
Nicolás Guillén: voz del mundo
Daniela Saidman
Argenpress
17 de
noviembre de 2009
Toda la voz del
África resuena en sus versos, toda la voz de América en sus palabras, todas
las voces, todas, en sus manos y en sus ojos que supieron ser alas para
atravesar los mares y puentes para encontrarnos. Nicolás Guillén, Camagüey,
10 de julio de 1902 - La Habana, 16 de julio de 1989, anduvo las calles de
La Habana, dibujando sueños y cantando libertades.
“¿Lejos? / Hay un
arco tendido / que hace viajar la flecha / de tu voz” cantan los versos de
Guillén, poeta cubano en el que resuenan los ecos libres de los viejos
esclavos. Su poética tiene el sabor de los tambores y besa con los labios
dulces de la caña, sus manos prendidas de estrellas se agitan como banderas
sobre los cielos de La Habana.
“Negrón, negrito, /
ciruela y pasa, / salga y despierte, / que el sol abrasa, / diga despierto /
lo que le pasa... / ¡Que muera el amo, / muera en la brasa! / Ya nadie
duerme, / ni está en su casa: / ¡coco, cacao, / cacho, cachaza, / upa, mi
negro, / que el sol abrasa!”
(Canción de cuna
para despertar a un negrito, fragmento)
Esta América que
fue y que sigue siendo, esta Patria callada de heridas, encontró en los
versos de Guillén la medida exacta de sus sueños, porque en él supo nacerse
libre, como una mujer de morenas piernas y largos pasos, hambrienta de
verdades y caricias, con el vientre colmado de mañanas.
“La sangre es un
mar inmenso / que baña todas las playas... / Sobre sangre van los hombres, /
navegando en sus barcazas: / reman, que reman, que reman, / ¡nunca de remar
descansan! / Al negro de negra piel / la sangre el cuerpo le baña; / la
misma sangre, corriendo, / hierve bajo carne blanca. / ¿Quién vio la carne
amarilla, / cuando las venas estallan, / sangrar sino con la roja / sangre
con que todos sangran? / ¡Ay del que separa niños, / porque a los hombres
separa!”
(La sangre es un
mar inmenso, fragmento)
Las costas bañadas
de barcos negreros con las velas izadas de nostalgias estallan por fin
libres en los versos de este poeta nuestroamericano. Sus pasos supieron
decir y decirnos lo nuestro, lo que arrebatado y presa de grilletes,
encontró por fin la canción que lo libera y así las heridas, aunque aún
abiertas, se secan de azules mares y altos vientos. Son versos cantarines
que denuncian, infinitamente jóvenes, la opresión primera y la explotación
que vino después desde el norte. En él la revolución cubana, vivida desde la
lucha y la poesía, tiene el canto germinado de caricias, porque sus versos
son en la música un fusil de margaritas.
“No me dan pena los
burgueses vencidos./ Y cuando pienso que van a dar me pena,/ aprieto bien
los dientes, y cierro bien los ojos. / Pienso en mis largos días sin zapatos
ni rosas, / pienso en mis largos días sin sombrero ni nubes, / pienso en mis
largos días sin camisa ni sueños, / pienso en mis largos días con mi piel
prohibida, / pienso en mis largos días Y / No pase, por favor, esto es un
club. / La nómina está llena. / No hay pieza en el hotel. / El señor ha
salido. / (…) / Que todo lo recuerdo y como todo lo recuerdo, / ¿qué carajo
me pide usted que haga? / Además, pregúnteles, / estoy seguro de que también
/ recuerdan ellos”.
Nicolás Guillén es
poeta imprescindible, de esos que saben nacer una y otra vez, en los suelos
de estas tierras y en las manos labriegas y en los ojos curiosos y en las
ganas y en las luchas. Nicolás Guillén fue y seguirá siendo, siempre, poeta,
voz de este sur de esperanzas.
“Haz que tu vida
sea / campana que repique / o surco en que florezca y fructifique / el árbol
luminoso de la idea. / Alza tu voz sobre la voz sin nombre / de todos los
demás, y haz que se vea / junto al poeta, el hombre”.
(Palabras
fundamentales, fragmento)
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