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Historia. El Cristianismo y la Guerra
Anna Hamilton
Eumed.net
29 de Octubre de 2009
Una vez más la iglesia debe enfrentarse con la pregunta: "¿Cuál será nuestra
actitud frente a la guerra?".
Lo extraño es que tal pregunta pueda surgir. ¿No es de incumbencia de la Iglesia
Cristiana enseñar y practicar la doctrina y la tradición pacífica establecida
por el propio Maestro Jesucristo, simbolizada en su vida y en su muerte? No
puede haber ninguna duda sobre cuál sería el pensamiento de Cristo y qué actitud
tomaría en este asunto.
Adolfo de Harnack, en su tratado "Militia Christi", estudió profundamente la
relación entre el cristianismo y la guerra durante la era primitiva del
cristianismo. Nos hace ver sin lugar a dudas que ser cristiano y soldado no
encuadra en la enseñanza de Cristo. Cristo repudió definitivamente toda clase de
venganza, guerra y derrame de sangre humana. El juramento de un soldado es
contrario y en abierto repudio a la obediencia de Dios.
Constantino el Grande, el gran oportunista
Estas condiciones prevalecieron hasta el siglo IV DC. En aquel tiempo
Constantino el Grande era emperador de Roma. Con gran visión, él, un pagano,
vislumbró la inmensa posibilidad que ofrecía en lo militar y político, el culto
religioso. Entonces favoreció a los cristianos y ordenó la suspensión de las
persecuciones. Al regresar victorioso de una de sus campañas, Constantino
proclamó haber visto una cruz flamígera en el firmamento con las palabras: "In
hoc signo vinces" (Con este signo vencerás).
Constantino proclamó haber tenido una visión celestial para así poder vencer a
sus enemigos. Entonces adoptó la cruz cristiana como emblema de la nueva
religión, la cual desde entonces sería la religión oficial. ¿Habrá quedado así
cristianizado el Imperio Romano?
Constantino ordenó por la fuerza que las gentes fueran bautizadas. Fueron
llamadas por decreto, millares de personas, paganas, judíos y bárbaros. Lo
curioso fue sin embargo, que él.Constantino, no quiso ser bautizado. Todo
resultó ser una gran farsa, sólo quiso aprovecharse de la situación. Era un
verdadero oportunista, A uno de sus hijos lo llamó Constantino Ir a otro lo
llamó Constans, a un tercero lo llamó Constantinius, a una hija le dió el nombre
de Constantina. Fundó una ciudad y la llamó Constantina y bautizó con el nombre
de Constantinópolis la capital imperial que él "reconstruyó".
El Cristianismo de Constantino
Tan "cristiano" era Constantino, que deshizo a todos sus rivales, entre ellos
Máximo, a quien forzó a que se suicidase. Mandó asesinar a su suegro porque no
le gustaba. Lo mismo hizo con su cuñado y su primo. Mató hasta su propia esposa
Fausta y a su hijo Crispus. Tanto le placía aparecer en público como benefactor,
que astutamente dió orden de libertar a los cristianos de las cárceles y los
sacó las catacumbas y mandó construir suntuosos templos cristianos, los que aún
en el día de hoy pueden ser admirados. Con gran habilidad convenció a los
líderes influyentes de la iglesia de que la fe cristiana y la guerra eran buenos
aliados. En poco tiempo inculcó en la juventud cristiana el espíritu de la
guerra. Luego los hijos de los antiguos mártires tomaron parte en las campanas
imperiales, queriendo dominar por la fuerza de la espada a los pueblos paganos.
Antes de morir, Constantino se dejó bautizar para dejar al mundo la ilusión de
haber sido el primer emperador cristiano.
