|
Boris Vian. El
ladrón de ideales
Ramón Pedregal Casanova.
UCR
1 de Junio
de 2009
¿De qué y cómo escribiría usted si le hubiese
ocurrido lo siguiente?: A su espalda temporal queda la Primera gran
Guerra, Europa se había encharcado de sangre humana, el total de muertos
se alzó hasta los 30 millones. Las grandes burguesías y las
aristocracias de unos y otros países habían calentado el aire y la
población sentía asaltado su cerebro, arrancado su porvenir, borrados
sus ideales, las clases altas ocultaron sus deseos de conquista de
territorios para hacerse con nuevos mercados. De la Unión Soviética
deseaban su derrota por el peligro de revolución social que amenazaba
sus intereses. Usted tenía 16 años cuando los fascistas españoles dieron
un golpe de estado, golpe que ante la resistencia del pueblo republicano
lo convirtieron en guerra. Guerra de España como principio de la Segunda
Guerra Mundial, 1939; las burguesías y aristocracias de los países
europeos entran en guerra una segunda vez. Ocasionan entre 50 y 60
millones de muertos, el doble que en la Primera Guerra. Beckett dice que
hay en el aire un olor dulzón, el olor que dejan los muertos. En ese
periodo Francia colabora, como gobierno colonizador de Vietnam, con
Japón invasor y aliado de los nazis. También va a conocer la rebelión
del pueblo de Argelia contra su país, Francia, potencia colonial. Usted
emplea su escritura como arma de rebelión y viene a decir: “¡ministros
del gobierno, no pienso ir a la guerra, que os den!” y su palabra se
extiende, se difunde por todo el mundo hasta resultar una bandera
pacifista. Desde 1954 los independentistas argelinos plantan cara a los
colonialistas franceses, y las atrocidades cometidas por estos espantan
a la población francesa en general y a usted en particular. Cómo le
afectaría todo esto, cómo afectaría todo esto a su vida, a la vida de
alguien que no mira para otro lado. ¿Qué sistema social le robaba a
usted y al conjunto de la sociedad el corazón?
Usted podía ser Boris Vian, el escritor que nació
en 1920 y murió en 1959, y escribió la canción que tituló “El desertor”,
canción pacifista, canción de ideales de resistencia contra la expresión
más representativa de la violencia capitalista, la guerra de conquista y
explotación humana. ¿Quién es el arrancacorazones? Leamos:
“El desertor”
“Señor Presidente/ le he escrito una carta/ que tal
vez pueda leer/ si dispone de un poco de tiempo./ Acabo de recibir/ los
documentos para ir al servicio militar,/ y partir hacia la guerra/ antes
de la noche del miércoles./ Señor Presidente:/ no quiero hacerlo./ Yo no
he venido a este mundo/ para matar a la pobre gente./ No lo digo para
enojarle,/ pero tengo que confesar/ que he tomado una decisión/ Y voy a
desertar./ Desde que nací,/ he visto morir a mi padre,/ Irse lejos a mis
hermanos/ y llorar a los niños./ Mi madre sufrió tanto/ que ya descansa
en su tumba,/ pero se burla de las bombas/ y de los versos./ Cuando me
hicieron prisionero/ me robaron a mi esposa/ me robaron el alma/ y todos
mis queridos recuerdos./ Mañana muy temprano/ cerraré la puerta/ en las
narices de esos años muertos/ y saldré a los caminos./ Mendigaré mi
vida/ por las rutas de Francia,/ de Bretaña, en Provenza,/ y diré a la
gente:/ Rechazad la obediencia, no vayáis a la guerra,/ no lo hagáis,/
negaros a partir./ Si hay que dar la sangre/ vaya usted a dar la suya,/
usted que es un buen apóstol,/ señor Presidente./ Y si me persigue/
prevenga a sus gendarmes/ que yo no llevo armas/ y podrán dispararme/
armas/ y podrán dispararme.”
El gobierno francés se la prohibió de inmediato, y
el efecto fue el de la caída de una piedra en un estanque, las voces que
entonces se empezaron a cantarla empujaron a otras y así fueron
aumentando su número de un momento para otro; cantantes de todo el mundo
la difundían, hoy por hoy resulta ser la canción más traducida del
mundo.
