América entera está triste, la voz y la guitarra de Mercedes Sosa se han
apagado. Un canto que ha sido el bálsamo que acompañó nuestros días y el
de tantos, exiliados de su tierra o de su historia. La Negra Sosa, como
llamaban, cariñosamente, a esta tucumana sus compatriotas, llevó sus
canciones al mundo entero como un abrazo fraternal a sus hermanos. Lo
hizo recogiendo todo el dolor y la ternura de sus predecesores, Violeta
Parra entre muchos otros. Al igual que ellos, comprendió desde muy joven
que el canto de nuestra América, tiene sentido y razón.
Alejada de la frivolidad de la farándula con que se reviste
la actividad artística, Mercedes Sosa mantuvo una fidelidad última al
reclamo histórico y social de nuestros pueblos. Ninguna causa noble le
fue ajena, amiga de los chilenos en tiempos difíciles, su arte estuvo
del lado de las víctimas, de los que sufren. Su canto valiente, como el
de Víctor Jara, no buscó el halago fácil ni los falsos brillos de la
fama. Su nombre ha estado unido siempre a las luchas por la Paz, la
Justicia y los Derechos Humanos.
Como todos los gigantes nacidos en estas tierras, La
Negra Sosa abraza una vocación latinoamericanista. Su guitarra entonó
aquella inolvidable Canción con Todos, invitando a sus hermanos
americanos a liberar la esperanza. Su pasión por la dignidad y la
justicia no es un reclamo oscuro y triste, por el contrario, su voz
transmite alegría y dulzura que comparte con todos quienes son capaces
de abrir su corazón.
En estos tiempos, en que se enseñorea entre nosotros
tanta miseria espiritual, disfrazada de frío pragmatismo económico o
político, la voz de esta argentina de excepción nos trae la brisa fresca
de aquellos sueños y utopías que han forjado a generaciones. Es cierto,
Cambia, todo cambia, pero no cambia el amor, ni el recuerdo ni el dolor
de mi pueblo y de mi gente. La voz de Mercedes Sosa no ha perdido su
lozanía, pues sigue interpretando el sentir profundo de millones de
latinoamericanos que resucitan en cada una de sus canciones.
Argentina se enorgullece, con justicia, de esta hija
notable. Mercedes Sosa ingresa al panteón de los grandes de América,
aquellos espíritus que han hecho suya la voz profunda de nuestro
continente y han sabido expresarla para siempre, ante el mundo entero.
Así, los ecos de su voz, las notas de su guitarra, seguirán
acompañándonos en cada rincón de esta tierra, en los barrios de las
grandes ciudades, en lejanas selvas y bosques, en la soledad de nuestros
desiertos, enalteciendo la dignidad de cada hombre y mujer de este
continente.