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Altar, trono y RPSOE
Arturo
del Villar
UCR
5
de Enero de 2010
El
arzobispo de Santiago de Compostela, Julián Barrio,
terminó el año 2009 derribando un muro de la catedral
para abrir la llamada “puerta santa”. Fue el preludio al
llamado “año santo” compostelano de este 2010. Después
el arzobispo pronunció una homilía, sin duda santa, en
la que invitó a los oyentes a “mantenerse vigilantes
frente a los ídolos”: ¿es concebible mayor idolatría que
ese acto?
Los
historiadores aseguran con absoluta unanimidad que en
esa basílica no están los restos del apóstol Santiago y
sus compañeros Atanasio y Teodoro, por más que lo
asegurase el papa León XIII en 1884 en su bula Deus
omnipotens. Por lo tanto, es una idolatría cuanto se
relaciona con esa catedral y esos restos, y el arzobispo
contribuye una vez más a embrutecer al pueblo con sus
mentiras, a fin de tenerlo dominado mediante el opio de
sus promesas para después de la muerte.
También
habló el llamado nuncio del llamado Estado Vaticano,
Renzo Fratini, quien leyó un mensaje del dictador de ese
llamado Estado, el nazi Joseph Ratzinger. Daba consignas
a los oyentes para comportarse conforme a sus dogmas:
una injerencia más en los asuntos de España por el jefe
de un llamado Estado extranjero, que no es más que un
edificio, pero el Estado español le reconoce esa
categoría.
Encabezó la
comitiva oficial en el esperpento el presidente de la
Xunta, Alberto Núñez Feijoo, como delegado del rey de
España. Una contravención del artículo 16:3 de la
vigente Constitución, en donde se asegura que “Ninguna
confesión tendrá carácter estatal”, y por lo tanto el
rey debe mantenerse al margen de cualquier
manifestación oficial y pública de sus personales
creencias religiosas.
Pero
históricamente en España ha resultado muy fructífera la
alianza entre el altar y el trono. Se han apoyado
mutuamente en instituciones como el llamado Tribunal del
Santo Oficio de la Inquisición, alerta siempre para
terminar en la hoguera el menor pensamiento de
independencia con respecto a los dos pilares de la
nación.
Más
censurable todavía es la presencia de José Blanco,
ministro de Fomento en el Gobierno del partido llamado
Socialista, aunque nadie cree que lo sea: por eso el
buen humor popular ha añadido una R a sus siglas, y lo
denomina Real Puchero Sociata de la OTAN y Europa (RPSOE).
Este partido y este ministro contribuyen así al
envilecimiento del pueblo, manteniéndolo en la idolatría
y la falsedad.
Pablo
Iglesias, fundador del Partido Socialista Obrero
Español, era gallego, pero nadie se lo puede imaginar
yendo a ganar el jubileo a Compostela. Claro que tampoco
es imaginable que fuese ministro en un gobierno de su
majestad católica. EL PSOE de Pablo Iglesias era un
partido de clase, marxista, republicano y ateo. Los
sociatas que están usurpando esas siglas honradas
debieran fundar su propio partido, puesto que son
señoritos, capitalistas, monárquicos y catolicorromanos.
¡Qué año
santo van a darnos el arzobispo, el rey y el partido! A
no ser que el pueblo despierte del opio de la misa y el
fútbol dominicales.
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Arturo del
Villar
es
Presidente del Colectivo Tercer Milenio
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