Juan Saldías
Mikel Arizaleta
Kaos en la Red
3 de Enero de 2010
Era yo
chaval y en el banco de la iglesia
oí un sollozo seco. Al volver la
cabeza vi una lágrima amarga
detenida en el rostro áspero y
acartonado del abuelo Juan. Días
después aquel abuelo de pueblo me
contó su pena: era viejo y temía a
Dios. El gran exegeta protestante,
Gerd Lüdemann, nos ha dejado en
herencia un bello y grueso libro “Jesús
tras 2000 años. Lo que realmente
dijo e hizo”. Y tras muchos
años de trabajo e investigación
reconocida sobre Jesús, al concluir
su obra, en la página 886, se
despide de su eterno compañero con
la frase “Ich lege ihn deshalb
mit diesem Buch zu den Akten”.
“Y con esto le archivo y le digo
adiós”. Fin de una creencia.
Y aunque separan medio siglo ambas experiencias,
entonces como en estos primeros días
del año 2010 se sigue predicando en
las iglesias católicas la misma
doctrina: Cristo es Dios, nació de
una virgen, trajo al mundo una
doctrina nueva, los evangelios son
palabra de Dios, Cristo resucitó y
quien cree en él vivirá eternamente
en el cielo, existe cielo e
infierno, el Jesús-Dios instituyó la
Iglesia, los sacramentos y, al final
de los tiempos, premiará al bueno y
castigará al malo. La investigación
teológica crítica, la no atada a
dogmas, censores o imprimatur nos
dice, casi unánimemente, que
doctrina igual predicaron siglos
antes las religiones mistéricas,
Isis, Osiris, Asclepio, Perseo,
Dioniso, Hermes, Pitágoras y algunos
más. Ni los relatos sobre la vida de
Jesús ni, tampoco, su doctrina
encierra novedad alguna. Siguen
patrones anteriores y repiten
mensaje: también ellos nacieron de
virgen, fueron hijos de dioses,
hicieron los mismos milagros:
curaron a paralíticos, resucitaron a
muertos, caminaron sobre las aguas,
multiplicaron panes, expulsaron
demonios, convirtieron el agua en
vino..., padecieron, murieron en
cruz, resucitaron al tercer o cuarto
día, subieron al cielo, bajaron a
los infiernos... Lo que nos cuentan
del Jesús, hijo de Dios, es una
copia más de lo que se venía
predicando de otros, un cliché.
Es posible que el Jesús histórico existiera, es
hasta más probable que existiera,
pero no está descartado el que no
existiera. Si existió, fue el mayor
de varios hermanos, engendrado en
circunstancias extrañas, de padre
desconocido, es el “hijo de María”.
Y como la mayoría de sus coetáneos
no aprendió ni a leer ni a escribir.
Creyó firmemente en la inminencia
del reino de Dios y fracasó de pleno
en su pronóstico. Su tesis principal
ha terminado en la papelera de la
historia. Y poco más. Como dice el
teólogo Alfred Loisy: Lo que
Jesús anunció fue el Reino de
Dios, y lo que llegó fue la Iglesia.
Hoy se ha avanzado mucho en el conocimiento
de los relatos bíblicos, en su
exégesis, en su origen y formación,
en su verdad histórica, en el origen
de los Evangelios, en la institución
de la Iglesia católica, de los
sacramentos, del obispado y
papado... Y la conclusión es que las
cosas no son como se venía, y
todavía se viene, contando en la
Iglesia católica: el Jesús del que
hablan, si existió, en nada se
parece al real. Se han inventado uno
totalmente nuevo. Del hombre Jesús
han hecho un Dios, a Jesús le han
convertido en Cristo. Del Jesús roto
han hecho un Cristo triunfante, un
dios eterno, una ilusión sin base.
Jesús, si existió, no sabía
escribir. No escribió nada. No
existe ningún original de ningún
escrito bíblico, sólo existen copias
de copias. Hoy se sabe cómo y cuándo
surgieron los Evangelios, cómo y por
qué se fueron modificando, cambiando
y falseando los primeros relatos,
confeccionados tras la muerte de
Jesús. Hoy se sabe que los
Evangelios no los escribieron ningún
apóstol, que no son palabra de
Jesús, ni siquiera pensamiento suyo.
Los Evangelios son relatos surgidos
e inventados en los primeros siglos,
tras la muerte de Jesús, siguiendo
modelos de filosofía, nostalgia y
creencias paganas anteriores. Se
recogen historias de dioses, vidas y
milagros de siglos paganos
anteriores y con ellos se trenza un
relato cristiano. Y se presenta como
nuevo y cristiano lo que es viejo y
pagano. Los Evangelios son ya,
admitida su existencia,
falsificaciones del pensamiento del
Jesús histórico, invenciones de la
primigenia comunidad cristiana,
endiosamiento del hombre y relato
repetitivo de historia pagana.Hoy se
ha avanzado mucho, también en el
estudio de este campo, pero no todo
es nuevo. Años atrás, teólogos
comprometidos con la verdad fueron
poniendo graves reparos al relato
evangélico, a su imagen de Jesús, a
su resurrección, a su existencia, a
su endiosamiento, a sus milagros, a
sus autores... Schleiermacher,
Eichhorn, Campenhausen, Bultmann,
Overbeck... La Iglesia, en especial
la católica con su tribunal del
Santo Oficio, les reprimió, les
castigó severamente, les humilló,
les separó de sus cátedras. Algunos
fueron condenados a muerte, otros,
doctores y gente sabia, murieron
pobremente, acosados por la Iglesia,
vendiendo verduras en un puesto en
la plaza.
Y hoy la Iglesia les sigue acosando: a
quien no acata sus dogmas
irracionales, a quien no sigue su
juramento antimodernista o
se salta su imprimatur, entregando a
la publicación obras que han evadido
su censura, es llamado a capítulo,
expulsado y perseguido. Por Bilbao
pasó el teólogo Marciano Vidal, a
quien entre el Vaticano, la iglesia
española y el obispo de Bilbao le
han cortado las alas porque sus
libros, a su juicio, “rezuman
herejía”. Y han convertido a este
toro sabio de 70 años en un buey sin
brillo. Días pasados murió el famoso
teólogo holandés Edward
Schillebeecks, que pasó en su vida
de ser el teólogo de confianza del
episcopado holandés y su asesor en
el Concilio Vaticano II a ser
procesado por tres veces por la
Congregación para la Doctrina de la
Fe (otrora tribunal de la
Inquisición).
Y ahora que en nuestras calles comienzan las alboradas
del año nuevo y que desde atriles y
púlpitos se repetirán engaños y
mentiras viejas, leyendas antaño
paganas y hoy católicas, quiero
decirles a los Juan Saldías que no
lloren, porque ni el hombre ni la
mujer deben verter lágrima alguna
ante Dios. Que le den carpetazo,
como Gerd Lüdemann, porque, citando
a B. Russell: “Un mundo bueno
necesita esperanza en el futuro, no
necesita estar de continuo mirando a
un pasado muerto, que será superado
por un futuro elaborado con nuestra
inteligencia”.
