La Historia de la literatura
fascista española (HLFE, en adelante) es apenas
un compendio ordenado (dos volúmenes, 1300 páginas)
de la abundantísima producción intelectual fascista
en España desde la fundación del fascismo patrio
hasta nuestros días. Ni más ni menos.
Pero,
precisamente por no ser ni más ni menos que un
estudio historiográfico de una producción que se nos
quiere ocultar resulta molestísima a multitud de
lectores. Ocurre que el campo de los estudios
literarios, desde los libros de textos escolares
hasta los mamotretos universitarios, es campo
abonado para toda suerte de idealismos (románticos y
postmodernos, con frecuencia), cuando no
directamente de hagiografías indisimuladas,
adulaciones bochornosas, patrioterismos acartonados
y clientelismos ramplones. La ideología burguesa,
desde el mercado editorial en manos de los grandes
holdings de comunicación hasta las programaciones
educativas de institutos y universidades, permea una
visión culturalista en que la literatura y el arte
se convierten en el frasco carrasco de todas las
esencias: la belleza inexplicable, el
estremecimiento estético, la calidad inobjetivable y
el espíritu patrio. Al introducir por la puerta esta
concepción idealista de la literatura se intenta,
desesperadamente, hacer saltar a la historia por la
ventana. Este ahistoricismo (la muerte de las
ideología, el fin de la historia), que expresa la
necesidad del capitalismo de sacralizarse, de
ponerse a salvo de los embates indefectibles de la
lucha de clases, sirve además para crear la ilusión
de que existe un lugar adonde escapar, precisamente,
de la realidad histórica y sus violencias. En esta
naturaleza de maniobra de distracción coinciden los
estudios literarios con los teológicos, y no nos
cabe la menor duda de que en la sociedad futura de
esta manera serán estudiadas y leídas las obras de
los intelectuales orgánicos de nuestra actual
burguesía. Por otro lado, nos parece cada vez menos
sujeto a objeciones que en el periodo que suelen
llamar con gran satisfacción la transición española,
se impuso una doctrina de olvido con que el
capitalismo español se desprendía de los ropajes de
una dictadura inservible ya a sus intereses para
arroparse con las vestimentas de la democracia
parlamentaria. Había que olvidar, y lo más aprisa
posible, que las motivaciones que promovieron el
auge del fascismo en Europa y de la sublevación
africanista en España eran los mismos que promovían
el cambio al régimen democrático, una vez que el
trabajo sucio ya estaba hecho y el amenazante ciclo
revolucionario finiquitado. De ahí que inquiete a
tantos el retrato que esta obra hace del trasiego de
intelectuales que dieron por buena tanto una
maniobra como la otra, pasando de fascistas con
carné a demócratas de toda la vida. aportando la
sospecha de que tal cambio es mucho menos abrupto de
lo que las convenciones burguesas pretenden. Así las
cosas, una obra como la HLFE,
empeñada en reintroducir la historia, y por tanto,
la política, en el estudio de la literatura, y
además de la literatura fascista, no podía ser
recibida como otra cosa que como una barbaridad
contraria al sentido común. Mayor barbaridad cuando
el arco de autores y textos incluidos van desde
José Antonio Primo de Rivera a
Sánchez Dragó o César Vidal,
introducidos todos ellos en una misma línea de
continuidad (estos últimos figuran en los capítulos
finales de la segunda edición. El lector comprenderá
mejor ahora la inquina de Libertad
Digital y sus responsables). Conviene
recordarnos ahora que lo que es sospechoso de
bárbaro para los intelectuales orgánicos del
capitalismo (batallando cada cual en su facción
burguesa contra los trabajadores y las unas contra
las otras) es, por eso mismo, sospechoso de albergar
alguna verdad para nosotros.
