Estocolmo: En busca de "Millennium".
Ana Lorite /
Miluca Martín
El País
27 de Agosto de 2009
El éxito de Stieg Larsson ha provocado una invasión de
turistas en la isla de Södermalma, antes reducto de la
clase obrera y hoy poblada de tiendas de diseño y émulos
de 'hackers' tatuadas
Las vidas de los protagonistas de la trilogía Millennium
discurren en un puñado de calles de Södermalm en Estocolmo,
una de las 14 islas que conforman la ciudad. Quince minutos
a pie separan las casas de los héroes de Larsson, Lisbeth
Salander y Mikael Blomkvist. A mitad de camino se encuentra
la sede de la revista que da nombre a la trilogía. Sorprende
que casi 3.000 páginas se puedan visualizar en apenas unos
metros. Los escenarios de la novela caben en un dedal y
cobran vida propia. Un incesante goteo de personas se hace
fotos frente a la fachada de un edificio de tres pisos con
ventanas de arcos ojivales, en el número 1 de la calle
Bellmansgatan, ante la estoica mirada de los vecinos. Se
trata de la vivienda del insobornable reportero. Hasta el
boom Larsson, la calle adoquinada era una más del casco
antiguo, pero ahora sirve incluso como fondo para un
catálogo de automóviles alemanes. El éxito de las novelas se
ha traducido también en un aumento de los visitantes que
acuden hasta la capital sueca con la intención de comprobar
in situ los lugares por los que se mueven el
periodista y la hacker. El Stadsmuseum (Museo de la
Ciudad) ha editado un mapa con la localización de los puntos
indispensables y organiza circuitos. En una de las salas del
museo, la dedicada al cine, se ha instalado "recientemente",
según Ernesto Garzón, uno de los coordinadores del centro,
una recreación de la redacción de Millennium.
Con o sin Larsson lo que es cierto es que la isla de
Södermalm, anteriormente reducto de la clase obrera, está
cambiando. A los locales más clásicos se unen otros de nuevo
cuño. Dan prueba de ello las tiendas de ropa, de diseño y
multitud de cafés y restaurantes, sobre todo en la zona
conocida como SoFo (al sur de Folkungagatan). En esta época
del año, las plazas y parques se encuentran plagados de
niños rubios, nada que ver con la desoladora belleza del
paisaje sueco descrito en las novelas. Los carritos de bebé
mandan en la plaza Mariatorget, donde Lisbeth fue vista en
compañía de hombres mayores y acusada de prostitución. Lo
mismo sucede en la plaza de Mosebacke, por la que la
investigadora pasaba camino de su casa. Contrasta con el
ambiente que se respira en el Kvarnen (Tjärhovsgatan número
4), donde Lisbeth y sus amigas del grupo de rock Evil
Fingers se reunían los martes. Esta taberna de paredes y
mesas de madera, una de las más antiguas de Estocolmo
especializada en comida tradicional sueca (arenques y
albóndigas de carne), es el punto de encuentro de los
hinchas de Hammarby IF, uno de los tres equipos de fútbol de
la ciudad.
Pero adaptar la ficción a la realidad plantea problemas. La
unanimidad en la localización de la casa del periodista de
Millennium se esfuma cuando se trata de situar la
vivienda social que Lisbeth heredó de su madre. Los guías no
se ponen de acuerdo. Unos sostienen que se encuentra en la
calle Lundagatan y otros la ubican frente a la iglesia de
Hornsbrucksgatan, donde tiene lugar una de las escenas más
impactantes de la segunda entrega: la pelea del púgil Paolo
Roberto y el secuestro de la amante de Salander. El
boxeador, muy conocido en Estocolmo donde regentaba un
gimnasio para jóvenes con problemas de adaptación social,
cuando se enteró de su participación en el libro pidió
interpretarse a sí mismo en la segunda parte de la película
que se estrena en octubre.
De lo que no hay ninguna duda es de la localización de la
segunda casa de Lisbeth Salander, una mansión de 21
habitaciones, situada en un edificio de 1910, en el 9 de la
calle Finskargatan. Ahí mismo, bajando una empinada cuesta,
se llega a Gotgatan, una bulliciosa vía, donde Larsson sitúa
la sede de la revista Millennium. En realidad se
trata de las oficinas de Greenpeace. Unos metros más allá se
divisa el 7-Eleven en el que Lisbeth se aprovisionaba de
comida basura y el Snaps, con su abarrotada terraza, en la
que degustar cerveza sueca.
Otro punto de encuentro de los personajes es el café
Mellqvist, con una extensa carta de cafés, debajo del piso
en el que se encontraba la revista Expo donde
trabajaba Stieg Larsson. Aquí, como en el resto de los cafés
y bares de Estocolmo, rige la filosofía del hágaselo usted
mismo. No hay camareros. El parroquiano pide la consumición
en la barra, la paga en el acto y busca donde acomodarse,
como hacía el autor de la trilogía.