¿Cristiano? ¡Eso nunca! Pues cuando la Iglesia aceptó la regencia de
Constantino, abrogó el verdadero cristianismo para tomar el constantinismo. Se
invirtieron los papeles, en lugar de Iglesia perseguida, se convirtió en
perseguidora de aquellos que no querían seguir la doctrina cristiana, o por
mejor decir constantiniana. Desde entonces y por unos 1600 años la Iglesia
Universal (Catholicus) se convirtió en un instrumento de guerra, Ya los hijos de
Constantino, Constantino II, Constans y Constantinius siguieron el ejemplo de su
padre y mataron y exterminaron a todos sus parientes con excepción de. Galiyus
Juliano.
Bendición de las armas
Para probar cómo la iglesia y la máquina de guerra anduvieron combinadas, basta
recordar las dos últimas guerras, cuando oficialmente ministros de la iglesia
impartieron su bendición sobre las armas y máquinas infernales destinadas a la
matanza de millones. Oraciones especiales fueron hechas en las diócesis a favor
de la victoria sobre el enemigo del país y lo mismo se hizo en campo enemigo.
Antes de cada batalla una oración fue elevada y una bendición impartida sobre
cada cuerpo del ejército. Felizmente no todos los cristianos ni tampoco todas
las denominaciones religiosas sucumbieron a la ideología Constantiniana; siempre
han quedado minorías que se conservaron fieles a los principios del espíritu de
Cristo. En general sin embargo, la Iglesia dejóse envenenar por el espíritu de
la guerra y estimuló a sus hijos a que tomasen la espada para matar.
Guerras santas
Ya en aquellos años, so pretexto de establecer oficialmente el cristianismo como
religión de Roma, el verdadero ideal y propósito de Cristo para la humanidad se
perdió. Guerras horrendas llamadas "Guerras Santas", incendiaron y arrasaron
pueblos enteros durante siglos. Las "Cruzadas" quedan en la historia como una
vergüenza imborrable para los cristianos y la "Cruzada de los niños'”, en la que
perdieron la vida no menos de 30.000 menores, fue una de las páginas más
estúpidas y grotescas que se pueden imaginar. Ni siquiera hemos hecho mención de
las opresiones, persecuciones y de las horripilantes inquisiciones, todo ello
obra vergonzosa de la iglesia organizada y oficial. La verdad es ésta: que con
excepción de pequeños grupos de creyentes acá y allá, que se conservaron fieles
hasta el día de hoy, el verdadero espíritu cristiano murió en el mundo y el
constantinismo tomó su lugar.
Pensamos con admiración en los pequeños grupos que hicieron para sí una historia
brillante de felicidad, abnegación y tremendos sacrificios, para poder seguir
las enseñanzas de Cristo, a fin de no sentirse heridos en sus conciencias ante¡
las monstruosidades humanas; por quererse obligar a los jóvenes cristianos a ir
a la guerra y matar a sus propios hermanos. Los Quáqueros, los Hermanos, los
Menonitas, los Discípulos y muchos otros dieron un ejemplo admirable de
constancia y firmeza de fe.
Pobre argumentación
El cínico clero afirma que el propio Jesús hizo uso de la fuerza cuando expulsó
a los mercaderes del templo, argumentando de ese modo que la guerra es lícita.
La verdad es que el Señor Jesús jamás usó de la violencia pues el mero hecho de
haberse convertido en un celoso de la casa de oración, no da derecho a afirmar
que haya agredido a alguien corporalmente. Su espíritu en realidad era manso y
humilde, y El no s610 n03 enseñó a p9rdonarnos los unos a los otros, sino que
perdonó a sus perseguidores más crueles, .mismo en la hora de su muerta en la
cruz.
En la guerra, la juventud inocente que nada sabe y nada malo pretende, es
artificialmente agitada y forzadamente entrenada para lanzarse contra sus
semejantes, quienes nada le hicieron y a los cuales nunca antes habían visto,
con la orden estricta de matar, destruir y conquistar hogares, tierras de otros
para los cuales la vida resulta tan querida y preciosa como le resulta a ellos
mismos. El objeto de la guerra es matar. Cristo sólo abogó por coaccionar a las
almas perversas y tardas en arrepentirse. No hay ninguna semejanza entre la
enseñanza de Cristo y la ley de la guerra.
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