José Paredes, el asesino de Víctor
Jara
Agencias/insurgente
29 de mayo de 2009
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Después de casi 36 años de silencio,
José Paredes, uno de los soldados
que ejecutó en septiembre de 1973 al
cantautor y director teatral Víctor
Jara, prisionero de los militares
golpistas, confesó su participación
y fue sometido a proceso y detenido
como presunto autor del homicidio,
por orden del juez Juan Fuentes,
quien investiga el caso. Paredes,
entonces de 18 años y cumpliendo el
servicio militar, integró el pelotón
que acribilló con 44 disparos.
Paredes estaba detenido junto con
otro ex conscripto desde el viernes
y había confesado su participación a
la policía. Al ir a declarar el
lunes ante el magistrado quiso
retractarse, pero éste resolvió
procesarlo. |
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Sus declaraciones comenzaron a desenredar
una investigación que el juez Fuentes quiso
cerrar con un único procesado -el coronel
Mario Manríquez, director del campo de
prisioneros improvisado por los militares en
el Estadio Chile- y fue reabierta por
presión de los querellantes, quienes
hicieron un llamamiento público para que se
entregaran más antecedentes y pidieron 90
nuevas diligencias.
La clave para acercase a los
autores directos la tenían los ex conscriptos
que hacían la mili y los enviaron a
custodiar a los más de 5.000 partidarios del
derrocado Gobierno de Salvador Allende detenidos
en las graderías del Estadio Chile, un recinto
cercano al palacio de La Moneda. Paredes cumplía
el servicio militar en el regimiento Tejas
Verdes, cuyo jefe era Manuel Contreras, quien
después fue el jefe de la Dirección de
Inteligencia Nacional (DINA), el principal
aparato represor de la dictadura de Augusto
Pinochet.
El regimiento envió dos secciones desde el
puerto de San Antonio para custodiar los
prisioneros, que en Santiago los militares
dejaron primero en el Estadio Chile y, después,
cuando ya no cabían en este recinto techado, en
el Estadio Nacional, el mayor campo de fútbol
del país. Jara fue detenido al día siguiente del
golpe militar, junto con otros 600 estudiantes y
académicos de la Universidad Técnica del Estado
que quisieron resistir desarmados el golpe
militar. Recibió un tratamiento brutal en el
estadio. Militante comunista, era uno de los
símbolos culturales de la experiencia socialista
de Allende. Los soldados rompieron a culatazos
sus manos, lo golpearon y dejaron sin alimentos
ni agua. Otros prisioneros lo ayudaron, pero su
suerte estaba echada.
Un subteniente jugó a la ruleta rusa con un
revólver en la sien del cantautor y le dio el
primer disparo mortal en los subterráneos del
estadio. Después ordenó a Paredes y otros
soldados disparar al cuerpo que convulsionaba
agónico para rematarlo, según su relato,
transcrito por el Centro de Investigación
Periodística. Detrás presenciaba la escena el
oficial Nelson Haase, a cargo de los
interrogatorios en ese recinto y que después se
incorporó a la DINA.
Catorce prisioneros corrieron la misma suerte de
Jara ese día. El cuerpo del cantautor fue
arrojado después en la calle y su viuda, Joan
Jara, lo pudo rescatar de la morgue entre
cientos de víctimas, gracias a la valentía de un
funcionario del servicio de identificación que
lo reconoció y fue a avisarle a su domicilio.
El nombre de Haase surgió por primera vez
relación con el caso de Jara. En la DINA tuvo
labores operativas y hoy, a sus 62 años, es
propietario de una empresa de muebles y
decoraciones. En declaraciones al diario La
Nación negó haber estado en el Estadio
Chile y dijo que en la fecha del crimen se
encontraba en el sur del país.
El juez ordenó a la policía determinar la
participación de Haase y pidió nuevas
diligencias. La justicia busca identificar a un
oficial conocido como El Príncipe y a quien los
prisioneros describieron como rubio, alto y de
voz enérgica, y recuerdan porque fue quien más
se ensañó con Jara.
Joan Jara, la viuda del cantautor, sostuvo que
"la justicia se acerca a la verdad" y recordó
que su querella original fue contra Pinochet.
"Acá hay otros culpables. Son la gente que mandó
disparar y torturar". Para el abogado
querellante Nelson Caucoto, donde "hubo acción
de un conscripto hay la orden de un oficial y
deben ser tratados con el máximo de rigor de la
ley, porque los soldados sólo fueron la carne de
cañón".
Albañil, jardinero y camarero de un restaurante
en San Sebastián, un balneario a cien kilómetros
de la capital, Paredes alegó que "yo sólo era un
pelao nomás" cuando era trasladado a la
cárcel de alta seguridad y pidió "buscar a los
altos mandos".
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Joan Jara: “Es
chocante volver a la muerte”
La
Nación Chile 29 de Mayo de 2009
“La justicia
se acerca a la verdad y la verdad es que se llegue a los verdaderos
culpables... No tengo la sensación de que un joven de 18 años pueda
tener toda la culpa”.
Recibió la
noticia el sábado y fue como retroceder 36 años. Joan Jara, la compañera
de Víctor por tantos años, escuchó los nuevos antecedentes acompañada
por una de sus hijas.
"Nos
dijeron que estaban estos dos conscriptos detenidos e incomunicados y
que probablemente la noticia se haría pública en cualquier momento".
-¿Como tomó este nuevo paso de la investigación?
-Obviamente
fue chocante. Es chocante volver a la muerte. Ojalá se pueda llegar a
saber toda la verdad; entiendo que los detenidos eran conscriptos que,
además, en ese tiempo estaban obligados a hacer el servicio militar y
tenían 18 años. ¿Me pregunto cómo podrían haber llegado a disparar?
-Falta aún dar con algún superior que dio la orden.
-Claro, hay
otros culpables. Nuestra querella original era en contra de Augusto
Pinochet. Miro para atrás y veo violencia y sadismo; hay responsables de
eso. La justicia se acerca a la verdad; y la verdad es que se llegue a
los verdaderos culpables.
-¿Y
un conscripto no lo es?
-No tengo
la sensación de que un joven de 18 años pueda tener toda la culpa.
-Todavía falta el príncipe. ¿Cree en la existencia de este personaje?
-El
Príncipe es parte de esta historia desde el año 1974, pero quizás es un
personaje compuesto. O sea, puede haber hartos oficiales rubios, altos y
con aspecto extranjero, no necesariamente una persona, pero hay muchos
que han mencionado su existencia.