Entrevista a
Silvio Rodríguez
La Jiribilla
29 de Agosto de
2009
El
anuncio en La Habana del concierto Paz sin Fronteras, promovido por
el músico colombiano Juanes, para el próximo 20 de septiembre en la
Plaza de la Revolución, ha generado
opiniones diversas.
En la Isla se respira expectación en espera del encuentro. También,
la actitud agradecida
por el reconocimiento a la voz de Cuba en nombre de la Paz.
Uno de
los invitados, el cantautor cubano Silvio Rodríguez, en entrevista
para La Jiribilla, al responder sobre las “preocupaciones”
que ha provocado tal “atrevimiento”, lo reafirma como “un evento de
Paz que le molesta a la ultraderecha porque la naturaleza de esta
gente es agresiva, como el bloqueo, y porque la idea y el hecho de
la Paz socavan el odio que les alimenta”.
Cuando
aún sonaban los acordes de la presentación en la ciudad ecuatoriana
de Guayaquil por la conmemoración de la gesta independentista del 10
de agosto de 1809, Silvio, quien
ante unas 25 mil personas en el Estadio Modelo interpretó
canciones que constituyen parte sustancial de la historia trovada de
este conteniente, compartió
algunas reflexiones
con esta revista.
El
concierto del músico colombiano Juanes en la Plaza de la Revolución
tiene una historia previa y espontánea en La Habana. Cuéntanos sobre
esta historia y sus antecedentes.
Los
antecedentes, en lo que a mi persona se refiere, comenzaron por una
llamada telefónica del Ministerio de Cultura para decirme que Juanes
quería hacer un concierto en La Habana por la Paz y que venía a
hablar de eso a Cuba. Me llamaron porque iba a haber una cena y
querían que yo asistiera. Allí conocí a Juanes y le escuché hablar
por primera vez del proyecto. Él me preguntó si quería participar y
le dije que sí. Yo había visto por televisión el primer concierto
por la Paz que habían hecho en la frontera de Colombia con
Venezuela y me pareció positivo.
En
la
presentación del libro
Cancionero
comentas que a los 20 años creías que la poesía podía cambiar al
mundo y ahora a los 60 estabas convencido de que no podías
cambiarlo, pero sí hacerlo mucho mejor. ¿Puede evidenciar este
concierto de Juanes en Cuba tal certeza?
Efectivamente, no creo que una canción o un concierto puedan cambiar
la compleja realidad de la noche a la mañana, pero sin duda un
evento como este puede ser un fuerte mensaje de voluntad de Paz, en
este caso entre los EE.UU. y Cuba, países separados por
discrepancias de medio siglo. A mi entender este concierto pretende
unirse a la voz de muchos de aquí y de allá que deseamos que la
situación se normalice y que cada cual viva como lo desea, respetando
al otro diferente.
La
idea de este evento musical ha levantado bastante revuelo en Miami
acusándolo de concierto politizado. ¿Por qué puede molestar tanto un
evento a favor de la Paz?
Las
voces que condenan a este concierto no son las de la inmensa
mayoría de trabajadores emigrantes cubanos. Mucho menos la de los 11
millones que vivimos en Cuba. Las voces incómodas y agresivas son de
la pequeña pero muy poderosa ultraderecha cubana, que se da besitos
con la ultraderecha estadounidense (la que ya se sabe lo que hace
por todo el mundo). Un evento de Paz le molesta a la ultraderecha
porque la naturaleza de esta gente es agresiva, como el bloqueo, y
porque la idea y el hecho de la Paz socavan el odio que les
alimenta.
Hay
muchas guerras desatadas en todo el mundo: bélicas, ideológicas,
económicas... Y este concierto se dedica a contraponer la Paz ante
tales conflictos. ¿En favor de qué causas o contra qué actos vale la
pena "disparar" canciones?
Juanes
dice que desea que este concierto sea blanco; también se ha dicho
que el blanco es la ausencia de color, por lo que interpreto que
Juanes desea que no haya predominio de una razón sobre otra, que
todos tengamos la misma oportunidad. Creo que en este concierto
caben todas las canciones que transmitan aspectos de la condición
humana, que es algo muy diverso, muy rico, al margen de las
ideologías. Por eso, todo lo que sea respeto al derecho a la vida, a
la educación, a la libertad, a la diversidad, será válido. Y más
que "disparar" supongo que será un concierto donde se soplarán
canciones para que el viento —ayudado por los satélites— las haga
llegar lo más suavemente posible a todas partes.
Entre tus canciones, existen varias que se pronuncian contra la
guerra. ¿Escucharemos algunas de ellas en el concierto? ¿Acaso algún
adelanto de la nueva producción Segunda cita?
Para
hacer el programa supongo que primero hará falta saber cuántos
artistas participarán. Entonces se podrá tener una idea del
repertorio que tocará a cada cual.
Segunda cita
es un disco bastante enfocado en la realidad cubana, quizá pudiera
cantar alguna de esas. Aún no lo sé. En algún momento pensé cantar “Rabo
de nube”, que me fue imposible
hacer en el homenaje a Pete Seeger. También he pensado en "Días
y flores". Pero también pudiera
desempolvar una, llamada "Blanco",
que hice hace 40 años.
Cantar en la Plaza de la Revolución supone un deber, rememorando tu
antológico tema. ¿Qué significación tiene entonces hacerlo hoy, en
las actuales circunstancias, y acompañado de todos estos músicos?
Sigue
siendo un deber y, por supuesto, también un gusto.
Acabas de realizar varios conciertos en Ecuador, uno de los centros
de la renovación social que tiene lugar en América Latina. A partir
de la experiencia de esta visita, tu contacto con el pueblo, unido a
los hechos recientes del golpe en Honduras, la crisis mundial y las
bases yanquis en Colombia, ¿qué señales o lecciones nacidas en este
contexto nos debieran servir para el futuro latinoamericano más
inmediato?
Creo que el golpe de Estado en Honduras se
parece mucho al que dio Pinochet en Chile y creo que aquí tampoco lo
hicieron solos. Los ambiciosos han vuelto a manchar la dignidad de
las fuerzas armadas de un país latinoamericano. Hay muchos heridos
de bala y si hay menos muertos ha sido por la presencia vigilante de
TeleSur. Es obvio que el pueblo hondureño dirá la última palabra.
Por otra parte, la intensidad de lo que hemos vivido en Asunción y
en Guayaquil refuerza mi fe en que la segunda independencia
latinoamericana continúa.