La dignidad y la fiesta: Víctor Jara
Josep Maria Fonalleras
El Periódico
12 de Diciembre de 2009
Veo las imágenes del funeral de
Víctor Jara por las calles de
Santiago. Al principio creía haberme
equivocado al buscarlas, porque me
encuentro con un carnaval. Luego,
más rúas, algunos vestidos de
catrina mexicana (la representación
de la muerte, la calavera que
baila), y grupos de gente cantando
las piezas del chileno. Y más
carnavales, y bailes típicos y gente
bailando aquí y allá. Finalmente me
doy cuenta de que no es ningún error
y de que, 36 años después de su
ejecución vil y obstinada hasta la
ignominia, el homenaje a Jara
es, en su ruta hasta el Cementerio
General, una fiesta caótica y
multitudinaria, un pasacalles
juguetón donde no hay ninguna
celebración de la muerte sino un
estallido fenomenal de la dignidad.
Los restos de Víctor Jara han vuelto
al cementerio donde ya estaban
depositados tras el desfile
improvisado y nada protocolario, una
marcha en la que el ataúd casi pasa
desapercibido entre el gentío, sin
honores de ningún tipo, con un
humilde cordón que describía un
rectángulo de seguridad. Jara
venía de la muerte y a ella vuelve,
pero ahora con aplausos y flores,
con lágrimas en los ojos y banderas
rojas, con la emoción contenida
durante tanto tiempo, con notas
dispersas de sus canciones entonadas
al paso del féretro.
Fuimos muchos los que nos aprendimos de memoria sus
letras. Muchos los que lloramos aún
un poco al escuchar «y tú caminando,
lo iluminas todo». Somos muchos los
que conservamos en la cabeza –pese a
los años y a la pérdida de
entusiasmo de cuando éramos
románticos– las fotografías de la
perfidia en el Estadio Nacional y
las dolorosas noticias que llegaban
de Chile. Cuando pueda, enseñaré a
mis hijos estas imágenes alegres y
les haré ver que es cierto que
«mucho más temprano que tarde se
abrirán las grandes alamedas por
donde pase el hombre libre».
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Fuente: http://www.elperiodico.com/default.asp?idpublicacio_PK=46&idioma=CAS&idnoticia_PK=668489&idseccio_PK=1498