La
HLFE posee muchas virtudes y algunos
defectos. La primera virtud que salta a la vista es
la recuperación de textos y autores a los que se
había obligado a desertar de los manuales al uso de
literatura. La sola selección de textos que ilustra
el repaso histórico por los géneros literarios que
hace el profesor Rodríguez Puértolas ya habría
justificado la existencia de esta obra. Eso fue lo
que ocurrió, eso fue lo que se dijo y se escribió,
aquellos quienes lo dijeron, estos otros los que lo
promovieron y aquellos, en fin, quienes pagaron. En
algunos capítulos, especialmente los referidos a la
producción literaria de postguerra, este simple
recurso de documentación ya nos obliga a recordar el
tenebroso panorama del régimen nacional-católico. No
menos encomiable es la recuperación de la
perspectiva histórica de autores cuya hagiografía
está en permanente construcción, recordándonos qué
fue de tanto padre intelectual y literario de la
patria cuyas alabanzas son cantadas sin descanso en
una infinita cantidad de trabajos (así, por ejemplo,
Cela, Ortega, Baroja...). De este lado, de la
consulta morbosa del índice onomástico de la obra,
proceden sin duda las denuncias de revanchismo. Sin
embargo, la objetividad (al menos lingüística) con
que se acomete esta labor sería irreprochable para
cualquier lector medio. Como nosotros esperamos no
serlo, precisamente encontramos oculta en esa
objetividad una carencia de la
HLFE. Nos parece que buscando la
objetividad académica, Rodríguez Puértolas desiste
del análisis político, histórico y económico que las
herramientas del marxismo le hubieran permitido. Nos
parece que en ocasiones la obra se mantiene en una
vertiente testimonial, acertada pero insuficiente. A
pesar de ello, y teniendo en cuenta el desolador
panorama intelectual de la crítica literaria
española, debemos un agradecimiento muy especial a
Rodríguez Puértolas por su
valiosísimo trabajo, tanto aquí, como en otros
manuales, como su Historia social de la literatura
española. Ambas, con sus defectos y virtudes, son
dos rarae avis de valor incalculable.
Historia de la literatura
fascista española, Julio Rodríguez
Puértolas Akal, 2008.
::Fuente:
Grupo Arbeit
Reseña de Historia de la literatura fascista
española I y II de Julio Rodríguez Puértolas
Existen
libros imprescindibles que, en pocos años, se
convierten en clásicos. Tal es el caso de la
Historia de la literatura fascista española de
Julio Rodríguez Puértolas que, desde sus
inicios, se convirtió un referente ineludible de la
producción cultural sobre el antes, la guerra civil,
la dictadura y, el después. Su aparición en 1986,
suponía un reto en la historiografía contemporánea,
teniendo en cuenta que habían transcurridos sólo
nueve años de las primeras elecciones democráticas
después de la guerra civil, años en que se produjo
un intento de golpe de estado, fueron firmados los
Pactos de la Moncloa y, en el horizonte, la
construcción descentralizada de una nueva
organización administrativa, todo esto en una
atmósfera de “reconciliación nacional” mal entendida
y mal interpretada.
El Golpe
del 18 de Julio contra la II República, la Guerra
civil, los cuarenta años de dictadura quedaba
oscurecido por un “pacto de silencio” explícito o
implícito que pretendía sepultar la memoria en el
olvido. Así el silencio, era más que una metáfora,
incluso en los años siguientes de la victoria del
PSOE en octubre de 1982.
Es
significativo que en el mismo año de la citada
publicación se produjese en Alemania la
Historikerstreit (disputa entre historiadores) en la
que tuvo un papel relevante el filósofo
Jürgen Habermas. En este debate se pretendía
justificar con razones varias los crímenes nazis
para crear una conciencia colectiva limpia de toda
culpa. Este revisionismo no prosperó pues, hoy día,
el nazismo para los alemanes nació de causas más de
carácter interno que externo.
La
publicación de la Historia de
la literatura fascista española también
provocó una polémica a pesar de que su autor
advertía en el prólogo que su obra “era un libro de
Historia y también de Historia de la literatura”.
Sin embargo, la dimensión de la misma - por su
propia naturaleza merece un estudio aparte – alcanzó
durante un tiempo reacciones airadas, exculpatorias
y descalificadoras. Su autor había tenido el
atrevimiento de sistematizar la producción literaria
y académica de los autores fascistas, es decir, todo
aquel “que de un modo u otro puso su pluma y su
pensamiento al servicio, con todos los matices que
se quiera , del régimen político surgido de la
sublevación militar contra la Segunda República
española... Y también, claro está, a quienes antes
de esa fecha formaban parte de las organizaciones
que propugnaban la destrucción de la democracia y la
creación de un estado autoritario, así como a
quienes después de la muerte del general Franco...,
o intentan un regreso al viejo sistema, o
simplemente manifiestan una ideología
antidemocrática.”
