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Francisco Arias Solís
Diario Montañés
10 de Octubre de 2009
“Dicen que
al morir le hallaron a España
dentro del pecho. “Juan Rejano.
LOS POETAS ANDALUCES DEL
EXILIO VIVIERON SU POESÍA Y DE
SU POESÍA
Por su
número y calidad, los poetas
andaluces ocuparon un lugar
preferente en la emigración
provocada por la guerra de
1936, que fue un verdadero
éxodo poético. A excepción
de Federico García Lorca al
que las estrellas de la
madrugada vieron como se
quedaba para siempre en
su Granada, y
algunos, como Vicente
Aleixandre, que
permanecieron en España, la
mayoría de los poetas
andaluces –Antonio Machado,
Juan Ramón Jiménez, Rafael
Alberti, Luis Cernuda, Juan
Rejano, José Moreno Villa,
Emilio Prados y Manuel
Altolaguirre- salieron para
el destierro.
Los
poetas andaluces del exilio
vivieron su poesía y de su
poesía. Poesía difícil...
vida difícil. Soledad a
ultranza. Austeridad rayana
en la pobreza. En su poesía
hay una doliente luz que lo
atestigua. En su destierro
atesoraron solidaridad,
compresión y afecto sin
límites hacia todos los que
sufren opresión, dolor,
injusticia. Todos ellos eran
poetas de verdad. Poetas por
la gracia de la naturaleza.
Poetas sin remedio. Poetas
verdaderos. “El verdadero
poeta –decía Manuel
Altolaguirre- nunca es
voluntario sino fatal”.
Al
manantial sereno de la
poesía de Antonio Machado
llegó aquel inmenso dolor
del destierro. Su tristísimo
éxodo hacia la frontera
francesa en 1939 –como el de
tantos, tantísimos
españoles, miles de
españoles en aquel espantoso
trance-, no solo confirma el
buen sentido de su bondad,
sino que lo supera y
verifica, con su muerte.
La obra
poética de Juan Ramón
Jiménez –unida, como en
Mallarmé, a su ejemplaridad
personal- ha señalado el
momento inicial de la nueva
evolución lírica en España.
Le fue entregado el premio
Nóbel en el destierro.
Pablo
Neruda decía de la poesía de
Rafael Alberti, que tiene
“un aroma enlutado de
Gustavo Adolfo Bécquer”. Del
modo más perfecto, o del
único modo perfecto: el
poético puro. La poesía de
Alberti adquiere, de este
modo, sitio excepcional y
distinto en la lengua
española. De tal modo la voz
marinera de Alberti ha
logrado una poesía la mar de
clara. Y aquel marinero en
tierra tuvo que abandonar
también su tierra para
cantar solo: “Canto esta
noche de estrellas / en que
estoy solo, desterrado”.
La poesía
de Luis Cernuda, desnuda de
todo parecido externo, es
originalísima; tan nueva y
viva como el brote
primaveral de la planta, tan
graciosa, tan inspirada.
Idealmente andaluza, su
poesía, tiene sobre todo, la
gracia, el angélico don
andaluz de la gracia. El
dolor del destierro es, en
su caso, estímulo: el
sufrimiento se transfigura
en poesía -además de
grandísima- sobria, precisa
asombrosamente nueva e
innovadora: “De todo me
arrancaron. / Me dejan el
destierro”.
Una
dolorosa veta nostálgica, de
añoranza constante de España
y sobre todo de su tierra
andaluza, recorre la poesía
de Rejano. Casi cuarenta
años viviendo y
desviviéndose en el
destierro dan a la poesía de
Rejano su destacada
dimensión ética y humanista.
Juan Rejano es un poeta
andaluz por los cuatro
costados: “Si a mí me dan a
elegir, / yo nazco bajo un
olivo, / orilla al
Guadalquivir”.
Moreno
Villa forma con Altolaguirre
y Prados la trinidad de
poetas malagueños
desterrados y desaparecidos
en pocos años. De su
circunstancia de exiliado
brotan algunos de los más
logrados poemas de todo los
tiempos: “De soledad tan
vaga y tan concreta / sale
un hilo de agua: / el agua
del destierro, / muy
parecida al llanto”.
El nombre
de Manuel Altolaguirre no
puede separarse, ni en su
vida, ni en su poesía, del
de Emilio Prados. Hay
nombres de poetas que no se
deben nunca separar. Manuel
Altolaguirre y Emilio Prados
son inseparables. Su voz, la
voz de estos dos poetas, es
de una poesía purísima.
A la hora
de valorar la obra de Prados
hay que destacarla como una
de las más originales y más
conseguidas dentro del
altísimo panorama de nuestra
poesía del siglo XX. En los
años del exilio nacen unos
bellísimos poemas, llenos de
nostalgia de su tierra y de
su mar, su mar malagueño:
“Cierro mis ojos. El sueño /
por ellos baja a escuchar /
dentro de mi corazón / el
viento obscuro del mar”.
Su
continuidad en la imagen y
palabra del verso bien
templado, han hecho de
Altolaguirre uno de los
poetas más representativos y
personales del resurgir
lírico de la Andalucía
universal. A pie, en la hora
aciaga, atravesó las
gargantas heladas de los
Pirineos, cuando la lucha
fue ya imposible. Supo
entonces del horror de vivir
agonizando en un campo de
concentración; del exilio en
la miseria; de la
desesperación sobre la nieve
él, malagueño y solar. En
uno de sus primeros poemas
del exilio nos dice: “Mi
cuerpo mira a lo lejos / su
alma desnuda en la arena /
tomando el sol de la muerte
/ junto a un río de
tristezas.”
La
trascendencia estética
universal de Andalucía se ha
afirmado por la poesía de
nuestros poetas en el
destierro. Y, sin embargo,
como dijo Altolaguirre:
“Estoy solo y no sé quienes
/ están sintiendo mi
ausencia...”
El futuro
se gana, ganando la
libertad.
XIII
Festival Poético por la Paz
y la Libertad dedicado a
Mario Benedetti.
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