerte del fútbol como espectáculo.
Como contrapeso, el cantante Miguel Ríos afirma que cuando se retire
de la música “volverá a ser amateur”. No se podía esperar un deseo
menos sublime de un maestro del rock como Miguel Ríos. Una
aspiración que le lleva a cerrar el camino con la ilusión del
comienzo, con la mente abierta de un adolescente que está dispuesto
a cambiar el mundo a punta de tropiezos. ¿Qué sería de los humanos
si algún día la banca contabilizara nuestros sueños más íntimos?
Hay en el deseo de Miguel Ríos una necesidad de reinventar el
ejercicio de la música. De mi parte, como admirador, espero (cuando
llegue ese momento) haber cuidado lo suficiente mi espacio de niño
como para poder disfrutar de su arte con la pasión de un amateur.
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Edgar Borges es
venezolano residente en España.

