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LIBRO
| En el centenario de la Semana
Trágica
El
fusilamiento de Ferrer i Guardia, 'un crimen judicial'
Pilar Ortega Bargueño
El Mundo
26 de Julio de 2009
Fue un
ajuste de cuentas y un crimen judicial. Ésta es la
tesis que sostiene el abogado y periodista Francisco
Bergasa en su libro '¿Quién mató a Ferrer i
Guardia?'(Aguilar), donde defiende que el
fusilamiento del fundador de la Escuela Moderna se ejecutó,
no por su participación en los sucesos de la Semana Trágica,
sino por su ideología subversiva. "El Gobierno, los
tribunales militares, la Iglesia, el catalanismo, el
republicanismo de Lerroux, la prensa integrista y hasta la
misma Corona tenían cuentas pendientes con él. Lo
presentaron como el máximo responsable de unos sucesos en
los que apenas tuvo intervención alguna", afirma Bergasa en
una entrevista con elmundo.es.
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Francesc
Ferrer i Guardia, fundador de la Escuela Moderna. | FUNDACIÓ
FERRER I GUARDIA |
Pregunta.- ¿De dónde parte su interés por la figura de Ferrer i Guardia?
¿Qué pretende transmitir con su libro?
Respuesta.-
Ferrer Guardia es un claro referente de cómo las ideas políticas han
criminalizado a lo largo de la Historia conductas que no eran en
absoluto delictivas ni punibles. En este libro quiero probar
documentalmente que Ferrer fue condenado, no por su participación en las
jornadas de la Semana Trágica, sino por su ideología subversiva y su
labor al frente de la Escuela Moderna. Y que su fusilamiento obedeció,
en consecuencia, más que a un fallo judicial justo, a un ajuste de
cuentas.
P.-
¿Por qué razones convirtieron a Ferrer en responsable de la Semana
Trágica?
R.- Porque
tanto el Gobierno como las máximas instituciones del Estado necesitaban
una figura en la que concentrar las responsabilidades de unos sucesos
cuya violencia había conmocionado al país, y sobre los que la opinión
pública exigía un ejemplar escarmiento. Ferrer reunía, en su condición
de permanente transgresor del orden, todas las cartas para convertirse
en la víctima ideal sobre la que personalizar ese castigo. Y se
aprovechó su presencia casual en el escenario de los hechos para reunir,
en un clima de indefensión como el que en aquellos días se vivía en
Cataluña y sin el menor respeto a la legalidad, todas las pruebas que
pudiesen incriminarle.
P.-
¿Por qué nadie ha reivindicado su figura durante estos cien años?
R.- Para la
dictadura de Primo de Rivera, y sobre todo para el franquismo, Ferrer,
republicano, masón, librepensador y anarquista, tenía necesariamente que
ser un personaje maldito. En cuanto a los últimos 25 años, tampoco la
derecha que ha gobernado en Cataluña ha hecho nada por exculpar su
pasado moral ni su anticatalanismo. Pese a ello, su principal legado, la
Escuela Moderna, sí ha sido objeto de revisión, estudio y reconocimiento
por parte de pedagogos e historiadores, sobre todo a partir del inicio
de la transición democrática.
P.-
¿Qué representó para España un proyecto educativo tan singular como fue
la Escuela Moderna?
R.- A pesar
de su corta vida (sólo permaneció activa desde 1901, fecha de su
fundación, hasta 1906, en que fue clausurada a raíz del atentado contra
los Reyes en la calle Mayor de Madrid), la Escuela Moderna supuso una
ruptura contra el dogmatismo inculcado en aquél tiempo por la enseñanza
religiosa, y la falta de medios de que adolecía la educación del Estado.
E introdujo postulados tan innovadores como la coeducación de clases y
sexos, la laicidad, el racionalismo, la praxis experimental, el respeto
a la personalidad del alumno, la ausencia de premios y castigos, el
reconocimiento de la igualdad de género, la educación sexual, la higiene
escolar, y el combate a cuantas creencias pudieran contribuir a
perpetuar en los escolares la alienación o el oscurantismo.
P.-
¿Por qué califica Vd., en su libro, de crimen judicial el proceso contra
Ferrer i Guardia?
R.- Porque
su instrucción conculcó todas las garantías procesales y lesionó los más
elementales principios del Derecho. Así, se tipificó inexplicablemente
su participación en los sucesos como un delito de rebelión militar; se
abrió una pieza aparte contra él independiente del resto de las causas
instruidas por los mismos hechos; se aceptaron el rumor y la sospecha
como pruebas incriminatorias; se filtraron infinidad de diligencias que
violaron, en perjuicio suyo, el secreto sumarial; se orquestó una
campaña mediática para satanizarle; no se le autorizó a personarse en
ninguno de los autos; las pruebas documentales que lo inculpaban fueron
obtenidas sin los mínimos requisitos legales; no se aceptaron los
testimonios solicitados por su Defensa; se excarceló a cuantos
depusieron contra él; se ignoraron las declaraciones que podían
exculparle; se incumplieron los trámites del plenario; y hasta se evitó
la presencia de testigos en la vista oral que precedió a la sentencia.
