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Carlos Cano no era ningún reaccionario
Ángel
del Río
Paralelo 36
22
de Diciembre de 2009
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Con motivo del homenaje a Carlos Cano que el pasado día 3 de diciembre tuvo
lugar en la Universidad Pablo de Olavide, la agencia Efe ha difundido una
noticia con este titular: reivindican al “reaccionario” Carlos Cano. En su
interior se decía textualmente: En su intervención, Del Río ha enfatizado la
personalidad “reaccionaria” de Cano, que se preocupaba por “su gente” a la que
convertía en “protagonista de sus letras”. Como suele ser habitual, los medios
abonados a dicha agencia reproducen la noticia tal cual y ésta se extiende con
velocidad por la red identificando injustamente a Carlos Cano con un
calificativo que no lo define de ninguna manera. |
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Según la RAE, el término reaccionario tiene tres acepciones: 1) Que propende a
restablecer lo abolido; 2) opuesto a las innovaciones; 3) perteneciente o
relativo a la reacción. En política, María Moliner, define al reaccionario como
apostólico, carca, carlista, cavernícola, retrógrado, retardatario,
ultramontano, conservador y moderado. Cualquier persona que conozca un mínimo la
obra y la figura de Carlos Cano sabe perfectamente que no encaja en ninguno de
estos calificativos. Más bien representa todo lo contrario.
En mi intervención destaqué la significación de Carlos Cano como artista
comprometido con su tierra y con sus gentes. Siempre crítico con el poder —que
le supuso el maltrato institucional— y alineado intelectual y emocionalmente con
el pueblo en el sentido más antropológico del término: con los desfavorecidos, o
como él mismo lo definía, con la morralla. No fue un militante de partido
político, pero su obra entera es un compendio de coherencia y compromiso social.
“Nunca he tenido militancia política —decía—. A veces me he dado cuenta de que
tengo cosas que son anarquistas, otras más bien conservadoras, y algunas tienden
a lo progresista y revolucionario, o sea, un lío. Pero ante todo me siento y
defino como un hombre capacitado para comprender problemas humanos, sin color,
ni raza, ni religión”.
Tal vez la catalogación errónea como “reaccionario” venga por la fuerte
vinculación del artista con las raíces andalusíes de la identidad cultural
andaluza, que algunos, en su momento, interpretaron de manera maliciosa, como
una reivindicación del retorno de Al Andalus. Sin embargo no hay nada más lejos
de la realidad. Carlos Cano, como tantos miles de granadinos y andaluces, se
manifestó abiertamente contra la celebración extemporánea —y ahora sí,
reaccionaria— de la Toma de Granada por considerarla una fecha oprobiosa para
los vencidos que ensalza la intolerancia sobre otros valores. Decía que si la
tristeza tuviera otro nombre se llamaría Boabdil, porque no podía imaginar mayor
dolor que la expulsión de un pueblo de una tierra que había contribuido a
modelar durante siglos. La comprensión profunda de este episodio y el de las
posteriores deportaciones de los moriscos, unidos a su experiencia personal como
emigrante en Alemania, Suiza y Francia en los primeros años de la década de 1970
donde descubrió el racismo: “todo lo que era moreno provocaba especial rechazo”,
le llevó a sensibilizarse de manera especial con las grandes tragedias
contemporáneas: los genocidios, las limpiezas étnicas, los integrismos, los
exilios y el drama de las personas migrantes. En este sentido, buena parte de su
obra poética y musical es una denuncia inequívoca a toda manifestación de
intolerancia y una reivindicación de los derechos humanos. Los temas El
Salustiano, Tango de las madres locas, Romance a Ocaña, Canción para Lucrecia,
Mi general, Mi amiga Rigoberta, Laila, Diamantino, Srebrenica, Moros y
cristianos… son sólo algunos bellos ejemplos.
Carlos Cano fue antes que nada un andaluz libre —Soy andaluz por nacimiento, por
sufrimiento, por sensibilidad, por necesidad y por compromiso—, difícilmente
clasificable en términos políticos, aunque, eso sí, en las antípodas del término
“reaccionario”. En todo caso, nada mejor para definirlo que sus propias
palabras: “Sabed que he sido brujo, escritor, cantante, morisco, gitano, bereber,
sirena, gayamba, monjita de convento, bandolero, pirata, guerrillero, abogado de
pobres, contrabandista y justiciero. Que me aferro al instinto cuando me
traiciona la inteligencia. Que aprendí a cantar y a golpear las cuerdas de mi
guitarra como si fueran barrotes de una prisión”.
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* Ángel del Río es antropólogo e investigador de la Memoria Histórica. En alguna
ocasión ha colaborado con UCAR-Granada, de la cual forman parte sus hermanos
Nacho y Jesús. Es también hermano de la periodista Pilar del Río, casada con el
Premio Nobel de Literatura 1998 José Saramago.
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