Boris Vian crea en 1948, al poco de terminar la
guerra, el Colegio de la Patafísica, centro neurálgico donde se estudia
la “ciencia de las soluciones imaginarias”; Patafísica, es
antimetafísica, Patafísica es la contracción de “epi ta metá physika”:
“lo que está alrededor de lo que está más allá de la física”. Boris Vian
recurre a Alfred Jarry para recuperar sus teorías de ciencia imaginaria,
teorías creadas ex profeso para regular las excepciones. La razón
metafísica del XIX producida por el capitalismo, era la expresión de
pensamiento más rechazable, más en carne viva de lo ya inaceptable, de
ahí que la Escuela Patafísica proponga atender a la particularidad como
excepcional y aplicarle la ciencia y las soluciones imaginarias. Como
todo lo sucedido mostraba los intereses más despreciables de la minoría
dominante, las soluciones a dar a mundo creado no podían ser más que
inútiles, de ahí que el cartel anunciador del susodicho Colegio mostraba
el siguiente escrito: “Sociedad de Investigaciones Eruditas e
Inútiles”. Sus propuestas eran burlas a la norma establecida.
De ahí que, Boris Vian, en sus libros plasme las
imágenes más desconcertantes, propias de un mundo imaginario
difícilmente superable, en ellos los personajes protagonistas, cuyos
nombres están enganchados al sentido de la novela, lo viven en estado de
normalidad, y por tanto sus actos son consecuentes con el mundo que
parece impensado; para eso, Boris Vian está continuamente reinventando
el lenguaje, dando la vuelta a la lógica, con lo que genera una realidad
literaria, metafórica, que destruye la razón como la conocemos, y nos
exige una nueva forma de leer. Todo sea por desentumecer al lector, por
acabar con la costumbre, con la prevención en el pensamiento: “La
anomalía es lo que permite hacer descubrimientos”, declara. Su propósito
es atender los casos concretos, apartar a cada uno de los demás, y,
verlo sin ataduras, sin tapujos, sin el automatismo que lo encubre, de
ahí que las imágenes siempre sean las creadas con el fondo de cada
término empleado. La nueva ciencia, para aportar algo nuevo, se apoya en
la imaginación.
Boris Vian, maestro del absurdo literario, nos dejó
con su última novela una obra mayor, “El arrancacorazones”. Jacqmort
(¿nombre que habla de una persona y de la muerte?, ¿podría querer decir
“jaquemate”?) llega a un pueblo con la intención de psicoanalizar a todo
el que pueda, pero escucha unos gritos aterradores, acude a la casa de
donde provienen y encuentra a una mujer que se retuerce de dolor cuando
está a punto de parir. Sin pararse a pensar atiende el parto. Resultado:
dos mellizas y uno más, tres hijos que ella siente que la han deformado,
que han dejado su cuerpo deshecho, por lo cual culpa, odia y amenaza con
un revolver al marido, no quiere que se le acerque nunca más. El marido,
cuyo nombre es Ángel, nombre que le da a otros personajes en otras
novelas, se ha dicho en ocasiones que es un trasunto de Boris Vian, y
Jacqmort mantienen una conversación sobre la falta de deseo como
anulación personal y el deseo como fruto del pasado interior o de la
influencia exterior, y si es una cosa o la otra la que nos hace libres.
Más tarde, el marido, ante el riesgo que supone intentar ver a sus hijos
y la incapacidad que siente por la amenaza de su mujer, desaparece.
La historia de ésta mujer con sus tres hijos será
uno de los hilos gruesos que cruce la novela, en ella se darán
acontecimientos que irán a poner en letras luminosas lo que se presenta
como normal en un sistema que ha eliminado las formas de ocultación.
Muestra en plena acción los intereses, las presiones, la desatención y
la ley que permite la continuidad de la barbarie. El sistema está hecho
para que las culpas del conjunto recaigan sobre el débil, para lo que se
paga, aunque con algo que no le sirva a éste de nada.
