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Espionaje y Guerra Civil en la
frontera del Bidasoa (1936-1939)
Pedro Barruso Barés
Unidad Cívica Navarra
por la República 13 de septiembre de 2009
La extensión del conflicto español de 1936 fuera
de nuestras fronteras es algo que ha ocupado numerosas páginas en la
historiografía dedicada al conflicto y que, todavía hoy, sigue siendo
objeto de estudio. Buena prueba de ello son los libros recientemente
publicados, entre los que destaca el del profesor Aceña, analizando la
ayuda tanto alemana como soviética a los contendientes de la Guerra
Civil. Sin embargo hay una parte de la Guerra, y más concretamente de su
vertiente exterior, que nos es más desconocida. Nos referimos a las
cuestiones relacionadas con la actividad de los servicios secretos de
los contendientes. Este es un tema que he tratado ampliamente en mi
estudio El Frente Silencioso (Alegía, 2001) y en diversos artículos
publicados en revistas científicas. Sin embargo la propia naturaleza de
los hechos estudiados (actividades clandestinas) y de los protagonistas
de los mismos (agentes encubiertos) hace que el tema sea susceptible de
análisis y revisión a la luz de nuevas fuentes que vayan siendo puestas
a disposición de los investigadores. Me refiero, fundamentalmente, a los
archivos de los servicios secretos franceses e italianos en primer
lugar, aunque tampoco debemos descartar que en los archivos alemanes y
de la antigua Unión Soviética puedan aparecer sorpresas, si bien el
acceso a esta documentación se presenta como más complicado. Por tanto,
en estas líneas, me voy a exponer las líneas maestras de los temas
tratados en mi estudio sobre el espionaje durante la Guerra Civil en la
frontera del Bidasoa y unas reflexiones sobre la actividad de los mismos
a lo largo de conflicto.
Los servicios franquistas
Cronológicamente los
primeros en aparecer en la costa vasco francesa fueron los agentes
franquistas. Estos contaban con la colaboración de carlistas y
monárquicos exiliados que residían, desde 1931, en localidades como San
Juan de Luz o Biarritz desde las cuales conspiraban abiertamente contra
la República. Fruto de esta actividad fue que a los pocos días de dar
comienzo la guerra ya funcionada un servicio de información en la villa
"Nacho Enea" de San Juan de Luz. Esta, inicialmente dirigida por
elementos carlistas, pronto entró en contacto con monárquicos y miembros
de la "Lliga" de Fransec Cambó, quien aportó gran parte del capital
necesario para poner en marcha los servicios de información de los
sublevados y a los que se unieron diplomáticos, como el ex embajador de
España en Francia –Quiñones de León- o el consejero de la Embajada en
Estados Unidos Luis Martínez de Irujo. Por su parte los militares, a
instancias del general Mola, establecieron contacto con los anteriores y
completaron la organización de espionaje que fue dirigida, desde la
Comandancia de Irún, por el comandante Julián Troncoso.
Los servicios secretos de los rebeldes centraron
su actuación en varios frentes. El primero de ellos fue interceptar el
tráfico marítimo entre los puertos vascos y el Sudoeste de Francia.
Fruto de esta actuación fue el apresamiento de buques como el "Galerna",
en el que viajaba el sacerdote nacionalista "Aitzol" que fue fusilado en
Hernani en octubre de 1936 al igual que ocurrió con la mayor parte del
pasaje del citado barco. Un segundo objetivo fue el apoderarse, o
sabotear, el mayor número de barcos al servicio de la República. Como
consecuencia del fallido asalto a uno de ellos, el submarino C2 en el
puerto de Brest, Troncoso fue destituido y reorganizado en servicio
secreto al servicio de los Franquistas.
