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Personajes Republicanos. José Bergamín
José Esteban
Gonzalo.
Política, Nº 17. Nov-Dic de 1995
José
Bergamín Gutiérrez es una de las figuras más apasionantes del siglo XX
español. Protagonista de sus principales acontecimientos políticos y
culturales, su drama como escritor y combatiente en pro de una
determinada España, le hacen hoy símbolo de toda una generación de
escritores y de españoles.
Sus
primeros artículos aparecen en la revista Índice, que
dirigió Juan Ramón Jiménez, en los años 1921 y 1922, y es en estas
páginas donde, según sus propias palabras, surge toda esa nómina de
escritores agrupados después en lo que ha dado llamarse "Generación
del 27", terminología negada por Bergamín, que la llamó siempre
"Generación de la República".
Su
actuación literaria durante la década de los veinte, fue de innegable
participación y hasta cierta primacía entre el grupo de escritores
jóvenes. Su amistad con Juan Ramón es la más intensa y comienza sus
contactos con Unamuno, uno de sus maestros más significativos y gran
amigo durante muchos años.
Suponemos que al no ser considerado como poeta por la crítica
oficialista, se le ha negado su pertenencia a aquel grupo generacional.
Pero la participación de Bergamín en el inicio de su grupo, su
colaboración en todas sus publicaciones, así como el no haber sido
editor de sus primeros libros, le convierten en uno de sus representantes
más genuinos.
Pero
hay también que reconocer su visión profunda sobre los problemas de
España, su dedicación a los más diversos géneros literarios, y no
solamente al poético, la "altivez en el desarrollo de su vida"
y su adscripción a un determinado modo de ser español, llegaron a
convertirle en una incógnita para los tratadistas al uso de nuestra
crítica literaria, hasta hacer de él algo que siempre anheló: un
auténtico fantasma en el mundo cultural español.
Su
primer libro, El cohete y la estrella, fue una colección
de aforismos, en 1923. Publicado por el propio Juan Ramón Jiménez,
constituyó toda una auténtica revelación: Unamuno, Pedro Salinas,
Azorín, Antonio Espina y Melchor Fernández Almagro se ocuparon
ampliamente del joven autor, llamándole "maestro de la nueva
generación de escritores".
A éste,
le seguirían en cascada otros, igualmente brillantes y agudos. Citemos
Tres escenas en ángulo recto y Caracteres.
Enemigo
de la dictadura del general Primo Rivera y dotado de un alto sentido de
la libertad y de la justicia, participó en un mitin político en
Salamanca, acompañando a Unamuno, en pro de los ideales republicanos. Y
esta entrega a la causa de la justicia, que él creyó ver encarnada en la
República, le llevó a ocupar, durante poco tiempo, el cargo de Director
General de Seguros en el primer Ministerio de Trabajo republicano a las
órdenes de Largo Caballero.
En 1933, fundó y dirigió la revista Cruz y Raya, que
no tardó en revelarse como la publicación más original del período
republicano. Concebida como revista abierta e independiente, se proponía
actuar en todos los valores del espíritu, sin mediatización alguna que
los desvirtuara "para dar a las cosas el lugar que les corresponde
en la vida como en el pensamiento".
Cruz y Raya, revista de afirmación y negación, muerte
con la República. Su último número, el 39, aparece en junio de 1936,
días antes del levantamiento militar. Muere, pues, cumpliendo su destino
como revista de cultura eminentemente republicana.
Presidente de la Alianza de Intelectuales Antifascistas, Bergamín es
nombrado Agregado Cultural en la Embajada española en París, donde busca
apoyos morales y financieros para la amenazada República y su nombre
está presente en todas las empresas culturales de la guerra civil. En
las revistas El Mono Azul, Hora de España y
Cuadernos de Madrid.
Preside
en 1937 el segundo Congreso Internacional de Escritores en Defensa de la
Cultura, que reunió en Valencia a más de un centenar intelectuales
llegados de casi todas partes del mundo.
La
derrota de la República llevó a Bergamín al exilio. Primero a México y
luego a Venezuela y Uruguay. En México fundó la revista España
peregrina, que recogió las aspiraciones de los escritores exiliados,
y la Editorial Séneca, donde aparecieron textos tan significativos como
las primeras obras completas de Antonio Machado.
El
escritor volvió a España en 1958 para verse obligado a exiliarse de
nuevo en 1963. Su vuelta definitiva se produjo en 1970.
Vivió
en Madrid durante muchos años y compartió los avatares políticos de la
llamada transición que tuvo en Bergamín uno de sus más lúcidos
detractores. Republicano en las primeras elecciones democráticas,
publicando su manifiesto Error monarquía. Convencido
republicano, consideraba que una segunda restauración volvería a traer a
los españoles tantos o los mismos males que la primera y fue
radicalizando su postura ante el giro monárquico-reaccionario que iban
tomando los acontecimientos. Al final de sus días se decidió a ir morir
al País Vasco, cansado de ser español y de peregrinar en su propia
patria.
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