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El 6 de mayo de 1932, Luis Buñuel
escribió una carta a André Breton, su
jefe en el grupo de los
surrealistas, para informarle de manera
oficial de que abandonaba su militancia
en esta corriente artística y
revolucionaria. La razón: otra
militancia, la del Partido Comunista, al
cual el cineasta se había adherido
recientemente y que, en aquellos
momentos, encontraba
incompatible con los ideales
surrealistas. "En el estado
actual de las cosas no tendría sentido
para un comunista dudar un instante
entre su partido y cualquier otra
actividad y disciplina”, escribe a
Breton. |

Buñuel con Trufaut |
Esta carta, descubierta en la
Biblioteca Nacional de Francia en París en el
año 2000, fue el punto de partida de Román
Gubern y Paul Hammond para "tirar del hilo",
según palabras de Gubern, y "reconstruir la vida
de Buñuel desde 1930 hasta 1938, tanto en el
cine como fuera de él, así como en el mundo de
la política". El resultado es un tomo de 400
páginas titulado Los años rojos de Luis
Buñuel (Cátedra).
Años rojos por su contenido político,
aunque durante un momento, sus autores se
plantearon titularlo los años oscuros,
ya que se trata de
su época menos
conocida y estudiada. "Son los años más
grises como cineasta. Mientras sus amigos tenían
éxito, como Lorca, que triunfaba en el teatro, y
Dalí, que estaba ganando mucho dinero en EEUU,
él es el que queda
agazapado en la
sombra, en trabajos menores, anónimos",
dice Gubern.
Buñuel
debió de ingresar en el PCE (y no el PCF,
aunque, debido a sus largas estancias en
Francia, se valió cierta "ambigüedad" para
"eludir encargos incómodos") en algún momento
entre el 26 de octubre de 1931 y el 25 de enero
de 1932, "durante su prolongada estancia en
Madrid, Zaragoza y Toledo, y cuando muchos
amigos o compañeros intelectuales de su
generación estaban dando el mismo paso", como
Alberti, Eduardo Ugarte o Pedro Garfias.
Denuncia de la República
"El
único destello" en la obra de Buñuel estos años
fue Las Hurdes, tierra sin pan (1933),
una cinta que precisamente nació como crítica a
la República. "Hay que tener en cuenta que el
PCE, cuando se proclama la Segunda República, se
declara contraria a la República burguesa y a
favor de una República bolchevique. Esa postura
antirrepublicana del PCE, que Buñuel también
comparte (y que se mantiene hasta el año 35),
hace que Las Hurdes sea una denuncia de
la incuria del gobierno republicano, que había
mantenido esta miseria atávica sin remediarla,
etc, etc", subraya Gubern.
El
1938, tras dos años trabajando en la embajada
española en París, Buñuel se ve empujado al
exilio en EEUU.
"Y nunca admitió haber sido militante comunista:
habría sido suicida", reconoce Gubern.
Aún así, tras la campaña de una revista que
dependía del obispado, la Motion Picture
Herald, dimitió de su puesto en el Museo de
Arte Moderno de Nueva York.
"Fue
la primera víctima del McCarthismo,
antes de que éste naciese oficialmente en 1947:
él tuvo que dimitir por presiones políticas de
la derecha católica americana", concluye Gubern.
Poco después, ignorado en Hollywood, en 1946,
Buñuel se va a México, donde volvería a rodar.