Los servicios secretos republicanos
Por su parte los republicanos se vieron sorprendidos por el comienzo de
la Guerra Civil y obligados a improvisar un servicio de inteligencia que
contrarrestase las actividades de los franquistas. A diferencia de
éstos, que optaron por un servicio centralizado y dotado de una cadena
de mando jerarquizada, los defensores de la legalidad republicana
crearon una serie de redes de agentes en las que toman parte personas de
la más diversas procedencia. La primera de ellas será la que dirigió el
pintor Luis Quintanilla, amigo personal de Luis Araquistain, y que es
quien le encargó que se hiciera cargo de los servicios secretos en el
sur de Francia. Sin embargo la detención de una agente de la red, y las
diferencias entre los integrantes de la misma, hacen que Quintanilla
abandone y se exilie en Estados Unidos. Sin embargo la labor llevada a
cabo por Quintanilla propició el mayor éxito de los servicios
republicanos, al conseguir el desmantelamiento de "La Grande Frégate",
sede del espionaje franquista en Biarritz. Sin embargo la escasa
implicación de las autoridades francesas –y la filtración a la prensa
del plan contra los agentes enemigos- limitó el éxito de la operación.
La reordenación de los servicios secretos republicanos,
al frente de los cuales se sitúo el recientemente fallecido Anselmo
Carretero, coincidió con la creación del Servicio Especial del Consulado
de Hendaya dirigido por el irunés Anastasio Blanco. Este, en realidad
agente encubierto del SIM de Prieto, logró reorganizar el servicio
secreto republicano en el sudoeste a la vez que logró, en gran parte,
neutralizar las actuaciones de los comandos de la Comandancia de Irún.
Sin embargo, al igual que ocurrió en el caso de anterior, las
diferencias internas de los republicanos limitaron en gran parte las
posibilidades del Servicio Especial.
La guerra secreta en el Sudoeste: un balance
El balance que se puede ofrecer de la actividad
de los servicios secretos en el Sudoeste es, como se puede suponer,
desigual. A la mayor organización y preparación de los sublevados
respondieron los republicanos con entusiasmo y un gran despliegue de
personas, pero, el resultado no fue el mismo. Mientras los esfuerzos de
los sublevados se centraban en el control de la frontera y del tráfico
marítimo entre el norte republicano y los puertos franceses –algo que
lograron- los republicanos se deben limitar a tratar de organizar
actuaciones encaminadas a desarticular las redes de agentes franquistas
que operaban en Francia. La escasez de medios y las vacilaciones a la
hora de llevar a cabo acciones determinantes, muchas veces frenadas por
las autoridades francesas, impide que los republicanos lograran más
éxitos.
La actitud de Francia debe ser considerada de
manera más detallada. El miedo a un posible golpe de corte comunista
provoca en el país vecino una proliferación de organizaciones
ultraderechistas como los "Croix de Feu", que colaboraron activamente
con los sublevados. Las autoridades francesas, a su vez, tampoco ven con
buenos ojos la actividad de los agentes republicanos, por lo que optan
por infiltrar las redes establecidas en Francia por los defensores de la
República. Sin embargo, el principal interés de los servicios secretos
franceses era el control de los agentes alemanes e italianos que
actuaban en Francia. Los primeros, con una sólida organización,
colaboran abiertamente con los agentes franquistas pero su actuación se
limita a la colaboración y el apoyo técnico. Por el contrario los
agentes italianos de la OVRA se muestran más audaces y colaboran – o
cometen ellos mismos- varios atentados en suelo francés. Los italianos
centran su atención preferentemente en la frontera oriental, pero su
implicación resulta decisiva a la hora del cambio de actitud de los
agentes franquistas. Éstos pasan a llevar a cabo acciones más audaces
(bomba en el tren de Hendaya, sabotajes a barcos mercantes que se
dirigían a la España republicana...) dentro de un plan italiano de
desestabilización de la República Francesa.
Los republicanos, por su parte, no son capaces de
superar sus diferencias internas. Pese a que la creación del Servicio de
Información Diplomática (SIDE) de Carretero y del Servicio Especial da
un balón de oxígeno a éstos, cuando se descubre que Blanco es un agente
del SIM todo el espionaje en el Sudoeste se derrumba. Las filtraciones
de antiguos integrantes de la red de Quintanilla ponen al descubierto a
toda la organización de Blanco que es prácticamente desmantelada. Los
postreros esfuerzos, en la recta final de la contienda, para reorganizar
los servicios de información desde los consulados que permanecen en
manos de los republicanos se saldan con un fracaso y con el fin de la
actuación de los agentes al servicio de la República en la frontera del
Bidasoa.
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