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Juan Marsé.-“Últimas
tardes con Teresa”. De no saber quién eres
Ramón Pedregal Casanova.
UCR
27 de Abril
de 2009
Destaca entre las obras de Juan Marsé una novela que en su día
cambió el curso de la literatura española y que cualquier buen
lector debe conocer, estamos hablando o escribiendo, de “Últimas
tardes con Teresa”.
En la noche de San Juan (Marsé) de 1956, al amanecer hace
entrada en los terrenos de la burguesa Teresa, Pijoaparte, un
muchacho inmigrante en Cataluña y proveniente de un barrio
obrero de Barcelona, que pasa por un estado de lumpenización. El
conocimiento entre los dos dará lugar a una búsqueda ansiosa por
Pijoaparte de un espacio en la exclusivista clase social de
Teresa. Pijoaparte abandona de todo punto su perspectiva social,
con la consiguiente disolución de los referentes que le podrían
permitir disponer de una visión obrera del mundo, lo que le
lleva a estar indefenso ante los jóvenes burgueses que siempre
aparecen divirtiéndose. Para él ese territorio será de búsqueda
de un ascenso en contra de si mismo.
El personaje de Rojo y Negro de Sthendal, redivivo, un Martín
Edén que sobrevive por los pelos. Su desclasamiento le hará dar
pasos en una cinta sin fin. Y es que, como todas las vidas la de
Pijoaparte tiene su momento anterior: Su madre, criada de un
señorito con título nobiliario en Ronda, le ha parido bajo la
sospecha de los conocidos de que el padre es el aristócrata, y
viviendo con su madre de criada en la finca, cierto aire de
riqueza le ha rozado la vista; a esto hay que sumar una primera
frustración en la primera juventud en su intento de ir más allá:
una familia francesa que veranea en las proximidades le adula
con la idea de acogerle, lo que le hace soñar con la posibilidad
de cambiar de familia, su madre, y tener una hermana hija del
matrimonio francés, y de este modo alcanzar una cierta libertad,
altura, distancia con respecto a ese pasado. nacimiento e imagen
que le pesan y le apartan del entorno. Es la primera vez que
siente que puede salir de la pobreza. Llegado el día
comprometido por la familia francesa, ésta desaparece dejándole
en su tierra murciana. El fracaso le produce un mayor
desarraigo.
Más adelante, tras dejar la casa de su madre sin ninguna
advertencia, aparece en Cataluña en casa de su hermano, y allí
vive de robar motos y vendérselas a un contacto que hace las
veces del Monipodio quevedesco, pero él mismo comprueba que
llegado a compromiso más alto con éste individuo su vida
continua perdida; y es que la gestación del desprecio al estatus
de siervo feudal y el abandono del lugar, no le han llevado a
observar el mundo desde la conciencia de clase trabajadora, y sí
ha seguir asimilando ambiciones de trapicheo lumpen, o, cuando
conoce a Teresa, ansiar un mundo que está fuera de la realidad
en la que vive. Su vida continua perdida. Teresa, la joven
burguesita, a la que Maruja sirve de criada y con la que él
comienza la relación ese día de San Juan, Teresa, decía, le
parecerá la vía de acceso al mundo inalcanzable. A su vez la
señorita, que pasa por una época universitaria con aires de
izquierda, le presta atención porque le atribuirá
características del proletario comprometido que entonces tanta
admiración le causa.
La España de 1956, año en que se sitúa la historia de la novela,
tenía en el pasado inmediato, como habían enseñado los papeles
de periódicos con que se hicieron en aquel tiempo anterior las
cometas para los niños del barrio en el que vivía Pijoaparte,
llamado Monte Carmelo, monte de penalidades de la mitología
cristiana: “noticias del avance alemán en los frentes de Europa
en ruinas y el hongo negro sobre Hirosima, reinaba la muerte y
la desolación, el racionamiento semanal de los españoles, la
miseria y el hambre.” En el verano de 1956 las cometas no
levantaban esas noticias, aunque por las calles se pueden ver
restos tirados de cajas de cartón que llevan el escrito “Leche
donada por el pueblo de Estados Unidos de América”. En el aire y
anterior se había visto algo lejano, ahora, en el presente, la
mirada se fija en el suelo, es el tiempo en que los fascistas
españoles empiezan a presentar en público a sus amigos.