En
aquellas fechas, muchos de los autores estudiados
estaban vivos y la mayoría habían evolucionado para
adaptarse a la democracia. No podemos olvidar que el
desarrollo del capitalismo durante el franquismo
creó profundos cambios sociales y económicos. Otro
discurso era necesario para el cambio. En esta
tarea, intervinieron junto a la oposición de la
izquierda personas relevantes del régimen fascista
que ajustaron cuentas consigo misma con “descargos
de conciencia” o simplemente con cínicas posiciones
prácticas como estudia con rigor el profesor
Rodríguez Puértolas Sin embargo, los ingredientes de
la ideología que había dado cohesión al franquismo,
como el nacionalismo español, el anticomunismo, el
nacional catolicismo, la concepción autoritaria del
poder y de la vida permanecieron enquistadas en los
partidos de derecha con una nueva nomenclatura
ajustada a sus posiciones liberales. Un discurso
ideológico en el que la palabra democracia legitima
de otra manera el capitalismo. El límite entre
explotadores y explotados se disipa en la aceptación
colectiva de la realidad. Es por ello por lo que la
dialéctica que se produce entre la memoria y el
olvido puede crear de nuevo un antagonismo de clase.
De ahí el revisionismo y la tergiversación de la
Historia desde posiciones antidemocráticas. Para
ello, nuevas editoriales, cadenas de radio, redes de
prensa, televisión, sin complejos, como ellos dicen,
día a día crean un discurso que deslegitima, con el
activismo de la Iglesia, el progreso democrático. No
es casual que historiadores aficionados, que siguen,
junto a otros empeñados en tergiversar la veracidad
de los hechos, como Pío Moa y
César Vidal, sean más conocidos
que la historiografía de, por ejemplo,
Juan Pablo Fusi,
Reyes Mate, Santos Juliá o
Julián Casanova.
En este
contexto reactivo y de propaganda antidemocrática,
aparece la reedición de la
Historia de la literatura fascista española
escrita con materiales de primera mano, es decir,
con una documentación, tan extensa como sistemática,
de la que el autor nos da puntualmente su fuente,
además de incluir una amplia bibliografía - es
difícil encontrase en nuestro ambiente literario
obras de tal envergadura que compendian casi una
vida de trabajo –. Posiblemente la recepción de este
libro hoy no sea tan airada, ya que la mayoría de
los autores estudiados han desaparecido y los que
siguen aferrados a las políticas imperialista de
Bush sólo tienen poetas y ensayistas de la talla de
Alfonso Ussía, Federico Jiménez
Losantos o Sánchez Dragó,
aunque tienen un poderoso aparato mediático detrás.
Podemos concluir que, después de leer el estudio de
Rodríguez Puértola, no existió o
existe una gran obra fascista en lengua castellana.
Ahora bien, estos nuevos perros guardianes del
imperialismo, como les llamaría Paul
Nizan, representan un peligro. Además de su
insistencia propagandística tienen muchos altavoces
con un discurso definido: la Historia debe seguir
enterrada en las cunetas de los caminos.
::Fuente:
Antonio José Domínguez - Rebelión
Camilo José Cela, propagandista del fascismo
Camilo José Cela
acumula premio y honores desde la posguerra hasta la
más contemporánea democracia.
Camilo José Cela fue falangista, se ofreció
como soplón de la policía, fue censor, dio
conferencias que emocionaban al Generalísimo entre
el público, loó a José Antonio, se autorizó con la
voz de Mussolini y, sobre todo, ascendió y ascendió.
Desde arriba, ya pudo olvidar y hacer olvidar, decir
y desdecirse. Cela alcanzó la beatitud, suponemos,
cuando el 20 de junio de 1986, la Universidad Hebrea
de Jersualem le concedió el doctorado honoris causa
por ser "un hombre que luchó durante toda su vida
contra el fascismo" (y Franco y José Antonio
revolviéndose en su tumba). Pertenece a esa casta de
hombres probos y benditos que, como Torrente
Ballester entre muchos en literatura o Fraga también
entre muchísimos otros en política, siempre
encontraron un hueco en las altas esferas del
dominio cultural y político. A estos benditos por el
manto del olvido y una reconstrucción facial de
riete tú de Corporación Dermoestética habría que
sumar los hijos y nietos (naturales o ideológicos)
de los que antaño fueron poderosos y heredaron de
sus ancestros la disposición natural al mando y la
posición política necesaria para ejercerlo. A
contrapelo de ese olvido queremos ofrecer aquí unos
recortes de qué fue frente a lo que nos han contado
insistentemente que fue. Sirva como botón de muestra
de tantos otros y como sospecha de lo que se nos
ofrece como democracia sólidamente construida.
Quien, además, desee un juicio crítico sobre su obra
literaria ajeno al papanatismo, la adulación servil,
el olvido estéril y el vacuo idealismo literario, le
recomendamos la lectura de la Historia social de la
literatura española (Blanco
Aguinaga, Zavala y Rodríguez Puértolas) y la
imprescindible Historia de la literatura fascista
española.
