Jonathan Swift..-Método para distraer
a la mayoría social
Ramón Pedregal Casanova.
UCR
12 de Agosto
de 2009
Jonathan Swift, escritor satírico como pocos, sacerdote
protestón, fue enviado por la monarquía inglesa a Irlanda para
que se perdiese y, estando lejos y en lugares ruinosos, dejase
de molestar con su matraca crítica por las condiciones sociales
en las que vivía la población. Escribió entre otros artefactos
“El cuento del tonel”. “El cuento del tonel” toma como excusa
para la sátira literaria lo acontecido a tres hermanos con un
testamento, no se olvide del detalle. Sin embargo, lo que viene
a poner sobre la mesa el autor es cómo el recurso literario
denominado “digresión”, tan mal visto por los vigilantes de las
letras, puede cumplir un servicio impagable a quienes roban a la
mayoría social; si los ladrones conducen adecuadamente el
recurso mencionado conseguirán que los trabajadores estén
distraídos, que las reclamaciones que éstos les hacen se pierdan
por falta de insistencia, que lo que conviene a los
trabajadores, como clase con problemas específicos, se retrase,
que se disuelvan los reclamantes, que el conjunto abandone,
después recuerde mal, y como norma no se tome en serio lo que
desea.
Jonathan Swift, con el sarcasmo zumbón que le caracteriza,
advierte de los peligros de su época para la Iglesia y el
Estado, pues en su momento los escritores afilan sus plumas y se
ponen en línea con los contrarios a sus majestades y cohorte. ¿Y
qué hacen éstos?: proyectan y ultiman un plan; ante la
dificultad bien sirve la imaginación, y nos cuenta como entre
los reunidos, en ayuda de sotanas y coronas, uno expuso “un
procedimiento perfeccionado por los marinos: éstos acostumbran,
al dar con una ballena, echarle un tonel vacío para que le sirva
de solaz y le haga abandonar la idea de atacar al navío”.
Traducido: cómo apartar la atención del pueblo sobre el sistema
con el que nos gobiernan, y de este modo preservarlo y
preservarse. La manera de hacerlo tiene título: “el cuento del
tonel”.
Swift nos adelanta: “se me ha confiado este trabajo”; y es por
lo que escribe el tratado que debe servir para despistar,
distraer, entretener a aquellos que alteran el orden social de
la monarquía y su cohorte de ricos. Del plan nos dice que el
principal objetivo es confundir a la clase social que desaprueba
dicho sistema, y para conseguirlo hay que empezar por crear “una
vasta academia dividida en numerosas escuelas especializadas con
el fin de agrupar en cada escuela a los interesados por cada uno
de los temas”. Es cosa de dividir y lanzar numerosos toneles.
Nos dice que “entre las escuelas principales estarán las
siguientes: Escuela de Pederastas; Escuela de Ortografía;
Escuela de Espejos de Bolsillo; Escuela de los Juramentos;
Escuela de los críticos; Escuela de la salivación; Escuela de
los Caballos de Madera; Escuela de la Poesía; Escuela de las
Peonzas; Escuela del Hastío; Escuela de las Casas de Juego, y
muchas otras que sería enojoso enumerar.”
Siguiendo su ejercicio digresor leemos explicaciones minuciosas
en todo el prefacio, e indica la necesidad imperiosa de poner
cuidado en la tarea: “Algunas cosas son extremadamente
ingeniosas,…, pero cualquiera de ellas, apenas se la desplaza o
se la transforma, queda completamente aniquilada.” Y si ya desde
mucho antes venía indicando cómo éste es un procedimiento que
los modernos trataban de ver claro, él recomienda atenerse a una
regla general de buen lector: “quien quiera que desee comprender
perfectamente el pensamiento de un autor no puede emplear mejor
método que ponerse exactamente en la misma actitud y condiciones
propias del autor en el momento en que escribía cada uno de los
pasajes importantes salidos de su pluma. Pues sólo esto puede
establecer una paridad y una estricta correspondencia de ideas
entre el lector y el autor”. Después nos asegura que aquél que
no se ponga en su lugar no podrá entenderlo; y con burlas y más
digresiones alcanza a decirnos que se acoge a un privilegio de
los escritores: “allí donde no se me comprende, tengo el derecho
a afirmar que por debajo de la superficie hay cosas muy útiles y
profundas o incluso más: que toda frase o toda palabra impresa
en caracteres distintos deben ser consideradas como que
contienen algo extraordinario en punto a ingenio o sublimidad”.
Ya ves, amigo lector, donde habíamos empezado y por donde
estamos, todo está volcado a la distracción, nos han echado el
tonel.
Pero abra el libro y verá la estructura que emplea para tal
propósito después de mostrar seis sistemas de acceso diferentes
a la obra: Tabla analítica; Defensa del autor; La dedicatoria
del librero al…; El librero al lector; Epístola Dedicatoria a su
Alteza…; y, Prefacio del autor, lo que ocupa una tercera parte
del conjunto de la obra. El resto del libro aparece dividido en
11 secciones y una conclusión.
Ya sabe, la historia de los tres hermanos y el testamento como
hilo conductor, ¿se acuerda del detalle?, se va a ver saboteada
desde el primer momento; ahora bien, como se alternan la
historia y las digresiones, también las digresiones serán tema y
por tanto se filtrarán más digresiones. Burla burlando los
paratextos van deshaciendo cualquier posible avance: la manera
de distraer a la mayoría social.
Como Swift había empezado marcándose el objetivo de poner en
claro lo que le interesa a la Iglesia y a la Monarquía: distraer
a los críticos y conseguir que se disuelvan, con el ejercicio de
la digresión indica como sabotear el camino que conduce a la
gente hasta los culpables de su mal vivir: toneles y toneles
vacíos, asuntos sin importancia social, anécdotas personales
presentados con escándalo, hurtos y accidentes echados a los
ojos para que hieran y no vean, todo es hacer un mundo de cosas
que hacen desear que el modelo bajo el que se está parezca la
salvación, el mejor mundo posible; todo lo pasajero es
magnificado, y en el lugar donde ponemos los ideales colocan el
miedo a los cambios hablando de opciones imposibles o de
enemigos desconocidos.
¿Sería necesario aclarar más por qué Swift y su “Cuento del
tonel” eran tan odiados por la monarquía y sus secuaces?
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Título: El cuento del tonel.
Autor: Jonathan Swift.
Editoriales: Cátedra, y, Olañeta.