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  No consiento que se hable mal de Franco en mi presencia. Juan  Carlos «El Rey»   


¡Venceréis, pero no convenceréis!

Mariano Monge Juárez

Izaronews 22 de Diciembre de 2005

Unamuno estaba por encima de la derecha y la izquierda política. Era un intelectual arrebatador, cuya libertad y rebeldía de pensamiento excedían los límites de las ideologías, por eso Miguel de Unamuno es quizá el paradigma del intelectual que no teme de la contradicción pero sí abomina del servilismo. El fascismo de Millán Astray intentó zarandear al gigante bilbaíno, pero no pudo, el tiempo le dio la razón al autor de “Niebla” y condenó a la ignominia al general africanista.

Todos los fascismos son enemigos de la inteligencia, sobre todo porque la inteligencia es la esencia de la libertad. La barbarie del general sin un ojo no amedrentó al anciano Unamuno, que de inmediato conoció la calaña del alzamiento y lanzó a los militares un estigma con que el régimen franquista ha tenido que cargar siempre. El “venceréis, pero no convenceréis” cayó a los fascistas españoles como un estigma cainita del que nunca se pudieron zafar. Con esta frase tan sencilla, Unamuno sintetizó mejor que nadie la historia inmediata. Franco y su banda de militares, banqueros y caciques pudieron aterrorizar y controlar la sociedad española durante muchas décadas, pero nunca pudieron quitarse de encima el peso de las palabras del filósofo vasco.

El enfrentamiento entre Unamuno, “sumo sacerdote” de aquel templo de la inteligencia que era la Universidad de Salamanca y el torpe fundador de la legión, no es más que una metáfora enorme de lo que estaba pasando en Europa: Millán Astray contra Unamuno, la estaca contra el libro, la dialéctica de las pistolas, contra la dialéctica de las razones.

Casi setenta años después, se demuestra la demagogia y la miseria en cotas insospechables; el PP de Salamanca se sirve de la misma frase para reivindicar la “integridad” del Archivo Histórico de Salamanca, es decir, para obstaculizar la devolución de los documentos robados por los fascistas durante y después de la Guerra Civil, como botín. Una vez más, el Partido Popular tenía que renovar la llaga. Se burla del dolor intentando comparar la brutalidad del golpe militar con la estéril polémica de los documentos. Este tipo de anécdotas sintetizan bien cual es la naturaleza de esta formación política, que no tiene ninguna intención de cortar su cordón umbilical con la dictadura franquista. Espero y deseo que durante el siglo XXI la derecha española sea capaz de superar esta perversa relación, aunque con estos líderes que padece hoy, va ser difícil.

La discusión sobre la devolución de documentos históricos es uno de los asuntos más absurdos que se conocen; las nuevas tecnologías reproductivas permiten la consulta y estudio de cualquier documento sin tener que hacer uso del original, es más, los originales ya no se consultan en archivos tan desarrollados como el de Salamanca o la Biblioteca Nacional, sólo se trabaja con copias microfilmadas. En cambio, la ignorancia se impone, también la mala fe.

Unamuno murió poco después del episodio citado, también Valle-Inclán, Machado apenas sobrevivió a su exilio, Lorca o Lauaxeta fueron asesinados, dejaron morir a Miguel Hernández en la cárcel, casi toda la generación del 27 y el 36 se tuvo que exiliar o visitó prisión, Julián Marías, recientemente fallecido, no pudo publicar hasta los años cincuenta, Severo Ochoa o Grande Cobián no pudieron investigar y se marcharon, mientras, el silencio de Ortega y Gasset caía como una gota inmensa de plomo sobre la inteligencia española. Hoy, la senda de todos estos intelectuales está un poco perdida, hay escasos herederos.

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