Robert Capa y Gerda Taro, fotografía y lucha
antifascista
Joaquim
Pisa
Aventura en la Tierra
14 de Octubrede 2009
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Gerda Taro y Robert Capa llegaron juntos a España en
1936, en los albores de la mal llamada Guerra Civil
española. Gerda era una chica de origen judío,
alemana de nacimiento y polaca de ascendencia. Tenía
25 años, y vivía y trabajaba como fotógrafa de
prensa en París. Alli conoció a un muchacho llamado
André Friedmann, un judío checo de 22 años sin
oficio ni beneficio refugiado en Francia, al que
Gerda hizo pasar por un afamado fotógrafo
norteamericano para que le dieran trabajo en su
agencia, inventándole un nombre que pronto se haría
famoso en todo el mundo: Robert Capa. |

En la imagen que
ilustra el post, Gerda Taro y Robert Capa en París |
En
España Gerda Taro y Robert Capa se convirtieron en privilegiados e
implacables testigos y notarios de la tragedia, y sus fotos pronto
llenaron las portadas de las principales revistas ilustradas de
Europa y América. Con verdadera pasión por la causa democrática y
cierta ingenuidad propia de sus pocos años, los dos apátridas
hicieron de la lucha republicana contra el fascismo el eje de sus
jóvenes vidas. La mirada de ambos quedó plasmada en fotografías que
son iconos del siglo XX (más delicadamente femeninas y atentas a la
realidad cotidiana las de Gerda Taro, grandiosas y en ocasiones
terribles las de Robert Capa). Formaron una curiosa pareja, en la
que al parecer el amor ocupaba un lugar secundario en su relación,
marcada por los acontecimientos que vivieron y por su lucha por dar
a conocer la realidad de la España en guerra contra el fascismo.
Gerda murió
en 1937, aplastada por un tanque durante la batalla de Brunete.
Robert Capa siguió trabajando solo en España, y luego fotografió la
Segunda Guerra Mundial, la guerra de China y la lucha en Indochina
contra la colonización francesa, hasta morir en 1954 tras pisar una
mina puesta por el Vietmin en un sendero perdido.
Recientemente El Museu Nacional d'Art de Catalunya (MNAC) ha
dedicado una espléndida exposición conjunta a las obras de Robert
Capa y Gerda Taro, cada uno en su propia sala independiente pero tan
próximas entre sí que es inevitable observar las respectivas
producciones como una unidad (de hecho, algunas fotografías que se
muestran fueron tomadas al alimón por los dos desde perspectivas
idénticas o muy cercanas). El contenido de la exposición se recoge
en dos magníficos catálogos absolutamente imprescindibles para los
amantes de la fotografía y desde luego, para quienes andamos
empeñados en la reivindicación de la memoria histórica de este país.
Seguramente esta doble exposición recorrerá España durante los
próximos meses, así que procuren no perdérsela; visítenla sin dudar,
e inviertan unos euros en adquirir los catálogos. Es un consejo que
me van a agradecer.
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