Haiti y la
hipocresía
cristiana
Richard
Dawkins
La Media Hostia
29
de Enero de 2010
Sabemos lo que
ha causado la
catástrofe en
Haiti,
simplemente los
movimientos de
la placa
tectónica
caribeña
frotando sobre
la placa
norteamericana;
una fuerza de la
naturaleza,
indiferente al
pecado, no
premeditada, sin
motivación,
supremamente
indiferente
hacia la miseria
o cualquier
asunto humano.
La mente religiosa, en cambio, busca sin descanso
un significado
humano en los
ciegos
acontecimientos
naturales. Como
cuando el
tsunami en
Indonesia, del
cual se culpó a
la moral perdida
en los bares
para turistas; o
el huracán
Katrina,
atribuido a la
venganza divina
sobre la ciudad
entera de Nueva
Orleans por
servir de
escenario a una
comedia lésbica,
u otros
desastres,
remontándonos al
famoso terremoto
de Lisboa y más
atrás. Así que
la tragedia de
Haiti debe ser
el pago por el
pecado humano.
El reverendo
Pat
Robertson
ve la mano de
Dios tras el
terremoto,
atribuyéndolo a
una terrible
retribución por
el pacto con los
viejos ancestros
de los haitianos
de hoy con el
diablo que les
permitió
liberarse de la
colonización
francesa.
No hace falta decir que creyentes algo más
amables se echan
las manoz a la
cabeza por las
palabras de
Robertson, tal y
como rechazaron
las de otros
pastores,
evangelistas,
misioneros y
mullahs en
tiempos de
desastres
previos.
Qué
hipocresía.
Tan repugnantes como son los puntos de
vista de
Robertson, él es
en cambio el
cristiano que se
pliega a la
tradición
cristiana. Esos
agónicos teístas
que ven el
sufrimiento como
una miseria
intratable y a
Dios en la
ayuda, el dinero
y los bienes que
ayora fluyen
sobre Haiti, o
—lo más
nauseabundo de
todo— proclaman
estar viendo a
su Dios
sufriendo en la
cruz sobre las
ruinas de Puerto
Príncipe. Esos
afligidos
hipócritas
niegan la piedra
angular de su
propia teología.
Es el obsceno
Pat Robertson el
auténtico
cristiano aquí.
¿Donde se metía Dios durante la inundación de
Noé?
Sistemáticamente
hundiendo bajo
las aguas al
mundo entero,
animales y
humanos, como
castigo por sus
pecados. ¿Y
mientras Sodoma
y Gomorra se
consumían por el
fuego y el
azufre?
Deliberadamente
pasando por la
barbacoa a la
ciudadanía y sus
bienes como
castigo por los
mismos pecados.
Queridos
cristianos
modernos,
ilustrados y
teológicamente
sofisticados;
vuestra religión
está basada en
una obsesión por
el pecado, por
el castigo y la
expiación.
¿Dónde están
vuestros
argumentos para
condenar a Pat
Robertson,
vosotros que
habéis firmado
la obscena
doctrina de que
el propósito
central del
nacimiento de
Jesús era
torturarse a sí
mismo como
cabeza de turco
por los pecados
de toda la
humanidad,
pasada presente
y futura,
empezando por el
pecado de Adan
quien —como
cualquier
teólogo moderno
sabe— en
realidad nunca
existió? Por
citar al
presidente de un
seminario
teológico,
escribiendo en
esas mismas
páginas.
«El terremoto en Haiti, como cualquier otro
desastre en el
planeta, nos
recuerda que la
creación gruñe
bajo el peso del
pecado y el
juicio de Dios.
Esto es tan
cierto para cada
célula de
nuestro cuerpo
como para la
corteza
terrestre en
cada lugar del
globo.»
Vosotros amables teólogos y clérigos en mitado del
camino, seguid
balando tan bien
vestidos en
vuestros
púlpitos,
renunciando la
sugerencia de
Pat Robertson de
que los
haitianos están
pagando por su
pacto con el
diablo. Pero
seguid adorando
a un hombre
quien —tal y
como decís a
vuestras
congregaciones
aunque ni
vosotros lo
creáis—
«expulsaba
demonios».
Incluso creéis
—o no corregís a
vuestras
multitudes
cuando lo creen—
que Jesús curó a
un loco haciendo
que los demonios
dentro de él
volasen sobre
una manada de
cerdos y los
abalanzara sobre
un precipicio.
Una historia
encantadora,
calculada para
inspirar y subir
el ánimo en la
lectura del
domingo y en las
clases para los
niños. La
mención de
Robertson puede
sonar absurda,
pero porque no
es más que un
aficionado en
ese juego. Sólo
lee tu propia
Biblia. Pat
Robertson es
fiel a ella. ¿Y
tú?
Querido apologista educado, ¿cómo te atreves a derramar
tus lágrimas
cristianas
cuando tu
teología es al
completo una
celebración del
sufrimiento como
pago por el
pecado o
expiación por
él? Puedes
llorar por Haiti
cuando Robertson
no lo hace pero,
al menos, en su
ignorancia
pueblerina,
sostiene un
espejo honesto
mostrando la
fealdad de la
teología
cristiana. No
eres más que un
hipócrita tal y
como lo define
la Biblia.
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Fuente:
http://lamediahostia.blogspot.com/2010/01/haiti-y-la-hipocres
