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No consiento que se hable mal de Franco en mi

 presencia. Juan  Carlos «El Rey»   


 

Breves de Brecht
 

El elogio

 

Cuando el señor K. oyó que sus antiguos discípulos lo elogiaban dijo:

 

-Cuando los discípulos han olvidado los errores de su maestro, éste los sigue recordando.

 

 

Espera

 

El señor K. esperó algo un día, luego una semana, luego un mes. Al fin, dijo:

 

-Podría haber esperado perfectamente un mes, pero no ese día ni esa semana.

 

 

El reencuentro

 

Un hombre de quien el señor K. nada había sabido durante mucho tiempo, lo saludó con estas palabras: “Usted no ha cambiado nada”. “¡Oh!”, exclamó el señor K., y empalideció.

 

Una buena respuesta

 

A un proletario que había sido llevado ante los tribunales se le preguntó si prefería jurar por Dios o si escogía la fórmula profana para su juramento. “No tengo trabajo”, respondió el hombre.

 

-Esa respuesta no fue una mera distracción –comentó el señor K.-. Con esas palabras quiso significar que su situación era tal que esas preguntas, más aun, quizá todo el proceso judicial, carecía totalmente de sentido.

 

Cuando el señor K. amaba a una persona…

 

-¿Qué hace usted cuando ama a una persona? –preguntaron un día al señor K.

 

-Hago un bosquejo de ese ser –respondió el señor K. -y procuro que se parezca a él.

 

-¿El bosquejo?

 

-No, el ser.

 

¿Hay Dios?

 

Alguien preguntó al señor K. si había un Dios. El señor K. respondió:

 

-Te aconsejo que medites si tu comportamiento variaría según la respuesta que se de a tu pregunta. Si tu conducta no varía, dejemos el asunto. Si tu conducta varía, te puedo prestar un servicio diciéndote que tú mismo lo has decidido: necesitas un Dios.

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Bertold Brecht, Cuentos de almanaque, Fabril Editora, Bs.As., 1960; Kalendergeschichten, Rowohlt, Hamburg, 1953.

 

 

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