"¡Éste es el
tesoro!". Un pedazo
de la historia de
España. El más
trágico. Un tesoro
desconocido y que el
fotógrafo Agustí
Centelles protegió
con su propia vida.
Sus hijos, Octavi y
Sergi, lo muestran
con mucha ceremonia.
Son dos cajas de
cartón repletas de
cartulinas
descoloridas por el
tiempo. La verdad es
que parece poca
cosa. Nadie diría
que estas cajas se
han vendido por
700.000 euros. Hasta
que Octavi Centelles
hunde la mano en el
cartón y extrae una
cartilla de
negativos (hay más
de 10.000) del
archivo de
Centelles.
Agustí Centelles (a la derecha) regresa a España en 1976 acompañado por el historiador Eduard Pons Prades. En la otra imagen, el archivo con los 10.000 negativos, el cuaderno con el índice de nombres y tres cajas de placas de cristal.- MARCEL-LÍ SÁENZ / SERGI CENTELLES
Nacido en el Grau (Comunidad Valenciana) y criado en Cataluña y considerado como el Robert Capa español, Centelles es autor de muchas de las imágenes que vienen a la cabeza al pensar en la Guerra Civil.Todas ellas se esconden en ese par de cajas que el Ministerio de Cultura acaba de comprar para llevarlas al Centro Documental de la Memoria Histórica de Salamanca y que los herederos muestran en EL PAÍS por primera vez. "Muy pocos lo han visto antes", afirma Sergi. |

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Los viejos negativos
crujen en las manos
de los hermanos, los
únicos que los han
tocado desde la
muerte de Agustí
Centelles. "Esto fue
la almohada de mi
padre", explica
Octavi. No es una
forma de hablar. Si
los negativos
sobrevivieron a dos
campos de
concentración
franceses fue porque
el fotógrafo durmió
abrazado a la maleta
donde los guardaba
cada noche que pasó
en Bram o Argèles-
sur-Mer. Las
condiciones de vida
en Bram dan idea de
lo difícil que debió
ser para Centelles
no resignarse a
perder su tesoro:
"Los dueños del
campo vendían los
excrementos de los
presos como abono y
entradas para ver a
los reclusos, como
en el circo, por
seis francos",
relata Octavi.
Agustí Centelles
había invertido 900
pesetas en la Leica
que compró en 1934
para hacer aquellas
fotos. Un fortunón.
Algunas le costó
mucho hacerlas, pero
por otros motivos.
"A diferencia de
Capa, él estaba
fotografiando su
guerra. Sufre
mientras dispara. La
imagen de la mujer
frente al cadáver de
su hijo tras el
bombardeo de Lleida
se censuró durante
un tiempo para no
desmoralizar al
bando republicano",
cuenta Octavi.
Las cajas con los
negativos salen de
una caja fuerte y
van unidas a un
cuaderno con un
índice de nombres en
el que el propio
Centelles orienta al
espectador para
recorrer su obra.
También irá a
Salamanca, al igual
que las placas de
cristal, antecedente
de la película
sensible, del
fotógrafo.
El berrinche de la
Generalitat por el
traslado del archivo
ha sido monumental.
El Gobierno catalán
acusa a los hermanos
Centelles de
traidores. Ellos se
defienden. "Ramón
Alberch [subdirector
general de Archivos
de la Generalitat]
nos miraba a los
ojos y nos decía que
esto lo teníamos
sobrevalorado. Toda
la vida nos han
cerrado la puerta en
las narices", se
queja Octavi.
Pero la polémica ha
resucitado la
popularidad del
archivo. Incluso
podría haber llamado
la atención de
varias estrellas de
Hollywood. "El
entorno del actor
Antonio Banderas se
ha puesto en
contacto con
nosotros para
comprar fotos de la
Guerra Civil de
Agustí", cuenta
Joaquín de Gasca,
portavoz de los
herederos.
Ellos se quedarán
con una parte del
tesoro, una maleta
llena de Centelles.
Son fotografías
inteligentes llenas
de información. Por
eso Franco quiso
incautarlas en 1939.
"Mi padre escondió
el archivo en una
casa de Carcasona
porque sabía que sus
fotos podían servir
para identificar y
perseguir a los que
salían en ellas por
sus ideas
políticas", cuenta
Sergi. Y en la casa
de una familia en
Carcasona permaneció
hasta que pasó el
peligro. Hasta que
murió Franco.
Durante años les
había estado
enviando turrón por
Navidad como señal
de que seguía vivo.
Así fue cómo Agustí
Centelles preservó
el tesoro que sus
hijos han cuidado
solos durante 25
años. Hasta que la
directora del Centro
Documental de la
Memoria Histórica de
Salamanca acudió al
archivo y "se
enamoró", según los
testigos. De la foto
de un tanque casero
y naturalmente
averiado, hecho con
un vehículo
cotidiano al que se
le han incorporado
planchas de acero.
De la imagen en la
que un par de niños
semidesnudos siguen
a una mujer exhausta
por una carretera
desierta. Parece
Vientam. Es Teruel.
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Centelles