|
Murió
Michael Jackson
Argenpress
28 de
Junio de 2009
Acaba de
morir un ícono de la cultura. Quizá algunos podremos no estar de acuerdo
en términos estéticos con su propuesta. Podremos, quizá, –tal vez
deberíamos– abrir una consideración crítica sobre el significado de su
figura, del mercadeo de su producción, sobre el valor cultural de este
producto de la industria disquera que él representó. Pero sin ningún
lugar a dudas Michael Jackson tiene ya ganado un lugar entre los
referentes culturales de fines del siglo XX y comienzos del XXI.
Tal vez estamos obligados a cuestionar –no tanto en términos estéticos
sino, en todo caso, sociológicos, o políticos incluso– la compleja
parafernalia de mensajes y entrecruzamientos semiológicos e ideológicos
que su vida y obra significaron: ¿un negro “teñido” de blanco?, ¿un
varón “recompuesto” con imagen femenina?, ¿un “paidofílico” símbolo de
los tiempos actuales?
Sería tal vez muy reduccionista decir simplemente que su obra musical
(sus canciones, su estilo de baile) fue el producto de un estudiado
mercadeo de los monstruos intocables de la industria cultural (o del
entretenimiento, como algunos patéticamente –pero con razón– la llaman).
Sin dudas Michael Jackson es todo eso. Pero hay algo más.
El “rey del pop” es, en muy buena medida, el producto vendido por los
hacedores de ilusiones que dominan la cultura de masas desde hace ya
largas décadas, durante todo el siglo pasado, los que marcan las
tendencias de moda, los que imponen esas tendencias. Por cierto:
estadounidenses en su casi absoluta mayoría. Pero también es cierto que
este negro-blanco, este varón-mujer, este descendiente de esclavos
negros devenido multimillonario excéntrico (envidiado en ese aspecto por
muchos negros y blancos) no ha pasado inadvertido. Así como muchos
cantantes pop pasarán sin mayor pena ni gloria, todo indica que Michael
Jackson probablemente será de los que queden como baluartes de nuestra
cultura contemporánea, en esta compleja mezcla que nos arrojó el siglo
XX donde conviven como íconos culturales imperecederos (con todo lo que
ello pueda significar) un Jorge Luis Borges junto al Pato Donald, los
Beatles y Picasso, un Federico Fellini y las películas con final feliz
de Hollywood (siglo XX cambalache, sin dudas…)
El tiempo dirá si Jackson queda entre los grandes de la cultura. Todo
indicaría, al menos viendo las repercusiones de su muerte, que es un
ídolo de los grandes, de las grandes masas. Podremos cuestionar la
llamada “música pop” como una moda más de las grandes corporaciones que
nos hacen comprar todo, incluso lo más absolutamente innecesario. Pero
la obra de Michael Jackson, sin dudas, algo de talento debe haber
tenido. Si no, no se lloraría de esta manera su desaparición. |