Para
ilustrar las virtudes de CJC, premio nobel en 1989,
nos servimos a reproducir literalmente la
documentación aportada por el profesor Julio
Rodríguez Puértolas (U. Autónoma de Madrid) en su
"Historia de la literatura fascista española" (HLFE
en adelante; dos vólumenes en la segunda edición de
la editorial Akal), cuya lectura recomendamos
encarecidamente antes de que la anestesia
democrática llegue a afirmar (como tememos que hará)
que el fascismo jamás existió. Los números de página
se refieren siempre a HLFE.
Para
ilustrar las virtudes de CJC, premio nobel en 1989,
nos servimos a reproducir literalmente la
documentación aportada por el profesor Julio
Rodríguez Puértolas (U. Autónoma de Madrid) en su
Historia de la literatura
fascista española (HLFE en adelante; dos
vólumenes en la segunda edición de la editorial
Akal), cuya lectura recomendamos encarecidamente
antes de que la anestesia democrática llegue a
afirmar (como tememos que hará) que el fascismo
jamás existió. Los números de página se refieren
siempre a HLFE.
Cela, en 1938, con 21 años, se
ofrece como confidente a la policía del bando
sublevado
Reproducimos, en primer lugar, el texto del
documento en el que CJC se ofrecía como confidente
de los sublevados. Figura en copia del original, con
firma de CJC, en la página 206 de la HLFE.
Con fecha de registro de entrada de
4 de abril de 1938.
EXCELENTÍSIMO SEÑOR COMISARIO
GENERAL DE INVESTIGACIÓN Y VIGILANCIA.
« El que
suscribe, Camilo José Cela y Trulock, de 21 años de
edad, natural de Padrón (La Coruña) y con domicilio
en esta capital, Avenida de la Habana 23 y 24,
Bachiller Universitario (Sección de Ciencias) y
estudiante del Cuerpo Pericial de Aduanas, declarado
Inútil Total para el Servicio Militar por el
Tribunal Médico Militar de Logroño en cuya Plaza
estuvo prestando servicio como soldado del
Regimiento de Infantería de Bailén (nº 24), a V.E.
respetuosamente expone:
Que
queriendo prestar un servicio a la Patria adecuado a
su estado físico, a sus conocimientos y a su buen
deseo y voluntad, solicita el ingreso en el Cuerpo
de Investigación y Vigilancia.
Que
habiendo vivido en Madrid y sin interrupción durante
los últimos 13 años, cree poder prestar datos sobre
personas y conductas, que pudieran ser de utilidad.
Que el
Glorioso Movimiento Nacional se produjo estando el
solicitante en Madrid, de donde se pasó con fecha 5
de Octubre de 1937, y que por lo mismo cree conocer
la actuación de determinados individuos.
Que no
tiene carácter de definitiva esta petición, y que se
entiende solamente por el tiempo que dure la campaña
o incluso para los primeros meses de la paz si en
opinión de mis superiores son de utilidad mis
servicios.
Que por
todo lo expuesto solicita ser destinado a Madrid que
es donde cree poder prestar servicios de mayor
eficacia, bien entendido que si a juicio de V.E. soy
más necesario en cualquier otro lugar, acato con
todo entusiasmo y con toda disciplina su decisión.
Dios
guarde a V.E. muchos años.
La Coruña
a 30 de Marzo de 1938. II Año Triunfal.»
Fdo. Camilo José Cela.
Primeros cargos políticos para
el régimen y Cela censor:
«
Terminada la guerra civil, Cela colaboró bien pronto
en periódicos y revistas fascistas, como Arriba,
Legiones y Falanges, Medina, Y (ambas de la Sección
Femenina de Falange, por la que sentía gran
admiración; precisamente en Y publicó Cela su primer
cuento, Don Anselmo). En El Español apareció su
novela Pabellón de reposo (1943-1944), y en Juventud
En Seminario de combate del SEU (revista de la que
fue redactor jefe), sus Nuevas andanzas de Lazarillo
de Tormes (1944). Por otro lado, La familia de
Pascual Duarte la escribió Cela siendo burócrata de
los Sindicatos Verticales, en concreto del textil.