P.-
¿Qué consecuencias tuvo su fusilamiento?
R.- Como
resultados inmediatos, la muerte de Ferrer concitó la mayor protesta
internacional contra España nunca hasta entonces conocida (hubo decenas
de manifestaciones, se atentó contra varias Embajadas, y diversos
sindicatos europeos boicotearon los productos españoles); supuso la
caida del Gobierno, y representó el fin de la carrera política de su
presidente Antonio Maura. A ello hay además que añadir, a medio plazo,
la quiebra del bipartidismo político vigente hasta entonces; la
radicalización del movimiento obrero, traducido en la fundación de un
nuevo sindicalismo revolucionario, la CNT; el auge del antimilitarismo y
el anticlericalismo entre las clases medias y el proletariado; y el
grave descrédito de la Monarquía, a la que su negativa al indulto
abriría toda una escalada de errores que terminó conduciéndola al
exilio.
P.-
¿Quién fue el máximo responsable de la muerte de Ferrer i Guardia?
R.- Todas
las instituciones de la España oficial de 1909 contribuyeron a hacer
posible el fallo judicial que condenó a Ferrer a la pena de muerte. El
Gobierno, los Tribunales militares, la Iglesia, el catalanismo, el
republicanismo de Lerroux, la prensa integrista, y hasta la misma Corona
tenían cuentas pendientes con él y no omitieron esfuerzo alguno para
presentarlo como el máximo responsable de unos sucesos en los que apenas
tuvo intervención alguna. Para buena parte de la opinión nacional,
Ferrer era un conspirador empeñado en fracturar el Estado, próximo a la
subcultura de la dinamita, e ideólogo de un proyecto educativo sectario,
ajeno a la idea de Dios, y dirigido a formar futuros revolucionarios. Y
ningún lugar mejor que los fosos de Montjuic para purgar un ideario tan
subversivo como el suyo.
P.-
¿Qué logros sociales tuvo la Semana Trágica tanto para Cataluña como
para España?
R.- A corto
plazo, ninguno, en la medida en que el alzamiento fracasó, y el Gobierno
lo presentó, además, ante la opinión pública como una revuelta
separatista. No obstante, el movimiento obrero pronto extraería de esa
derrota la lección de que la revolución que Maura pretendía imponer
“desde arriba” solo podía llevarse a término “desde abajo”, y propició
un sindicalismo mucho más beligerante que reivindicativo, que opuso a la
explotación del capital la huelga general y revolucionaria. En fechas
inmediatamente posteriores se aprobaron la ley de pensiones, la jornada
de ocho horas, y se fiscalizó con más eficacia la observación del
descanso dominical, la seguridad laboral y el trabajo de los menores.
P.-
¿Para qué servirá, en su opinión, la celebración del centenario de la
Semana Trágica?
R.- La
conmemoración de un acontecimiento histórico es siempre un recordatorio
de lo que ese suceso representó y de las consecuencias que del mismo se
derivaron. El centenario de la Semana Trágica debería servir para
visualizar el desenlace a que condujo la confrontación entre una España
autoritaria, intransigente, caciquil y oligárquica, y unos emergentes
movimientos de masas que defendían un modelo de sociedad más justo y
humano, aunque para lograrlo hubiesen de recurrir a la violencia. Y para
evidenciar también cómo una protesta social sin control ni orientación
condujo a una revolución inútil que acabó desembocando en una represión
sangrienta.
P.-
¿Cuál es la tesis de su próximo libro, un ensayo titulado 'El arte de
matar el tiempo'?
R.- A lo
largo de casi tres siglos, los españoles, al igual que el resto de los
europeos, han hecho del Café su principal espacio de encuentro y
sociabilidad. Y han convertido la máxima expresión de ese escenario, la
tertulia, en un soporte de comunicación abierto a la discrepancia, el
debate y la crítica. Este ensayo discurre sobre el modo en que el
"entretener" o "matar" el tiempo, es decir, la ociosidad que
generalmente caracterizaba la vida del café, condujo a efectos tan
creativos y estimulantes como la convivencia, la tolerancia, el respeto
hacia el otro, y, sobre todo, al nacimiento de la opinión pública, tal y
como en la actualidad la entendemos.
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