|

Durante muchos años, los que duró la dictadura y la censura franquista,
he tenido que escuchar la versión de que si no entramos en la II Guerra
Mundial es una circunstancia que debemos a la perspicacia y la
estrategia de Francisco Franco. Lo entendía y lo comprendía porqué, a
los blasones que se le atribuían de invicto, héroe, estratega, patriota
y santo cruzado, le faltaba el blasón de pacificador. Vamos, que fue una
injusticia que no se le diera el Premio Nobel de la Paz o que la Iglesia
no lo declarara Santo.
Que algunos de sus secuaces mantengan estas versiones que nos lo
presentan como el hombre que nos evitó a los españoles las tragedias de
la II Guerra, lo encuentro normal. También otros pueden creerlo por
ignorancia, porqué no vivieron aquellos días y han hecho caso de las
historias contadas por los aduladores de siempre. Pero me sabe mal y me
produce encono oír, como pasó el otro día a un importante arquitecto, un
señor ya mayor entrevistado en la televisión que en su día sufrió
persecución y acoso franquista, que hizo una critica del régimen, con la
única salvedad, la de atribuir a Franco el no haber participado España
en la II Guerra Mundial. Eso se puede permitir a los que no vivieron en
el 1941, pero no a los demás, los pocos que ya quedamos que tuvimos que
ser testigos y sufrir las consecuencias del franquismo.
Este es mi caso y por eso quiero dar testimonio contando la verdad que
es producto de un concienzudo repaso a la historia y a la memoria.
No fue el “Caudillo” un pacificador. Los que sí lo fueron, los que
fueron sus consejeros, que bastante trabajo tuvieron para ser
escuchados, fueron el Duque de Alba, embajador español en Londres,
Francisco Armesto, conocido por el pseudónimo de “Augusto Assia”, que
fue corresponsal de “La Vanguardia” en Berlín al empezar la guerra, más
tarde expulsado a petición de Goebels, llevado a Londres desde donde
informó con unos artículos que eran un canto a la esperanza para los
amigos de las democracias que estaban en lucha contra el fascismo. Estos
dos señores tuvieron que contrarrestar con sus consejos las ansias de
Franco en participar en la contienda al lado de Hitler al que ya daban
por vencedor y para no llegar tarde al reparto de territorios que
formarían el nuevo Imperio Español que seguiría contando los años
triunfales de la Cruzada, unas ansias y unos deseos que crecieron cuando
los alemanes atacaron la Unión Soviética esgrimiendo el anti-comunismo
demostrado en la guerra civil cuando decían que Franco había derrotado a
Stalín en tierras españolas.
Pero hubo un tercer personaje que se sumó a los dos anteriores para
frenar las ansias bélicas de Franco y éste era nada menos que el jefe
del espionaje alemán, el almirante Canaris, que conocía muy bien España
por haber estado muchas veces en nuestro país. Conocía nuestros
problemas y siempre se mostró contrario a que los españoles entráramos
en la contienda, así se lo hacía saber a Hitler. Canaris debió leer Los
Episodios Nacionales de Perez Galdós
Después de la entrevista de Hendaya, el almirante Canaris envió a
Heinrich Himmler para que viera por si mismo la situación de España. El
jefe del espionaje alemán sabía que Franco tenía en armas, pero
castigados, los combatientes que habían luchado en el bando republicano.
En los cuarteles de España, había dos quintas de soldados que habían
luchado bajo las ordenes de Franco y seis quintas, la 36,37.38,39,40 y
41. Soldados bregados en la guerra y ahora castigados.
Éste era el panorama cuando estalló el conflicto mundial. Hubiera
bastado un par de aviones ingleses o franceses, bombardeando con
pasquines invitando a la revuelta, para producir motines y
levantamientos en los cuarteles, contando con que muchos oficiales los
hubieran encabezado. Con trescientos mil soldados castigados,
cuatrocientos presos en las cárceles y con medio millón de exiliados de
guerra en la frontera, entrar en ella habría sido un suicidio del
régimen. Habría sido una insensatez, que eso sí, nos habría ahorrado
treinta y cinco años de franquismo.
Ésta situación continuó hasta que llamaron a filas la quinta del 1942,
la que sólo el primer reemplazo había luchado en el guerra en la zona
republicana.
Entonces licenciaron a los del 36 y 37, castigadas, y las 38, 39 de la
zona nacional o franquista.
Pero fue en el año 1943, cuando la victoria del Eje, ya no parecía tan
segura, y en el sur de Francia se movía el “maquis”, que se dieron
cuenta que estaban sentados sobre un polvorín. En Mayo de éste año,
salió del ministerio del Ejercito una circular dando permisos
indefinidos a los que hubieran luchado con la república o habían estado
en campos de concentración o trabajo. Había que apartar de las armas a
los posibles resentidos. Eso al mismo tiempo que volvían a llamar a los
soldados de las quintas 38 y 39 licenciadas dos años antes.
Para dar una idea de la situación en el ejército, quiero añadir un dato.
Cuando el 2º Batallón de Montaña, Albuera, fue sacado de Lérida capital
para subir al Valle de Arán, en previsión de un ataque de los “Maquis,
la 1ª Compañía resistió bien al ataque en el pueblo de Salardú, evitando
que cayera en manos de los asaltantes el mismo general Moscardó, jefe de
las fuerzas pero, en Las Bordas, los “Maquis” apenas encontraron
resistencia, la 2ª Compañía fue hecha prisionera y llevada a Francia. De
unos noventa soldados capturados, cuando cuatro días más tarde y
fracasado el intento de invasión, las autoridades francesas les dejaron
escoger entre volver a España o quedarse, tan sólo nueve de ellos
optaron por volver. Éstos y los que más tarde se repensaron y volvieron
a España, fueron castigados y represaliados. Algunos aún viven en
Francia.
Cuando los americanos desembarcaron en el norte de Àfrica en los
cuarteles se tocó “generala” y las tropas recorrieron las calles de
Lérida y se tomaron precauciones defensivas. Pero en Málaga, cuando un
barco hospital americano embocó la entrada del puerto de Málaga, no sé
porqué motivo, algunos creyeron que venían a liberarles, se enfrentaron
con la policía lo que costó otra fuerte represión franquista.
Quisiera que este escrito lo pudiera leer el arquitecto santanderino que
fue entrevistado en la televisión. Que recuerde que, Franco, cuando
mandó la División Azul a Rusia, dijo que si hacía falta mandaría dos
millones de soldados, y que uno de los más destacados falangistas que
fueron a luchar en las estepas rusas, Dionisio Ridruejo, marchó
falangista y volvió anti-franquista.
De no haber sido por el Duque de Alba, ”Augusto Assía” y el almirante
Canaris, Franco hubiera podido terminar sentado o colgado en Nuremberg.
|