Maruja, esa chica con la que primeramente establece relación
Pijoaparte, es la criada que añora el amor entre ricos y pobres,
remite en alguna medida a la madre de él, que hace de ella una
utilización patente, así como nos mostrará su desprecio hacia
ella; pero Maruja, criada, es o se cree amiga de Teresa por
haberse criado juntas, aunque nunca de la misma manera. En el
otro lado de su vida se encuentra conquistada por Pijoaparte,
sin dejar de sentir su desprecio después que éste haya sabido
que no es la dueña de la casa. Maruja, obediente, como la madre
de Pijoaparte, querrá hacerle comprender que debe aceptar la
pobreza para así conseguir su unión a ella en la desventura.
Al Pijoaparte sin padre su madre le presentó una mañana el
hombre que haría las veces de aquél que había faltado, siempre
advertido por ella de lo importante que era reconocer su
situación y su camino, el hijo optó por huir a Barcelona,
escapar de la realidad. Y ahora, tras el sueño reparador, le
esperaba Maruja, criada que le ofrecía lo que era. Todo el
propósito de Pijoaparte sería huir nuevamente, para llegar a
creer que sólo bajo el estado de riqueza se puede “pensar en el
mañana, amar el mañana y al prójimo como a nosotros mismos”.
Pijoaparte hace una lectura torticera de la vida.
Teresa, mientras, está en la universidad, que entonces empieza a
tener alguna actividad antifascista, y como muchos de los que
pasan por ella son burgueses jóvenes que tienen una conciencia
libresca, hablan de Nazim Hitmet, de Brecht, de Blas de Otero,
se sienten atraídos por los obreros, hasta el punto de observar
a Pijoaparte con la imagen que tienen en la cabeza. El
desarrollo del encuentro entre Teresa y Pijoaparte-Manolo, de
principio a fin será un despropósito.
En Teresa se mezclan las lecturas de la revista Elle, en
francés, el horóscopo, y Simone de Beauboire o “¿Qué hacer?”, de
Lenin, lecturas estas de las que extrae elucubraciones
obreriles. Juan Marsé, con ironía, muestra a la burguesía
haciendo de revolucionaria, parece enajenada, pero ni eso es
cierto, sólo juega, Teresa y los de su clase arriesgan poco,
ella no perderá nunca pie, siempre tendrá-tiene cómo salvarse.
Pijoaparte-Manolo …por el contrario, no sabe nada de si mismo,
de la clase de dónde ha salido, de su condición social; nació
después de la guerra y llegado a Barcelona fue a vivir a la
casa humilde de su hermano, obrero, a Monte Carmelo, lugar que
para la madre de Teresa era “como el Congo, un país remoto e
infrahumano, con sus leyes propias y distintas. Otro mundo”
desde allí los republicanos disparaban su cañón antiaéreo
durante la guerra.
Llegará el momento en que todo cruja y se parta definitivamente.
El final de Pijoaparte es un silencio que produce su experiencia
en la cárcel, es él mismo, pero es otro, sabe más, es capaz de
ver y comprender lo que antes no existía para él. El desgarrón
en su vida ha sido terrible, ¿suficiente o no?, el camino se
abre.
“Ultimas tardes con Teresa”, novela encuadrada en el campo de la
primera experimentación literaria en España, tiene un componente
importante de la corriente que precede al experimentalismo, el
realismo social, y así la parte argumental trascurre en el cruce
imposible de clases sociales ajenas entre si, de manera, en
ocasiones, humorística.
Bajo la definición de “experimental” se sitúa su ruptura de la
cronología, su recomposición de los acontecimientos desde otra
perspectiva, el dar el paso a los sueños como parte de la
realidad que sucede al protagonista,… siempre con un punto de
vista que utiliza la expresión de los personajes como vía de
aproximación a ellos. Modifica la literatura de su tiempo pues
abre la puerta a la narrativa que iba a caracterizar un periodo,
y muestra la España desconocida que hoy tanta televisión empaña
queriendo hacernos creer que más allá del tipismo y la anécdota
de la edad de cada uno, había poco que contar con significado
histórico contextual e histórico.
Título: Últimas tardes con Teresa.
Autor: Juan Marsé.
Editorial: Seix Barral.
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