Hace apenas unos días se presentó la edición del
segundo volumen de las obras completas de la escritora Carmen Martín
Gaite; con este segundo tomo se terminan de agrupar sus novelas.
Narradora de soledades, de circunstancias estacionales, de realidades
fantásticas, además de novelas escribió cuentos, poemas, artículos,
ensayos, dramas, conferencias,… ¿Cómo abordar la escritura de una
creadora que participó en los más variados campos de la literatura?
Carmen Martín Gaite forma parte del grupo de
escritoras y escritores que crean la novela estructural. Su obra arranca
en el realismo crítico, donde tiene en cuenta a las gentes laboriosas
que son presas de un trabajo inútil, vacío, perdidas para todo lo que se
refiere a una idea común, alienadas; y si mira a las clases altas las
encuentra protegidas bajo cubiertas rígidas, viviendo internamente
contradicciones a las que atacan de forma violenta, mientras invisten su
existencia de la ignorancia general y son atizadas por unas enormes
ansias de descomposición.
En otro momento se lee en su obra la mirada que
busca la grieta en la realidad para encontrar la imagen fantástica; se
ha dicho que para ella “lo cotidiano era el estuche de lo fantástico”.
Por un camino o por otro trata continuamente de la importancia del paso
del tiempo y de la memoria. El tiempo ese algo que no se puede detener,
y al que ella se propone adelantar. Y la memoria, como parte del
conocimiento. Buscaba dónde aprender, quería aprender todo. Quienes la
conocían señalan que le interesaba saber qué daba lugar a los
acontecimientos y a lo cotidiano, no aceptaba el olvido, y afirmaba que
para entender el presente era preciso mantener el recuerdo, y que sólo
de esta manera podríamos reafirmarnos y ser coherentes.
Ahora bien, para el conocimiento le era
imprescindible la experiencia, por eso en sus trabajos históricos y
periodísticos son muy importantes sus procesos de lectura y búsqueda por
los que va pasando y en los que se va encontrando; de ahí que nos deje
escritas sus preguntas y contestaciones en medio de una manera de leer y
escribir que nos sintoniza y nos implica.
Carmen Martín Gaite era amiga de las preguntas, de
los nudos, de las paradas reflexivas. En 1994 le dan el Premio de las
Letras Españolas, y, en el homenaje, la escritora Belén Gopegui declara:
“De Martín Gaite he aprendido que el verdadero escritor está obligado a
no dejar nunca de pensar, y si me apuran, diré a no dejar de estudiar,
porque el verdadero escritor es quien no evita enfrentarse con ninguna
pregunta”. Y en ese interés por las preguntas, por los nudos de la vida
acabó siendo una escritora a la que iba el público lector a preguntarse,
a dialogar con, a batallar contra el silencio y la oscuridad del siglo
XX.
La vida doméstica era uno de los centros de su
atención por ser lugar de convergencia de deseos y obligaciones, un
laboratorio humano y un medio donde crece buena parte de la
autenticidad.
En su literatura, muy cuidada, diría que
escrupulosa, se aprecia la forma suelta, la expresión cercana, el
coloquio fluido. En esto quizá intervenía tanto su afán por conocer la
realidad en la que vivía (le gustaba coger el autobús circular que
recorre partes contrapuestas de la ciudad de Madrid para oír a la
gente), como, desprendido de esto, su deseo de observar con detalle,
pensar, y así escoger para su escritura lo que consideraba el presente
modélico, para lo que buscaría siempre ser clara a la hora de exponer la
historia; se la oía decir: “Escribo para que me entiendan”.
Recorrer su obra es leer nuevas propuestas porque
siempre son nuevas las formas de contar; buscaba, y evitaba estancarse.
Carmen Martín Gaite es más conocida por su
novelística, pero en su obra lo más importante es el ensayo. Su
inconformismo la llevaba a profundizar, y así lo transmitió a Belén
Gopegui que declaró en cierta ocasión: “Me enseñó el rigor y también me
enseñó a decir que no”.
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Título: Obras Completas II.
Autora: Carmen Martín Gaite.
Editorial: Galaxia Gutemberg.