Jacqmort se encuentra con un pueblo en el que hay
un mercado de viejos, se venden y se compran viejos para que los críos
se entretengan haciéndoles todas las perrerías que se les ocurra hasta
matarlos; en las plantas de trabajo tienen aprendices de usar y tirar,
hay tantos en el “mercado de trabajo” que se les explota hasta que se
mueren, entonces los patronos cogen otros; crucifican a un caballo
semental por haber dejado preñada a una yegua, y a una vaca que no da la
leche esperada le cortan la cabeza para que las demás aprendan, lo mismo
si se cumple con lo previsto como si no se cumple siempre hay condena;
hay relaciones sexuales con androides que se introducen en la criada;
hay un combate de boxeo entre el cura y el diablo con el fin de hacer
dinero para la iglesia … Y se nos dice: “…el agua del pozo hervía, y el
cielo, transparente hasta los huesos…”, imágenes fuertes en las que
individuos, objetos y naturaleza se presentan en estados pocas veces
vistos, excepcionales o que parecen expresiones de deseos ocultos, otras
veces se identifica una figura simbólica: “No había visto la iglesia…
Para llegar hasta ella, tuvo que seguir el arroyo durante un trecho
bastante largo. Miraba el agua maciza, y se azoraba al pensar en todo lo
que debía ocultar la tensa superficie… Cincuenta metros más y, a
bastante distancia de él, apareció la iglesia. Y, en el arroyo rojo, una
barca inmóvil.” No hemos llegado a la iglesia y aquí comienza el pasaje
que da consistencia a la novela, hallamos el contrapeso a tanto
despropósito: un personaje dedicado a recoger con los dientes todas las
porquerías que tira la gente a un río, las debe de cargar en una barca
llamada La Gloira. Jacqmort le vio sacar la cabeza del agua e intentar
subir a la barca y le gritó: “-¿Le ocurre algo?... ¿Necesita ayuda?” Y
el otro, que iba cubierto de harapos le devuelve la pregunta: “-¿Es
usted extranjero?” “-Sí –repuso Jacqmort.” “-De no ser así, no me
hablaría usted de esa manera –observó el hombre, casi para su fuero
interno.”
Sigamos el diálogo:
“-Pero ¿qué ha pasado? –quiso saber Jacqmort- ¿Se
ha caído usted de la barca?
-Estaba trabajando –dijo el hombre- La gente tira
las cosas muertas al agua para que yo las recoja. Con los dientes. Me
pagan por eso. … Tengo que recogerlas con los dientes –dijo el hombre-
Lo que está muerto o lo que está podrido. La gente o tira para eso. A
veces dejan que las cosas se pudran sólo para poder tirarlas. Y tengo
que cogerlas con los dientes. Para que me revienten en la boca. Para que
me infecten la cara.
-¿Y le pagan mucho, por eso?...
-Me proporcionan la barca… y me pagan con vergüenza
y oro.
Al oír la palabra “vergüenza”, Jacqmort no pudo
evitar una expresión de disgusto, que en seguida lamentó.
-Tengo una casa- …- Me dan de comer. Me dan oro.
Pero no lo puedo gastar. Nadie quiere venderme nada. Tengo una casa y
mucho oro, pero tengo que apechugar con la vergüenza de todo el pueblo.
Me pagan para que tenga remordimientos en su lugar. Por todas sus
maldades e impiedades. Por todos sus vicios. Por sus crímenes. Por el
mercado de viejos. Por los animales que torturan. Por los aprendices.
Por toda la basura…
-¿Y por qué se dedica usted a eso? –preguntó
Jacqmort.
…
-Antes que yo había otro- repuso.
-¿Y cómo fue que lo sustituyó? –insistió Jacqmort.
-El primero que tenga más vergüenza que yo tendrá
que ocupar mi lugar –dijo el hombre- Siempre ha sido así en este pueblo.
Son muy creyentes. Su conciencia es para ellos. Y nada de
remordimientos. Pero el que flaquea, el que se subleva…
-Se embarca en La Gloira… -concluyó Jacqmort- Y
usted fue un rebelde.
-Eso ya no ocurre con mucha frecuencia … -dijo el
hombre- Quizá sea yo el último.
… más allá aparece lo que esperábamos ver más
atrás:
“La iglesia, un huevo de gallina en un nido, no
quedaba lejos.”
A continuación encontramos la conversación de
Jacqmort con el cura. Boris Vian en su búsqueda de lo recóndito, de lo
determinante, se llega a mostrar en el momento preciso con un lenguaje
propio del razonamiento, y sin embargo todo lo que saca con ello es
irracional, expone ese eje de la sociedad que es la religión en sus
postulados conocidos, y lo hace de manera sucinta, clara, para que a
nadie se le escape que lo que aparece pretende ser normal:
“- ----dijo Jacqmort- ¡Ese mercado de viejos! ¡Es
insensato!
-¡Para usted, que vive en el siglo! –exclamó el
cura- ¿El mercado de viejos? ¡Y a mí que me importa el mercado de
viejos? …El problema, señor, es que no sufren en Dios. Son unos brutos.