Fue asimismo, por algún tiempo, "jefe de negociado
de cine-club" en la vicesecretaría de Educación
Popular. Funcionario también de prensa y propaganda,
ejerció como censor entre 1941 y 1945. Cela menta en
sus citadas Memorias (XL-VIII, p. 382), que sucedió
en el puesto a su amigo camarada Eugenio Suárez
(...). El propio Cela ridiculiza y minimiza sus
censuras, y añade (Memorias, ibid, p. 383) algo en
lo que insistirá en otras ocasiones
De mis
conductas censitorias no he de hablar, todo menos
pedir disculpas de algo que no me avergüenza»
Se
conservan documentos de sus actividades en los
servicios de Censura de 1943 y 1944; por sus manos
pasaron no menos de 250 revistas y boletines
diferentes. Decir, como se ha dicho, que el autor de
La Colmena censuró sólo tres revista y por breve
tiempo, es faltar a sabiendas a la verdad y un
ejercicio pleno de falseamiento histórico (así
Camilo José Cela Conde en "El País", 27-X-1989, y
"Diario16", de igual fecha), lo mismo que hablar de
los "supuestos empleos censores" del novelista (Juan
Cruz, "Camilo José Cela: un día en la vida del Nobel",
El País, 20-X-1989; suplemento extraordinario).
págs.
744-745.
Las opiniones fascistas de Cela
en la década de 1940
De las
derrotas carlistas a la Cruzada franquista:
« Con Don
Carlos lloraron millares de españoles y nuestra
pobre y grande, la malquerida España, cayó tan al
abismo que para levantarse, le hizo falta: primero
todo un siglo, después... la bendición de Dios para
Francisco Franco, nuestro Caudillo y Padre.
En el año
1937 es el "primer Año Triunfal del difícil triunfo
contra el mundo", con un ejército, el del general
Franco,
sacando
heroicidad y hombría de bien donde nada había. En
donde, solamente cizaña y odio sembró el enemigo,
surgió la flor lozana, y un poco emocionada, de esta
viril y austera y española generación triunfal de lo
imposible.»
Sobre el
Duce y Esteban Ascensión, héroe falangista:
« Mussolini nos dijo que la Historia
se mueve con la rueda de la sangre y Esteban
Ascensión debe saberlo, porque se lanzaba al galope
sin pensarlo en un instante »
Sobre
Jose Antonio y la esencia española:
«Porque lo difícil que José Antonio
quería para nosotros -españoles y falangistas y,
probablemente, intoxicados por el virus maligno de
la decadencia- era ni más ni menos que una vuelta a
lo que en el concepto clásico español fuera fácil
(...): la elegante y cómoda postura de los infantes
que anduvieron con andadura de Imperio. »
págs.746-749
1962: Cela espía a compañeros
escritores y propone la recuperación de rojos
mediante soborno
Muchos
años más tarde [después de haberse ofrecido como
informador a los jerarcas del bando sublevado]
-cuando Cela ya no era, ciertamente, menor de edad-
fue protagonista de otra sórdida peripecia de signo
parecido. Tras haber firmado el 6 de mayo de 1962 un
documento en el que diferentes personalidades
mostraban su preocupación por la actitud del
Gobierno ante las importantes huelgas mineras del
momento, en los sucesivos escritos de los
intelectuales ya no figuraba la firma de Cela. Mas
no sólo eso. En octubre de 1963 se celebró en un
hotel de Madrid una reunión de escritores para
tratar el tema "Realismo y realidad en la literatura
contemporánea", reunión a la que asistió Cela. Se
propuso, tomando como base la de 1962, enviar otro
documento al Gobierno. Cela se ausentó del encuentro
de escritores y se apresuró en comunicar al Director
General de Información lo que había ocurrido y lo
que se proponían sus colegas. Explica Cela que 42 de
los 102 firmantes de 1962 eran miembros del Partido
Comunista, y muchos "perfectamente recuperables, sea
mediante estímulos consistentes en la publicación de
sus obras, sea mediante sobornos". Señalaba también
Cela las divergencias entre algunos de los
implicados, como Bergamín y Aranguren, y que otros
se sentían inquietos y temerosos, como Laín
Entralgo,"persona mucho más medrosa que Aranguren";
este último, por lo demás, deseaba apartarse del
núcleo dirigente. El Director General de Información
propuso a su ministro, Fraga Iribarne, aceptar las
sugerencias del confidente, Camilo José Cela,
incluyendo sobornos "con cargo a fondos reservados y
de manera muy discreta"
-------------------
(Cfr. para
todo esto Pere Ysás, Disidencia
y subversión. La lucha del régimen de Franco por su
supervivencia, Barcelona, 2004, pp. 49-53;
también Javier Tussel, "Catadura
Moral", El País, 21 de octubre de 2004 ; Ignacio
Fernández Castro y José Martínez,
España Hoy,
París-Turín, 1963, pp. 167-170 y 477-482). En sus ya
citadas Memorias (vol.
XLIX, 1991-1992, p.390), escribía Cela: "Yo creo que
los hombres y las mujeres se denuncian porque se
aburren". Parece que el autor de
La colmena se aburría
de vez en cuando.
p. 1224,
nota 160.
Grupo
Arbeit