… Vienen a la iglesia como dictadores… ¿y sabe usted lo que me piden?
Que haga crecer el forraje. La paz del espíritu, señor, les importa un
bledo. ¡Ya la tienen! ¡Tienen a La Gloira! Lucharé hasta el fin y no me
rendiré. No haré crecer el forraje. Gracias a Dios … tengo amigos
fieles. Pocos, pero me apoyan.”
Como ve usted, tratándose de lo que se trata, Boris
Vian no necesita hacer ficción desde la irracionalidad que se había
propuesto, la irracionalidad bárbara es la que conforma el pensamiento
de los responsables sociales. Después sí, lo irracional, pero no
bárbaro, lo irracional fantástico se abre paso, empezando por un gato
que sentado en la pared observa a Jacqmort que protesta, estando sólo,
por la obligatoriedad de asistir a misa. Más adelante el mismo Jacqmort
maullará con “nostalgia y dolor”.
La novela, dividida en tres partes (el tres otra
vez) articula en cada una de ellas diferentes escenas y episodios que en
muchas ocasiones se ven titulados con una fecha; comienza el libro el 28
de agosto y termina el 16 de “marulio”; ¿de otoño a primavera-verano?;
como se ve comienza en fecha reconocible y en el episodio XIII de la
segunda parte los nombres de los meses empiezan a retorcerse, y, al
comenzar la tercera el narrador nos advierte que han transcurrido, desde
la llegada de Jacqmort al pueblo, “cuatro años y unos días”.
Como si hubiese una sombra tras la historia, tanto
en la forma de presentarnos el tiempo como en la exposición de imágenes
y acontecimientos –por ejemplo los tres niños lamen unos caracoles
azules que de inmediato les ponen en marcha la imaginación- Boris Vian
nos recuerda a “Alicia en el País de las Maravillas”, combina lo real
con lo maravilloso, con lo extraño, con la exageración. Su personaje
principal es extraño a la realidad monstruosa, y por eso la mirada de
éste, no acostumbrada, resalta o saca a la luz la brutalidad en la que
se vive. Su mirada nueva prueba y descubre. Sólo el lector acostumbrado
a la norma, al pensamiento instituido, a no ver lo que ocurre a su
alrededor no descubrirá nada, no entenderá la protesta y la burla de
Boris Vian.
Volviendo al número 3, que tanto significa en el
cristianismo, aquí resulta alienador, esclavizante y motivo de tortura,
los tres hijos de la mujer acabarán en las jaulas que ella, buscando
como protegerlos mejor, los meterá , y desde entonces se dedicará a
cuidarlos; tres monaguillos que asisten al cura; el tridente en el que
están representadas escenas demoníacas, …Para finalizar y no hacer esto
más largo, hay que decir que Jacqmort termina sustituyendo en la barca
al hombre que él había visto al principio cogiendo la podredumbre que
tira esa sociedad. Ya le había advertido el otro que sería sustituido
cuando llegase alguien que se avergonzase con lo que viese. De ahí que
cuando Jacqmort choca con cada miembro de esa sociedad y pregunta a unos
y otros que si no les da “vergüenza” por lo que hacen, le golpeen, no se
admiten reproches, críticas, denuncias, ¿les recuerda o conocen algo
semejante sucedido en su sociedad?.
Quien tenga vergüenza, la persona ética, la que se
rebele contra la barbarie titulada por los ladrones de plusvalías, por
los oportunistas, de modernidad y civilizada, descubrirá en “El
arrancacorazones” un territorio novelesco en el que reconocer lo que
propagan esos y además quieren que se asimile como normal.
Por cierto, ¿y el título?: “El arrancacorazones”.
¿Quién arrancan los corazones de la gente? ¿Quién descorazona, quién
acaba con la esperanza de un mundo justo, quién persigue al que crítica
todo esto, quien golpea física y moralmente al que siente vergüenza,
quién es el ladrón de ideales?, aquí aparecen los que producen la
explotación hasta el límite, el individualismo, la violencia, el vacío
ético, … ¿Quiénes son los responsables?: no espere que yo se lo diga,
responda usted mismo:……………………………….. .
¿De qué escribiría usted si le hubiese tocado vivir
lo que le tocó a Boris Vian? ¿De qué escribirá usted con lo que vive y
ve a su alrededor?
-------------------------------------
Título: El arrancacorazones.
Autor: Boris Vian.
Editorial: Tusquets editores. |